<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-5304770424717387911</id><updated>2012-02-18T06:16:34.151-08:00</updated><title type='text'>LAS MANOS DE URIAS HEEP</title><subtitle type='html'>La literatura es una niña con fiebre. Hay que levantarla en brazos y mecerla, apretarla fuerte y secar el sudor de su frente con nuestra propia mejilla. Apartar también, de tanto en tanto, el cabello de su cara enrojecida y vital. Pero sobre todo hay que escuchar lo que nos dice, las historias de los increibles mundo que visita. Esos mundos maravillosos que la salud, vieja egoísta de carnes macilentas, trata de ocultarnos hasta el día de la muerte.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://lasmanosdeuriasheep.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5304770424717387911/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasmanosdeuriasheep.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Ricardo G. Curci</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14228665846540133965</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>36</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5304770424717387911.post-2431805455340174526</id><published>2011-08-17T19:09:00.000-07:00</published><updated>2011-08-17T21:13:17.031-07:00</updated><title type='text'>El flaco</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;La ruta estaba más transitada que lo habitual. Había coches con valijas y bicicletas sobre los portaequipajes. Pedro sabía que viajaban hacia la costa, coincidiendo con el comienzo del verano. Le agradaba verlos pasar. En ocasiones, hasta creía escuchar las voces de los niños desde los autos.&lt;br /&gt; Siempre caminando, sin detenerse, se dijo que con mucha suerte llegaría a la ciudad antes del anochecer. Observó el campo a ambos lados del camino, interrumpido por algunas fábricas, las torres que sostenían los cables de alta tensión con la delicadeza de una araña, los puestos de frutas y las parrillas que iban cerrando a medida que oscurecía. Algunos talleres dejaban ver las caras de los mecánicos entre cámaras y llantas en desuso. Miró de costado el destacamento de la prefectura, pero sin fijar la mirada mucho tiempo ni darse vuelta. Los patrulleros descansaban tranquilos bajo el polvo y el sol de la tarde.&lt;br /&gt; Una caravana de tres camiones levantó polvo a su alrededor. Se cubrió la cara con el cuello de la camisa sucia y tosió. El sol disminuía su calidez, ocultándose detrás de las luces de la ciudad aún lejana, empalideciendo frente a la enorme luna cuadrada de edificios y tubos fluorescentes. Con más atención que otras veces, observó a los perros muertos en las banquinas. Tenía la costumbre de contarlos para entretenerse mientras caminaba; a veces, poner la mente en blanco le era imposible, y los pensamientos repetidos llegaban a volverlo loco. Por eso comenzó a contarlos, incluso podía estimar los días que llevaban muertos. Era más fácil si conservaban cierta tibieza en la piel, si al acariciarlos se sentía aún la sedosa electricidad de los músculos.&lt;br /&gt; Hacía frío y se puso la campera. El naranja del crepúsculo cedió espacio a la penumbra de la ruta, interrumpida por los faros de los coches. Estaba cansado, e hizo dedo para llegar más pronto a la ciudad. Un viejo Valiant se detuvo. Las puertas tenían manchas de diferentes talleres de chapistas.&lt;br /&gt; -¿A dónde va?- preguntó el que manejaba. El aspecto del hombre le resultaba familiar, la tez oscura, el cabello lacio caído hacia un costado, y supuso que lo conocía de vista de algún pueblo cercano. Pedro abrió la puerta metiendo la mano por la ventanilla sin cristales, no había manija externa.&lt;br /&gt; -Hasta General Lavalle...-contestó-… puede dejarme en el arco de la entrada, nomás...si es que el auto llega hasta ahí.&lt;br /&gt; -No se preocupe, así como lo ve, este auto mató a una maestra en La Plata hace unos años, me dijeron. Me llamo Beto- y le ofreció la mano. Pedro le contestó estrechándola con ánimo. &lt;br /&gt; Mantuvieron un breve silencio. Pero su compañero empezó a hablar y ya no dejó de hacerlo en todo el camino. En las pausas, Pedro pudo contarle sobre su trabajo y la familia, aunque en realidad no quería hablar. Pensaba en María, a la que necesitaba ver lo antes posible. Dos semanas eran demasiado para la ansiedad encerrada en sus pantalones. Con Dominga no intimaban desde hacía mucho tiempo. Había dejado de pensar en ella de ese modo, y después del cuarto hijo se rehusó a ceder. Esta noche, sin embargo, regresaría al cuerpo de María, que lo aguardaba. Sus manos empezaron a sudar cuando recobró el entusiasmo que nacía en él al recordarla. La voz del hombre a su lado le devolvió, de pronto, los recuerdos de su hermano.&lt;br /&gt; -Me ayudaba mucho cuando me iba mal con alguna cosecha, siempre me hacía la gauchada con cualquier cosa...- Pedro se quedó pensativo, con la vista fija en los faros de los autos. Casi era capaz de palpar las luces, de tocar con sus dedos las blancas formas de la cara de su hermano dibujada en el cielo de mercurio.&lt;br /&gt; -¿Qué pasa?- le decía el otro al verlo distraído.&lt;br /&gt; -Es que se murió hace dos días. Si lo hubieras visto ahí tirado, con la cara tan tranquila que parecía haberse quedado dormido.&lt;br /&gt;  Desde ese momento sólo hicieron comentarios vanos, breves. Ya de noche, atravesaron el arco de la ciudad. No estaba seguro del todo, pero su compañero había mirado con desconfianza a los policías estacionados junto al mojón de la entrada. El labio inferior de Pedro también temblaba, pero quizá fuese solamente el frío nocturno. Observó las estaciones de servicio y los edificios a medio construir, los esqueletos ensombrecidos donde los pordioseros pasaban la noche. El auto se detuvo en una esquina.&lt;br /&gt; -Aquí te dejo, porque tengo que girar.&lt;br /&gt; -No te preocupés, estoy a unas cuadras nomás. Gracias, viejo, hasta luego.&lt;br /&gt; -Hasta luego, entonces.&lt;br /&gt; Esperó un rato mientras el auto, con esfuerzo, tomaba velocidad y se perdía entre otras luces iguales. Ya de noche, se encaminó enumerando las calles que lo separaban de María. De vez en cuando los vagabundos estiraban una mano desde las sombras, brazos delgados con mangas raídas, rojas algunas por el escozor de los piojos. La extensión del campo inundó de pronto sus ojos, sin aviso, tapándole la vista como un ladrón, un paño rojo que le cubría los ojos, y la serena soledad del cuerpo de su hermano le pareció inalcanzable.&lt;br /&gt; Una vez había recorrido las mismas calles con Raúl, que pensaba llevar a esa gente al campo para trabajar en la siembra, pero él se había reído de esa insensatez.&lt;br /&gt; -¡Mirálos!-le decía.- Están acabados, van a morirse como los perros de la ruta. Mañana se los van a llevar en un camión al cementerio.&lt;br /&gt; Raúl entonces se puso a observarlo con los ojos entornados.&lt;br /&gt; -No me mirés así, es la verdad- se defendió Pedro.- ¿Acaso tenemos plata para mantener a nuestras familias por lo menos?&lt;br /&gt; Siguieron caminando, ofendidos uno con el otro, reconciliados más tarde en los mediodías al sol, cosechando, o en las reuniones junto al fuego y sus mujeres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Llegó después de la cena. María no pudo ocultar su alegría al verlo, y le preparó un sitio limpio en la mesa. Pedro se puso a hojear el diario. Una noticia al pie de la página pareció llamar su atención, pero María lo distrajo al sentarse a su lado para contarle todo lo que había hecho en su ausencia.&lt;br /&gt; Cuando se acostaron, Pedro se desnudó lentamente, hablándole de los planes que iban armando juntos desde algún tiempo antes. Boca arriba, fijó la mirada en las vigas del techo y los ladrillos sin revocar. Se dio vuelta para acariciar los pechos de María y besarla. Quería olvidar el derrumbamiento de aquellos planes. Ella lo rechazó con disimulo. Empezó a explicarle que le había conseguido un trabajo, y debían ir temprano a la fábrica. Sólo era cuestión de intentar, se dijeron, y apagaron la luz. Pedro se quedó pensando en los uniformes azules mientras él corría por el campo llano, hacia la ruta.&lt;br /&gt; De a poco, acostado en la cama de María, sintió cómo sus músculos se iban relajando con extrema lentitud luego de la larga caminata, hasta quedarse dormido. Soñó, como otras veces, con el fuego. Una gran fogata que abarcaba toda la extensión de los edificios en construcción, quemando los cuerpos de los hombres débiles parecidos a ratas en sus cuevas de cemento. Llamas nacidas de un único y gran fogonazo de escopeta, repartiendo perdigones hacia todas partes. El disparo inicial que había dado vida al sol sobre los campos que él sembraba para alimentar a sus hijos.&lt;br /&gt; Despertó sobresaltado por el timbrazo fuerte del despertador de María. Ella se estaba vistiendo y le recriminaba su pereza. Llegaron a la fábrica cuando el sol ya se había asomado detrás de las rejas del predio. Ella lo guió dentro del edificio, entre el ruido de las máquinas, y se puso a hablar con uno de los empleados, pero Pedro no entendió el diálogo, lo aturdía el rugido de los motores. Las voces de los hombres se iban haciendo semejantes una a la otra. Había tonos, palabras, sílabas que se parecían a la voz de Raúl. Intentó deshacerse de esa idea, y siguió a María hasta la oficina del jefe de personal.&lt;br /&gt; El hombre era cordial. Le dijo que entraría como reemplazo hasta que sus papeles estuviesen listos. Pedro salió de la oficina pensando en el diario del día anterior que había visto apoyado sobre el escritorio, absorbiendo las manchas del café derramado.&lt;br /&gt; -¿Cómo te fue?-le preguntó María, que lo esperaba sentada a un costado de la puerta.&lt;br /&gt; -Empiezo hoy.-Pero al verla tan feliz, le molestó que ese ánimo contrastara tanto con el suyo. Se despidieron con rapidez cuando un empleado llegó para indicarle el puesto. Durante todo el resto del día creyó oír la voz de su hermano en el interior de la máquina. Lo escuchaba hablar de sus planes para la chacra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -Contraté gente de la ciudad, Pedro. Un tipo va a venir esta tarde para ayudarme-le había dicho un día&lt;br /&gt;Él lo miró entonces con resignación, cansado de recriminarle su estupidez.&lt;br /&gt; -Te va joder, acordate lo que te digo, no me gusta la gente extraña…&lt;br /&gt; Pero Raúl no le hizo caso. El tipo llegó y se puso a trabajar enseguida. Cavó las zanjas para los postes del alambrado nuevo, y luego ayudó Raúl a sembrar. En ese entonces todavía tenían el viejo tractor, y cada media hora paraban para que se enfriara. En la espera, se ponían a hablar de mujeres y de trabajo. Pedro, al pasar por el campo de su hermano todas las tardes, los hallaba trabajando o charlando amistosamente. Desde lejos los veía reír como si fuesen hermanos de sangre. Ellos lo saludaban agitando los gorros, y él les contestaba, pero una incierta bronca le crecía en el pecho sin comprenderla del todo.&lt;br /&gt; -Ya terminé con el abono. ¿Querés que te ayude? -preguntó, secándose el sudor de la frente bajo el sol de una mañana de verano.&lt;br /&gt; -No, Pedro, gracias, el “flaco” va a ayudarme.&lt;br /&gt; Le llamaban así porque apenas tenía los músculos de un chico de quince años. Pero era alto, los hombros anchos compensaban la apariencia débil de sus brazos. Aquella rápida confianza con Raúl le había caído a Pedro como un baldazo de agua fría. Nunca se había llevado demasiado de acuerdo con su hermano mayor, pero siempre necesitó de su aprobación. Sólo Raúl podía darle la tranquilidad de un proyecto aceptado, de una idea compartida.&lt;br /&gt; -Esta noche comemos en tu casa- dijo Pedro, sin esperar respuesta, como si deseara echarle en cara al extraño que los escuchaba, la confianza y el privilegio que éste aún no poseía del todo. Pero Raúl contestó:&lt;br /&gt; -Bueno. El “flaco” va a hacer un asado de espectáculo.&lt;br /&gt; Y ambos se rieron, sin mirar a Pedro.&lt;br /&gt; -Pero...- empezó a decir él. Entonces se calló la boca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Cuando el trabajo terminó, los hombres salieron de la fábrica como hormigas de un hormiguero aplastado, dejando atrás el zumbido de las máquinas. Las rejas se abrieron y los grupos se fueron dispersando hacia las paradas de los colectivos. A Pedro le pareció ver un rostro conocido. En la larga fila de espera, dos personas delante, estaba el tipo que lo había traído en el auto. No vestía el mameluco de la fábrica.&lt;br /&gt; -Hola- dijo Pedro. -¿Te acordás de mí?&lt;br /&gt; -¡Sí! ¿Qué me contás?&lt;br /&gt; La luz del crepúsculo les llegaba como recortada por las rejas.&lt;br /&gt; -Acá andamos, en mi primer día de trabajo. ¿Y tu auto?&lt;br /&gt;El hombre salió de la fila y se le acercó para murmurarle algo al oído.&lt;br /&gt; -No era mío…&lt;br /&gt;Así que pasamos por destacamentos de la policía en un auto robado, pensó Pedro, y esa idea lo divirtió. Una sonrisa cómplice abarcó su rostro por primera vez en toda la tarde, que ya empezaba a terminar mientras el sol caía deshecho en jirones rojizos detrás de las chimeneas.&lt;br /&gt; -Me alegro de ver a alguien conocido, te lo juro. Me estaba volviendo loco encerrado ahí dentro. Vamos a tomar algo.&lt;br /&gt;Caminaron por el centro, buscando un bar.&lt;br /&gt; -El más barato que tenga, jefe- pidió el Beto, cuando se sentaron a la mesa de un boliche con olor a humedad. Una aroma a orina llegaba desde el baño del fondo. La vidriera tenía la suciedad de por lo menos cinco años, según los almanaques que colgaban, amarillos, de la pared tras el mostrador. Un mozo les trajo un tinto del color de la sangre coagulada. Eso fue lo que pensó Pedro al levantar el vaso, deteniéndose para ver el líquido que bailaba bajo su nariz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Con Raúl, a veces competían por quién tomaba más sin embriagarse, pero desde que se habían casado pocas ocasiones tuvieron de volver a hacerlo. Aquella noche que cenaron en su casa, el asado del “flaco” entusiasmó a todos a beber de más, incluso a sus mujeres.&lt;br /&gt; -Ahora...a hablar de negocios-había anunciado Raúl golpeando la mesa con los puños. La Dominga trajo la damajuana y les sirvió.&lt;br /&gt; -Escucháme, hermanito, el banco me pide garantías en terreno para el préstamo. Quiero expandirme y para eso necesito un tractor nuevo. Sabés lo que cuesta, y el flaco tuvo la idea de que me cedas la mitad de tus tierras, solamente en los papeles, con un escribano que él conoce.&lt;br /&gt;Pedro miró al flaco, y con los ojos le decía que no iba a dejarlo salirse con la suya.&lt;br /&gt; -¡Desgraciado hijo de mil putas!&lt;br /&gt; Se tiró sobre el “flaco” dispuesto a matarlo. Su hermano lo separó con empujones y amenazas. Las mujeres intervinieron. La Dominga comenzó a recriminarle su falta de ambición. Raúl lo llamó cobarde por no animarse a algo tan fácil.&lt;br /&gt; -¡No te das cuenta que quiere joderte, te va a sacar la guita!- insistió Pedro con los ojos llenos de furia. El vino derramado le había manchado la ropa. La mesa estaba volteada, y sus hijos lo miraban con miedo.&lt;br /&gt; Regresaron caminando a oscuras bajo la luna en cuarto menguante. Sintió la mirada de su mujer que lo acusaba de cobarde y mal hermano y padre. Pero él pensaba en María, en su cuerpo bajo esa misma luna, en que podría haberla amado allí mismo sobre el pasto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -¿Otra vez soñando, viejo?&lt;br /&gt; La voz del Beto lo trajo de vuelta a la ciudad. El vino pasó finalmente por su garganta, no sin dificultad al principio. Bebieron vaso tras vaso, varias botellas, convenciendo al dueño de que les fiara. El viejo alzó los hombros con resignación.&lt;br /&gt; El Beto se tambaleaba en la silla, mientras acompañaba la melodía de una propaganda de la radio que vendía un fijador para el pelo.&lt;br /&gt; -Decime una cosa, si uno se pone eso... - preguntó señalándose la entrepierna.- ... se pone más dura, ¿no?&lt;br /&gt; Los dos se rieron a carcajadas, y Pedro se acordó de pronto que María lo esperaba en casa. No tenía ganas de irse aún. Ni siquiera le quedaba la excusa de haberse emborrachado, porque a pesar de todo lo bebido, no había logrado embriagarse. Hasta eso era imposible sin su hermano. El Beto se levantó y dio vueltas por el local vacío, mientras el mozo ponía las sillas sobre las mesas y barría el piso. Las luces se apagaron hasta lo mínimo imprescindible, los faros de los colectivos al pasar alumbraban el interior por la puerta abierta.&lt;br /&gt; Una voz en la radio anunciaba las noticias locales. Habían matado a un hombre cerca de allí. Pedro apretó los puños sobre la mesa, el mantel de hule se frunció con su fuerza. Creyó escuchar las sirenas, el llanto de Dominga perdiéndose en la distancia, y hasta vio de nuevo sus propias manos apoyadas sobre el pasto nocturno al tropezar.&lt;br /&gt; -Voy a proponerte algo, viejo, ¡ ...y escúchame atento, boludo!- gritó, agarrando al Beto del brazo. -Tengo un campo bastante grande, y me da mucho laburo. Pero se está al sol y tenés tu propio horario. Te propongo venir conmigo para ayudarme. Si querés te doy un salario o un porcentaje de la cosecha, según lo que resulte. ¿Qué te parece?&lt;br /&gt; No era él quien estaba hablando, no era su voz. Pero sí, allí estaba el mismo Pedro de siempre, en un bar de General Lavalle, a las once o doce de la noche, hablándole a un borracho. Era su cuerpo, su cara con una barba de tres días, sus manos callosas. Sin embargo, una sombra cruzó por delante de las bombillas que luchaban contra la viscosa oscuridad del lugar, un parpadeo con la forma de un cañón de escopeta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Desde la discusión en el asado, la Dominga y él ya no se hablaban. La vio volver de la casa de su hermano varias veces, y supuso que se pasaban chismes con la cuñada. Pensó en los planes con María, en la casa de la ciudad que iba a protegerlo del mundo.&lt;br /&gt; No había vuelto a ver a Raúl, salvo de lejos, trabajando en el campo. Le dolía no poder hablarle, acercarse a él por causa del orgullo. Al fin de cuentas era su hermano. Pero no iba a ceder, a dejar que un ratero de la ciudad los embaucara como a dos estúpidos.&lt;br /&gt; El “flaco” lo seguía ayudando, y los veía compartir las tardes y las bromas, las botellas de agua y la comida, el calor del sol haciéndolos sudar por igual, como a un solo hombre. Pedro podría haber estado allí, ocupando el lugar del otro, era ése el derecho de su sangre.&lt;br /&gt; Una mañana escuchó un motor muy fuerte, y toda la familia salió en pleno amanecer para ver el tractor nuevo de Raúl. Cómo hizo, se preguntó Pedro, descalzo y en calzoncillos, mirando el brillo relampagueante de la máquina. Su hermano estaba encima, domándola como el nuevo jefe de la zona, rodeado de la familia que lo vitoreaba como el héroe más grande de la llanura. Era Raúl quien brillaba, no el metal del tractor, sino sus ojos. Hombre y máquina era un solo y un único triunfo. Los niños se habían subido para tocarlo, Dominga lo abrazaba con el cabello suelto y una bata raída que dibujaba el perfil de sus senos.&lt;br /&gt; No había siquiera nubes, ni una sola que pudiese cubrir por un instante la deslumbradora imagen de su hermano sobre el tractor. Raúl había logrado poseer ambas cosas: la admiración y la máquina. Y Pedro, casi desnudo en medio del polvo, parado junto a la pobreza de su casa, lo miraba, derribado en su orgullo, pero erguido por la ira.&lt;br /&gt; -Viene a jactarse, después de todo viene a refregarme la mierda en la cara.&lt;br /&gt; Era su voz más tenue y lúgubre la que hablaba, no porque temiera que su hermano lo escuchase, sino por temor del sol que nacía.&lt;br /&gt; Se dio la vuelta y entró.&lt;br /&gt; Al volver a salir, llevaba entre las manos la escopeta que el padre le había regalado a su otro hermano, Nicanor, y que éste dejó abandonada bajo la cama cuando se fue de casa. El arma, a pesar de la espesa capa de polvo, brilló con la luz que el sol parecía estarle dedicando especialmente. El cañón se elevó, firme, hasta la altura de sus ojos.&lt;br /&gt; Los párpados de Pedro temblaron. Luego de unos segundos, logró cerrar uno y poner la vista en la mira. Buscó el cuerpo sobre el tractor, pero las formas de su mujer y sus hijos se interponían.&lt;br /&gt; -¡Raúl!- gritó.&lt;br /&gt; Todos se voltearon a mirar. Hubo un solo grito de niños, un solo grito de mujer, y la silueta pálida del hermano se dibujó clara y solitaria sobre la bella máquina de la tierra.&lt;br /&gt; Pronto ya no existió más que una gran mancha de sangre en el cuerpo colgando boca abajo, con una bota enganchada en un pedal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -Parecía dormido, te lo juro, sereno como si no se hubiera levantado esa mañana de la cama.- Pero el Beto estaba tan ebrio que no debía haber escuchado nada de lo que había contado.- ¿Así que vas a venir o no?&lt;br /&gt; -¡Sí, hermano!-le contestó con su tonada de beodo.&lt;br /&gt; Pedro sintió un sabor amargo en la garganta, pero no dijo nada. Ayudó al otro a levantarse y salieron del bar hasta la vereda húmeda de rocío. La puerta se cerró, y la figura del mozo se perdió en la oscuridad del interior. Se resignaron, entre hipadas y suspiros, a volver caminando, para que el aire fresco les despejara la cabeza. Su andar fue un zigzagueo en medio de la calle. Las pisadas se borraban del pavimento, pero otras detrás persistían dejando huellas en la humedad, formándose y muriendo al mismo ritmo que sus pasos. Como si una sombra familiar tomase cuerpo sobre la calle.&lt;br /&gt; Pedro se sintió, de pronto, atrapado por dos hombres en medio de la calle abierta, uno que casi no conocía, y el otro al que presentía conocer demasiado. Sin embargo, no había nadie más que el Beto y él. Pero la voz del Beto lo lastimó entonces con una entonación que no le era propia, como si alguien con la suficiente fuerza para estar detrás y a su lado al mismo tiempo, hablara por su boca. Alguien que no quería abandonarlo.&lt;br /&gt; -Si vamos a ser socios tenés que llamarme como mis amigos-le estaba diciendo.&lt;br /&gt;-Está bien, compañero, ¿y cómo te llaman?-preguntó Pedro.&lt;br /&gt;-Me dicen el “flaco”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;i&gt;Hay cuentos que tienen una vida extraña. Este es uno de ellos. Su nacimiento es incierto, en cuanto a qué cómo fue inspirado. El ámbito campestre nunca fue mi fuerte, pero siempre me atrajo como clima en el cual puede encontrarse cierta peculiar característica de soledad y desolación. El misterio que encierra una habitación urbana es sin duda escalofriante, pero no menos lo es un campo desierto en plena tarde. La luz del día sobre un extenso campo puede esconder también monstruos, salvo que estos se disfrazan, se esconden tras sentimientos ambiguos, tras presentimientos e inquietudes. Los personajes, por lo tanto, concuerdan con tal paisaje. Son austeros, silenciosos, aparentemente serenos, pero hoscos y hasta brutales si se los observa con detenimiento, si sobre todo se los sigue en su trabajo, en su caminar por los campos, y si contemplamos sus facciones. Sólo sus ojos, tal vez, nos demuestren lo que están pensando o sintiendo. Este cuento, como decía, nació en una primera versión que fue publicada en la revista Las otras puertas, y era más bien un relato que tenía como tema los sentimientos de un hombre que abandona a su mujer del campo por su amante de la ciudad. Luego, en la nueva versión, se transformó en otro texto que desde el principio no logró convencerme del todo. Incluso al presentarlo en el taller literario no tuvo buena acogida. El final el desconcertante, hasta resultar descolgado o forzado, según me dijeron, y era lo mismo que yo intuía. Más tarde lo re-elaboré, intentando acentuar el clima opresivo y psicológico, aclarando ciertos aspectos de la escena final. El resultado me satisfice parcialmente, pero decidí ya no tocarlo más, porque a pesar de mis dudas, encontré en este texto y ingrediente ajeno tal vez al tema, pero que sin duda nace de textos como éste. Quizá el tema mismo, si no me equivoco, lo requiere. Porque a veces ni el mismo autor sabe quiénes son realmente sus personajes, qué piensan en realidad. Ellos nacen de uno mismo, son partes oscuras que se concretan en seres de ficción, pero que tienen un aspecto, un carácter definidos. Los hermanos Espinoza son diferentes, pero tienen la misma capacidad de silencio y de crueldad, factores en los cuales que el autor puede y debe reconocerse. La ambigüedad del relato no está en los hechos que se cuentan, sino en las motivaciones y los sentimientos. ¿Quién es "el flaco"?, nos preguntamos. Releyendo el cuento luego de varios años de ser escrito, siempre encuentro un factor fascinante en la explicación. No es jactancia, sino asombro de hallar nuevas respuestas a mis propias preguntas y dudas como autor del cuento, con respecto al mismo, por supuesto. ¿Es, tal vez, "el flaco" alguien que todos tenemos y nos sigue o nos persigue, como un ángel guardián o un diablo tentador? ¿Cuál es la verdadero relación entre Raúl y el flaco? ¿Envidia y ambición, mezquindad, competencia, amor-odio entre hermanos? ¿Homosexualidad reprimida? ¿O no es más que un cuento de connotaciones fantásticas, de fantasmas que buscan no ser olvidados? Los personajes tendrán oportunidad de explayarse y mostrarse en ocasión de otros textos posteriores, pero lo que valoriza o no a este cuento es precisamente la extrañeza que lo caracteriza. Espero que el lector no encuentre complicaciones sino complejidad en el relato. La diferencia es esencial, a mi criterio, y el mérito o el fracaso es únicamente de quien esto escribe.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5304770424717387911-2431805455340174526?l=lasmanosdeuriasheep.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasmanosdeuriasheep.blogspot.com/feeds/2431805455340174526/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5304770424717387911&amp;postID=2431805455340174526' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5304770424717387911/posts/default/2431805455340174526'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5304770424717387911/posts/default/2431805455340174526'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasmanosdeuriasheep.blogspot.com/2011/08/el-flaco.html' title='El flaco'/><author><name>Ricardo G. Curci</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14228665846540133965</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5304770424717387911.post-8765429509423922899</id><published>2011-05-29T09:41:00.000-07:00</published><updated>2011-06-13T07:54:04.708-07:00</updated><title type='text'>El Barble</title><content type='html'>&lt;p class="MsoTitle"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 15px; line-height: 22px; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoTitle"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 15px; line-height: 22px; "&gt;La primera vez que Nicanor Espinoza vio claramente al animal, fue el día en que su mujer abandonó la casa para irse con otro hombre.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;   &lt;/span&gt;-¡Andá al carajo!- le gritó él, después de empujarla y arrojar las valijas al patio delantero. Entonces la agarró del pelo, y la tuvo así sujeta un rato que le pareció tan largo como todos los años en que habían vivido juntos, porque en ese momento vio a la bestia entre los otros animales del corral.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Pequeño aún, tenía la cabeza parecida a la de un conejo, las patas cortas, y un largo hocico que se movía al olfatear el estiércol del chiquero. Las orejas se balanceaban como veletas en una tormenta. El cuerpo era flaco, casi con la forma de un perro, lo mismo que la cola sin pelo. Era todo blanco, y sorprendentemente limpio en aquel desierto de polvo y&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;barro fundiéndose en una sola masa sobre sus tierras.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Él, que estaba castigando a su mujer por el desparpajo con que se había atrevido a engañarlo, la soltó de una vez sobre el suelo, mientras ella lo insultaba. Una mujer engañar a Nicanor, pensó con desprecio, como si no la hubiese atendido todos esos años como a una reina. Si hasta no había olvidado traerle flores de cuando en cuando, aún después de que Gonzalo muriera. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Después de llorar por tres meses la muerte de su hijo, una noche le regaló los primeros claveles que a ella le gustaban tanto, y se pusieron a lloriquear juntos, con los codos sobre el mantel de hule cuadriculado de azul y blanco. No recordaba haber llorado nunca antes de esa manera, excepto cuando él y sus hermanos enterraron a su padre. Pero la noche era confusa, la luna salía y se ocultaba con el paso enloquecido de nubes sumisas al capricho de la sudestada. Estaba frío afuera. La sombra del roble se mecía como una amenaza latente sobre el techo de la casa. El polvo se levantaba del camino formando una cortina opaca. La ruta, mucho más lejos, se veía desierta de luces y autos.&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;   &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;    &lt;/span&gt;Fue esa noche que creyó ver, porque no estaba seguro de nada entre la polvareda y la oscuridad, un movimiento blanco. Un gesto de la tierra, o de la noche, que en sí mismo implicaba un color. Algo que surgió para desaparecer al instante. Pero aún sin verlo, Nicanor sabía que ese algo no era común. Sin abandonar la ventana, le había dicho a su mujer:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;    &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;-¡Mirá, mirá!- Sin embargo, no podía atinar a señalar nada con certeza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Ahora,&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;ella estaba con las manos apoyadas sobre la tierra frente a la entrada, la espalda torcida, y mirándolo con compasión.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-No te va a devolver a tu hijo el tratarme así.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Y vos no tenés vergüenza- gritó él, adelantando un pie para patearla, pero se arrepintió.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Yo ya no tengo marido hace más de un año, así que no me vengás a contar de culpas. Sabés muy bien lo que hiciste...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Y estas palabras le clavaron a Nicanor un cuchillo. Pero el dolor se alivió al contemplar al animal aparecido a pleno día, tan tranquilo como si siempre hubiese estado allí. Se movía entre los demás con serenidad. Iba de un lado a otro, del corral de los cerdos a la charca de los patos o al gallinero. Ninguno parecía temerle, ni darse cuenta de su presencia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Se quedó observándolo, parado bajo el sol del mediodía, que daba de lleno sobre el umbral. Los camiones pasaban por la ruta, dejando su cola de polvo y gas en el aire.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;   &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;-¿Qué te pasa? Ayudame a levantarme-le dijo su mujer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;    &lt;/span&gt;Pero no le hizo caso, dejó que ella levantara sola su cuerpo débil. El vestido rosa que se había comprado para gustarle más a él o al otro, estaba roto en las mangas. Pero luego agarró las valijas y la ayudó a llevarlas a la ruta, silencioso, dándose vuelta para mirar el patio a cada rato.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-No viste al animal nuevo, ¿no?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-¿Cuál nuevo? No me digás que te trajiste otro del pueblo, porque ya no me importa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Sabía que ella estaba cansada de cuidar tantos animales que él y Gonzalo criaban. Nicanor había transmitido a su hijo esa misma pasión, y hasta que el chico murió, esa afinidad se había ido acrecentando con el tiempo. A veces, el chico les hablaba a los animales, y lo curioso era que ellos lo obedecían silenciosa y fielmente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;El colectivo llegó diez&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;minutos después, la mujer subió con esfuerzo al estribo, y desapareció entre los pasajeros. Se llevaba una parte de la vida de Nicanor, también, aunque no el recuerdo de Gonzalo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Volvió a la casa. La criatura seguía allí. Esa tarde no fue a trabajar al campo. Sacó una silla al patio, preparó una mesa, y puso a calentar agua para el mate. Nada había dejado ella en el horno, pero no tenía hambre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;El animal se movía dejando pequeñas huellas, sin inquietarle el sol fuerte de las dos de la tarde. Nicanor se levantó para acercarse. El bicho lo miró fijo por primera vez. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Esos ojos, pensó, no son los de una bestia. Cuando estaba a menos de treinta centímetros- si lo agarro, me lo llevo al pueblo y me hago famoso, se decía- el animal saltó sobre su cara. Nicanor se llevó las manos a los ojos, asustado. Los párpados le ardieron, pero sólo tenía&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;algunos rasguños. La criatura se había alejado hasta la orilla de la laguna, y estaba persiguiendo serpientes en los pastizales. Nicanor la siguió. Los dientes del animal brillaban con el sol, y se dio cuenta de que eran demasiado grandes para el tamaño del cuerpo. Devoraba a las serpientes con más facilidad que cualquier ave de rapiña que él hubiese visto alguna vez. Entonces regresó al patio y se lavó las heridas en una palangana.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Al final del día, los rasguños todavía eran dolorosos, y la cara continuaba hinchada. El animal no se detuvo más a mirarlo, y siguió con su rutinaria tarea de olfateo y reconocimiento del lugar. Al salir la luna, se ocultó en un gallinero vacío, y Nicanor se quedó dormido en una silla, en el patio, bajo las estrellas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-¡Nicanor, despertá, viejo!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Era Gonzalo…- dijo entre sueños. Cuando abrió los ojos, vio al vecino que lo venía a buscar para el trabajo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Ya voy-contestó. Metió la cabeza en la pileta de agua fría, tomó unos mates tibios y se fueron juntos en la camioneta. Él había tenido un vehículo como ese antes del accidente, y mejor aún, porque era más nuevo, y hasta con una radio. Cada vez que su amigo lo pasaba a buscar, le venía a la memoria el día en que Gonzalo y él salieron para el pueblo a recoger la heladera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Nicanor había visto los avisos en las revistas en el consultorio del médico o en los carteles a los lados de la ruta: “Heladeras Frigidaire”, y pensaba en las ventajas de tener comida fresca y bebidas frías todo el año. Ahora que tenían electricidad en la zona, no era posible que vivieran sin una heladera. Entonces se había decidido a gastar los ahorros de casi seis meses, y el aparato ya estaba en el pueblo, esperándolos. Gonzalo saltó entusiasmado al enterarse, corriendo una y otra vez desde la puerta de casa a la camioneta. A cada salto decía:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-¡Vamos, pá, vamos!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Hasta su mujer, tan fiel en ese entonces, los había despedido con un beso y una sonrisa que jamás volvió a tener, como una joya irrepetible.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;La sensación de las ruedas sobre el camino de tierra era la misma que hoy. Un dejarse andar sobre nubes de polvo hacia la luminosa era de la modernidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-¡Che! ¿Qué te pasa?- le preguntó su amigo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-La mandé a la mierda, ¿sabés? Y estoy solo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Pasó casi todo el día trabajando en el campo, y pensando en el animal. Con el cuerpo sudado, regresó a casa al final de la tarde. Al cruzar el patio notó que había demasiado silencio para esa hora, cuando el gallo siempre cantaba y los patos chapoteaban en la laguna. Los perros fueron los únicos que se acercaron a recibirlo, pero se veían cansados. A lo lejos, el silencio de la laguna lo angustió. Un olor a sangre llegaba del gallinero. Entonces, al entrar, vio las gallinas y los patos carcomidos o destrozados. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;    &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;La criatura seguía en un rincón del establo. Más grande y más alta. Con la boca y el&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;hocico cubiertos de sangre, la lengua relamiéndose el pelaje sucio. Los ojos lo miraban, y él salió, atrancando la puerta. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Fue a la casa, agarró la escopeta y regresó en busca del animal. Buscó por todos los rincones, pero ya no estaba, había muchas ratoneras y aberturas entre las tablas de las paredes. Se resignó a desistir, esperando que se hubiese ido para siempre. Comenzó a palear y amontonar los cuerpos. El olor de la sangre había exacerbado el ánimo de los perros y caballos. Pronto iban a llegar los zorros de la región, si no los enterraba rápido, y cavó una fosa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;A la noche, un estruendo de gritos y ladridos lo despertó. Los perros ladraban hacia el corral del chiquero. Nicanor se colocó los pantalones a prisa, y salió descalzo. Apuntó la escopeta hacia la sombra blanca en que la bestia parecía convertirse durante la noche. Pero aquella sombra le cubrió la cara, sintiendo otra vez brevemente el calor de su pelaje extraño sobre los párpados.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;El arma cayó al fango, y se arrodilló a buscarla. No era sólo barro lo que tocaba, sino fango mezclado con sangre. Los puercos que le había costado tanto criar, listos y gordos para la venta, estaban tirados con las entrañas abiertas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-¡Voy a matarte, hijo de puta, te lo juro!- murmuró Nicanor entre dientes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Dos días después, pasó por el consultorio del veterinario antes de volver a casa. Era un francés que se había instalado en el pueblo casi veinte años antes. Nadie supo nunca si estaba titulado o no. Desde la mañana que había llegado de Buenos Aires, se había puesto a curar animales, y a partir de entonces todos lo consultaban.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Hay una bestia, doc, que me está matando a los otros-le dijo Nicanor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Me contaron…- Y puso sus manos sobre los hombros de Nicanor, como consolándolo.- Pero también sé por experiencia, que a veces nosotros, los hombres, nos enojamos mucho cuando una mujer nos abandona...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Nada de eso. La bestia ronda la casa, y cada vez es más grande.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Vamos- dijo el francés, mientras cerraba su consultorio.-Le&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;invito algo en el bar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Salieron a la calle, y el veterinario tomó de un brazo a Nicanor. En el bar, se encontraron con el joven Valverde, que sabía de animales extraños, según contaban.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Sabés-empezó a decir el francés- en mi país tenemos leyendas de bestias con las que asustamos a los niños. Algunos dicen que son almas errabundas, con el aspecto verdadero que todos tenemos una vez despojados del cuerpo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Acá también- intervino Valverde. -Tenemos al Yaracusá, una especie de víbora con cara de lechuza, y al Curasán, un perro mitad hombre, pero ésta es una leyenda que trajeron del Brasil.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;El doctor asintió, bebió otro vaso de vino, y siguió contando.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Se les da muchos nombres según el pueblo. En mi ciudad lo llamábamos “le Barble”. En las vísperas del día de los muertos, salíamos en su busca, gritando: “¡Barble, Barble!”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;La voz del doctor resonó en el bar como si llegara desde kilómetros de distancia, en medio de la llanura desolada en una noche sin luna.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-¿Y cómo es?- preguntó Valverde.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Tiene patas de chivo, cola y cuerpo de perro, cabeza de conejo. Pero qué importa. En lo único que todos coinciden es que los ojos son humanos...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;El francés se quedó callado. Nicanor estaba abstraído en sus propios pensamientos. Luego se despidió, oyendo que el doctor le decía:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Límpiese esas heridas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;    &lt;/span&gt;Nicanor estaba borracho, pero con una tenue, lánguida sensación de felicidad. Pensaba dormir bien esa noche en su cama caliente.&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;Al llegar a casa, el caballo comenzó a corcovear sin poder contenerlo. Mientras más lo sujetaba de las riendas, más intentaba correr. Tuvo que bajarse para evitar que lo tirase.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;    &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;-Acá pasa algo- se dijo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Fue al establo, y descubrió al otro caballo muerto y masticado por los dientes inconfundibles de la bestia. El caballo de Gonzalo, el potrillo que él le había regalado y crecido con el niño. Recordó la alegría de su hijo cuando se lo trajo, saltando de contento igual que cuando fueron en la camioneta a buscar la heladera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Habían dejado a su madre ya lejos, mientras recorrían el camino de tierra hacia la carretera principal. Cuando llegaron al río, vieron que el torrente estaba agitado y arrastraba montículos de barro duro y raíces enlazadas. Conocía la profundidad por haberlo cruzado cientos de veces, la mayoría siempre seco o sirviendo de lecho a un angosto hilo de agua. Sentados en la camioneta sin saber qué hacer, miraban cómo el agua sucia formaba torbellinos en los bordes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;    &lt;/span&gt;-¡A la mierda, vamos a cruzar!- dijo Nicanor, decidido. Sabían que tendrían que esperar tres meses más para recibir la heladera en el siguiente pedido, y el verano ya habría pasado. Se sentía demasiado feliz, demasiado hombre frente a su hijo como para asustarse por el río que lo había traicionado poniéndole aquel obstáculo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Arrancó, y las ruedas se metieron en el agua a toda velocidad. Mientras más rápido, mejor, pensó. Pero la camioneta se atascó a mitad de camino. El agua golpeaba la puerta, mientras el paso de las piedras resonaba bajo el chasis.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Yo me bajo a empujar, vos agarrá el volante y mantenelo firme-le indicó a Gonzalo.&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;    &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;El agua era más fuerte de lo que parecía. Alrededor de la camioneta se había formado un torbellino envolvente, y le resultó difícil avanzar para ubicarse detrás y empujar. Pero la camioneta no se movió. Tal vez, si hacía girar las ruedas delanteras, el barro en que estaban enterradas cedería.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-¡Girá el volante!- gritó a su hijo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;El vehículo empezó a desplazarse un poco, pero de pronto oyó un estruendo, un estallido opaco de chapas bajo el agua, y vio que un tronco a la deriva había golpeado la delantera de la camioneta hasta hacerla torcer en la dirección de la correntada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;    &lt;/span&gt;-¡Pará, frená!- Pero se daba cuenta que era absurdo que los frenos sirvieran de algo. El agua siguió golpeando el costado de la camioneta, y comenzaba a arrastrarla. Nicanor se agarró del paragolpes, pero las manos le sangraron con múltiples cortes de la chapa, y sin querer se había soltado. Lo último que vio, mientras se sujetaba a las largas raíces de los juncos, fue la cara de su hijo asomándose por la ventanilla, su mirada desgarrada clamando por auxilio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Yo lo maté- murmuró en el funeral muchas veces a todo el que se acercaba a darle el pésame, hasta que esta muletilla se repitió por meses.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Nicanor lloraba ahora, un año después, sobre el cuerpo del caballo de su hijo, que la bestia había destrozado. A la mañana siguiente, lo despertaron los gritos de su vecino.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-¡La siembra está destruida!- le decía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Nicanor abrió los ojos como si hubiese despertado de una pesadilla. Antes de darse cuenta, ya estaban camino al campo. Y a medida que se acercaban, pudo ver el color gris del maíz seco, percibir el olor nauseabundo a saliva y excrementos. Los tallos estaban cortados desde la raíz.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Las langostas, viejo, mala suerte-le dijo el hombre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-No. Fue él, el animal que me está persiguiendo. Va a destruirlo todo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Desde entonces esparció en el pueblo la advertencia sobre la bestia, que nadie había visto, y lo creyeron loco. Las viejas chismosas comenzaron a hablar en el almacén sobre Nicanor y su delirio. Lo vieron recorrer de noche las calles, anunciando la invasión de aquel animal desconcertante. Cuando le preguntaban cómo era, la descripción de su forma extraña e inverosímil provocaba las risas de sus vecinos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;    &lt;/span&gt;-Pobre Nicanor- le decían, palmeándole la espalda.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Entonces él regresaba a casa. Ya sin animales, porque todos estaban enterrados, incluso sus perros.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;El Barble, así había decidido llamarlo, era ahora del tamaño y la altura de un hombre. De noche escuchaba los pasos de sus pezuñas sobre la tierra, merodeando la casa y acechándolo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Una mañana lo despertó el crujido de la madera. El sol apenas se asomaba. Al levantarse de la cama, alcanzó a ver por la ventana la silueta de la bestia destruyendo la vegetación alrededor de la casa. Todos los arbustos y el pasto hasta la ruta habían desaparecido. El animal estaba devorando con ahínco el último árbol que daba sombra al patio, el mismo bajo el que su familia y él habían descansado, y de cuyas ramas pendía la hamaca en que Gonzalo se columpiaba todas las tardes. El árbol cayó con un estruendo sobre los restos del corral vacío. La mirada de la bestia se dirigió a Nicanor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;   &lt;/span&gt;Los ojos del Barble eran tan parecidos a los suyos, que creyó estar viendo algo familiar y entrañable. Un fugaz deseo de piedad lo detuvo por un instante, y luego corrió en busca del arma, la escopeta que presentía iba a serle inútil. Disparó muchas veces desde la puerta, recargó el arma otras tantas, hasta que el error y la falla sobre el objetivo le parecieron inconcebibles. El Barble esquivaba los tiros, y parecía reírse de su impotencia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Nicanor tiró la escopeta a un lado y agarró un hacha. Fue tras el animal, que escapaba demasiado rápido. Lo persiguió durante casi todo el día, deteniéndose a descansar cuando veía que el Barble también se detenía a beber en la laguna. Ni siquiera esperaba que alguien viniese a ayudarlo, ya pocos lo visitaban. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Él arrojaba piedras y golpes de hacha, pero el animal se escabullía tras las nubes de polvo que levantaban sus patas. La persecución se interrumpía por momentos para que Nicanor descansara, tomara agua o remojara la cabeza en la laguna, alrededor de la cual el Barble daba vueltas, girando la cabeza de tanto en tanto hacia él, como burlándose.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;Y la noche llegó, sin que Nicanor pudiese dominarlo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Se metió en la casa y cerró la puerta. Se recostó en la cama después de una larga, tediosa hora de tregua y silencio. La luna parecía haber calmado al Barble. Se sacó la ropa y la colgó en la silla, tan prolijamente como no lo hacía desde que su mujer se había ido. Tomó un trago para reponer el sudor perdido, y limpiar su garganta reseca por el polvo. Al dejar la botella en la mesa, sintió un dolor en el pecho, como si el Barble lo hubiese atacado en aquel instante, aprovechándose de su descanso. Sin embargo, la casa y la noche estaban vacías. Después sintió un alivio acogedor y sereno, el sueño y la suave piel del murmullo estival entrando por las rendijas de la puerta le acariciaron la cara.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Y de pronto despertó sobresaltado. No sabía cuánto tiempo había dormido, pero a su alrededor la casa había desaparecido, devorada o destruida por el Barble. El establo y el corral, el árbol y los montones de tierra señalando las tumbas de los animales tampoco existían. El cielo era casi blanco, y su antigua tierra estaba gris y desolada. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Un gran páramo, un espacio de vacío inquebrantable, lo separaba de la ruta de asfalto. Desde allí, alguien lo saludaba levantando los brazos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-¡Gonzalo, esperame!- gritó Nicanor&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Se quiso levantar de la cama rechinante, lo único que le quedaba de su vieja vida. Pero cuando se llevó las manos a la cara, no pudo verlas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 15px; line-height: 22px;"&gt;&lt;i&gt;Este cuento nació&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 15px; line-height: 22px; "&gt;&lt;i&gt; con el objetivo de hacer un relato de género, es decir, un relato tipo gauchesco, con un personaje narrador habitante del campo y que mostrara su forma de hablar coloquial. La primera versión está perdida, pero como en la versión final, era una mezcla de literatura fantástica en el ámbito campestre. Durante varios años ese cuento permaneció dessaparecido, creo que se lo presté a un amigo y nunca lo recibí de vuelta, pero la idea continuó dando vueltas en mi cabeza, hasta que, como es mi costumbre, rescatando ideas viejas para cuentos nuevos, decidí retomar el tema. Fue así como surgió "El Barble". El personaje de Nicanor encontraría, más adelante, otras formas de explicar su historia familiar, en otro cuento y novela, pero por ahora es solamente el relato de este episodio de su vida, la muerte de su hijo por su propia culpa, la separación de su esposa, y el encuentro con este ser extraño que parece en sus tierras. Me pareció interesante utilizar un ser mitológico basado muy ligeramente en leyendas autóctonas, y confrontarlo con un ambiente realista como suele mostrarse el género gauchesco en su forma más tradicional. Sin embargo, los relatos de Horacio Quiroga influenciaron sin duda desde el principio. Lo extraño y lo fantástico son acordes al ambiente hostil y a la vez apacible del campo, a la oscuridad de la noche confrontada con la claridad abismal del día. El trabajo psicológico era imprescindible para dar ambigüedad al relato, para que lo fantástico no fuese forzado ni arbitrario. La culpa, entonces, era necesaria, el factor alternativo para una psiquis aparentemente desquiciada, que ve formas extrañas y monstruos destructores a su alrededor. La mención a Gustavo Valverde tiene el único objetivo de unificar el mundo creativo que constituye mi trabajo, lo mismo que el veterinario francés, que hace aquí su primera aparición. La muerte tiene diversas formas, se presenta, para cada uno, de manera distinta, incluso con formas concretas, no sólo modalidades, tema que me ha ocupado mucho tiempo y diversos trabajos, por ejemplo y más claramente en el cuento de este mismo libro, "Las ancianas".  Para Nicanor, finalmente, la lucha con el Barble es una derrota gritada a voces desde el principio. Su desquiciamiento progresa junto a su deterioro físico y el abandono de sí mismo, ambos representados por esa última obsesión, la de matar al monstruo que lo va despojando de todas sus pertenencias, hasta quitarle, por último, su vida. La visión esperanzada del final no es una compensación a sus sufrimientos o remordimientos en vida, sino un elemento más de la muerte, que como ya dijimos, toma una forma concreta, recurso literario que tiene por fin la identificación del lector con algo concreto. La literatura, la narrativa más específicamente, sólo tendrá eficacia cuando hay personajes, situaciones, cuando se cuente una historia concreta. Podrán hacerse muchas divagaciones sobre la muerte, muchas teorías filosóficas, pero una línea eficaz es más que suficiente para provocar un escalofrío en el lector, una lágrima o siquiera, una pizca de pena. Un final abierto, ambiguo, puede permitir variadas interpretaciones, pero, al decir de Borges, no permite ningún otro final posible. &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5304770424717387911-8765429509423922899?l=lasmanosdeuriasheep.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasmanosdeuriasheep.blogspot.com/feeds/8765429509423922899/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5304770424717387911&amp;postID=8765429509423922899' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5304770424717387911/posts/default/8765429509423922899'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5304770424717387911/posts/default/8765429509423922899'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasmanosdeuriasheep.blogspot.com/2011/05/el-barble.html' title='El Barble'/><author><name>Ricardo G. Curci</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14228665846540133965</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5304770424717387911.post-174834296462774265</id><published>2011-05-29T08:53:00.000-07:00</published><updated>2011-05-29T09:37:20.339-07:00</updated><title type='text'>El armario</title><content type='html'>&lt;p class="MsoTitle"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 15px; line-height: 22px; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoTitle"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 15px; line-height: 22px; "&gt;Laura se desabrochó el segundo botón de la blusa al ver a Tomás, que bajaba del colectivo en la esquina de la plaza. Tenía el traje azul de todos los días, gastado en las rodillas y con dos pitucones en los codos. Llevaba abierto el cuello de la camisa blanca, y el diario enrollado bajo su brazo izquierdo. Esta vez venía sin esa sonrisa que siempre estaba en sus labios al ir a visitarla. Sus ojos brillaban al pensar en Laura. Pero ahora no era así, había algo diferente en su rostro, muy parecido quizá a una expresión de irreflotable hundimiento.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Al entrar fue directamente hacia ella, rodeado por el aroma del pan y las facturas. La campanilla de la puerta se apagó con serenidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Duque se murió ayer a la noche.- Dijo en ese silencio abrupto de las cinco de la tarde.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-¡Por Dios, querido!- Contestó Laura, abrazándolo por encima del mostrador. La blusa de seda se agitaba con su respirar entrecortado, apretada contra el pecho de Tomás, mojándole el cuello con sus lágrimas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-¿Cuántos años tenía, trece, catorce...?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Diecisiete años. Fue mi mejor amigo todo ese tiempo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Decidieron ir al bar a conversar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-¡Papá, salgo!- Gritó Laura hacia la cocina, y su padre debió escucharla pero no contestó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;En la confitería se sentaron cerca de la ventana, tomándose de las manos. El mozo puso dos cafés entre los brazos temblorosos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Ella había visto a Duque tres días antes. Aquel perro viejo sí que era grande. Un mestizo ovejero alemán que aún saltaba y le lamía la cara al verla. Parándose en dos patas, le impedía abrirse paso por el pasillo estrecho de la casa de Tomás. Vivía solo con su perro, en esos cuartos pequeños y cerrados todo el día, con la humedad y el polvo cubriendo los muebles, y un olor a putrefacta acidez que surgía de alguna parte.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Como afuera, no tengo ganas de cocinar cuando vuelvo del laburo.- Había dicho él alguna vez.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Entonces fue cuando ella se ofreció a cocinarle. Iba casi todas las noches a hacerle algo simple y caliente. Luego le preparaba la cama, las sábanas limpias en la que se acostaban juntos. Siempre se sentía vigilada por Duque, quieto y silencioso hasta que Tomás regresaba a las nueve de la noche. Al llegar le abría la puerta del jardín, mientras Laura los observaba jugar, sentada bajo el roble, con las luces de la ciudad ascendiendo hacia el cielo del crepúsculo. La luna pálida iba creciendo, y Duque aullaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Le ladra a la luna todas las noches desde que lo conozco. Si no está afuera se desespera rasguñando las puertas, como cuando se sienta al lado del armario y no puedo sacarlo de ahí.- Se quejaba Laura muchas veces.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Tomás entonces la miraba con recelo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Es su armario, Laura. Allí Duque tiene sus cosas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;A menudo ella había revisado el mueble buscando algo, pero siempre cuando el perro estaba lejos. De lo contrario se le ponía delante, alerta, con un gruñido expectante, sigiloso y protector, vigilando las puertas de madera barnizada y lustrosa. Las patas de estilo veneciano y la fachada antigua contrastaban con la simpleza del pasillo. Porque el armario estaba allí, en medio del paso, estorbando de manera que había que estrecharse contra la otra pared para pasar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-¿Por qué no lo ponemos en tu habitación?- Le preguntó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-No, no quiero que toques nada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Ella se quedaba mirando largo rato ese armario enorme, imposible de mover. Lleno de cosas viejas, de las fuentes que Tomás usaba para alimentar a Duque, las toallas para bañarlo, el jabón, las correas de cuando era cachorro, y las zapatillas carcomidas por sus dientes precoces.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Se murió sin molestarme, pobre viejo Duque.- Dijo él en la tarde húmeda del bar, mientras miraban pasar por la vereda a los chicos que salían de la escuela.- Cuando se quedó tieso sobre la alfombra, recordé su fuerza, sus mandíbulas feroces de algún tiempo atrás. Te conté cómo me defendió, ¿no?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;En realidad Laura estaba cansada ya de escuchar aquella historia. Todos en el barrio sabían cómo Duque lo protegió el día en que sus padres discutieron, y la forma en que la vieja se cayó golpeándose la cabeza. Decían&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;que el viejo la empujó, y después quiso hacer lo mismo con Tomás. Él entonces era un chico de doce años. Un niño apático y triste que se escondía de los otros, huyendo con su perro de las discusiones de los padres.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Nos íbamos hasta las vías del tren, y ahí nos quedábamos hasta las nueve de la noche, cuando papá se iba al trabajo de sereno en la fábrica. Yo contaba los trenes uno por uno, esperando aquel que se lo llevaría lejos hasta el día siguiente. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Tomás, sentado sobre las vías, se entretenía mirando a Duque, que ladraba a las locomotoras, lentas como mastodontes. Para el perro quizá eran monstruos, animales primitivos o bestias salvajes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Empezó a rozar las piernas de Laura con sus zapatos debajo de la mesa. Ella miró alrededor, sonrojada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Vamos a casa, Laura. Estoy cansado y solo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Ella aceptó y salieron a las calles de &lt;st1:personname productid="La Plata" st="on"&gt;La  Plata&lt;/st1:personname&gt;, cubiertas por las sombras de las casas en el atardecer. Eran casi las siete.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Al llegar encendieron las luces, pero no hubo quien los recibiera esta vez, ni ladridos, ni saltos alegres ni patas sucias de barro. Sólo el aroma de Duque persistía, su olor a pelo mojado y pasto fresco. Su olor en todas partes, y ese armario siempre allí, molestando. Siendo un obstáculo absurdo ahora.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Laura hizo el gesto inicial de intentar empujarlo, y Tomás gritó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-¡No, no!- Se detuvo un instante al darse cuenta de su reacción.- Son sus cosas y no quiero sacarlas por unos días.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Laura le preguntó dónde lo había enterrado, y él la llevó al jardín para mostrarle el montículo de tierra removida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Comieron poco, unos huevos fritos cuyo aceite ayudó a ocultar el aroma fantasma. Pero Tomás extrañaba las migas de pan que le daba al perro, sentado a su lado, mirándolo como un mendigo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;A las nueve Tomás dijo escuchar algo, pero ella sólo oía la bocina del tren a lo lejos. Él insistió en que aquel sonido venía desde el jardín, retumbando en los techos altos de la casa, ocultos en la sombra. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Es el aullido de Duque, estoy seguro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Tomás siempre contaba cómo Duque se abalanzó sobre su padre esa última noche. Estaba por irse a trabajar cuando a la madre se le ocurrió fastidiarlo pidiéndole plata.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Las peleas eran siempre por lo mismo. Parecían socios irreconciliables de un negocio en bancarrota.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;      &lt;/span&gt;No recordaba exactamente cómo pasó, pero comenzaron a golpearse y ella se desplomó sobre el suelo de la cocina. El piso, de pronto, estaba cubierto de sangre, y el viejo se veía desesperado. Agarró a Tomás muy fuerte, tanto que el chico creyó que iba a matarlo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Tal vez, tal vez sólo me abrazaba muy fuerte, no lo sé.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Entonces Duque se tiró encima del viejo y lo mordió hasta desfigurarlo. Recién meses después se supo que al hombre lo habían llevado a prisión. Tomás así lo dijo, y todos lo aceptaron. El viejo jamás fue visto desde esa vez.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;En la mañana Laura lo acompañó hasta la parada del colectivo. Hacía frío, ella llevaba un chal celeste y él un sobretodo. Cuando lo vio alejarse, regresó a la panadería de su padre. El próximo fin de semana era Pascua, y los huevos de chocolate lucían bellos en las vidrieras decoradas con figuras europeas. El aroma salía por la puerta, un olor amargo y caliente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Papá.- Se le ocurrió preguntar.- ¿Sabés de algún vecino que tenga cachorros para regalar?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Y con esa idea en mente buscó&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;toda la tarde por el barrio. Hasta que en el baldío de la casa de las Cortéz halló dos perros pequeños y recién nacidos. Agarró uno y lo llevó a la casa de Tomás. Aún era temprano. Hizo la cena y dejó que el perro correteara por todos lados. Le abrió la puerta del jardín, apartándolo de la tumba de Duque. No sabía cómo llamarlo, eso iba a dejárselo a él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-¡Perro, perro, entrá!- El cachorro la obedeció con rapidez.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Tropezaron en el pasillo con el armario, siempre en el medio del paso. Laura lo revisó, viendo qué podía sacar para moverlo. Sólo frazadas viejas, latas de conserva y las cosas tontas de Duque, sus correas y el bozal. El cachorro olisqueaba el mueble con una curiosidad intensa, se metía debajo y raspaba la pared.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Eran las ocho y media, y Tomás no llegaba. No sabía qué hacer y tenía hambre. Se puso a pensar dónde poner el armario. El cachorro seguía raspando la pared.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;“Hace tanto que no limpia, que debe haber ratas muertas”, pensó Laura, y se decidió a vaciarlo. Sacó todo, incluso los estantes para hacerlo más liviano. Hizo fuerza y de a poco fue cediendo. Las marcas de las patas habían hecho un hoyo en el piso de flexiplast, y vio dos rayas a cada lado, como si alguien hubiese movido el mueble regularmente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Corriéndolo despacio centímetro a centímetro, con mucho esfuerzo, y entre los ladridos del&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;perro que saltaba entusiasmado a su alrededor, descubrió una puerta simple y despintada. El cachorro ladraba cada vez más enloquecido, y empujó la puerta que, sin llave, se fue abriendo con un rechinar de bisagras. Un abrupto olor a suciedad y fermentos le revolvió el estómago y se tapó la boca. Al principio la oscuridad le ocultaba las formas, pero luego vio la cama y las paredes sin aberturas. La única ventana estaba cubierta por ladrillos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Había alguien allí. Se podía oír su respiración débil pero ronca, y el aliento ácido que inundaba el aire. Era un hombre deforme de gordura, rodeado de sábanas sucias, y había varios platos amontonados a un costado de la cama. Laura se fue acercando sin saber en realidad si lo que sentía era miedo o quizá un leve temor teñido de piedad. El perro, sin embargo, esta vez se quedó en la puerta. La bocina del tren de las nueve se oyó lejana y atenuada por aquellas paredes. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;El hombre dijo algo ininteligible, como si no hubiese hablado en muchos años y no supiese si aún tenía voz. Su cuello estaba deformado por las cicatrices, el rostro era indefinido, y a Laura le pareció que una de las cuencas de los ojos estaba vacía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;El perro seguía ladrando, y la voz quejumbrosa del viejo abandonado renació, ahora más clara pero vacilante.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Otro... perro.- Murmuraba, extrañando quizá el ladrido de su carcelero muerto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Un luz iluminó, de pronto, la habitación desde el pasillo. Vio a Tomás que corría hacia el patio, y fue tras él. La bocina del tren de las nueve se escuchaba otra vez, húmeda y pesada, como el sonido de un cuerno de caza a través del rocío nocturno. Entonces Laura se detuvo en la puerta de la cocina, asustada, mirándolo desprenderse de la camisa bruscamente, y con una pala brillante a la luz de la luna, cavar en la tumba de su perro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;i&gt;La historia de este cuento es especial. Hacia 1994 venía asistiendo a talleres literarios desde casi seis años antes, y luego de pasar por varias etapas donde intentaba encontrar un estilo, una temática propia, surgió un cuento que agradó mucho a los demás miembros del taller. Antes yo escribía ciencia ficción, historias fantásticas, luego relatos muy cortos, intimistas y herméticos, incluso poesía influenciado por el ambiente del taller literario. Me decían que yo escribía bien, incluso muy bien, pero hubo diferencia con el nuevo relato.  Principalmente me dijeron que había creado una situación creíble con un final rotundo y compacto. Ese cuento llevaba el título de "El empleo en lo de Casas", y estaba narrado por un aprendiz de panadero que hace los mandados en el barrio. El lugar ya es el suburbio de La Plata que conocemos por los demás cuentos, los personajes de Laura, Casas su padre, Tomás y el perro, también, sólo desaparece el narrador testigo. El cuento, entonces, fue publicado en la revista Otras puertas, de mi maestro y amigo Alberto Ramponelli. Más tarde, el relato no me conformó del todo, creo que la razón fue porque comenzaron a surgir otros cuentos relacionados con el mismo barrio y los mismos personajes. Fue recién cuando ellos decidieron contarme sus historias, cuando apareció la necesidad de seguir contando y completando circunstancias, cada una con sus misterios y oscuridades, con sus revelaciones y tragedias, que la primera historia de este ciclo necesitaba ser modificada, adaptada a su posterior evolución. Fabián Vique dijo muy bien en el prólogo a mi tercer libro, "El rostro de los monos", que nada es definitivo, ni siquiera el pasado. Por eso, uno como narrador de historias y por ende creador de mundos, tiene el privilegio, casi como una especie de dios menos, de modificar las historias de sus criaturas. Pero también hay algo, como dije antes, más importante y más cierto, estas historias nos son contadas, incluso a su autor, por sus mismos personajes, unos van llamando a otros, amigos, vecinos, familiares. Pasado y futuro se hacen presente mientras nosotros viajamos con ellos en el tiempo, testigos de sus nacimientos, sus tragedias y sus días, sus muertes. La historia de la primer versión del cuento era más bien inconclusa, demasiado abierta. El narrador testigo, un adolescente enamorado de la hija del panadero y celoso de Tomás, espía a éste y lo encuentra desenterrando a su perro. En la nueva versión, los protagonistas ganan en personalidad, en detalles que los caracterizan, como en la escena inicial el diario bajo el brazo de Tomás mientras camina hacia la panadería luego de bajar del colectivo, o el acto Laura de desabrocharse un botón de la blusa al verlo llegar. La historia de los padres de Tomás se concreta, así como la participación del perro, todo esto aderezado con pistas sobre el olor de la casa de Tomás, el extraño armario que oculta una puerta condenada, la insistencia del cachorro en husmear bajo ese armario. Laura y Tomás se me vuelven personajes entrañables, uno apesadumbrado y fracasado, la otra joven, compasiva y bella, acostumbrada a su contanto con compañeros varones en la exploración de ciertos misterios del barrio, como la casona de las Cortéz, en "El patio de los perros", y con sus propias tragedias personales, como la muerte de su madre en "la mujer de Casas". De Casas padre ya tuvimos noticias desde el inicio de la saga, un inicio que fue tomando forma después de esta primera semilla fundadora, como si la primera célula de este mundo nuevo no fuese la más primitiva sino una más, sí más rudimentaria, a la espera de las otras más fundamentales, que la alimentarían para hacerla crecer. El mundo del cual los Casas fueron el punto clave, la primera puerta, quizá la puerta escondida tras el armario de mi propia conciencia.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 15px; line-height: 22px;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5304770424717387911-174834296462774265?l=lasmanosdeuriasheep.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasmanosdeuriasheep.blogspot.com/feeds/174834296462774265/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5304770424717387911&amp;postID=174834296462774265' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5304770424717387911/posts/default/174834296462774265'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5304770424717387911/posts/default/174834296462774265'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasmanosdeuriasheep.blogspot.com/2011/05/el-armario.html' title='El armario'/><author><name>Ricardo G. Curci</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14228665846540133965</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5304770424717387911.post-5752611963551205048</id><published>2011-05-28T11:40:00.000-07:00</published><updated>2011-05-28T15:05:20.778-07:00</updated><title type='text'>Las torres</title><content type='html'>&lt;p class="MsoTitle"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 15px; line-height: 22px; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoTitle"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 15px; line-height: 22px; "&gt;Alejandro miró los campos de pastoreo a los lados de la ruta, casi secos por el sol ardiente del verano. Sólo algunas vacas parecían obstinadas en buscar la hierba escasa. Las torres eran aún nada más que eso, estructuras brillantes y aceradas sosteniendo los cables de alta tensión. El viento corría con un hálito sofocante, caluroso.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Pensaba en los planos de la casa, que pronto iba a estar terminada. Habían sido demasiados viajes por esas rutas de provincia, destruidas, a veces inconclusas. Al principio, cuando Mara iba con él, conversaban y la noche los detenía en algún hotel. Pero cuando ella de pronto regresó a Buenos Aires, como si estuviese enferma o hubiera descubierto que él lo estaba, se vio dueño único de aquella casa a medio construir en San Juan, alejada de todo pueblo, rodeada por el desierto e invadida de ese olor que el viento seco traía del oeste.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;La razón de la partida de Mara nunca fue clara, sólo tal vez predecible si recordaba ciertos signos. Como la manera en que ella lo había seducido en la clase de Historia Antigua a la que ambos asistían. Siendo aún una extraña, lo había llevado en poco tiempo de las charlas en los cafés a su departamento y a su cama. Era la primera mujer que así lo arrastraba de un sitio a otro, mudando sentimientos abruptamente y sin compromisos con el pasado inmediato, que a ella no le agradaba mencionar. No olvidaba tampoco su propia vida somnolienta antes de conocerla, como si los que lo rodearan hasta entonces lo hubiesen tenido sujeto al mundo circundante, oscuro y rutinario. Al encontrar a Mara, había comenzado a imaginar otras vidas más temerarias, y surgía entonces otro hombre más parecido a la vitalidad de la carne que a la infértil mente que siempre había estado alimentando.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Pero en uno de los últimos viajes a la obra, Mara estaba nerviosa, mirando hacia el campo. Luego había cerrado la ventanilla de su lado y se puso a fumar, porque dijo que ya no aguantaba el olor nauseabundo que había en toda esa zona. Alejandro sólo alcanzaba a oler la nafta y el aroma de los neumáticos recalentados en el asfalto, por eso se rió de ella con una jactancia que no había pretendido demostrar. Esa fue la primera ocasión que Mara lo miró asombrada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Rey...- dijo ella en voz alta, y en su mirada había un estremecimiento, un miedo a estar cerca suyo, como si viese en su cara algo que él no creía estar expresando. Quizá era aquel brillo retórico y despectivo de sus ojos que a veces no podía evitar. Ella lo comparó entonces con los rostros de los jefes de hordas brutales que habían azotado los desiertos asiáticos veinte siglos antes. Mara huyó al día siguiente, con esas palabras que ambos consideraron fugaces, pero que perduraron en su mente casi con un sentido de eternidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Cuando llegó a la construcción, los peones ya se habían ido y la noche recién empezaba. Fue a la terraza y observó las torres a lo largo de la ruta, iluminadas, brillantes por la humedad del rocío nocturno. Desde hacía algunas semanas apenas lograba liquidar las deudas de la obra, y hasta había tenido que escribirle a Mara para agradecerle que renunciara a su parte de la inversión. Era extraño todo esto, más aún cuando recordaba el entusiasmo que ella había tenido por esa casa y su vida juntos, y se sintió convencido de que su abandono era en realidad una huida. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Alejandro se quedó en la terraza, acostado entre el polvo y las baldosas a medio colocar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;El sábado al mediodía, el calor se levantaba del asfalto y parecía hacer que las torres languidecieran. Sin embargo, ellas resistían. Un aroma rancio inundaba la zona. Supuso que había animales muertos en las banquinas profundas. Se detuvo en la hostería en la que acostumbraba almorzar antes de seguir camino. Le preguntó al mozo de dónde llegaba ese olor. El muchacho dudó antes de contestar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-El perro del patrón se cayó al viejo aljibe, hace tres noches. Los chicos le tiran piedras para taparlo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;    &lt;/span&gt;Un niño apareció corriendo y se acercó al joven. Cuando ambos se alejaron de la mesa, Alejandro vio que el muchacho manoseaba al chico junto al mostrador. No dijo nada, sólo se dedicó a observar con más atención desde entonces.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;El olor continuó durante toda la tarde y a kilómetros de aquel lugar. Entonces recordó que Mara una vez le había hablado de ese mismo olor, como si hubiese tenido la capacidad de adelantarse a los hechos y huir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;    &lt;/span&gt;Aún después de llegar a la casa podía sentirlo, y los techos inconclusos, así como daban paso a la oscuridad naciente del cielo, eran incapaces de detener el olor. Recostado en la terraza, calculaba que al terminar los cielorrasos, la casa estaría lista para ser habitada. Sin Mara, era verdad, pero ya no la extrañaba demasiado. Se había acostumbrado a la sensación de tranquila soledad de la misma manera en que ahora se habituaba al vaho nauseabundo y creciente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Una semana después, ya casi no lo fastidiaba, cansado además de que otras personas negaran sentirlo cuando les preguntaba de dónde provenía. Por eso el sábado siguiente abrió las ventanillas del auto y las mantuvo así todo el camino. En la hostería, el muchacho de siempre lo recibió vestido con sus habituales botas y pantalones de campo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Alejandro quiso comer afuera, a la sombra del alero, donde podía percibir el aroma sin que se mezclara con los olores de la cocina. Necesitaba pensar por qué le resultaba tan familiar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;    &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;-¿Y el perro muerto?- preguntó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Ahí sigue en el pozo. El olor todavía va a durar unos cuantos días. ¿No quiere sentarse en el comedor?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-No, acá estoy bien-dijo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Cuando el chico se había alejado, Alejandro se acercó al aljibe. Las moscas salían y entraban por la abertura. Con un pañuelo se secó el sudor de la nuca y la barba crecida. Miró hacia el fondo, pero no vio más que oscuridad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;    &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;Llegó a la casa más temprano de lo habitual, y dejando el auto en la cochera, buscó los planos. Se puso a recorrer los cuartos, insultando a los obreros, con una voz algo diferente, con el tono de siempre pero gastada y ronca, por los errores que habían cometido. Dos horas después, los hombres se fueron protestando por haber recibido la mitad de su sueldo semanal. Cuando estuvo solo, escuchando las últimas protestas desde la parada del micro nocturno en la ruta, Alejandro dejó los papeles a un lado y les hizo un gesto obsceno a la distancia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Ahora más tranquilo, miró la casa desde el exterior. Harían falta otras dos o tres semanas, sin embargo estaba conforme, y pensó en las palabras de Mara antes de irse. Ya no resultaba extraño imaginar ese sitio como un reino, y a la casa como una fortaleza. Era una idea peculiar, dolorosa en cierto modo, pero también consoladora, porque al estar solo, únicamente sintiéndose como un rey, un ser autónomo y poderoso, podría sobrevivir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Al otro sábado, mientras manejaba, una picazón en la cabeza le molestó durante todo el viaje. Era la sensación de que algo se posaba en su cabello, e intentó espantarlo como a un insecto. En la hostería, el muchacho sacó la mesa al verlo llegar, saludándolo con un respeto que se asemejaba mucho al miedo. El muchacho sudaba al hablarle, y dirigía la mirada permanentemente hacia el aljibe.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-¿Cuánto ganás?- preguntó Alejandro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;    &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;-Lo suficiente, señor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-¿Te gustaría trabajar para mí como ayudante?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Sí, señor. Cuando mande.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Alejandro empezó a comer la pata de cordero que había pedido apenas cocida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Llegó a la obra con las manos y la barba aún sucias con grasa. Volvió a gritar a&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;los obreros que quedaban, con esa voz ya definitivamente seca, con la mirada furiosa y triste a la vez. Su aliento tenía a olor carne fermentada, y de su boca salía un resoplido como un viento moribundo. Después se dio un baño para quitarse el sudor, pero la molestia en su cabeza continuaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Salió a la terraza en ese sábado de verano. Habían pasado algunos meses desde la ida de Mara. Se sentía excitado y la extrañaba, recordando cuántas veces fue ella quien había tendido que convencerlo para que se acostaran juntos, mientras le relataba historias asombrosas de héroes legendarios. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Y mientras pensaba en esto, Alejandro descubrió la transformación de la torre, la más cercana a la casa. Siempre estaban iluminadas durante la noche, pero al final de esta tarde, cuando las demás habían encendido sus luces y recortaban su figura en el cielo pálido, la primera torre permaneció a oscuras, y ya no era igual.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Parecía un cáliz, una copa de tallo ancho con un recipiente nacido en el extremo, como aquellas vasijas de madera de veinte o treinta siglos atrás. Algunos camiones pasaban, pero no se detenían o siquiera disminuían la marcha para mirar. Fue a buscar los binoculares. Apoyó un pie en la baranda. Al ubicar la torre, alzó las cejas con sorpresa, porque vio que ya no sostenía los cables de electricidad. Ahora era de barro y troncos, pero tan alta como las demás. La observó durante toda la noche, parado en la terraza, con los binoculares como una extensión casi infinita de sus ojos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Al amanecer, saliendo de la casa entre los montones de arena, cal y ladrillos, caminó hacia la ruta. La mañana estaba deshabitada, con la carretera como una franja de asfalto inútil en el desierto. Mientras se acercaba, notó que no sólo una torre se había transformado en esa especie de copa gigante, sino también las otras. Eran exactamente iguales en forma y altura, pero diferentes en la construcción, la posición de los troncos y los dibujos del barro seco en la superficie. Daba la sensación de que los constructores habían estado allí pocos minutos antes, necesitando solamente de las horas de la noche para reemplazar las viejas por las nuevas. Pero contra esta idea, las torres se empecinaban en sugerir una vejez de siglos. Palpó la aspereza del barro resquebrajado y la madera petrificada. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;El olor había regresado. La fetidez venía del extremo de las torres. Era aquella la razón de que durante todo el camino lo sintiera, aún cuando antes tuviesen otra forma. Tal vez fuese esto lo que Mara había visto el día en que discutieron, cuando observaba hacia el campo con temor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Volvió a la casa, mirando los dos o tres kilómetros de torres que se destacaban a lo largo de la ruta bajo la luminosidad estridente del sol. El cielo seguía limpio y el polvo del camino comenzaba a levantarse. No tuvo deseos de regresar a la ciudad, los altos edificios y las calles lo asfixiaban. El auto permaneció en la cochera para ser olvidado. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;En la tarde, contempló la extensión del desierto, e imaginó someterlo a su voluntad. Si las torres se habían transformado a su llegada, si le dieron la bienvenida de esa manera, era obvio que la tierra tenía que ser suya. Este pensamiento parecía estar formado con la misma sustancia de la carne, y querer escaparse con dolor de su cabeza para instalarse en el mundo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;El lunes controló a los peones todo el día. Los insultaba al verlos cometer el más pequeño error, y dos de los hombres se fueron con amenazas de volver para matarlo. Los demás aceptaron seguir si les aumentaba el sueldo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Estaba cansado y decidió pedir ayuda al muchacho de la hostería. El martes a la mañana fue hasta allí muy temprano. Lo encontró adormecido, más delgado y débil, pero sólo era necesario mirar sus ojos para reconocer&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;esa oscuridad que había descubierto cuando hablaba del aljibe y del perro muerto. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Te vengo a buscar para el trabajo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Pero...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Vestite y vamos, si no querés que le diga a tu patrón lo que le hacés a su hijo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;El chico lo miró como quien implora a un dios, y dijo que su nombre era José.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-¿Y su auto, señor?-preguntó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Desde ahora no habrá autos. Quiero que esta noche vengas a buscar dos caballos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Alejandro iba a encender un cigarrillo pero lo arrojó al suelo. Su rostro se veía más grueso, los músculos del cuello se habían endurecido. Estaba bronceado con un tinte cobrizo, y la ropa había comenzado a rasgarse por el trabajo en la construcción.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;José se convirtió en su ayudante personal. Fue además el conciliador entre Alejandro y el furor de los obreros. El miércoles perdieron a otros dos hombres. El polvo que levantaban los autos ocultaba sus figuras al caminar por la banquina. Alejandro no escuchaba los motores, se quedó mirándolos, con las manos en la cintura y desafiándolos con la mirada. Bajo el perfil de las torres y el aroma a muerte en su nariz, ellos eran la presa perfecta. Los habitantes que serían dominados o exterminados.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Después se dio vuelta y levantó la vista hacia la casa. Miró una vez más los planos. El arquitecto había diseñado un estilo colonial americano, pero allí se levantaba el castillo para refutarlo. Aunque los obreros se hubiesen empecinado en no entender las órdenes e insistieran en que la casa no era lo que Alejandro les decía que iba a ser, la fortaleza finalmente estaba terminada. Tenía contornos cuadrados, con paredes altas y cuatro torres en los extremos. Vio a José que caminaba confundido alrededor de la obra, y supo que también veía el castillo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Pero todavía no veo las torres, señor-le dijo, preocupado. Alejandro apoyó sus manos sobre los hombros del muchacho, consolándolo. Él también aún veía restos del otro mundo, pero pronto iban a desaparecer. Lo sabía porque el dolor en su cabeza continuaba. Construir un reino producía esfuerzos a su mente, a los brazos y piernas de su mente, capaces también de sudar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;En la noche del viernes, los últimos cinco obreros fueron obligados a quedarse hasta tarde, recibiendo órdenes confusas de dos hombres que parecían locos. Se limitaron a obedecer, pero antes de irse los amenazaron. Esa noche Alejandro se quedó despierto haciendo guardia, mientras José dormía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Mirando hacia el desierto oscuro desde la terraza, junto a una fogata, le resultaba curioso pensar que todo había sucedido en un verano. El sol con su excesiva intensidad, el desierto que había levantado más polvo que otros años. Añoraba esas noches con Mara, cuando una parte de él había comenzado a despertar, una a la que no le importaba la discreción ni el intelecto. Le era inevitable extrañar la manera en que ella hacía el amor y luego se acostaba a su lado hablando de la historia y de sus líderes. Admiraba a aquellos hombres antiguos sobre cuya vida leía incansablemente. Le hablaba de los conquistadores asiáticos, y él los imaginaba cabalgar por distancias tan enormes que jamás recorrerían otra vez en el tiempo de sus vidas. Todo por la insobornable necesidad de la conquista, el imperioso fin que justificaba su venida al mundo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Podría haber sido mi reina, pensó Alejandro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;A la medianoche, los peones llegaron. José se levantó para preparar la trampa. En los planos no figuraba, y tampoco los hombres recordaban haberlo construido, pero el foso allí estaba, rodeando el castillo. Los hombres caminaron en la oscuridad guiados por el fuego de la chimenea, seguro de que iban hacia la sala donde Alejandro dormía. Pero cayeron en el foso y sobre las estacas clavadas en el fondo. Sus gritos se escucharon como un eco en medio del desierto. Sus gemidos persistieron confundidos con el aullido de los perros lejanos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Cuando José se acercó al borde con la antorcha, cayó de rodillas, y las llamas se agitaron. Miró hacia el camino. Luego se acercó a Alejandro y le besó los pies. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Él también podía ver ahora, le dijo, las torres de madera y barro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Cargaron los cadáveres al amanecer. José trepó a las torres. Ataron a los muertos y los subieron con sogas hasta depositarlos en los cálices de barro. El sol se veía diferente, como si hubiese rejuvenecido veinte siglos. Se alejaron de las torres silenciosas, mirando hacia la cima. Los cuervos habían comenzado a llegar, posándose uno después del otro en los bordes de las torres. Luego oyeron el crepitar del tejido muerto entre los picos, el sonido de los huesos al quebrarse, y el sordo burbujeo de la sangre bajo el sol ardiente.&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;                                                                                                                      &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;      &lt;/span&gt;La memoria de Alejandro tuvo breves recuerdos extraños de una ruta, de una hostería que ya no era posible hallar, y ni siquiera estaba seguro de que estos nombres significaran algo. Sólo podía ver, a lo lejos, más allá de la sabana de polvo y arena, la pálida franja de un ancho río, de donde llegaba el bullicio de un pueblo lavando sus ropas en las orillas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="line-height: 19px;"&gt;&lt;i&gt;Último relato de "Los seres intermedios", es una especie de concreción definitiva de lo que ha venido afectando a los personajes de este libro. En su mayoría, sus protagonistas se hallan en situaciones que los enfrentan con elementos o circunstancias extrañas, fuera de la lógica habitual, fuera de lo racionalmente explicable, lo que entendemos normal, parámetro variable pero a su vez estandarizado y generalizado. Aquí, el protagonista se ve asediado por imágenes que no sabemos si son alucinaciones o ilusiones del pasado, o quizá, y muy probablemente, del futuro. Los criterios establecidos se trastocan, tiempo y espacio se intercambian, se conjugan en un presente. No hay un cruce de tiempos y espacios, sino una transformación. Y lo que provoca tal transformación no es mérito de fuerzas extrañas o externas al hombre mismo, sino provenientes de su misma interioridad. Lo que guarda el ser humano en su mente es tan poderoso como para trastocar los fundamentos racionales de la física. Alejandro, como su famoso predecesor en llevar tal nombre, se ve dominado por algo interno y salvaje, o quizá liberado de las cadenas de lo que denominamos civilización. Matar y dominar por necesidad, pero también sin escrúpulos, la vida humana como un premio de conquista o un obstáculo a derrotar. Al personaje de Mara ya lo conocemos del relato "Mara en la plaza", y no es arbitraria su inclusión aquí. Y hemos visto cuán liberal e inconformista es ella, huyendo cuando se ve frente a las consecuencias de lo que provoca en los demás.  Alejandro, conservador y tímido, se siente liberado por mérito del sexo que ha conocido con Mara, pero esa libertad va más allá de lo sexual, se extiende hacia otros planos más trascendentes. La vida y la muerte, el respeto que ellas imponen, son desafiadas por él. Lo más difícil de este relato fue plasmar con eficacia esa metamorfosis del tiempo y del espacio, una transformación lenta pero apreciable definitivamente justo al final del relato. El objetivo era demostrar estos cambios como producto de la psicosis del protagonista, para que el cambio de realidades no fuese tan abrupto ni arbitrario. Para ello, el seguir exactamente el punto de vista del protagonista, era necesario. Lo que él ve, lo ve el lector. Cuando al final, todo a su alrededor  se ha transformado,  el lector lo acompaña, y fue importante incluir olores y sonidos, del camello, del río, de la gente, incluso la sensación del calor, completando la simbiosis, el paralelismo entre la ruta del siglo XX y el desierto asiático. Así, el libro, que había comenzado con "Dos niños peleando", relato donde hay un intercambio de almas entre dos planos distintos de la realidad, termina con otro en que aparentemente una realidad anula a la otra, o por lo menos en la que el protagonista elige como única para vivir. Si en el siglo XX era un hombre mediocre y sin fuerza, ahora será un líder que conducirá a su pueblo a la conquista, o al exterminio. En la literatura, como diría Borges, un simple hombre puede ser un malevo empuñando un cuchillo o el inquebrantable guerrero de una saga nórdica.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;    &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 15px; line-height: 22px;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 15px; line-height: 22px;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5304770424717387911-5752611963551205048?l=lasmanosdeuriasheep.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasmanosdeuriasheep.blogspot.com/feeds/5752611963551205048/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5304770424717387911&amp;postID=5752611963551205048' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5304770424717387911/posts/default/5752611963551205048'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5304770424717387911/posts/default/5752611963551205048'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasmanosdeuriasheep.blogspot.com/2011/05/las-torres.html' title='Las torres'/><author><name>Ricardo G. Curci</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14228665846540133965</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5304770424717387911.post-7276780893752969277</id><published>2011-05-28T09:22:00.000-07:00</published><updated>2011-05-28T11:37:07.021-07:00</updated><title type='text'>Los depredadores</title><content type='html'>&lt;p class="MsoTitle"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:200%"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 15px; line-height: 22px; "&gt;Mamá estaba postrada en su silla de ruedas, silenciosa, mirando por la ventana el tráfico febril del mediodía. Alguien se acercó a la puerta y sonó el timbre.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Es el cartero, mamá.- Le dije, y empecé a leer el telegrama en voz alta, pero me callé al ver de qué se trataba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;“Intimo a usted a abandonar la propiedad en un plazo de dos meses si no se me abonan los alquileres de los últimos cincos años”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Di un pequeño gemido de sorpresa, y ella se dio cuenta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Nos echan, mamá, sabía que teníamos que hablar antes con este tipo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Van a demoler la casona y vender el terreno, ¿no es cierto?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;La miré sin sorprenderme, porque ella solía adivinar esas cosas. Me di cuenta de la inquietud de sus ojos oscuros y siempre nerviosos. Ahora la echaban de la casa que había habitado por treinta años, el lugar que se había adaptado a ella como un molde perfecto. La oscuridad de los cuartos, el ruido de la madera, la humedad insoportable, y el aspecto sucio del jardín, siempre ocupado por perros vagabundos, nos marcaron como una familia extraña en el barrio. Nos llamaban “la bruja Cortez y su hija”, la adivina que hablaba del futuro, de las tragedias venideras gritadas a los cuatro vientos aunque nadie quisiera oírla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Escucháme, Lidia.-Me dijo Eduardo cuando le conté todo esto. Estábamos en el bar, al final de nuestro primer año de noviazgo.-Después de vivir tanto tiempo sin pagar rentas, y conociendo a tu vieja, cinco años de compensación por el aguante no es mucho. No te preocupés, yo me encargo de todo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Cuando volví a casa, mamá había dejado la comida intacta sobre la mesita del dormitorio. Seguía mirando por la ventana, y murmuraba un rezo extraño que era cada vez más inaudible. Después, los perros del barrio comenzaron a ladrar todos juntos, como si ella fuese capaz de conectarse con el mundo instintivo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-No quiero que traigás más a ese tipo.-Dijo de pronto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Nos vamos a casar, mamá. Va a salvar la casa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Te lo prohíbo.- Contestó.-No voy a dejar esta casa en manos de mis enemigos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Eduardo se mudó un mes después. Sé que pagó la deuda o por lo menos llegó a un acuerdo con el propietario. Tomamos el cuarto que fue de mis padres porque allí estaba la única cama de dos plazas. Tenía un balcón a la calle, con una vista hermosa del barrio y la imagen de la catedral a lo lejos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Los pasos fuertes y rápidos de Eduardo reinaban sobre la madera que cubría toda la construcción. Eran nuevos sonidos para la sombría vida cotidiana que llevábamos con mamá. Pero ella decidió no hablarle, ni se dignaba siquiera a mirarlo por diez segundos seguidos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-No importa.-Decía él, pero sé que entonces recordaba la época en que con sus amigos me seguían hasta la casa, y se quedaban en la vereda de enfrente gritando: “¡Bruja!”. Desafiaban a mi madre por su extraña capacidad de adivinar o quizá determinar el futuro. Hasta pensé alguna vez que era así, que el mundo y sus tragedias se creaban a su alrededor. Esa indecible capacidad para que todos le temieran con sólo esto, saber, o decir saber el futuro de los hombres.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Por eso Eduardo también le temía. Cada mañana en el desayuno, él me hablaba, y yo a mi madre, y ella pocas veces a mí. Pero ambos no se dirigían más que miradas cortantes y sospechosas de ira contenida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Te casaste con el enemigo, sus padres y las familias como las de él nos odiaban. Esa época era como una caza de brujas.-Dijo mi vieja una vez delante suyo, a las nueve de la mañana de un día de sol radiante, y&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;Eduardo se fue golpeando la puerta. Quise matarla en ese momento. Aprovechar su invalidez para asestarle un golpe que nadie iba a reprocharme.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Debería estar agradecida.-Me dijo Eduardo a la noche en nuestra cama, ocupando el sitio exacto en que mi padre había dormido alguna vez. Puso las manos detrás de la nuca, mirando por la ventana abierta la noche de verano. Yo lo consolaba entonces para aplacar su bronca, aquel odio ancestral y casi mítico de su infancia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;La noche que fuimos a cenar afuera, tres meses después de casarnos, vimos cómo la gente nos rehuía y evitaba. Yo estaba acostumbrada desde chica, en la época en que Eduardo era uno de ellos. Pero ahora él también sentía aquel rechazo. Durante las dos horas que estuvimos allí, los mozos nos servían silenciosos, mirándonos de reojo. Entraron sus antiguos amigos, los mismos con los que se había burlado de nosotras y escrito obscenidades en las paredes de la casa. Salvo que él, entre todos ellos, se había fijado en mí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;“La belleza extraña, la delgada y tenue belleza de Lidia Cortéz”, escribió en el cuaderno de clases de la escuela, y yo lo supe. Pero eso se convirtió en una marca, en un estigma en su frente que todos los demás en el barrio empezaron a ver claramente. Porque, de un día para otro, ya no lo invitaron a asediar la casa con sus gritos, ni a poner crucifijos en nuestra puerta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Volvamos.- Pidió él. Sus amigos ni siquiera lo habían mirado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Estaba nervioso mientras regresábamos. La luz del hall de entrada estaba encendida. La silueta de la casa se veía rodeada por el cielo oscuro y nublado. Luego percibimos un aroma peculiar e impreciso. Al entrar, vimos a mi madre al lado de una cortina en llamas, avivándolas, como si estuviese creando el primer fuego del mundo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Eduardo corrió hacia la tela, y la tiró al suelo, pisándola desesperado. Traje un balde con agua de la cocina, y fui y volví varias veces hasta que el fuego se extinguió.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-¡Voy a ver el resto!-Dijo él, subiendo las escaleras. Se escuchaban sus pasos atronadores al abrir y cerrar las puertas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Yo miré enfurecida e impotente a mi madre, que ahora estaba llorando. Sus ojos brillaban, y la frente blanca y amplia se frunció interminables veces. Así supe, en medio del humo y la ceniza cubriendo la sala, con la furia de Eduardo corriendo como un loco por las habitaciones, que mamá deseaba volver atrás, al tiempo no mágico de su vida. A la época en que aún no escuchaba voces extrañas y la casa no existía; cuando era todavía una niña y nadie escapaba de ella. Aquel tiempo en que aún no soñaba ni temía que una multitud viniese a buscarla con sus antorchas, para colgarla del primer árbol que encontrara.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Maldita vieja de mierda.- Gritó Eduardo al bajar, casi tropezando. -¡Vieja desgraciada! ¿Sabe que gasté todos mis ahorros en pagar sus deudas? Ahora estoy atrapado.- Me acerqué para calmarlo, pero me empujó. Esa noche no dormimos juntos. “Estoy atrapado”, lo escuché gritar entre sueños desde el otro cuarto. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;A la mañana siguiente estaba silencioso y con el rostro demacrado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Tu madre se metió en mis sueños anoche.- Fue lo único que me dijo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Desde entonces mamá intentó quemar la casa muchas veces, en ocasiones aún con nosotros adentro, y ya no podíamos dejarla sola. Pensamos en llevarla a un asilo, pero entonces se agitaba tanto que teníamos que llamar al doctor Ruiz. Él no encontraba nada grave, y sin embargo ella sabía intimidarnos. Levantaba la mirada, girando los ojos como enloquecida. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Eduardo optaba entonces por salir muy temprano, aunque todas las mañanas los gritos de mamá lo perseguían hasta la puerta de calle.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-¡Fuego y carne chamuscada!-Deliraba ella.-¡Vendrán a quemarme, pero yo lo voy a hacer antes! &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Me fui quedando sola de a poco, como cuando a los diez años, los chicos me insultaban por ser la hija de la bruja.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Después, Eduardo comenzó a adelgazar sin motivo. Comía todas las noches con nosotras, pero apenas, y se iba a acostar enseguida. Yo notaba cómo temía la mirada penetrante de mamá, que lo observaba con los párpados fruncidos y murmurando ininteligiblemente una maldición. Comenzó a dormir mal y daba vueltas en la cama, inquieto, sudando hasta dejar las sábanas húmedas y frías. Cada mañana me contaba la misma pesadilla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Soñé que me atacaban pájaros y murciélagos,&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;y cada uno tenía la cara de tu vieja...No me deja dormir, va a terminar matándome.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Un día ya no quiso levantarse. Se quedó en cama, y decía sentirse demasiado débil. Su voz era quejumbrosa, la piel de la cara estaba tan blanca que ya parecía transparente. Supe con certeza, sin necesidad de ningún médico, que se estaba muriendo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Me pregunté entonces si yo tenía también la misma capacidad de mi madre. Esa lúcida intuición tal vez llevada al extremo de la superstición. Esforzándome, estuve días enteros encerrada, agotando mi mente. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Mamá.- Le pregunté un día.- ¿Pude haber heredado tus poderes?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Ella me miró como quien descubre a un rival. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-No vas a ganarme. ¿Es que no te das cuenta que nuestros enemigos están ahí afuera dispuestos a cazarnos?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Sin contestarle, agarré la silla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Vamos a acostarte, mamá.-La llevé a la habitación a las ocho de la noche. No destendí la cama ni encendí la luz. La dejé en medio de su pequeño cuarto, el más estrecho de la casa. Cerré con llave. Esa noche fue la primera en que no le di de comer, pero no protestó. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;En lugar de cenar sola en la cocina, le llevé a Eduardo una fuente de sopa al dormitorio, y comimos juntos. Él me miraba sin preguntarme por ella, y una tenue y sutil sonrisa regresó a su rostro. Fue suficiente para recompensarme. Para estar segura de lo que debía hacer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Durante la semana siguiente la vieja gritaba casi todo el día, aunque sus gritos se atenuaron de a poco. Eran ocultados por el bullicio estival de la calle, por los colectivos y las voces de los chicos de la colonia. Las campanas de la misa abortaban los gemidos de mamá. Hasta que casi no los escuchamos. Después oímos los golpes en la puerta, las cosas cayendo al piso y las ruedas de la silla girando de una pared a otra. Lentamente, Eduardo iba recuperando el color de sus mejillas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;      &lt;/span&gt;Los perros del barrio comenzaron&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;luego a acercarse al jardín, reclamando la vitalidad perdida de quien ellos parecían llamar su dueña. Los vecinos venían a buscarlos, pero se iban asustados ante los gritos de la vieja. Los animales entonces se quedaron todos juntos en el jardín de pasto espeso y alto. Gruñendo y rechazando el agua y la comida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Un sábado, un hermoso sábado a la mañana, los gritos cesaron. Me vestí con mi mejor ropa. Una blusa blanca de seda, con los dos botones superiores abiertos, y una pollera azul. Bajé a la cocina y me hice un café, escuchando el sonido de la ducha mientras Eduardo se bañaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;      &lt;/span&gt;Estuve quince&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;minutos allí, acompañada por el sonido de los animales afuera. Limpié la taza y miré por la ventana. Los perros se habían acercado y estaban saltando contra la puerta. Intenté forzar mi mente, como veía a mi madre hacerlo, y les hablé sin voz, mirándolos a los ojos. Luego los dejé entrar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Doce perros atravesaron la sala como una horda salvaje en busca de su presa, y corrieron hacia la habitación de mamá. Se quedaron esperando en la puerta, y me abrieron paso sin tocarme. La blusa blanca quedó intacta, mi pollera azul no se cubrió con un solo pelo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%" &gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Al abrir se abalanzaron sobre el cuerpo de la vieja, tendido en el piso. Lo destrozaron con sus dientes ensangrentados y las bocas cebadas. La ropa, al desgarrarse, parecía hacer más ruido que la carne y los huesos. Arrastraron el cuerpo hacia el jardín, tan semejante ahora a una pradera africana. Yo me crucé de brazos, tranquila, contemplando la cacería bajo el sol.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="line-height: 19px; " &gt;&lt;i&gt;Este relato forma parte del primer libro de cuentos, y constituye un eslabón más del ciclo que tiene como protagonista al barrio suburbano en la ciudad de La Plata. A su vez, este ciclo y sus personajes tienen extensión y proyección en otros relatos de los siguientes dos libros de cuentos, pero atengámonos por ahora a este cuento en particular. Aquí se retoman los personajes del principio del libro: la casona de "La construcción", y los personajes que aparecen en "Los fugitivos", "El patio de los perros" y "El tren a Buenos Aires". Conocemos, entonces, el final trágico de la bruja Cortéz, acorde con el tono - místico más que práctica-  de su vida. Sabemos, también, que su capacidad no se perderá, pasando a la persona de su hija. En este cuento las protagonistas son casi exclusivamente mujeres, y el único varón tiene un papel más bien secundario, casi instrumento para ambas mujeres, víctima expiatoria en realidad para el sentimiento contradictoria de ambas. Puede tomarse, por supuesto, como una alegoría cuasi humorística de la relación de un marido entre su esposa y su suegra, pero el trasfondo intenta mostrar algo más oscuro, desde el punto de vista de la naturaleza humana, y más íntimo, desde lo particular y sentimental. Aquí se aborda el tema de los seres diferentes, de la tolerancia hacia lo que no entendemos, una de las ramas solamente de un mismo árbol cuyo tronco unifica y dispersa algo más profundo y tenebroso, más inquietante, que sólo unos pocos seres humanos más intuitivos que los demás pueden percibir, y muchas veces utilizar, para el bien o para el mal. Este tronco enraizado puede llamarse maldad, o simple poder emanado de una fuente más poderosa que la que presuponemos, trátese del alma humana o del místico poder de una deidad o entidad superior. En suma, el cuento nos plantea sólo una situación cotidiana y corriente de un barrio suburbano, sentimientos cruzados entre personas obligadas a una convivencia forzada. Los prejuicios, los rencores, forman parte de esta situación, hayan como hayan comenzado, no importa. Desde siempre los sentimientos son fuerzas más que instrumentos, son causas que abren caminos tortuosos o senderos apacibles. La fuerza proviene de otra fuente, y no está en el objetivo de este relato el explicar, sino insinuar a través de las grietas y las simas de lo cotidiano.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5304770424717387911-7276780893752969277?l=lasmanosdeuriasheep.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasmanosdeuriasheep.blogspot.com/feeds/7276780893752969277/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5304770424717387911&amp;postID=7276780893752969277' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5304770424717387911/posts/default/7276780893752969277'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5304770424717387911/posts/default/7276780893752969277'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasmanosdeuriasheep.blogspot.com/2011/05/los-depredadores.html' title='Los depredadores'/><author><name>Ricardo G. Curci</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14228665846540133965</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5304770424717387911.post-4498092226269052420</id><published>2011-03-10T12:30:00.000-08:00</published><updated>2011-05-17T06:15:25.950-07:00</updated><title type='text'>Cartas de Hamlet</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 15px; line-height: 22px; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 15px; line-height: 22px; "&gt;1&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Alguien dijo, tal vez el dios que nos creó&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;que hay más cosas en el cielo y en la tierra&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;de lo que imaginamos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Morir, dormir, soñar incluso&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;son privilegios que la carne&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;no siempre puede recibir &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;ni mucho menos sabe utilizar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Los gusanos del pensamiento&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;enturbian la mirada del que quiere ver&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;cuando el mar retrocede&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;y quedan los esqueletos de las palabras&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;a las que el poeta dios&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;no logra limpiar del dolor&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;ni siquiera de la pena.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Detrás de cada letra&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;vive un león con hambre insaciable&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;y no está loco&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;tiene la crueldad de la cordura.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 15px; line-height: 22px;"&gt;2&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Ella sabe que la amé&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;más que a mi madre, más aún que a mi padre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Era mi hermana&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;mi mano izquierda&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;mi ojo derecho&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;los olivos sobre el río.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Debió entrar al convento el día que se lo pedí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Ahora está rodeada de aguas que caen como voces vírgenes&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;para siempre perdida en mi pensamiento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Porque ella se va.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Ofelia desaparece del recuerdo&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;-a pesar de que el tiempo aquí pasa tan lentamente-&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;y el amor ya no es lo que era&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;dolor y éxtasis.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Es veneno &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;primero dulce, después sin sabor &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;y sin belleza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 15px; line-height: 22px;"&gt;3&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Todo muere.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Hasta la corona de mi padre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;se va perdiendo en la tierra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Pero es el mar y son las olas &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;que carcomen el metal precioso de su arquitectura&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;armazón de su alma.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Yo, su hijo Hamlet, &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;soy un gusano comiendo de su carne&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;así como él bebió la sangre de los invasores.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Soy la uña que perdió en la batalla &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;y el polvo en sus cabellos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;La mosca posada en su corona&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;al recorrer el campo de los muertos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;No le digas nada, Horacio,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;padre sabe que lo extraño &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;como quien espera que su mano perdida &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;vuelva a nacer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Tuve arañas en custodia&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;borregos tristes, perros que me mordieron&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;y ni siquiera supe conservar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Sin hijos el amor del hombre se anula.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Un número cero fabricado con pajas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="EN-GB" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;mso-ansi-language:EN-GB"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="EN-GB" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;mso-ansi-language:EN-GB"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="EN-GB" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;mso-ansi-language:EN-GB"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="EN-GB" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;mso-ansi-language:EN-GB"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="EN-GB" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;mso-ansi-language:EN-GB"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="EN-GB" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;mso-ansi-language:EN-GB"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="EN-GB" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;mso-ansi-language:EN-GB"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 15px; line-height: 22px;"&gt;4&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="EN-GB" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;mso-ansi-language:EN-GB"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="EN-GB" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;mso-ansi-language:EN-GB"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="EN-GB" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;mso-ansi-language:EN-GB"&gt;Dile a Yorick&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;cuando mueras y lo veas en el cielo&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;-yo estoy en los infiernos con el nuevo rey-&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;que extraño su cara de maquillaje&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;su sonrisa extraviada&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;el día que tomó mi cuello con sus manos&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;y preguntó: ¿tienes miedo de morir?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Dile que ignore las palabras del sepulturero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Su cráneo descansará frente al espejo de mi reina&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;para que ella vea cómo acabará&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;mientras se coloca polvos sobre polvos&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;y no reirá entonces.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Pero yo escucharé aún entre las voces&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;de mi culpa&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;la hermosa, terrible risa&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;de Yorick el bufón&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;burlándose de la tragedia de la vida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 15px; line-height: 22px;"&gt;5&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Los hijos somos tallos ciegos&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;de grandes muelles frente al mar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Un día tendremos que beber la misma sal&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;y mirarnos en el espejo del padre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Su cuerpo tiene también la estructura de los gusanos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Si la voluntad a veces produce arañas&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;y es un líquido maloliente bajo cáscaras de piel,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;entonces sentarse frente a las olas&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;para armar aquella que vendrá a buscarnos&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;es tal vez mejor que morir por una espada &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;sin saber qué es un hijo &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;ni cómo besar las mejillas de un muerto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 15px; line-height: 22px;"&gt;6&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Matamos con diferentes significados. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Se perdonan las ofensas contra los viles&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;pero se condenan contra los fieles.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Enterramos la daga en la carne&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;olemos el aroma de los dientes del que muere&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;y no nos abandona hasta que juntos&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;exhalamos el aliento sobre el siguiente en la cadena.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Salir a pelear con gritos de furia &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;con graznidos de pájaros que se retuercen &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;no es lo mismo que la ira &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;carcomiendo el alma de los cobardes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Sepultureros y muertos&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;se dividen el mundo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 15px; line-height: 22px;"&gt;7&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Qué es un nombre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Tengo el sonido de mi padre por emblema&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;pero no su cabeza y barba&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;los ojos celestes en la noble cara.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;El último rey que nació sin penas&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;se casó con el ave que perturba los sueños.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Un nombre puede convertirse en carroña&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;cuando el sepulturero lo pronuncia&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;oler a heces si quien lo lleva lo ha robado&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;-un regalo deja de serlo cuando no se merece-&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;y es un cachorro de voluntad idiota.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;El nombre se hace blanco de dardos de iniquidad &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;en las manos de la historia&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;y ya no vale siquiera&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;el pequeño dolor del esfuerzo por recordarlo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 15px; line-height: 22px;"&gt;8&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Las olas son almas en pena &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;golpeando la costa&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;donde buscamos huesos &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;para explicar los cantos nocturnos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Las olas estallan, se deshacen &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;pero las gotas en las piedras de las torres&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;se juntan y crean seres de carne.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Hablan, eso es lo peor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Uno puede soportar la propia voz&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;pero no esa voz convertida en muertos&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;que regresan para darnos más trabajo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;El nuestro y el que ellos no pudieron hacer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 15px; line-height: 22px;"&gt;9&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;No te dedicaré una carta, madre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;sólo un epitafio y el olvido&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;arrepentimiento y veneno&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;en copas que no supieron evitar&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;la muerte del reino.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Echa atrás el tiempo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Revierte el silencio mortal de las espadas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Tu boca&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;úlcera donde se hunden&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;los dedos pétreos de los hombres en tu lecho.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Sobrevuelas como ave de presa&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;dando consejos para matar el recuerdo de mi padre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;pero hay cosas &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;que no puedes arrancar del cuerpo de un hombre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Mota de polvo y mancha que no se borra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Un último vestigio del orgullo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 15px; line-height: 22px;"&gt;10&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Es curioso cómo uno hace víctimas&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;a quienes no desea convertir en tales,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;quizá la pequeña sombra oculta&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;husmea el olor de los entrometidos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;No pediré perdón, querido Polonio, por tu muerte&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;mi remordimiento se paga &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;con la locura de la hermosa Ofelia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Padres y madres&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;titiriteros escritores&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;de nuestros actos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;A veces me pregunto &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;si no sería mejor matarlos &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;apenas nacemos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;El dolor de su ausencia&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;sería más soportable que el rencor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 15px; line-height: 22px;"&gt;11&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Rosencratz y Guilderstein ya no existen&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;los he entregado a la boca del mar&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Decían ser mis amigos&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;pero eran huecos corrompidos en los huesos del reino.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Vi sus ojos cuando se acercaron &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;sus sonrisas diciendo&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;todo está bien no te preocupes&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;no hay dolor si son las manos de un amigo las que matan.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Quién pondrá las manos en el fuego por otro hombre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;en este reino donde las barbas &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;son máscaras sobre caras muertas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Mira a tus perros, Horacio,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;te morderán si los lastimas&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;pero se arrojarán al fuego, si eso ordenas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 15px; line-height: 22px; "&gt;12&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 15px; line-height: 22px; "&gt;Los soldados batallan&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;yo esgrimo estrofas sobre fantasmas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Hombres mueren entre espadas&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;yo hablo de amores que se pudren.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;El fuego de la guerra estalla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;El mundo se deshace en tierra y lluvia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Los cadáveres crecen como heces de perros viejos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Yo simulo y juego en la locura&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;crío gusanos en mi alma&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;escarbo en los huesos de mi padre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Algo huele a podredumbre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Tal vez sea el cuerpo de Ofelia &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;servido en una mesa &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;al alcance de nuestros picos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;De lejos llegan las voces y el aroma &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;de los hombres que pelean en los campos&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Ese aroma virgen de los árboles muertos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 15px; line-height: 22px;"&gt;13&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Lo que mal empieza&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;no puede terminar bien, mi querido Horacio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Sé que estas cartas pesan &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;y te he abrumado con mi dolor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Déjame darte a cambio un abrazo y un beso en la mejilla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Que tu pecho toque el mío &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;y las fanfarrias de tus rezos caigan &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;como perros salvajes sobre el olvido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Eres el hombre que enlazará los tiempos con sus manos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Las paredes caerán .&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Los campos seguirán llenándose de muertos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;Pero la memoria&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;es más persistente que las ratas.&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;                                     &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;i&gt;Estos poemas pertenecen al libro todavía inédito que lleva el título general de "Alimentar a las moscas". Esta sección es una serie inspirada obviamente por la obra de Shakespeare.  No hablaré de su importancia, sí de la forma en que me cautivó desde su primera lectura. Tenía en mi casa paterna una vieja edición sin tapas de la obra de teatro, y aún cuando de adolescente intenté penetrar en texto, me resultó difícil pero fascinante al mismo tiempo. No creo haberla terminado de leer en esa época, pero los monólogos de Hamlet me atrajeron por esa cualidad musical y profunda al mismo tiempo, una mezcla de balada y recitación. No fue extraño escucharme a mí mismo recitar en voz alta el "ser o no ser", o "cuán débil carne es el hombre" o la escena del sepulturero. Más tarde, viendo películas basadas en ella, la fascinación fue completa. No hablemos de puestas en escena o adaptaciones, de actuaciones o dirección artística. Las palabras de Hamlet persisten en el tiempo, crecen de significado, se multiplican sus significaciones y se acrecienta su trascendencia. Porque ellas hablan del hombre y su primera y última condición, sobre el azar y el destino de la vida, sobre la muerte, la culpa, el remordimiento, el deseo y la lujuria, la pusilanimidad, los celos, la ambición desmedida, el crimen, la hipocresía, el amor, la locura. Cada personaje es un símbolo y ser de carne y hueso al mismo tiempo. Los fantasmas conviven con los seres humanos, lo fantástico es parte de lo no fantástico, las barreras entre cordura y locura son tan irreales como los límites entre la vida y la muerte o entre lo real y lo ficticio. Una obra de teatro dentro de otra obra de teatro pone en evidencia la realidad de un crimen escondido tras una fachada de ficción. &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;i&gt;Estos poemas son un humilde homenaje, una inspiración que pretende recrear a través de mis propios medios expresivos, de mis propias preocupaciones y mi visión del mundo, lo que esta obra me inspiró, lo que su contenido y sus temas me han provocado a lo largo del tiempo. No es una copia de escenas, ni siquiera una reflexión sobre ellas, sino una apropiación de personajes. Pero ellos han cambiado, son los mismos nombres pero son otros, se han embebido de mi forma de pensar, de mi forma de ver las cosas, han buscado y encontrado factores que yo mismo no sabía que allí estaban. Esa es la función de los personajes que uno crea o recrea en la lectura, buscar por medios indirectos, como espías, como huéspedes curiosos y entrometidos, en los rincones de la casa que habitamos desde nuestro nacimiento. Rincones que desconocemos a pesar de todos estos años.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;i&gt;Aquí está, entonces, esa mirada, el mundo que hallaron, recreando y recreándose al explorarme.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5304770424717387911-4498092226269052420?l=lasmanosdeuriasheep.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasmanosdeuriasheep.blogspot.com/feeds/4498092226269052420/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5304770424717387911&amp;postID=4498092226269052420' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5304770424717387911/posts/default/4498092226269052420'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5304770424717387911/posts/default/4498092226269052420'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasmanosdeuriasheep.blogspot.com/2011/03/cartas-de-hamlet.html' title='Cartas de Hamlet'/><author><name>Ricardo G. Curci</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14228665846540133965</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5304770424717387911.post-4712600173686146194</id><published>2011-03-10T07:37:00.000-08:00</published><updated>2011-05-17T16:53:47.911-07:00</updated><title type='text'>La memoria / El colchonero</title><content type='html'>&lt;p class="MsoTitle"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 15px; line-height: 22px; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoTitle"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 15px; line-height: 22px; "&gt;Mira la hora en su muñeca izquierda. Los pasajeros le hacen sombra. Busca la luz pálida de la bombilla que se asoma, precaria y sucia, del techo del vagón. Son las cinco y media de la mañana. Hace mucho que no se levanta tan temprano. Desde los tiempos en que iba a la facultad, o después aún, cuando se despertaba ya sin necesidad del reloj, casi a las cuatro y media, para llegar a la guardia del hospital.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Pero ahora los medicamentos no lo dejan dormir antes de las dos o tres de la madrugada, descansa una hora y vuelve a despertarse, seguro de que no volverá a dormir otra vez. Sabe que hubo un tiempo en que dormía diez, doce, veinte horas al día, en algún lugar que no recuerda, pero tal vez sus sueños lo confunden al darle tanta impresión de realidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;La gente va a trabajar. El tren no está muy lleno. Viajan pocos hacia Moreno a esa hora. Blas vive en Buenos Aires y no trabaja, por lo menos hasta que su situación se arregle. Una situación que nadie más que él conoce, porque si los demás llegasen a enterarse, no podría estar como está ahora, libre, en un vagón de tren, y sin que nadie le reproche los sonoros bostezos, la barba desprolija, el cabello un poco sucio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Blas parece un vagabundo. Sin embargo, nunca se lo reconocería a sí mismo, jamás imaginó que llegaría a verse así alguna vez. Los recuerdos vienen, fragmentados, como si fuesen de otros hombres, de otros tiempos o lugares remotos, y al cerrar los párpados se apoderan de él. Entonces se frota la cara y saca del bolsillo del sobretodo el diario del día anterior. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Lee un artículo de cinco líneas, perdido entre titulares de letras gruesas. En Mariano Acosta comenzará hoy, a las siete y media de la mañana, la excavación para comenzar los cimientos del nuevo edificio municipal. Y Blas debe estar allí, sabe que tiene que llegar antes que ellos y comprobar lo que se levantará del polvo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Hacía cerca de un año que trabajaba en esa guardia. Era una salita de auxilios con algunos consultorios a quince cuadras de la estación de Mariano Acosta. Al llegar por primera vez, casi no prestó atención a las miradas de los vecinos, a los chicos que lo miraban pasar desde las ventanas de la escuela. Llevaba un traje gris con chaleco, la corbata roja, el guardapolvo pendiendo del antebrazo y el maletín en la otra mano. Recién se dio cuenta del contraste de su ropa con la precariedad del barrio cuando las calles de tierra le mancharon el pantalón y los zapatos con barro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-¡Buenos días, doctor!- lo saludó la enfermera de la mañana.- ¡Pero cómo se vino tan elegante!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Él no contestó. Se quedó boquiabierto, como si estuviese escuchando el reproche de su madre. Luego, su voz sonó gangosa, y sus ojeras coincidieron más con esa voz que con el hecho de haberse levantado tan temprano. Se había vestido sin pensar adónde iba, mientras desayunaba con las tres cápsulas matutinas. Los medicamentos que le enseñaron a tomar todos los días en un lugar que no recuerda, igual de lejano e impreciso que el tiempo anterior a su nacimiento. Drogas que tal vez habían sido creadas para eso: olvidar, y sin embargo, la mente se revelaba, fluía por un colador de acero opaco y negro como los recuerdos que se ocultaban detrás.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;La enfermera lo ayudó a cambiarse. Le mostró el box de guardia, el instrumental para urgencias y la camilla ginecológica, que estaba rota.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;    &lt;/span&gt;-La doctora anterior se animaba a atender los partos hasta que llegaba la ambulancia para derivarlos al hospital-dijo ella, y sonrió. Ese gesto despejó el temor que Blas había estado incubando durante toda la mañana. Cómo un hombre de treinta y ocho años podía tener miedo de tomar una guardia de atención mínima. Los conocimientos no los había olvidado, los medicamentos no pudieron con eso. Aquella parte de su mente permanecía indemne, pero, sin poder evitarlo, tenía miedo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Al día siguiente, reemplazó el traje por un guardapolvos y un pantalón blanco. Ahora los chicos lo seguían por la calle, pegándose a sus piernas. Él les acariciaba la cabeza y saludaba a las mujeres asomadas a las puertas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;   &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;   &lt;/span&gt;-¡Hoy llevo al nene para la vacuna, doctor!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;      &lt;/span&gt;Blas asentía en silencio. La barba crecida pero limpia, el cabello corto, la sonrisa dispuesta a cualquier niño que se le acercara.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Usted debió haber sido pediatra, doctor, se lleva muy bien con los chicos. ¿Dónde trabajó antes?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Miró a la enfermera por un instante, e hizo como que no había escuchado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Hay que hacer pedidos de guantes y poner estas pinzas a esterilizar, por favor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Sí, doctor.- Ella no&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;volvió a insistir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;En una noche de julio, la enfermera se había sentido mal y se fue a casa. Blas se quedó solo en la guardia. La luz en la entrada de la salita brillaba como una estrella en medio de la desolación de la calle. De vez en cuando sonaba un ruido de cadenas de bicicleta. Eran los hombres que volvían tarde del trabajo. Los perros ladraban, y sus voces se convertían en aullidos perdidos en el viento. No solía llegar gente después de las doce, y no temía a los asaltos. Blas sabía que su ropa de médico era tan fuerte como una armadura, imponía respeto y admiración. Lo dejaban en paz.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Mirando desde la ventana empañada por su aliento, otra vez sintió miedo. Pensó en las pastillas, pero no las tomaría más tarde. Había decidido abandonarlas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Golpearon a la puerta con impaciencia. Fue a abrir. Una chica que no debía tener más de dieciocho años, se abalanzó hacia él y lo abrazó. Las ropas frías, mojadas, lo rodearon como si el mismo invierno hubiese entrado para atraparlo y llevarlo hacia un lugar sin regreso. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Le preguntó qué sucedía. Ella no levantó la vista. Lloraba con la cara pegada al pecho de Blas. Él hizo un gesto de fastidio. Cerró la puerta y acarició la cabeza de cabellos castaños y lacios de la chica. Lentamente, ella se fue abandonando, y dejó caer todo su peso en los brazos de Blas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;La levantó y la acostó en la camilla. Entonces se dio cuenta de que estaba embarazada, tal vez a punto de dar a luz en esos días. Ella volvió a despertar con un grito, y se sujetó a él mientras lo miraba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%;mso-ansi-language:ES"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-¡Al fin te encontré!- &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;balbuceó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Blas le preguntó si acaso la conocía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-¡No seas hijo de puta! ¡Sabía que me ibas a negar! ¡Pero no vas a negar el hijo que me hiciste!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Blas retrocedió. La chica estaba loca o probablemente drogada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Mirá...-le dijo.-...primero vamos a ver qué pasa con las contracciones y después hablamos. ¿Vivís por acá? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-¡Pero si te estuve buscando por meses! Me escapé cuando supe que estaba embarazada y empecé a buscarte. No me vengás con la historia de que no me conocés…- La voz de la chica era brutal, oscura, gastada por algo más profundo que un resfrío o la gripe. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Le tocó la frente. Ardía. Le puso el termómetro y comenzó a auscultarla. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Tenés una bronquitis tremenda.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;      &lt;/span&gt;Dejó el estetoscopio y fue al teléfono.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Llamo al hospital para que te internen.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-¡No! Quiero quedarme acá.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Otra contracción la hizo gritar .&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Dejáme revisarte, por favor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;La chica tenía una gran dilatación, y el trabajo de parto era inminente. Puta la suerte que me tocó, pensó él. Pero ella lo había escuchado. Cómo pudo haber oído su pensamiento, a menos que lo hubiese murmurado sin darse cuenta, a veces le pasaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Nunca me llamaste puta, me dijiste que fui tu mejor consuelo en mucho tiempo. Me acuerdo cómo lloraste después, parecías liberado. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Blas había terminado de poner la vía y el suero. Llamó al hospital y pidió una ambulancia con urgencia. No tenían ninguna en ese momento, le dijeron, pero en cuanto dispusieran de una, la enviarían. Volvió al lado de la camilla. Le sacó las ropas húmedas y la cubrió con frazadas que había entibiado sobre la estufa. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;La chica se tranquilizó por un rato, pero no dejaba de mirarlo con ojos afiebrados. Se hizo un tenso silencio que sólo algunos ladridos interrumpieron desde la calle. Blas no podía soportar esa mirada, no lograba sostenerla sin que sus propios ojos huyeran, buscando esconderse, pero en realidad no había dónde.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Escuchame. Creeme que te confundís. Tengo casi el doble de edad que vos, ni siquiera te conozco, ni es posible que nos cruzáramos alguna vez. Pensálo bien, pensá en tu novio y decíme si se parece a mí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Me conocés, Blas.- Ella sacó la mano de abajo de las mantas y le acarició la mejilla, la oreja, y apoyó su dedo índice en la nariz de Blas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Tu nombre me convenció, tan suave. Me parecías un hombre triste, pero seguro, fuerte, no como los chicos de mi edad. Decíme si no te acordás de esto, si casi nueve meses son suficientes para hacerte olvidarlo.- Y le mostró las muñecas, una cicatriz transversal cruzaba cada una.- Te conté esa misma noche por qué me habían internado, y me entendiste, fuiste el único que realmente...tu voz me convenció, en la oscuridad de la sala, aunque los otros nos escucharan, para mí estabas sólo vos...- Ella se extravió en el delirio, gotas de sudor hicieron brillar su cara bajo la luz de los tubos fluorescentes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Le tomó la presión. Si continuaba descendiendo la perdería. Pero no iba a practicar una cesárea allí, sin ayuda, sin material. Se secó la frente con la manga. Hizo memoria de lo aprendido muchos años antes. Sí, lo esencial lo recordaba, pero cómo era posible que esa chica le hablara con tanta seguridad, cuando él no tenía memoria de nada referente a ella. Sabía su nombre sin que él se lo hubiese mencionado, aunque podía haberlo averiguado también por los vecinos del barrio. Quería meterlo en una trampa, sacar ventaja de su situación con algún abogado de por medio. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Ella volvió a despertar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Estábamos juntos esa noche de noviembre, ¿te acordás? Me tocaste y dijiste que no habías estado con ninguna mujer como yo. Tu aliento era parecido al mío, ese olor a remedios que hundía los pasillos del hospital. Todo olía a lo mismo, siempre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Blas no recordaba haber estado internado jamás. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Te voy a confesar algo, mientras esperamos, para que te tranquilices. A veces me deprimo, tuve un período de mi vida en que no resistí más, ¿entendés?, y me hundí como esos pasillos de los que hablás. Uno se hunde sin darse cuenta. Tomé remedios, todavía lo hago. Me ayudaron a pasar el tiempo, a no pensar. Te borran cosas, te anulan hasta que ya no sentís más. Y esa es una manera de vivir, de pasar los días como si todos fuesen un domingo nublado a las dos de la tarde, indefinidamente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;La chica volvió a dormirse. Le tomó el pulso. Decrecía. Ya no tenía contracciones, pero la dilatación era la misma. El bebé iba a morir antes de nacer. Volvió a llamar al hospital, esta vez daban ocupadas todas las líneas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Basta, se dijo. Preparó la caja esterilizada, los campos quirúrgicos. Limpió el cuerpo con yodo y tomó el bisturí. La incisión le salió perfecta, como si no hubiesen transcurrido algunos años.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Era el único varón en el servicio de pediatría, y las madres lo elegían por diversas razones. Tal vez fuese el atractivo que ejercía su presencia entre tantos gritos y voceríos femeninos. Después de tres años de residencia y cinco de trabajo arduo, había obtenido más la simpatía de los pacientes que de las autoridades del hospital. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;La noche que llegó la niña de tres años, no había camas vacías. Decidió dejarla en la camilla de la guardia para observarla y hacerle estudios. Los padres lo miraron con desconfianza mientras la revisaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Vamos a internarla en cuanto haya cama, no se preocupen.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;    &lt;/span&gt;Blas se oyó llamar por el altavoz, y fue a atender a otros pacientes. Media hora después, vio un revuelo en el box donde había dejado a la niña. Corrió. La pequeña convulsionaba, vomitando sangre y manchando las sábanas y la ropa. De pronto, los temblores se detuvieron. Una pediatra había comenzado con las maniobras de reanimación, pero dos, tres, cinco minutos después todo fue inútil. La niña no se movía. La madre la levantó en brazos como a un fardo envuelto en telas sucias.&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;   &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;El padre empezó a amenazar a Blas sacudiendo los puños frente a su cara puños. Lograron apartarlo, pero el hombre siguió llamándolo asesino, y esa palabra repercutió en toda la guardia. La gente lo miraba, y tal vez nada pensaran en particular; sin embargo, él ya no podía ver más que esa mirada de acusación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Meses después lo demandaron, y su seguro no cubrió el monto. El padre de Blas era un forense reconocido en la ciudad, al que todos llamaban simplemente Dr. Ibáñez, pero no quiso pedirle ayuda. Blas estaba seguro de lo que pensaría su padre cuando se enterase. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Vendió la casa y se llevó a su esposa e hijo a un departamento del barrio de Once. Intentó seguir trabajando, pero al atender a un paciente dudaba del diagnóstico y de la droga recetada. Hacía volver a los enfermos casi todos los días, y éstos se cansaban y lo abandonaron. Ya no quiso trabajar. Fue ésa la época en que dejó de dormir, dando vueltas en la cama toda la noche. Su mujer le dijo un día:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Hay píldoras para dormir, Blas, deberías saberlo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Y esa voz dura tenía razón. Pero luego las pastillas ya no le sirvieron. Se quedaba todo el día encerrado, comiendo, mirando televisión. No hablaba. Luego, un día, apagó el televisor y ya no se levantó del sofá. Escuchaba voces a su alrededor. La de su esposa, la del hijo, y otras desconocidas. Un día alguien vino a buscarlo, hablándole suavemente. Desde entonces nada recordaba. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;El bebé estaba muerto y la placenta se había desprendido cubierta de sangre coagulada. Puso el cuerpo del niño en una bolsa y se dedicó a cerrar la herida. Miró el pecho de la chica, le pareció que respiraba más débilmente. Le tomó el pulso. No existía. Quizá había muerto desde varios minutos antes y no se había dado cuenta. Él, médico, no se había dado cuenta. Esta vez, ya no se sorprendió de sí mismo, y esto lo dejó más perplejo aún. Tantos niños que había salvado, tantos, y uno que se perdía, se iba, traicionándolo, le había quitado el sentido a todo, absolutamente. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Blas acarició la cara muerta con sus guantes sucios de sangre. No recordaba qué había pasado ese año perdido en su memoria, ni cómo los medicamentos lo habían hecho actuar. ¿Era posible que él la conociera y la hubiese seducido? No, no recordaba, pero quizá sí sabía. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Miró a su alrededor. Se vio solo, con dos muertos, y rodeado por los rastros de una cirugía que cualquiera habría rechazado realizar. Pero más que nada estaban Blas y su pasado, sus antecedentes marcados en rojo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Blas y la zona del tiempo fuera de su memoria.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Los demás sí recordarían, seguramente, todo estaba asentado en historias clínicas de curso irreversible, como manifiestos escritos por el mismo Dios en el principio de los tiempos. Y después, tal vez, aparecerían los testigos, que siempre surgen de las zonas de penumbra. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;¿Y si el hijo era suyo? Los hombres dioses podían determinar, con su sangre y un cabello del niño, si lo era. Entonces qué iba a responder.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Cerró la bolsa roja con el cadáver del bebé. La puso contra la puerta de entrada. Fue a buscar una bolsa negra. Levantó en brazos el cuerpo de la chica y, doblándole las piernas, la cintura y la cabeza, lo hizo entrar. No era grande, no era robusta. Era delgada y frágil ahora.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Abrió la puerta. Nadie había afuera. Debían ser las tres de la mañana. Sonó el teléfono, y pensó de pronto en la ambulancia. Fue a atender.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Ya la derivé. No, ya no la necesito, gracias.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Colgó. Volvió a la puerta y cargó la bolsa pequeña en su hombro y arrastró la otra. Comenzó a caminar oculto por la sombra de la pared, lejos de los focos de la calle. Siguió caminando por el sendero de tierra que atravesaba el descampado detrás de la sala de auxilios. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;No veía nada, sólo sentía el pasto crecido. Había un arroyo a cinco kilómetros, después de las vías abandonadas, donde una serie de árboles formaba un pequeño bosque. La gente ni siquiera tiraba basura allí por estar tan lejos y oscuro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;La sombra de los árboles se movía frente al cielo nublado y tormentoso. El viento mecía las copas con un estruendo de ramas entrechocadas que dominaba la noche. El mundo y la ciudad parecían haber dejado de existir. Todo era viento, olor a pasto húmedo y tierra. Y la sangre venía a unirse a ellos. Blas se dijo que las cosas, a veces, concuerdan, se buscan una a la otra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Con la pala que había traído del depósito, cavó una sola fosa. Arrojó las bolsas, y devolvió la tierra a su lugar. Si esa noche llovía, el barro emparejaría la superficie removida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Regresó a la sala. Se lavó las botas, puso la pala, ya limpia, en su rincón. Limpió todo el interior. Lavó los instrumentos y los esterilizó otra vez. Nada quedaba de lo que había sucedido, y faltaban dos horas aún para que la enfermera de la mañana llegase.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;En Merlo, baja del tren y espera la salida del empalme hacia Mariano Acosta. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Son ya las seis y media. El tren sale, esta vez lleno de gente, y debe viajar parado. Las estaciones se suceden entre empujones de los que bajan y suben. Está amaneciendo. Un rayo de sol entra por la ventanilla y cae justo sobre sus ojos, cegándolo. A pesar del frío, siente calor. El cuello del sobretodo se humedece con el sudor y despide un olor que lo avergüenza. Pero él no desvía la vista de la ventanilla. Mira el sol que se asoma detrás de las casas pobres de la ciudad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Tantos soles ha visto, tanto que recuerda, menos aquel año anterior al que le ofrecieran el trabajo en Mariano Acosta. Era una guardia general, no importaba. Todos estaban al tanto de que no ejercería nunca más la pediatría. Sin mujer ni hijo, debía enfrentar la realidad de mantenerse a sí mismo. Pero quién lo había mantenido hasta entonces, no se acordaba. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;El tren se detiene en la estación. Desciende. Se para un instante en el andén, pensando en que apenas dos meses antes había dejado la guardia por otro puesto mejor remunerado. Así se lo había explicado al médico amigo que trabajaba en la secretaría de Salud del municipio. Se despidió de las enfermeras y de los vecinos del barrio. Nadie le preguntó por la chica que lo había visitado una noche varios meses antes. Dejando pasar el tiempo, enterrando la idea como se entierran los cuerpos, nadie preguntó, nadie extrañaba a alguien que quizá nunca había existido. Eso lo tranquilizaba. Pero no podía dejar pasar más tiempo, no podía correr el riesgo. Mientras antes se fuese, antes lo olvidarían.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;    &lt;/span&gt;Cuando dejó la salita de auxilios, ya no tuvo adónde ir. Se fue de la pensión y algunos amigos lo cobijaron por semanas. Pero al verlo abandonarse a la suciedad y a una dejadez que rozaba el desquiciamiento, lo pedían que se fuera. Él, sin embargo, no podía huir de la ciudad, como una mosca que no es capaz de apartarse más allá de unos cuantos metros de un basural.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Vio el artículo por casualidad en un diario olvidado sobre la mesa del bar, y se puso a leerlo lentamente, para que cada palabra durase una hora y el sueño llegase más pronto que el hambre. Iban a excavar en el terreno lindante al arroyo. No podía ser otro el lugar, porque reconoció la descripción de los árboles, del pasto y el sendero del descampado. Tengo que ir, se dijo entonces.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Maestro- le dijo al mozo.- Un sobrecito de azúcar, por favor, me bajó la presión. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;El mozo iba a echarlo, no quería vagabundos en el local, pero la entonación cuidada de Blas, la palidez casi tenebrosa de su cara, lo hicieron abandonar sus reticencias. Blas abrió el sobrecito y lo vertió bajo la lengua. Rápidamente se recuperó y se fue, escondiendo el diario en el sobretodo. Se acostó en el umbral de un edificio, junto a un perro que le había ganado de mano, y trató de dormir. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Camina por las calles sin que nadie reconozca en el oscuro vagabundo al médico que los había atendido alguna vez. Pasa frente a la sala de auxilios. Alguien, un hombre de blanco, piensa, debe palpando a otro hombre, y los dos participan voluntariamente del destino que los ha unido para siempre. Pero no mira por la ventana, sigue de largo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Ve el descampado. Las topadoras mueven sus brazos mecánicos entre la bruma de la mañana. Unos obreros colocan cintas con rayas rojas alrededor de la zona. Blas camina con lentitud hacia allí, escondido por los arbustos altos y la niebla. Parece un tronco negro, quemado, que se desplaza cuando nadie lo mira. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Llega hasta la primera cinta. Escucha las voces de los obreros y los arquitectos. Los motores de las máquinas se están calentando. Las ramas de los árboles se sacuden con el impulso de las topadoras, y las hojas caen como lluvia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Allí abajo están ellos. Esperando. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Pasa bajo la cinta y continúa. Nadie lo detiene. Hay mucha gente que parece desconocerse entre sí. Administrativos, periodistas locales, policías, constructores, políticos. Todos dan indicaciones en voz más o menos alta. Pero nadie lo ve, ni nota tampoco lo que ha brotado entre las raíces del árbol que están arrancando.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-¡Tiren!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Los cables de acero tiran del árbol, y entre las raíces surgen los huesos, asomándose por los orificios de las bolsas rotas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-¡No!- grita él. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Todos se dan vuelta para mirarlo. Los de la máquina no han escuchado y continúan tirando del tronco. Blas corre y empuja a los que, más con asombro que ofuscación, se interponen en el camino de ese hombre cuyo sobretodo se agita como un personaje salido de viejas películas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;      &lt;/span&gt;Logra llegar a los árboles y se detiene bajo el que está siendo arrancado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-¡Cuidado!- le gritan, pero él no hace caso. Se arrodilla y entierra las piernas en el barro removido. Las raíces se levantan como brazos de la tierra. Se pone a buscar las bolsas, los huesos. Pero los ha perdido de vista. Entonces se cubre la cara con las manos sucias.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Alguien se le acerca, lo ayuda a levantarse. Blas se da cuenta que esa persona, sea quien sea, le hace a alguien, más lejos, el signo mudo del que señala a un loco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-Estaban acá, se lo juro- insiste él, pero ya no puede ahora contener el llanto. El brazo del hombre lo aprieta un poco, consolándolo, es el primero que lo hace después de mucho tiempo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-No importa si perdió algo, ya lo vamos a encontrar- lo consuela el hombre, mientras se alejan. Blas lo mira y se seca las lágrimas con el pañuelo que le ha ofrecido. Siente, por un breve, un sublime instante, que está a punto de salir indemne. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;Pero alguien grita, detrás de ellos:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;-¡Dios santo! ¡Miren ahí, al lado del árbol!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Este cuento forma parte de la colección "El rostro de los monos", publicada en 2010. Las particularidades de este relato son las siguientes. En principio, estaba destinado a abrir la colección, ya que por su temática, representaba el factor común de la mayoría de los cuentos, es decir, la característica psico y socio patológica de los personajes principales del libro en general.  Hombres o mujeres con cierta inadaptación a su medio, fundamentada en parte en una alteración psíquica congénita o adquirida que ofrece una tendencia hacia la violencia, por el otro, disociación con la sociedad en la que viven, que parte de los demás y se realimenta por la misma alteración o visión del protagonista. Este viaje de ida y vuelta de culpa y agresiones, de incomprensiones y dolores, genera una fuerza que en determinado momento deberá liberarse. Por supuesto, la intención no es crear historias clínicas ni informes médicos, sino plasmar en literatura perfiles de hombres y mujeres que se mueven en una situación y circunstancia en particular. En el caso de este cuento, tenemos un médico que ha caído en un período depresivo a causa de la muerte de un paciente. Como consecuencia de su internación y la medicación que le fue indicada, sufre una particular amnesia de ese año. Poco después, se encuentra con que su vida ha sufrido un vuelco de 180 grados, y aparece gente que no reconoce y responsabilidades que no recuerda haber adquirido. El relato habla de la culpa y de la responsabilidad, se hace la siguiente pregunta: si no hay recuerdo del acto delictivo, ¿hay culpa? La memoria, entonces, es el eje principal que hace jugar al protagonista un juego cruel pero no menos verdadero e inevitable que cualquier otro factor en los que el ser humano no tiene control. La mente y el tiempo parecen confabularse para embestir la voluntad y la conciencia del hombre, hundirlo por debajo de la superficie, que no es más que una frágil apariencia de tranquilidad o bienestar. La culpa, entonces, es el otro tema principal. Este cuento surgió como resultado de meditaciones sobre mi condición de médico, sobre la responsabilidad social y la propia, cuáles son los límites de ambas, los que la sociedad impone y los que uno se impone. La sensación de culpa en innata en el ser humano, el daño causado, por más que provenga de las circunstancias y no directamente de los propios actos, ejerce su peso en la conciencia. La lógica explica, pero no alivia el peso. El tiempo, únicamente, tiene la virtud de aliviar, y hasta anular esa sensación.  El protagonista, Blas, es el hijo de uno de los personajes secundarios del libro, el doctor Mateo Ibañez, que más adelante adquirirá protagonismo en otro libro. El ambiente y los escenarios tienen íntima relación con mi propia experiencia como profesional. Por último, y confirmando las asociaciones de tema y personajes, el libro se cierra con un texto que podría llamarse complementario, o que aporta una visión distinta y contrapuesta del mismo tema. En "El colchonero" se habla de una venganza, se habla de un crimen y de la soledad, del dolor y la ira extremos. La culpa acá ya no tiene cabida, no participa. Este último relato en particular me enfrentó con zonas duras de mi profesión, pero también con la condición humana en general y lo que ésta es capaz de albergar y producir. Lo cruel y lo retorcido, hasta lo morboso, siempre intenté atenuarlo haciendo buena literatura. Lo principal, pienso, no es recurrir al efecto sino apelar a la emotividad del lector: lo emocional debe surgir de las palabras, de la frase, de lo apenas dicho de la manera correcta. Conmocionar sin provocar dolor físico sino una angustia existencial en comunión con lo que siente el personaje. De esta forma, él y el lector, autor y personaje, conforman un triángulo de asociaciones que no hace más que reflejar el común origen. La literatura, como todo arte, se encarga entonces de reflejarlo, exaltarlo, creando, cuando los méritos del autor así lo logran, una obra que merezca emocionar y resistir el paso del tiempo.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;A continuación, "EL COLCHONERO".&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align: left; "&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" align="center" style="text-align: left; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="line-height: 24px;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="center" style="text-align: center; line-height: 200%; "&gt;&lt;span style="line-height: 200%; "&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="center" style="text-align: center; line-height: 200%; "&gt;&lt;span style="line-height: 200%; "&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;* &lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Una calle cortada, junto a  la estación de Villa Luro, no tenía nombre. No era más larga que cincuenta metros, nacía en la avenida Rivadavia para morir en las vías. En el barrio todos la llamaban “la cortada del colchonero”, porque en la esquina estaba el negocio de don Álvaro, el mismo que había sido de sus padres y que él había vuelto a abrir luego de muchos años de ausencia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Era un hombre de cuarenta y cinco años, bajo de estatura, delgado, con brazos en apariencia cortos y no muy fuertes. Sin embargo, era capaz de cargar los pesados colchones de resortes desde las camionetas en los que los vecinos los traían hasta el interior del local. Después los vehículos se iban, y cuando el humo de los caños de escape se despejaba, se veía a Álvaro a través de las vidrieras, revisando la superficie del colchón y escribiendo en un cuaderno de espiral. Siempre tenía un lápiz apoyado sobre una oreja, al que sacaba punta con un cortaplumas que llevaba en su delantal azul. En invierno vestía una polera gruesa, porque nunca podía dejar cerrada la puerta más de quince minutos. Los vecinos entraban a saludarlo a toda hora, aunque nada tuviesen para encargarle. Se acodaban en la vitrina del mostrador, donde sucias muestras de telas habían permanecido durante años sin renovarse. De las paredes colgaban fragmentos de almanaques viejos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     En la cortada se juntaban por la noche los jóvenes del barrio. Eran hijos de familias con dinero y elegantes casas que se levantaban del otro lado de la avenida, hijos de abogados y de médicos. Fumaban, se cambiaban direcciones de prostíbulos, y de tanto en tanto abandonaban la cortada para ir a uno de tales sitios. Álvaro levantaba la vista de su trabajo al escuchar las y risas apenas alumbradas por las luces del interior del local. A veces, los hermanos pequeños llegaban con mensajes de los padres para que volviesen a cenar a casa. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Álvaro trabajaba hasta tarde todas las noches, pero como casi siempre lo hacía solo, se retrasaba en sus entregas y los colchones se acumulaban en el fondo del taller. Nunca se lo recriminaron. Él sabía refaccionar los colchones como nadie más en varios barrios de los alrededores.     &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Los resortes ya no rechinan- decían los hombres.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Duermo como en las nubes- comentaban las mujeres.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Entonces él asentía con la cabeza, porque era corto de palabras. Su calva incipiente dejaba entrever el cabello castaño que había tenido de joven. Por el cuello de la camisa y las mangas levantadas, sobresalía el vello rizado. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Pero sus clientes más constantes eran los de la clínica de la otra cuadra, los únicos con quienes cumplía con regularidad porque le pagaban sin atrasos. Y sin embargo, eran también los únicos a quienes él atendía con desenfado y hoscamente, como si sus clientes más redituables fuesen a la vez los menos deseados.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;      Un día, uno de los jóvenes entró al negocio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;      -Don Álvaro- le dijo-mis amigos y yo nos preguntamos…ya que usted es soltero y macanudo…no sé si me entiende…si le gustaría acompañarnos a un aguantadero que hay en Caballito, no nos dejan entrar si no es con un mayor. Le juro que no vamos a contar nada a nuestros viejos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Álvaro lo miró durante casi un minuto a los ojos, y el chico creyó que no lo había escuchado. Después alzó los hombros, como si no le importara hacerles aquel favor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -¿Vos sos de los Saravia, no? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Sí, don. Usted conoció a mi abuelo en la clínica, me dijeron.-No había malicia ni ironía en la voz del chico, pero era la primera vez que alguien mencionaba el pasado. El día que Álvaro regresó al barrio, había esperado que la gente lo reconociese, pero nadie se había dado cuenta. Sólo los más viejos le preguntaron más tarde por sus padres. Ninguno, sin embargo, le habló alguna vez de la clínica durante cinco años, y eso lo ofendía. Cómo no se acuerdan de mi cara y de mi hermano, se había dicho él al principio. Si había regresado era sólo por que ya tenía cuarenta años y ningún negocio próspero del cual vivir. En el barrio estaba el local deshabitado, aún a nombre de sus padres ya muertos. Y al fin de cuentas ése era su barrio, allí había dejado a su hermano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Pero enseguida cambió de conversación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Decile a tus viejos que el colchón está listo, y que tu hermanito venga a ayudarme  la semana que viene.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     El muchacho sonrió, balanceando nervioso su cuerpo largo de adolescente, mientras se despedía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     El sábado a la noche lo vinieron a buscar. Tomaron el tren, caminaron las ocho cuadras hasta la casa de citas, y entraron. Álvaro se quedó en la sala, dejándose acariciar por una de las mujeres, somnolienta y ebria, mientras los chicos entraban y salían de las habitaciones a lo largo del pasillo oscuro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Al lunes siguiente, en la mañana del primer día de sus vacaciones de invierno, un chico de diez años entraba como ayudante del colchonero. Los padres mandaban a sus hijos cada verano e invierno durante las vacaciones. Los niños volvían contentos del negocio del colchonero, contando lo que habían aprendido, los hilos y agujas que habían manejado. Álvaro necesitaba a veces manos pequeñas para coser rincones que sus manos callosas no podían siquiera palpar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Los hilos delgados ya no los siento-les decía a los vecinos, y éstos se lamentaban de ver esas manos duras como cuero seco, contrastando con el rostro aún joven, pero siempre levemente ofuscado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Álvaro necesita una novia- comentaba la gente.-El pobre se siente solo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Muchos de los niños que habían pasado por su negocio eran los adolescentes que ahora se juntaban en la esquina. Todos guardaban recuerdos de los días junto a Álvaro, acodados sobre los colchones mientras lo observaban coser bajo las lámparas débiles que pendían de los altos cielorrasos. Ninguno, en cambio, regresaba en las vacaciones siguientes, aunque sus manos no hubiesen crecido tanto como para no ser útiles al colchonero. Ellos decían que no les interesaba, como si hubiese algo dispuesto de antemano entre Álvaro y los niños, un lazo, un contrato verbal y quizá nunca pronunciado en realidad, que estipulaba que únicamente los niños trabajarían para él. Estaba en los ojos claros pero fríos de Álvaro, en sus manos de dedos más fuertes de lo que aparentaban, en su voz austera, seca y dolorida al pedir algo en el silencio interrumpido por el paso de los trenes. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Buenas, muchacho-dijo él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Buenas, don Álvaro-contestó Ignacio.- Mi hermano insistió que viniera hoy sin falta.- Miró con ojos tímidos al hombre detrás del mostrador, que había levantado la vista por encima de los anteojos con un vidrio trizado y marcos de carey.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Acercate, no tengas miedo que no te voy a comer. ¿No tenías ganas de venir, no es cierto?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Ignacio levantó los hombros y bajó la mirada. El niño vestía bien, pero él sabía que los padres ya no eran tan prósperos como cuando la clínica tenía renombre. En los últimos años habían cerrado servicios y echado a varios médicos. Decían en el barrio que estaban a punto de quebrar. El abuelo había muerto, y el padre ya no era director de la clínica.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Tu hermano te obligó, eso es más correcto, me imagino.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     El chico asintió. Álvaro se sacó los lentes y se puso a observarlo con aire divertido, como burlándose del niño.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Sos flaco y de manos chicas, me vas a resultar perfecto para el laburo. Vení que te muestro.-Y lo hizo pasar del otro lado del mostrador, apoyando una mano en la nuca de Ignacio. Le explicó para qué servían las herramientas, mientras recorrían las mesas con telas y caminaban hacia el fondo, donde los colchones se amontonaban desde hacía años. Colchones abandonados y nunca recogidos por sus dueños, cuyas boletas también se acumulaban en un cajón del escritorio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Los considero como muertos. Los colchones han quedado acá y los dueños ahora están en sus tumbas, pero mucho menos cómodos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Ignacio lo escuchaba sin prestar demasiada atención. Le atraía el aire enrarecido y sin embargo no del todo desagradable del lugar, las luces pálidas que se perdían en el fondo, dominadas por las pilas de colchones, bolsas de esparadrapo, y el olor penetrante de la cola de pegar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     A las siete de la tarde, el chico bostezó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -¿Suficiente para el primer día?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Me duele un poco la cabeza, don. Es…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -¿Qué?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -…el olor de los colchones, el olor de la gente, me parece, no me siento bien.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Ya te vas a acostumbrar en unos días. Desde hace años les arreglo los colchones a la clínica. No sabés el olor a meo que tengo que aguantarme, las manchas de sangre impregnada. Yo los dejo como nuevos, pero tres meses después, otra vez igual. Rotos, hundidos, sucios. Hay un olor distinto en ocasiones…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Ignacio se quedó esperando a que terminara, pero Alvaro siguió trabajando como si tal fuese el término natural de la frase.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Bueno, don, hasta mañana entonces.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Hasta mañana, pibe.-Y lo saludó levantando la mano con la aguja, así que no podía saberse si era un saludo o el ir y venir rutinario de su mano en la tarea.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     En la mañana, Ignacio entró bostezando. La puerta, que solía estar medio inclinada y se trababa con la otra hoja, hizo un chirrido al abrirse.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -¿Se digna a aparecer a estas horas, señor gerente? Mire el reloj.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Perdón.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Ignacio bajó la mirada y en seguida se puso a ordenar los carreteles enredados.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Mientras almorzaban, Álvaro permaneció en silencio. Era sólo cuando trabajaba que sus pensamientos se traducían en palabras, hablando casi sin mirar a los demás. Tal vez era eso, debía pensar Ignacio, lo que en realidad necesitaba Álvaro, alguien con quien hablar en su trabajo. Una sonrisa de satisfacción apareció en el rostro del chico, como si de pronto comprendiese cosas que antes estaban fuera de su alcance, y el comprenderlas lo hiciese mayor y quedasen menos pasos hacia la madurez.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -¿Qué pasa?-Álvaro lo había sorprendido en plena sonrisa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Nada, me acordaba de algo. Pero mire…-dijo, de pronto, sorprendido de haber hallado algo metido dentro de un colchón. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Álvaro asintió.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Papeles de caramelos, pedazos de plástico carcomido, de todo mete la gente en las costuras rotas por no levantarse a tirarlas en un tacho.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Rieron, y esta vez fue Álvaro el que se quedó con la risa pegada en la boca. Como Ignacio lo observaba, explicó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Si te contara cada cosa que encontré en estos años. ¿Te hablé de la clínica, no? Tenía fama hace muchos años. La había fundado tu abuelo, y venía gente del centro y del oeste. A mí se me inflamó el apéndice un verano, tenía doce años entonces, y como mi hermano era mi gemelo, los médicos recomendaron que nos operáramos al mismo tiempo. Germán se llamaba mi hermano, y a él no le daba ninguna gracia que lo operaran para prevenir, como decían los médicos en esa época, y para aprovechar, como dijo mi padre. Pero al final mi hermano se dejó arrastrar hasta la clínica con la promesa de que faltaría a la escuela por dos semanas.-Álvaro se quedó otra vez en silencio, pero la sonrisa no se le borraba. Después repitió varias veces:- Mi hermano, qué chico más bueno era…-Y sacudía la cabeza como quien recuerda cosas que jamás han cambiado porque están fijas, repetidas y muertas en la memoria.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     El tercer día pasó casi inadvertido. Los mismos clientes, los mismos pedidos. Sólo el olor de la grasa mientras lubricaban los resortes tiñó ciertas palabras, puteadas que Álvaro murmuraba cuando algo le salía mal.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     A la tarde siguiente, un largo rato de silencio había precedido a las interminables recomendaciones que la vieja de la casa de enfrente le hizo a Álvaro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Bien mullido, y que no rechine.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Don Álvaro la miró salir, pensando en que esa misma voz le había gritado a él y a su familia, muchos años antes, los insultos que obligaron a sus padres a irse del barrio. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Bien mullido las pelotas, si no tiene con quien acostarse-murmuró él, y cuando sus ojos se encontraron con los de Ignacio, le guiñó un ojo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -¿Y los operaron?-preguntó el chico. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Álvaro lo miró sin sonreír.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Nos operaron, sí. Un miércoles a las dos de la tarde. Mi hermano tenía un miedo de locos, se había orinado encima dos veces, a pesar de que estábamos en ayunas desde la noche anterior. Yo, no sé por qué, estaba tranquilo. Debió ser por eso que dice la gente que tenemos los gemelos, una relación especial, algo que nos une como esos tacos de madera que usan los psiquiatras. Cuerpos complementarios.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Álvaro miró el reloj de pared. Eran las seis de la tarde. Oscurecía. En esa esquina no había semáforos ni vigilantes, así que los autos pasaban sin detenerse. Las luces de mercurio recién se habían encendido, y la luminosidad de la tarde que moría era como un filtro, un colador por el cual el rocío de la noche de invierno iba condensándose en las veredas, en las paredes con las formas de la humedad y la vejez.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Cerró la puerta, entreabierta por el temblor de los trenes. Volvió a una de las mesas del fondo. Prendió las luces grandes, despejando hacia el techo las sombras de los colchones, como fantasmas que hubiesen estado durmiendo hasta ese momento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Cuando uno despierta de la anestesia, se siente de la peor manera posible. A mí me tocó despertar a las doce, a la una de la madrugada quizá. Sólo recuerdo que una enfermera me miraba, y otras dos cabezas aparecían y desaparecían. Me abrían la boca para darme pastillas, pero yo no sentía nada. La lengua era como una pasta de menta sin sabor, por lo seca y fría, digo. Algo hablaban, pero yo seguía llorando. La luz del cuarto era muy suave, aunque tenía la sensación de que me daba de lleno en la cara, y la gente iba y venía de un lado a otro. De una cama a la otra. Después, apagaron las luces y quedamos en sombras, mi hermano y yo. Se escuchaba el rechinar de las camillas en los pasillos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     “Germán”, murmuré. No me contestó al principio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     “Germán”, volví a decir. Entonces me respondió un gemido. Yo creí que recién se habían apagado las luces, pero el tic-tac del reloj de la mesita me hizo darme cuenta de la hora avanzada. Mi hermano intentaba hablar, lo presentía. Entonces fue cuando sentí por primera vez en mi vida ese olor. Un aroma a metal ácido, amargo. Podía sentirlo en la nariz, podía verlo frente a mis ojos aún en la oscuridad. Y mis oídos percibieron el goteo que todavía no alcanzaba a ver.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;    “¡Mamá!”, grité. Enseguida la puerta se abrió y las luces revelaron el color de aquel perfume que me pareció más antiguo que la historia que nos enseñaban en la escuela. Una enfermera se agachó, absurdamente, para recoger la sangre que caía de la cama de mi hermano. Un médico entró corriendo. Otras enfermeras llegaron con jeringas, mientras las órdenes y los comentarios se sucedían sin que yo los comprendiese. Me erguí un poco, pero la garganta y el pecho me dolían. Vi que inyectaban algo en el frasco que llevaba suero a las venas de Germán. No sé por qué seguí el camino de la ampolla ya vacía, arrojada en el recipiente de metal que la enfermera llevaba entre sus manos, un poco separada de la falda como si cargase un bebé muerto. Apagaron la luz principal y encendieron la del baño. No habían pasado más de diez minutos cuando el cuerpo de mi hermano empezó a jadear, y se puso rojo, con la cara hinchada. Me di cuenta de que no podía respirar. Una enfermera se me acercó y me abrazó. Sentí sus pechos contra la cara. Y me fui adormeciendo mientras alguien ponía algo en mi sangre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Alvaro tenía ahora lágrimas en las mejillas. Bajó la cabeza contra la tela que estaba cosiendo, se secó y volvió a levantar la vista.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Desperté en la mañana, y aunque esperaba que todo hubiese sido un mal sueño, sabía que no lo era. La luz entraba clara por las cortinas blancas de esa elegante clínica de la avenida Rivadavia. Las ventanas abiertas refrescaban el cuarto con el aire de la madrugada. Yo sentía el olor de la sangre en el colchón a mi lado. Estaba seguro que si estiraba la mano, podría tocarla, aún húmeda. Pero la cama estaba vacía y el colchón desnudo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Ignacio miró el reloj. Eran las nueve de la noche. Nunca se había quedado hasta tan tarde.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Andá a casa a comer-le ordenó Álvaro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     El chico no parecía saber qué decir. Álvaro no estaba seguro de cuánto podría haber comprendido el niño de todo eso, pero él no había podido detenerse. Era la primera vez que relataba aquello con tanta exactitud. Tal vez viese en la cara de Ignacio, tan parecido al abuelo, el rostro del médico que lo había operado. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Pero antes de cerrar la puerta y salir, el chico murmuró una palabra que Álvaro no entendió, aunque había sonado como un insulto dicho al azar, voceado a la brisa fría que inundaba el barrio y cubría las casas. Allí donde la gente vivía y condenaba a los otros.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Durante dos días trabajaron sin volver a hablar de eso. Ignacio llegaba temprano y se iba a la hora de siempre, después de mirar a Álvaro con una mezcla de vergüenza y tristeza a la vez. Pero Álvaro trabajaba ensimismado en su tarea, comentando de vez en cuando algo intrascendente. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Cuando el chico entró el sábado siguiente, se saludaron como de costumbre. Toda la mañana estuvieron ocupados. Álvaro recibió encargos y descargó los colchones. Algunos vecinos vinieron a buscar los ya arreglados, e Ignacio se trepó a las pilas en busca de la etiqueta de papel madera atada a la tela con un hilo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Almorzaron, y fue al final de la comida cuando Álvaro volvió a hablarle. Habían cerrado, pero se quedarían trabajando hasta las cinco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -¿Avisaste en tu casa?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Sí, don Álvaro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Sabés que hoy te pago la primera semana.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Gracias, don Álvaro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Siempre contestando con monosílabos, me hacés acordar a mi hermano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Levantó los platos de la mesa, marcada por cortes de trincheta y grumos secos, duros de pegamento. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -¿No conocés la expresión shock anafiláctico, no? Yo tampoco cuando tenía tu edad, pero la aprendí enseguida porque eso fue lo que tuvo mi hermano según los médicos. Le dieron corticoides para la inflamación, y parece que eso lo mató. Dijeron que no se lo explicaban, que incluso yo, su gemelo, había reaccionado bien. Se armó un escándalo. Salimos en los diarios por unos días, pero entonces la prensa no hacía tanto sensacionalismo como ahora. Se hicieron peritajes y los médicos fueron absueltos. La gente del barrio, los mismos que acostumbraban hablar pestes contra los médicos, se habían reunido frente a la clínica para congraciarse con ellos, porque al fin de cuentas la clínica daba prestigio al barrio. Y a nosotros empezaron a mirarnos como si fuésemos Judas. El negocio de papá empezó a arruinarse, y tuvimos que irnos. Nunca nos recuperamos. Ahora son sus hijos y sus nietos los que habitan las casas. Me miran y no se acuerdan ya de nada de lo que pasó, o quizá ni siquiera lo saben. Yo sí recuerdo la bronca de mis padres. ¿Sabés lo que es ver el odio en los ojos de tus viejos? Mi hermano estaba muerto, y ni siquiera necesitaba que lo operaran. Yo sabía que de algún modo ellos me culpaban, por más que no lo dijeran.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Terminó de secar los platos, los guardó en el armario y calentó agua.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;    -Te hago una chocolatada, ¿querés?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Ignacio miró a la calle. La tarde del sábado a la hora de la siesta era una de sus horas favoritas. Las veredas estaban casi desiertas, hasta el tránsito de la avenida había decrecido. Volvió la atención a Álvaro, cuya voz parecía fascinarlo, ansioso por escuchar esa versión distinta de la historia del barrio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Cuando terminé la escuela, entré a trabajar en un taller textil. Al encontrarme con telas iguales a las del colchón de la clínica, sentía náuseas. Corría al baño y vomitaba. Me lavaba la cara. Pero en el espejo, ojeroso y pálido, no era mi imagen la que se reflejaba, sino la de mi hermano Germán, con la misma cara que el día que se murió. Y el fondo del espejo era del color de su colchón. Entonces decidí estudiar medicina, pero mis viejos no querían. Así que junté mis ahorros de la fábrica y logré mantenerme casi un año estudiando al salir del trabajo. Compartía una pensión con un amigo y mis viejos no se enteraron. En la morgue, los cuerpos siempre me resultaban parecidos a Germán, y la sangre tenía siempre el olor de esa noche. Aprendí a disecar y explorar los cuerpos. Pero un día mis padres lo supieron y me obligaron a dejar la facultad, vi en sus caras el antiguo reproche. Volví a laburar al taller, y el resto, como te imaginás, ya es historia conocida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Dejó la taza de chocolate sobre la mesa. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Esta tarde tenemos que ponernos al día-dijo después, y buscó en las pilas del fondo los colchones de la clínica, que esperaban arreglo desde veinte días antes. Trajo la escalera e hizo subir al chico primero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Fijate en las etiquetas. ¿Las ves? Entonces dejáme subir que quiero ver si no están tan apolillados que no se puedan componer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Subió la escalera y se arrodilló sobre el colchón junto a Ignacio. Palpó las telas, y apenas tiraba un poco se desgarraban. El relleno estaba apelmazado y olía a excrementos. Hizo un gesto de asco y el chico se puso a reír. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Hijos de puta-dijo Álvaro.- Todos esconden la mierda de sus almas en los colchones al levantarse, y cuando se van a dormir se restriegan de vuelta en ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     No había signos de broma en su voz esta vez, sino un hosco, áspero sentimiento cortante como cuchillo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Cuando desperté esa mañana…-empezó a recordar mientras arrancaba las telas.-…en las ventanas estaba pegado el hollín de los autos y el polvo de la calle. Habían sacado el cuerpo de Germán del cuarto, pero habían ordenado a las mucamas que limpiaran más tarde. El colchón manchado y las ventanas sucias: un hermoso paisaje al despertar. Entonces, en el polvo de las ventanas, vi unas letras dibujadas. Eran de Germán. Debió hacerlo mientras agonizaba a la luz escasa de la luz del baño, porque durante el día anterior las ventanas estaban limpias.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Miró a Ignacio fijamente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -¿A qué no adivinás que decían?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     El chico se quedó pensando, tan ensimismado como si esa fuese la tarea más importante por la cual había entrado a trabajar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Una puteada…, un pedido de ayuda…, no, me parece que no.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Vas bien encaminado, hijo, mucho mejor que tantos otros que pasaron por aquí. Por eso voy a ayudarte un poco. ¿Qué le dirías a tu hermano, la única persona que amás en el mundo, aunque sea ese vago que te usa de chico de los mandados, en un momento como ése?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Le diría…- Ignacio pensaba, restregándose el pelo con una mano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Una palabra que empieza con “v”…-lo ayudó Álvaro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -¡Venganza!-gritó Ignacio, con una ancha sonrisa como si hubiese ganado el premio mayor, pero enseguida bajó los ojos, avergonzado. Al volver a levantarlos, vio que dos lágrimas corrían por las mejillas de Álvaro, entre la barba sin afeitar del sábado. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Álvaro tomó entre sus manos la cara de Ignacio y lo besó en la mejilla derecha. Temblaba, pero no parecía poder controlarse. El chico hizo esfuerzos por desprenderse.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Ya está bien, don, suélteme un poco…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -No puedo…hijo…-Y siguió llorando mientras levantaba al niño sujetándolo de la cabeza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -¡Me duele!-gimoteaba Ignacio, mientras Álvaro lo levantaba. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Al erguirse, su cabeza casi tocó el techo, y los pies se hundieron en el colchón que rechinaba. El eco repercutió por el local, pero ni un chirrido llegaría a filtrarse hacia la silenciosa siesta del barrio. Por qué irían a sospechar de un sonido de resortes en el local del colchonero. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Los pies del niño pendían y se balanceaban en el aire. Álvaro, a pesar de su aparente debilidad, lo levantaba como lo hacía con uno de sus colchones, mucho más pesados que ese cuerpo. Luego tiró sobre el colchón y le tapó la boca. Sus manos duras ni siquiera sintieron los dientes de Ignacio, que lo lastimaban tanto como los frágiles colmillos de un cachorro. Agarró otro colchón con su mano libre, cubrió al chico y se acostó encima, con los brazos extendidos y las piernas abiertas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Esperó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Sintió los movimientos. Oyó los gritos apagados. La voz que le llegaba a través de centímetros de tela y goma, como si recorriese kilómetros de distancia y de tiempo, como si llegase de años atrás y pidiese la ayuda que nunca habría de recibir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Después retiró el colchón. Observó la cara, la piel morada alrededor de los ojos. La boca abierta en el grito interrumpido. La cabeza de costado, como dormido. Los puños cerrados. Trató de abrirle las manos que sangraban. Las uñas tenían pequeños fragmentos de tela. Las piernas estaban quietas. Le palpó el cuello buscando el pulso que no existía. Le sacó la ropa, la remera gris y el pantalón. Volvió a cubrirlo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Apagó las luces. Corroboró que los colchones sucios no se veían desde adelante. Se cambió y quemó las ropas manchadas junto a las del niño. Miró el reloj, eran las cuatro y media. Desde la persiana semicerrada apenas entraba la luz de la tarde. En el vidrio, sucio de polvo, alguien de la calle había escrito algo, una obscenidad, tal vez, pero él recordó las letras en la ventana de la clínica.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;       A las cinco, aparecieron varios muchachos en la esquina. Levantó las persianas y miró a los lados. Cuando vio a alguien a una cuadra del otro lado de la calle, abrió la puerta. Lo saludaron cuando salió. Entonces Álvaro alzó la mano y gritó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -¡Ignacio!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Dio algunos pasos por la vereda. Los muchachos lo estaban observando, y él llamó al que los demás relegaban porque era tímido y llevaba anteojos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -¿Qué pasa don Álvaro?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Es este Ignacio, que se olvidó el sueldo de la semana. ¿Lo ves allá?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Señaló a un niño que doblaba la esquina en ese momento, de remera blanca, casi del mismo color que la que vestía Ignacio ese sábado. El chico se acomodó los lentes y dudó por un instante.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Voy a ver si lo alcanzo-dijo, y salió corriendo. Pero cuando llegó a la esquina, el niño ya no estaba. Al regresar, le devolvió el dinero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Haceme el favor, decile al hermano que venga a buscar la plata-le pidió Álvaro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;    -Cómo no, don.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Media hora después, el hermano de Ignacio estaba en la puerta, golpeando con los nudillos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Permiso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Pasá.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -¿Está mi hermano?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;      -Pero si se fue a las cinco, y se olvidó la plata. Acá tenés.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;      -Todavía no llegó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;      -Uno de tus amigos lo vio salir. Preguntale a él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Sí, ya me dijo. Bueno, a lo mejor ya debe haber llegado mientras venía para acá. Gracias, don Álvaro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Álvaro se encogió de hombros y saludó como haciendo una venia. Mientras la puerta se cerraba, miró por las ventanas. El barrio seguía igual de tranquilo. La gente había despertado de la siesta y comenzaba los preparativos para la noche del sábado. Cerró la puerta con llave y bajó las persianas hasta la mitad. Siempre lo habían visto hacer lo mismo, porque siempre trabajaba hasta tarde los sábados. La luz del negocio alumbraba la esquina para los muchachos, y desde adentro él escuchaba los gritos o los murmullos, y las botellas vacías que rodaban por las baldosas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Apenas se distraía un momento de su tarea para tomar una taza de café que postergara un poco más su trabajo nocturno. Cualquiera que hubiese tenido la curiosidad de ver qué estaba haciendo, podría haberlo visto encorvado, cociendo, reparando resortes. Pero nadie se molestaría en espiar por debajo de las persianas. Álvaro trabajaba para ellos, tranquilo, en un autoimpuesto aislamiento que a ninguno molestaba. El silencio, la correcta cortesía de Álvaro, su eficaz labor, lo habían exceptuado de los comentarios o chismes habituales.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Eran las ocho cuando golpearon a la puerta. Los padres de Ignacio venían a preguntarle si había sabido algo del niño. Vio la cara del médico, avejentado, con ropas que habían sido elegantes pero ya eran viejas. Apenas debía ser un adolescente cuando el padre era dueño de la clínica. Tenía el mismo rostro del viejo cirujano, los mismos modales correctos. Ahora había, sin embargo, un signo de servil domesticidad en su expresión, como si la inminente ruina hubiese atenuado su orgullo y fuesen ellos los que necesitaban de él esta vez.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Perdón, don Álvaro, pero estamos preocupados por el nene. Tiene doce años nomás, y puede haberle pasado cualquier cosa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Sí, comprendo. Pero no sé más de los que le dije a su otro hijo. Lo vimos doblar la esquina…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Los padres miraron al hijo mayor, y éste se dio vuelta hacia la puerta, habituado ya a que le recriminaran haber descuidado a su hermano. Álvaro puso sus manos callosas en los hombros del chico.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Vos no tenés la culpa, a lo mejor se escapó por alguna causa, los chicos guardan secretos a esa edad, se sienten aislados aún de sus hermanos mayores.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;      -Espero que sea eso…-dijo la madre. Había estado llorando, se notaba en sus ojeras. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Álvaro les dio un apretón de manos y se mostró cordial, correcto y serio como siempre lo habían conocido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     La noche se vio interrumpida por reuniones de vecinos, a las que él no pudo dejar de asistir. Cuando todos se fueron dispersando, entró y volvió a bajar las persianas. Las luces grandes ya estaban apagadas, pero dejó encendidas las del fondo. Fue hasta donde guardaba las herramientas, y revisó las trinchetas, detenidamente, pensando. Eligió una. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Subió la escalera y sacó el colchón de encima del niño. Apoyó la trincheta sobre uno de los  hombros y la hundió hasta el hueso. La sangre fluyó, y era cálida. Manchaba el colchón, pero éste la absorbía con rapidez. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Siguió la misma línea del corte hasta la mano, como lo había aprendido en la sala de disección de la facultad, el corte que varias veces había practicado con los perros muertos en los terrenos del ferrocarril. Comenzó a separar la carne con una legra. Eran músculos suaves que se desprendían con facilidad. Apenas los tendones le ofrecieron alguna resistencia. Cortó los ligamentos, y los huesos salieron casi limpios y enteros del cuerpo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Hizo lo mismo con los otros miembros, lentamente, tomándose todas las horas que restaban de esa noche. En el tórax hundió el filo en el centro del esternón, y abrió las costillas con escoplo y martillo, como si se tratase del esqueleto de un colchón. Sacó los huesos, dejó las vísceras. Dio vuelta el cuerpo. Arrancó las vértebras. Abrió el cuero cabelludo y lo despegó del cráneo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Las piernas de Álvaro se hundieron en el colchón, que rebalsaba sangre hacia los de abajo. Se detuvo para descansar. Por las rendijas de las persianas entraba la primera luz del día. Se limpió las manos con un trapo y bajó para mirar por la ventana. El barrio estaba tranquilo, los coches de la avenida pasaban lerdos en la somnolienta mañana de domingo. Nadie, jamás, había llegado para molestarlo un domingo a esa hora.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Fue a buscar bolsas. Subió y metió en ellas los restos del cuerpo. Bajó las bolsas y las embadurnó con cola de pegar. Las llevó hasta el incinerador donde los sábados, cada quince días, quemaba los fragmentos de telas y esparadrapo inútiles. El olor se desprendió con el aroma habitual, el profundo olor del pegamento al que los vecinos estaban acostumbrados. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     En la tarde, ya había comenzado a cortar los colchones manchados para quemarlos. Una columna de humo salió durante casi todo el día por la ventilación que daba al baldío vecino a las vías. La gente del barrio no le prestó atención. Dos o tres veces golpearon a la puerta. Vio sombras detrás de las ventanas, se acercó a escuchar, oyó voces que luego se alejaron.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Se quedó pensando un rato mientras contemplaba los huesos esparcidos, y comenzó a romperlos con una gubia. Cuando fueron suficientemente pequeños, se dedicó a machacarlos con un martillo. Los huesos quedaron reducidos a partículas de aserrín. Las colocó en una bolsa, la cerró, y la escondió bajo muchas otras bolsas llenas de cuerpo pesado y crudo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Después encendió las luces grandes nuevamente. Echó una mirada al interior del local. Todo estaba limpio, y él muy cansado, pero se sentía protegido por esas mismas viejas paredes que habían albergado a sus padres.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Un policía pasó a recabar informes el lunes a la mañana. Entró al negocio mirando alrededor, incluso hacia los techos altos apenas iluminados por la luz temprana. Álvaro no dio señal de percatarse. Pensaba, tal vez, en el olor de los colchones quemados, pero el olor de los pensamientos no podía ser percibido por los otros. El policía cerró su libreta y salió, echando antes un rápido y último vistazo mientras cerraba la puerta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Esa misma tarde, Álvaro se dedicó a sacar puñados de huesos de la bolsa para colocarlos dentro de los colchones que tenía listos para entregar. Los mezcló entre el esparadrapo y la estructura de los resortes. Después mandó a uno de los chicos que jugaban en la vereda a avisar en la clínica que los colchones ya estaban listos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     El empleado vino a retirarlos a la mañana siguiente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Se retrasó más quo otras veces, viejo-le recriminó el hombre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Tiene razón, y le pido disculpas- contestó Álvaro.-Pero creo que esta vez va a quedar más conforme con los arreglos.-Y le sonrió.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     El otro, que nunca lo había oído hablar más de dos palabras, se calló la boca y comenzó a cargar los colchones. Regresó dos veces más en los siguientes días a recoger los que faltaban.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Una semana después, la bolsa había quedado vacía. Sólo un polvillo blanco permanecía en el fondo, y la quemó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Buscaron a Ignacio por las vías del tren, los baldíos y los hospitales. Una orden del juzgado ordenó revisar el local.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Perdone usted, don Álvaro, es orden del juez, ya sabe, como es el último lugar en que estuvo el chico-le dijo el comisario, que lo conocía desde que había entrado como cabo en esa seccional.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Él no contestó. Bajó la mirada a su labor sobre el mostrador y dejó hacer a los policías, que luego de media hora, y sin haber hallado nada, se retiraron dándole la mano. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Los padres del niño entraron un rato después. Se veían aún más demacrados y vencidos. La mujer se mantuvo silenciosa y con la mirada baja, estaba delgada y con la mirada extraviada por acción de los sedantes. El médico se acercó a Álvaro, extendiendo la mano con un leve temblor. Un mechón de pelo canoso y lacio, que no creía haber visto la vez anterior, le caía sobre la frente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Gracias por su condescendencia con la justicia, don Álvaro, le ruego nos perdone por haberlo molestado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     En lugar de soltarlo, retuvo la mano del colchonero y dejó caer en ella las monedas que habían sido el sueldo de Ignacio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     -Si no fuera por usted, que les da trabajo a nuestros chicos y los mantiene lejos de los vicios. Esto…-dijo señalando las monedas-…ya no va a necesitarlo mi nene.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     El hombre se secó unas lágrimas y se fue.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;     Álvaro suspiró profundo mientras lo miraba salir. Pero no iba a llorar, ni siquiera tuvo deseos de hacerlo. &lt;/span&gt;&lt;i style="font-size: 11pt; "&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; font-style: italic; font-size: small; "&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;                 &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;                                                &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; font-style: italic; font-size: small; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;                                                                     &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; font-style: italic; font-size: small; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;                                                                     &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; font-style: italic; font-size: small; "&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt; line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;                              &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;                                                                                    &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align: left; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 15px; line-height: 22px; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;     &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="left" style="text-align:left;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="center" style="text-align:center;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%;mso-ansi-language:ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="center" style="text-align:center;line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size:11.0pt;line-height:150%;mso-ansi-language:ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size: 11.0pt;line-height:150%;mso-ansi-language:ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5304770424717387911-4712600173686146194?l=lasmanosdeuriasheep.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasmanosdeuriasheep.blogspot.com/feeds/4712600173686146194/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5304770424717387911&amp;postID=4712600173686146194' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5304770424717387911/posts/default/4712600173686146194'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5304770424717387911/posts/default/4712600173686146194'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasmanosdeuriasheep.blogspot.com/2011/03/la-memoria-el-colchonero.html' title='La memoria / El colchonero'/><author><name>Ricardo G. Curci</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14228665846540133965</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5304770424717387911.post-3416284920341054415</id><published>2011-01-26T17:28:00.000-08:00</published><updated>2011-04-20T19:59:50.647-07:00</updated><title type='text'>Lecturas</title><content type='html'>&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;José Ingenieros: &lt;i&gt;Los tiempos nuevos&lt;/i&gt; (1920)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Este libro contiene conferencias y disertaciones escritas desde 1914 hasta 1920. El tema que las ha provocado es la Primera Guerra Mundial y sus consecuencias en en mapa político del mundo, pero sobre todo la aparición de la Revolución Rusa. Ingenieros demuestra en los dos primeros ensayos, especialmente en el que lleva por título &lt;i&gt;Ideales viejos e ideales nuevos, &lt;/i&gt;la mirada humana e inteligente a la que nos tiene acostumbrados, incluso es menos intransigente que lo habitual y se explaya en párrafos dignos de la mejor prosa poética, con un humanismo rayano en lo cuasi emocional. Los siguientes ensayos están dedicados a analizar la situación en Rusia con la nueva política aportada por la Revolución. El gran problema es el tratamiento que hace de este análisis. Lo que en otros libros suyos es una mirada crítica y científica del tema tratado, acá, lenta pero inexorablemente se convierte en una postura parcial, que no oculta su afinidad por el socialismo y los nuevos milagros ocurridos en Rusia a raíz de la revolución soviética. Son verdad las malas opiniones que predominaban en los medios de comunicación mundiales sobre lo que allí ocurría, en gran parte como propaganda anticomunista, pero Ingenieros se dedica a copiar fragmentos o artículos completos sobre informes supuestamente verdaderos sobre los cambios sociales ocurridos en Rusia. La cuestión no es si una versión es real y no la otra, o viceversa, sino que la esperada lucidez crítica de Ingenieros brilla por su ausencia. El lenguaje es diestro y eficaz, los artículos aparentan la seriedad y la meticulosidad de siempre, pero es notable la falta de profundidad crítica, de esa encomiable y rica duda que alimenta sus escritos sociológicos.  A todo esto, debemos sumar las evidentes incongruencias que el tiempo nos ha demostrado más tarde: los crímenes ocurridos en la Rusia soviética, la falta de libertades, la represión, los encarcelamientos, la corrupción, las crisis económicas. Luego y detrás de esos grandes logros sociales que deslumbraron al mundo, como lo hicieron con Ingenieros,todo se ha venido abajo, dejando lugar al triunfo final del capitalismo, el mismo al que deseaba contraponerse para equilibrar la falta de justicia social y económica que predominaba en el mundo. El socialismo soviético creó su propia muerte con la corrupción que nació desde su misma cuna. Todo lo bueno, todo lo grande, lleva en su interior la semilla de su muerte. Y esto es lo que, aparentemente, no vio o no quiso ver Ingenieros, como otros tantos millones de personas en su época, cegados por la luz de esperanza que la revolución hacía vislumbrar sin fin y sin límites de grandeza. De a poco, los cinco artículos dedicados a diferentes facetas de la política soviética: económica, educacional, política, moral, va tomando un cariz más parcial, descalificando al capitalismo con palabras que se alejan de la habitual justeza analítica de Ingenieros. Es verdad que no está haciendo ciencia, ni siquiera sociología, está dando opiniones, y como hombre dado a toda falta de hipocresía, no se calla la boca, sobre todo porque es una boca que dice cosas con inteligencia y lucidez. Repito, su postura es comprensible: es un hombre deslumbrado por la información que llegaba de Rusia, por las característica ideales del socialismo que estudió con laboriosidad, un hombre que también, luego del inicial deslumbramiento, ha pensado y reflexionado sobre la nueva esperanza que nace , y llegado a la conclusión de que esta esperanza tiene un fundamento firme y una real posibilidad de realización. Pero el tiempo dio lugar a muchas desilusiones, a cambios que nadie esperaba en esa época, y por eso estos ensayos han sufrido el paso del tiempo. No sólo han envejecido porque el tiempo ha desmentido sus asertos, sino por la falta de distanciamiento de su autor. Toda postura parcial sufre este revés, tarde o temprano, y es de suponer que Ingenieros lo sabía. Aún así, se arriesgó a escribir con la destreza de un hombre de ciencia pero con los ojos cegados de un hombre político. Nosotros nos preguntamos si era necesario lo que ahora leemos en sus páginas y nos parece de exagerado encomio, de exacerbado entusiasmo por la Revolución. Pero el autor estaba demasiado pegado a los acontecimientos, demasiado cerca para poder ver con claridad ni siquiera el filo del futuro. En lo que no se equivocó fue en ver en la Revolución rusa un cambio inevitable, necesario, algo que rompió los estragos que el mundo viejo arrastraba en su decadencia. Lo que vino después, bueno o malo, también envejeció más tarde por su propia ambición y corrupción. La historia es un círculo que se repite de diversos modos y en diversos lugares, mayor o menor, creando un espiral que da una sensación inequívoca de &lt;i&gt;deja vu. &lt;/i&gt;Tal vez esto sea lo único en lo que cualquier historiador no podrá equivocarse jamás.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Andrés Carreño: &lt;i&gt;Al costado de la ruta &lt;/i&gt;(2010)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;La primera novela publicada por Carreño entra a primera vista dentro de lo que se llama habitualmente literatura social. El protagonista es un niño cartonero, y a lo largo de la novela lo veremos enfrentando el ambiente sórdido, difícil, terrible de quienes sobreviven en un plano de pobreza y marginalidad en todo conglomerado urbano. La ciudad podría ser Buenos Aires, Rosario, o cualquier otra ciudad de latinoamérica, pero la realidad que expresa, más allá de los nombres, es una realidad que todos podemos ver cotidianamente. Pero aquí debemos ocuparnos de la eficacia y el resultado de esta novela, y podemos decir que cumple sus objetivos mucho más allá de lo que tal vez el autor quiso expresar. El escenario es la sordidez de una clase y un ambiente social, pero el tema es la condición humana, sea cual sea el ambiente del que se trate. Lo acertado del tratamiento de Carreño es no haberse quedado en el tema social, no haberse conformado con la superficie. El tratamiento, entonces, no es socio-político sino humanista. Pero no como mensaje moralizador sino simplemente como objetivo del punto de vista del autor, que ha puesto su mirada no en la cotidianidad ni en la sordidez ya mencionada, sino en los factores que movilizan las acciones de los hombres. No es gratuito que el protagonista sea un niño. Su mirada está siendo formada, está aprehendiendo lo que hay en el interior de cada hombre. Así, verá que en su amigo, en apariencia duro y tosco, hay una ternura conmovedora y una enorme capacidad de cariño; conocerá que la vida de una mujer, en este caso su hermana, toma caminos que no responden al ideal que nos hicimos de ella; que la muerte se ha depositado en su madre, degradándola lentamente; que la locura es un arma incontrolable; que él mismo es un engranaje más no sólo de un sistema social, sino que también está formado de la misma conflictiva sustancia que los otros hombres. Lo destacado de la novela es la poética del lenguaje, la mirada que surge de la poética encontrada en las cosas simples, en los objetos, en la situaciones cotidianas, pero también en lo importante: la belleza de lo terrible, de la muerte, del silencio, de la nada como resultado inexorable. El final es acertado, intenso. La conmoción se vuelve meditación, con un residuo de angustia no amarga sino aceptada, comprendida como inevitable, y por eso, también parte de la naturaleza humana. Lo sórdido, lo terrible, está en nosotros, nos dice la experiencia del protagonista. Seguimos un camino que no podemos cambiar. Lo cruento llega hasta un límite en la voz del narrador, su buen gusta sabe cuándo es el momento de no nombrar más, porque ya está implícito en las situaciones que ha visto y de las que también es irremediable causa, situaciones de locura, de muerte y de &lt;/span&gt;perdición.&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;José Saramago: &lt;i&gt;El evangelio según Jesucristo &lt;/i&gt;(1991)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;En principio, diremos que el lenguaje y el estilo es de Saramago. La fluidez narrativa y la riqueza descriptiva, las peculiares características estructurales y estéticas del autor en el uso de los signos de puntuación y los diálogos, el punto de vista que toma a los personajes como protagonistas de una obra de teatro narrada más que escenificada. Los que llama la atención es el tema: la vida de Jesucristo, ya que sabemos por propia confesión el ateísmo o por lo menos es escepticismo en materia religiosa por parte del autor. Casi la mitad de la novela está dedicada a la vida de los padres de Jesús y al Jesús niño y adolescente, y en esta primera parte se destaca algo en especial: la intención aparente de dar una versión más verídica y menos dogmática de la vida de Jesús, cuasi documental podríamos llegar a decir, que parece contradecir la habitual característica de Saramago de tomar temas contemporáneos y presentarlos como alegorías. Pero esta intención, como en todo buen escritor, es sólo un instrumento, casi un personaje más, un elemento más dentro de la estructura narrativa, para crear algo diferente. Porque no está recreando y dando una versión fidedigna basada en descubrimiento histórico-científicos recientes, sino una mezcla de ficción y realidad, de leyenda y tradición escrita. Saramago pretende, nos parece, demostrar la falacia de las verdades establecidas, la ambigüedad de la realidad histórica, y para ello se vale de la alegoría sutilmente mezclada con&lt;i&gt; &lt;/i&gt;producto de ficción y crónica, de narración y escrito religioso. En esta primera mitad, lo sobrenatural se presenta de manera tímida, insegura, establecida pero de una manera ambigua. Todo puede ser resultado de la imaginación de los personajes. La presencia de ángeles y demonios puede adjudicarse a fantasías nocturnas, juego de sombras y obsesiones religiosas de los protagonistas. Pero luego, en la segunda mitad, el autor ya afirma su juego y el lector comprende y debe aceptar las reglas de esta peculiar verosimilitud si quiere seguir leyendo la novela. Lo sobrenatural se alimenta con lo psicológico, y ni uno ni otro se niegan o contradicen. La realidad histórica forma el basamento, o más fin el primer piso, ya que el verdadero fundamento de todo texto literario es la invención narrativa, luego viene la fantasía a otorgar un plano de contrastes que enriquecen no sólo el aroma apergaminado de toda novela histórica, sino para iluminar la figura de los personajes. José, por ejemplo, con sus terrible sensación de culpabilidad; María, con su trivialidad y su simpleza, su casi estrecha y rudimentaria inteligencia; María Magdalena, con su percepción y su agudeza sensitiva; el mismo Jesús, con su rebeldía adolescente  extendida ya bien entrada la adultez. Por lo tanto, los méritos de esta obra son múltiples: el lenguaje, el estilo, la estructura argumental, el punto de vista, las variaciones y licencias históricas, la riqueza individual de cada personaje, al que se lo ha sacado de sus habituales trajes de teatro convencional y se lo ha sumergido en un ácido corrosivo que hace resaltar su interior: falencias y virtudes. Judas como un hombre común y corriente al cual Dios le ha otorgado un papel que debe cumplir, y al que Jesús está a punto de resucitar porque sabe que él también es otra víctima de Dios, otro actor mal pagado del reparto de un director que intenta llegar a una mayor cantidad de público, porque ésa es la verdad revelada: la necesidad que tiene Dios de más poder. El Diablo como un personaje mendigo que recoge los desperdicios del plan de Dios, y que sabe que  mientras más gane Dios, más ganará él. Lázaro, no resucitado, porque sería de un Dios impiadoso condenarlo a morir por segunda vez. El Dios que nos presenta Saramago es un dios cruel, que no duda en condenar no sólo a su propio hijo, sino en condenar al mundo y todo su futuro a una serio interminable de crueldades y crímenes, siempre en Su nombre. Pero este mismo Dios parece no un demonio sino un simple viejo rico y aburrido, alguien que no puede controlar sus propias necesidades o errores. Lo que desea por un instante lo hace y se cumple, porque es Dios y ni él mismo puede ir en contra suya. Todo está escrito, incluso la vida de Dios, y esto es una mezcla de la tradición judaica y una actitud escéptica e irreverente. El bien absoluto es incongruente con la vida, el mal es parte necesaria de la vida misma. Dios se equivoca y su propio hijo pide a los hombres que lo perdonen. Esta novela es, entonces, una versión irreverente, una versión realista, una versión ficticia de los evangelios, pero sin duda es una novela sumamente lograda, intensa y conmovedora versión de la condición humana y su relación con las divinidades que decide inventar y adorar, hablando simultáneamente de la relación padre-hijo, de la culpa y el remordimiento, del amor verdadero contra las convenciones establecidas, de la hipocresía. El Jesús que nos presenta el autor es un hombre confundido por la doble naturaleza de su origen, resentido tanto con su padre terrenal como con el divino, hastiado de su propio poder y a su vez limitado en su uso por la autoridad paterna, habitante de dos mundos, no es parte en realidad de ninguno y sí instrumento de ambos. Pero lo que resalta del tratamiento del personaje no es tanto su encarnación o su vivacidad como actor del drama, por que el estilo de Saramago explota las capacidades del símbolo más que de la realidad concreta. Sus personajes toman fuerza y se concretan por la destreza de su lenguaje, que es aquí particularmente rico y acertado, desbordado cuando debe serlo, apasionado cuando habla de Dios y sus hipocresías, emocional cuando describe la simpleza de la vida cotidiana, intenso y místico, hasta humorístico tiñendo con rasgos de absurdo ciertas situaciones, como cuando nos habla de la supuesta virginidad de María, o el sexo de los pastores con sus ovejas. Momentos irreverentes de cotidiana humanidad dentro de una novela que pretende convertir un dogma en una simple y conmovedora historia transformada por múltiples voces a lo largo del tiempo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;José Saramago: &lt;/span&gt;&lt;i&gt;La balsa de piedra&lt;/i&gt; (1986)&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;Saramago se caracteriza por su peculiar forma narrativa. Dos elementos principales y recurrentes forman parte de sus estructura, de su lenguaje: el tono de fábula de alegoría, predominando uno u otro según la novela, que nunca descarta el realismo en los temas tratados, pero éste siempre filtrado por la ironía y la crítica, el humor negro pero de vertiente castiza, más hermético a veces, más amargo y menos sutil que el humor anglosajón; y el lenguaje, que a tono con este estilo, recurre al método indirecto de relatar los diálogos, alterando los habituales signos de puntuación y los guiones. De este modo, el autor logra un equilibrio sano entre lo íntimo de los personajes y el drama colectivo. Porque aquí, como en muchas otras novelas, por ejemplo &lt;i&gt;Ensayo sobre la ceguera&lt;/i&gt;, una tragedia colectiva es la protagonista principal, pero los personajes pasan a primer plano para interpretarla, y el lector entonces se involucra con ellos al compartir sus problemas. En &lt;i&gt;La balsa de piedra&lt;/i&gt;, la península ibérica se desprende de Europa y va a la deriva, aunque con un trayecto caprichoso, pro el océano Atlántico. Lo absurdo del tema se vuelve verosímil por las forma de alternar las explicaciones seudo-científicas con el drama personal. Pero no es ciencia ficción, sino una literatura que podría llamarse social, y por ello realista, entre comillas. Las teorías que se suceden y los cambios sociales, por más que tengan el color de los serio, caen por su propia inverosimilitud, pero no por ser no creíbles, sino por nacer de la misma absurdidad del hombre, tan pequeño e ignorante ante los misterios del mundo. La tierra se mueve, el hombre muere, y nadie es capaz de dar una explicación exacta. Las conexiones con el realismo mágico con evidentes, pero aquí lo fantástico no es tomado como parte de la realidad sino mucho después de haber sucedido y haber sido aceptado por los protagonistas. Ellos se adaptan al drama e intentan sobrevivir, a veces esquivándolo, nunca solucionándolo. Por lo tanto, todo esto es una alegoría sobre la condición humana en general: la tragedia, la incomunicación, la imposibilidad de cualquier tipo, la idea de la divinidad como una entidad ficticia, caprichosa, más incapaz que el  mismo hombre. Aquí Dios es permanentemente mencionado como un ser que desconoce a las criaturas y al mundo que ha creado. La crítica, entonces, es evidente, tanto político, social como religiosa. Saramago combate los tabúes y los prejuicios de una manera literaria, es decir, como hacían los juglares y los viejos contadores de cuentos: con fábulas o parábolas. Otro recurso que colabora a esta estructura que conforma un mundo tan peculiar, tanto narrativo desde el punto de vista técnico como de ficción, es la peculiaridad de incorporar los diálogos dentro del tono indirecto. Es en apariencia un tono indirecto, pero directo estrictamente hablando, lo que hace que los personajes tomen una personalidad, pero sin abandonar la voz y la mente de quien los ha creado. La visión de Saramago es pesimista pero el tono esperanzador, como si no encontrara soluciones pero sí métodos de pasar la vida. Hay un fragmento que encierra una filosofía en particular, sin tener que recurrir a la sinsabor polémica sobre la existencia o no de Dios.  Cito: "...cuando coincidencias es lo que más se encuentra y se prepara en este mundo, si no son las coincidencias la propia lógica del mundo". El conjunto de personajes elegido como protagonista es típico de la leyenda o alegoría. La parejas, el hombre solo y el perro, éste como animal mensajero entre la tierra, el cielo y el infierno. Las relaciones entre Saramago autor y sus personajes, suple el lugar de la divinidad cuestionada, por eso nos dice en un momento que: "...la importancia de los asuntos es variable, depende del punto de vista, del humor del momento, de la simpatía personal, la objetividad del narrador es una invención moderna, basta ver que ni Dios Nuestro Señor la quiso en su libro". Esta definición filosa y crítica, define toda una postura en muy pocas palabras. Una filosofía de vida, una filosofía literaria. Ambas cosas son, muy probablemente, yo diría que con seguridad, lo distinto y lo mismo a la vez. La forma en que Saramago se encarga de hablar del amor, de la muerte, de la vejez, de las debilidades humanas no hace más que mostrarnos la piedad escondida tras una pluma irónica y en apariencia elegantemente cruda. Comprende y se apiada del hombre, pero no lo justifica así como no justifica la negligencia de Dios para con sus propios hijos. La alegoría del autor es poner a sus criaturas en una situación trágica, como siempre es el mundo y la condición misma del hombre en la tierra, -nace para morir-, y mostrarnos cómo se desenvuelve con su inteligencia y sus sentimientos. A veces la inteligencia prevalece, casi siempre, y los sentimientos fracasan pero triunfan el arrepentimiento y la amargura. Al final, la esperanza aparece con timidez, pero dispuesta ya en las últimas páginas a ser más que una palabra. &lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;León Felipe: &lt;i&gt;Antología rota &lt;/i&gt;(1947)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt; La antología contiene textos seleccionados por el mismo autor de libros de poemas publicados entre 1920 y 1927. Son , entonces, 27 años de producción poética y  diez libros. El conjunto,me parece, es suficiente para tener una idea bastante aproximada del autor y su estilo. Los dos primeros libros nos muestran a un poeta austero, sensible, preocupado por la musicalidad en versos breves, sencillo y contundentes a  la vez. Ambos llevan el mismo título, &lt;i&gt;Versos y oraciones de caminante, &lt;/i&gt;tienen un estilo, lo cual da gran medida de sus méritos, con Juan Ramón Jiménez. El primero, de 1920, publicado en Madrid, tiene como temática principal al propio autor, su relación con la poesía y con el mundo. Constantemente habla de la soledad del hombre, la fugacidad, y la utilización de la imagen del viento como instrumento devorador del hombre y su vida, a la manera del tiempo y su paso, es ya evidente.Los versos no son solamente correctos, sino que por su misma sencillez conmueven de una manera directa, con imágenes claras y ajustadas a un sabio equilibrio entre la pretensión literaria y la evidente intención popular. El segundo libro, de 1929, escrito en Nueva York, muestra una calidad pareja, aunque no un avance. La temática acá es Dios y la divinidad, la relación de Dios con el hombre, su crueldad y frialdad, su aparente indiferencia hacia la criatura que ha creado a su imagen. Luego, el resto de los libros antologados, están invadidos por referencias políticas: Franco y la guerra. Todos giran alrededor de lo mismo, y aunque se aparte del tema, el lenguaje se ha viciado de modismos y retórica vana y tendenciosa. Exceptuando tres poemas del libro &lt;i&gt;El poeta maldito&lt;/i&gt;, de 1944, en especial &lt;i&gt;El emperador de los lagartos&lt;/i&gt;, donde a pesar del evidente simbolismo poco sutil encontramos a un enorme poeta, el resto sobresale por su medianía y el evidente extravío en los caminos de la retórica y la utilización de la poesía como medio de expresión ideológica. Ya se ha hablado mucho sobre esto, la poesía no es un instrumento de verdad, y la intención moral nunca es suficiente para crear un poema. Poe, en su ensayo sobre Longfellow, lo deja bien claro. Y podríamos citar muchos otros ejemplos, el más cercano es el de Rafael Alberti, otro español aquejado del mismo mal, a nuestro entender. El problema no es cuestionar posiciones ni talento literario, mucho menos juzgar épocas o posicionarse de tal o cual lado, sino dejar en claro algo que es evidente para cualquier buen lector, y obviamente para cualquier escritor comprometido con el lenguaje en primer lugar: la política nunca es buen tema para la poesía. Hay excepciones, hasta cierto punto válidas, como la de Vallejo, u otros autores donde la política está sutilmente enmascarada por un lenguaje riguroso, de alta calidad poética, y donde el tema es sólo un medio para escarbar en sitios más profundos, como el de la naturaleza y la condición humana en general.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;José Ingenieros: &lt;i&gt;La universidad del porvenir &lt;/i&gt;(1914-1924)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Aquí se reúne una serie de ensayos de diversa temática, que nos permite conocer a Ingenieros más allá de su postura como sociólogo. En &lt;i&gt;La Universidad del porvenir&lt;/i&gt; nos habla en su faceta de pedagogo y educador, sobre su preocupación sobre la Universidad de su época y el crecimiento y desarrollo de los objetivos de la Universidad del estado. Plantea una teoría, que la Facultad de Filosofía sea un organismo que coordine las ideas generales que exceden los límites de las otra facultades. El objetivo es dar una visión humanista y general a la educación universitaria sea en la disciplina que sea. Sus conclusiones son lúcidas, concretas y progresistas. &lt;i&gt;Historia de una biblioteca&lt;/i&gt; es casi una anécdota sobre las dificultades económicas y políticas para publicar una serie de obras de cultura y filosofía, dándonos a los lectores actuales indicios concretos de que los proyectos culturales nunca has sido prioridad en los planes de ningún gobierno. Luego de invertir de su propio bolsillo para concretar el proyecto, nos dice: "He resuelto perder como editor lo que he ganado en diez años de ejercer la medicina. Por las dudas, no dejo de ejercerla.". En &lt;i&gt;Le Dantec, biólogo y filósofo&lt;/i&gt;, nos hace un recuento y comentario sobre las obras y la importancia de este pensador en la evolución de la historia de las ciencias biológicas. El estudio es pormenorizado y demuestra su admiración, sin caer en falsos halagos. A su vez, le sirve para dejar en claro su propio principio sobre el estudio científico: "...o se busca la verdad y se aceptan sus legítimas consecuencias, o se rechaza de plano toda verdad que pueda implicar consecuencias repudiadas de antemano". Esto lo dice en referencia a la dificultades que tuvo Le Dantec para conciliar sus hipótesis con las ideas religiosas en boga. El genio de un investigador no se basa siempre en sus descubrimientos, sino en el coraje para darlos a conocer. El artículo sobre Kant es breve pero concreto y certero sobre sus virtudes y falencias, y le sirve para plantear cuestiones tan eternas como las que obligaron a Poe a escribir &lt;i&gt;Eureka&lt;/i&gt;: las relaciones y los límites entre filosofía y metafísica. Los ensayos sobre Croce y Gentile ponen en evidencia la virtud de polemista y amante de la verdad de Ingenieros. Critica a ambos por haber hecho concesiones en sus posturas filosóficas, en concreto sobre las características de la escuela llamada idealista, atea, hacia el estado italiano, concretamente al positivismo laico que predominaba en la época previa y simultánea a Mussolini. Este fragmento tal vez sea lo más importante de estos artículos reunidos. &lt;i&gt;Las ciencias nuevas y las leyes viejas&lt;/i&gt; nos habla sobre la incompatibilidad práctica de aplicar los nuevos descubrimientos, en especial las investigaciones sobre la responsabilidad criminal y los estados psicológicos durante los delitos y crímenes, al sistema jurídico y penal imperante en esa época. El resultado de hacerlo, es lo que fácilmente se vio en ese momento y puede verse en la actualidad con frecuencia y cifras alarmantes: la absolución o liberación de criminales peligrosos bajo el título de la &lt;i&gt;no responsabilidad.&lt;/i&gt; El último ensayo es un homenaje a su maestro José Ramos Mejía, fluctuando en sano equilibrio entre la admiración, el cariño y el análisis justo y crítico, a través del cual nos acerca el perfil humano y profesional de su maestro. En suma, aquí nos encontramos con un Ingenieros menos rígido, si así podemos expresarnos, en relación a sus otros estudios que hablan de sociología y crítica científica. Nos encontramos con un intelectual preocupado por los problemas concretos de la sociedad: educación y leyes, con un científico interesado en los orígenes y evolución de las ciencias y los pensamientos, con un profesional capaz de sentir entrañable afecto por un amaestro y un amigo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Edgar Allan Poe: &lt;i&gt;Ensayos y críticas - Eureka -Cartas de un poeta&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;Poe como crítico es casi tan grande como el Poe contador de historias. Digo &lt;i&gt;casi &lt;/i&gt; porque su genialidad como narrador está por encima de cualquiera otra de sus cualidades como literato, por más que éstas sean excelentes. Dejando esto en claro, pasemos a comentar los ensayos y críticas reunidas. Comenzamos con el ensayo donde Poe analiza la construcción de su poema &lt;i&gt;El cuervo. &lt;/i&gt;Se ha dicho de este ensayo que es demasiado frío y esquemático, y que si la construcción del poema hubiese sido así paso a paso, no tendría la calidad que realmente tiene. Es decir, Poe parece haber dejado de lado las motivaciones intuitivas, profundas del tema y su forma. Se limita a una esquemática explicación lógica de por qué eligió tal tema y las formas para plasmarlo, lo que equivale a enumerar los ingredientes y el proceso. El análisis es absolutamente válido y muy interesante. Nos demuestra a un Poe desconocido para los que sólo están habituados a sus cuentos de horror. Poe era un estudioso y un enorme lector, un gran crítico y un pensador importantísimo de la literatura. Tal vez sea eso lo que sorprende al principio, ver que el autor de tantos horrores era más que un simple contador de historias. Su inmediatez como narrador lo había hecho uno de nosotros, nos habíamos identificado con él, a pesar de la lejanía espacial y temporal de sus historias. Verlo ahora como crítico de su propia obra y de la literatura de su siglo, nos resulta sorpresivo pero gratificante al fin. ¿Por qué? Porque nos habla de la complejidad que debe tener un texto, la corriente subterránea de sentido.  Porque nos habla de la unidad que debe tener toda obra literaria. Porque nos dice que la perseverancia es una cosa y otra muy distinta el genio. Nos habla de la poesía no como transmisora de la verdad, sino de la belleza. Funda y fundamenta, entonces, toda una posición que se continúa discutiendo, sobre la función del arte en general y sobre la poesía en particular. Otro hallazgo es cuando habla de la crítica literaria: nos dice que la excelencia de un texto no es tal cuando se necesita mencionarla. "&lt;i&gt;Vale decir que al destacar con demasiado detalle los méritos de una obra de arte, se está admitiendo que no hay tales méritos"&lt;/i&gt;. Los ensayos siguientes estudian a Longfellow y Hawthorne. En cuanto al primero, a quien critica con dureza pero con justas fundamentaciones, se preocupa por dejar en claro que la intención moral no sirve como efecto poético, o que la falta de una idea conductora es fatal para un texto literario. Sobre Hawthorne, destaca su originalidad por encima de su genialidad como narrador. Ambos son colegas contemporáneos, y nos demuestra la sinceridad y la total falta de hipocresía en su pensamiento sobre la literatura de su época. Otro punto interesante sobre la crítica: &lt;i&gt;al señalar los defectos, no hacemos más que destacar sus méritos&lt;/i&gt;.  Luego viene un comentario sobre un libro de viajes de un tal Stephens a Arabia, lo que sirve para demostrar el conocimiento criptográfico y geográfico-histórico de Poe. El comentario sobre el autómata jugador de ajedrez que era mostrado en diversos países del mundo, es una interesante muestra de su capacidad deductiva, la cual aplicaría en sus cuentos policiales. Finalmente, en &lt;i&gt;Marginalia &lt;/i&gt;Poe reúne una serie de comentarios diversos sobre literatura en general. Aquí, más que nunca, y a pesar de la diversidad misma, nos encontramos con un escritor de gran lucidez, de capacidad netamente práctica en la plasmación de sus intenciones expresivas. Podríamos enumerar cada uno de los comentarios certeros sobre el lenguaje poético, sobre filosofía, matemáticas y ciencia, pero todo esto se resume en la declaración de principios que el autor establece desde la introducción: "&lt;i&gt;Decidí, por fin, confiar en la inteligencia y la sensibilidad del lector como regla general"&lt;/i&gt;. Este comentario pone en evidencia que jamás subestimó la inteligencia del lector, que sus textos estaban dirigidos a lectores interesados e inteligentes, y que el blanco de sus críticas estaba generalmente en el criterio arbitrario de los editores, la hipocresía interesada de muchos escritores y la mediocridad intelectual de la clase media alta de su país.&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;i&gt;Eureka &lt;/i&gt;nos pone frente a un escritor que se dispone a pensar sobre el universo material y metafísico. No es un ensayo estrictamente científico, ni puramente filosófico, sino una confluencia entre ambas disciplinas. Más bien es un estudio desarrollado a partir de las meditaciones y las hipótesis de un escritor pensador. Poe parte de teorías científicas ya establecidas hasta su época, por ejemplo la que habla de la disposición y formación del sistema solar, y a partir de ella establece conjeturas que intentan demostrar con su particular lógica y razonamiento una serie de eventos que podrían haber ocurrido. El resultado es un proceso complejo pero cuidadosamente razonado, aunque arbitrario. Poe no se basa en comprobaciones científicas estrictas, sino en la lógica de su pensamiento, y esto es más que suficiente para él, y podríamos decir que también para nosotros, sus lectores del siglo XXI. Porque sabemos que lo que estamos leyendo es una género que, como el policial, él también ha fundado, prácticamente. Los pensadores de los siglos XVI a XIX, si no eran científicos o filósofos de profesión, tenían la envidiable virtud de observar el mundo con una mirada re-creadora. En general, gracias a esta intuición, acertaban con la verdad, más tarde corroborada, propia de un escritor, que suele ver más allá de las apariencias, e imaginar, más que razonar, lo que se halla por debajo de la superficie de los hechos y las cosas. &lt;i&gt;Eureka&lt;/i&gt; es una larga y complejamente ardua tarea de explicar el origen del universo y la sustancia que lo forma.  Poe mismo establece desde el principio la mirada en que se basan sus palabras:&lt;i&gt;"Intuición. Se trata solo de la convicción que surge de esas deducciones o inducciones cuyos procesos son tan oscuros que escapan a nuestra conciencia"&lt;/i&gt;. El autor se esfuerza por dejar asentadas teorías científicas que justifiquen, y sobre las cuales se basan sus pensamientos. La unidad del todo es la base del universo, éste se disgrega en partículas, formando los diversos mundos del universo. Pero la fuerza misma que los ha dispersado tiende a reunirlos más tarde o más temprano hacia la absoluta unidad. ¿Y cuál es esta unidad? La nada, o Dios. La conclusión es positivista, nos habla de un Dios razonado, de un Dios fundamentado en un proceso que nace en la observación y se crea a partir del razonamiento a que ésta da lugar. Cómo muchos de estos estudios, por ejemplo los de Maeterlinck, están condenados a sufrir el peso de la verdad científica corroborada por el avance de la técnica, pero lo que el busca el lector interesado no es verdades irrefutables, sino la belleza que nace de su imaginación, por más que ésta se base y pretenda jusitifcarse a sí misma con teorías científicas. El resultado es un poema en prosa, como Poe mismo lo declara desde el inicio de su estudio. La belleza intrínseca de su teoría nace del talento de su pluma, y éste es el principal objetivo. Si coincide más tarde con la verdad, es un privilegio y un bienvenido regalo.&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;Las cartas de Poe están reunidas en un orden adecuado para evaluar su evolución como ser humano y como escritor. Las primeras nos muestran a un joven confundido, arrogante, conflictuado en su relación con su padre adoptivo y su transitorio paso por el Liceo militar. Luego, vamos conociendo a un Poe que comienza sus adicción por el alcohol y los problemas que esta le genera. Pero el tono de las cartas de un hombre que intenta ser sincero consigo mismo, aunque no siempre lo logre. Es como leer una novela en género epistolario. Conocemos los sinsabores de su vida doméstica y sus estrecheces económicas. Lo vemos avanzando en su progreso como escritor, la publicación de sus obras en revistas, principal medio de vida. Somos testigos de su amor por su prima, su casamiento y la pronta muerte de ella. Poe, luego, tuvo un par de romances infructuosos, entre ellos un plan de boda no concretada y un amor platónico con una mujer casada. Lo que conocemos a través de estas cartas es la vida de un ser humano común y corriente, tan inmediata y lúcida es su mirada, que es como si estuviésemos leyendo las cartas de un familiar nuestro que ha vivido hace un siglo. No encontraremos indicios del escritor de horrores más que en la técnica y la calidad del lenguaje. Los conflictos internos y psicológicos están apenas insinuados, pero se los percibe con claridad. En base a lo que los biógrafos han hablado de él, conjeturamos y nos explicamos muchas de sus palabras y opiniones, de sus acciones y ciertas arrogancias o silencios. Pero no estamos escuchando o leyendo a un enfermo, sino a un entrañable amigo cuyas falencias y defectos conocemos de antemano al disponernos y sentarnos a su lado. No es lástima, sino cariño y admiración. Poe ha sabido conmovernos con las breves, escatimadas o distorsionadas referencias de su vida, se ha acercado a nosotros de una manera más íntima y menos compleja que con sus cuentos o poemas. Ha intentado mostrarse tal como es, o cree ser. Un lector sensible sabrá leer entre líneas.&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Konrad Lorenz: &lt;i&gt;Cuando el hombre encontró al perro&lt;/i&gt; (1950)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Este libro de ensayos no puede calificarse dentro de las obras de rigurosidad científica. Si en algún género puede ser incluido es en el de divulgación. Aún así, esta clasificación es demasiado contemporánea para ajustarla a una obra escrita por un premio Nobel pero cuyo tratamiento es de una amenidad que no descarta lo sincero y riguroso en sus principios. Lorenz nos habla de su experiencia con los perros, a los que ha criado y con los que ha convivido a lo largo de toda su vida. Su experiencia es, por lo tanto, sincera y respetable. El libro comienza con un intento aproximativo de cómo pudieron haber sido las primeras relaciones entre el hombre primitivo y el perro salvaje, y desde este primer capítulo deja asentado dos cosas: que toda teoría es relativa, y que su intención como autor es escribir un texto ameno y de fácil lectura. El lenguaje juega con lo familiar y lo coloquial, acerca ciertos parámetros científicos de una manera en que el lector no se da cuenta de que le están enseñando algo. Lorenz opina según su experiencia, y no impone conceptos, simplemente los cuenta como anécdotas de un vecino o familiar a quien respetamos. Ese es el principal y más destacado factor en la confección de este libro, su virtud y también su mayor falla. Todo depende de qué busque el lector. Si buscamos experiencia de campo a la manera de Levi-Strauss, no lo encontraremos. Si buscamos una serie de anécdotas graciosas sobre mascotas, tampoco. El ensayo que tratamos está en un difícil punto intermedio: es informativo y ameno, escrito con gran destreza y experiencia literaria, con leves toques de emocionalidad y un interesante acercamiento filosófico, donde se esbozan algunas ideas que no por trilladas dejan de ser importantes para recordar. Es así que cada capítulo está dedicado a ciertos aspectos de los perros o de la conducta humana hacia ellos. La observación es el principal instrumento de que se vale el autor para hacer sus anotaciones y dar su opinión. Como toda observación, puede estar influenciada por la experiencia personal, pero esto no amedrenta a Lorenz. Él sabe que su opinión es tan arbitraria y tan valiosa como la de cualquier otro, pero está seguro de lo que dice. Hay, sin embargo, una ausencia total de jactancia en la exposición de su conocimiento o experiencia, el tono del total del libro es de una amenidad que demuestra concreta y casi táctilmente el amor y la pasión que le provocan los perros. No es una voz frágil ni tampoco está dominada por frases hechas o emociones fáciles. Lo emocional está al final del camino, en ciertos rasgos que nacen de la anécdota y no de  la pluma del autor.  Ese es un gran mérito, me parece. El texto se va adentrando de a poco en las relaciones entre los humanos y los perros, su trascendencia a la largo de los siglos. Conociendo al perro, se conocen a los hombres, parece decirnos. Y ellos, los animales, están involucrados en nuestra cultura no solamente como mascotas irracionales, sino como seres vivos que tienen su inteligencia altamente desarrollada, lo mismo que su capacidad emocional. Por lo tanto, el resultado no es moralizador sino ameno, donde podemos pensar sobre la condición del hombre dentro de la naturaleza a través de su relación con el perro. Es más, se atreve con disquisiciones filosóficas sobre la naturaleza del hombre y su condición como integrante de las especies animales. El hombre es superior no por su capacidad de haber desarrollado un lenguaje, sino por la capacidad meritoria de su lógica. Nos hemos apartado de la naturaleza y hemos perdido lo que los perros aún conservan, por ejemplo, la fidelidad incondicional. Hombres y perros tienen características comunes, y la simbiosis entre ambos es asombrosa. Vemos perros malhumorados, perros maternales, perros nerviosos. Lorenz observa y afirma en consecuencia, pero no sentencia, y eso sucede gracias a su destreza literaria. En sus manos los perros son personajes de características determinadas, mostrándolos en sus conductas y sin necesidad de explicaciones. El autor es un cronista que tenuemente se va transformando en un personaje más: el dueño de esos perros que han ido creciendo en personalidad a lo largo de los capítulos. Como si luego de cederles el protagonismo que merecen, él salga a escena como un director de teatro que sale a saludar, a interactuar con sus actores, a demostrar al público los lazos que los unen. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;José Ingenieros: &lt;i&gt;Sociología argentina&lt;/i&gt; (1918)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Este libro de Ingenieros es un conjunto de ensayos de diferentes orígenes y calibres, todos ellos relacionados con el estudio de la sociología. Reúne textos de fines del 1800 hasta 1914 y 1915. A pesar del largo lapso entre ellos, vemos que la postura y la lucidez de Ingenieros se ha mantenido firme, incluso se ha afirmado, madurando desde una postura aprehendida en sus años de estudiante hacia un pensamiento más abarcador y adaptado a la situación de su país. Es la suya, una postura meditada, asentada en múltiples lecturas, tanto científicas como humanistas. Como ya lo hemos dicho en ocasión de otra reseña, el defiende la escuela darwinista aplicada a diversas disciplina, entre ellas la sociología. Ya en la primera parte, donde hace un raconto de la historia de la sociología en Argentina, se encarga de hablar y definir su objeto e instrumento de estudio como de sociología biológica. Para él, la cuestión esencial del desarrollo de los pueblos es la economía, y ésta es consecuencia directa del clima y de los recursos naturales. Es así que en otra parte del libro, dedicada a hacer un estudio de los pioneros de esta disciplina en Argentina, desarrolla sucintamente la teoría que habla de las diferencias entre la colonización española en sudamérica y la inglesa en norteamérica. Ellas son consecuencia no sólo del fundamento moral de ambas culturas en el momento de la conquista, sino del clima y los recursos que beneficiaron o perjudicaron su asentamiento en América. Los españoles, en decadencia, no se adaptaron al clima de sudamérica, y se mezclaron con los indios, creando una raza mestiza más adaptable pero de menor desarrollo intelectual. Los ingleses encontraron un clima más templado, lograron sobrevivir por sí mismos y no se mezclaron con lo habitantes autóctonos. De allí que la cultura europea, lo que Ingenieros llama superior, desarrolló una civilización más inteligente, más organizada y estable en el norte. De allí, el desarrollo de la democracia norteamericana como ejemplo para el resto de América. Puede estarse o no de acuerdo con esta teoría, puede calificársela de racista a simple vista, discriminatoria incluso, pero la postura es exclusivamente racional y científica, basada en los hechos y el contacto con los indígenas directamente, un privilegio del que nosotros carecemos. No es la suya una necesidad de aplicar una teoría a todo aspecto del mundo, sino la enorme plasticidad de ciertos hechos a adaptarse tan plácidamente a ciertas teorías. La teoría evolucionista fue tan fuerte en su momento, que no hizo más que dividir al mundo en dos bandos irreconciliables. Los que la aceptaron, hallaron en ella una explicación satisfactoria a casi todos los aspectos del mundo: la naturaleza humana y su conflictiva relación con el medio hallaban salidas y modos de reconciliación basadas en un fundamento común: la lucha por la supervivencia. Esta postura es sin duda arbitraria, cruel en muchos sentidos, impiadosamente lógica pero racional en grado sumo, tanto que merece ser la máxima idea del pensamiento humano. Ella explica el origen del hombre, y de este modo satisface casi por completo la mayor incógnita del ser humano. Pero nos estamos yendo por las ramas. Volviendo al libro de Ingenieros, otro aspecto a destacar es su posición con respecto a la literatura de ficción. En algunos párrafos nos encontramos que critica algunos libros, por ejemplo de Echeverría, por condescender a recursos literarios cercanos a la ficción cuando habla de sociología. Critica el aspecto pseudoliterario del tratamiento, pero no es una crítica a la literatura en sí. Su malestar viene del no suficiente desarrollo científico del tema. Este aspecto es importante de resaltar, porque el mismo Ingenieros ha desarrollado ensayos donde cierta poesía de la moral se adapta perfectamente a un lenguaje literario mayor, hasta poético en ciertos fragmentos, por ejemplo en &lt;i&gt;El hombre mediocre&lt;/i&gt;. La segunda parte del libro está dedicada a la crítica de cinco libros sobre sociología argentina de Ramos Mejía, Juan A. García, Bunge, Ayarragaray, etc. Aquí encontramos  tramos admirables por la simpleza rotunda de su lógica: "Los sentimientos y las voluntades de los hombres sólo hacen la historia en apariencia: en realidad ellos son moldeados y transformados por la acción del medio". Frases como ésta determinan la polémica desde el principio, pero no dejan por ello de ser terriblemente lógicas y reveladoras. Por eso la teoría evolucionista influyó de tal manera a Ingenieros. Él, como muchos otros, encontró una belleza poética en una idea científica. Tanto en las teorías de Newton, de Einstein o de Kant, nos preguntamos si las ideas que hacen avanzar al intelecto humano no provienen del mismo logar que las ficciones literarias o del arte en general, es decir, de la pura imaginación. No habrá, entonces lugar para la diferenciación entre la imaginación científica y literaria más que su objeto de estudio: la realidad o la ficción. No habrá lucha, porque ambos son instrumentos del hombre. Sus comentarios a estos libros son de una inmensa lucidez y una gran capacidad crítica. Para Ingenieros, estos libros, con sus falencias y sus logros, se han propuesto como meta la crítica científica, y es a ésta la que él rinde su intelecto. Sus opiniones se entremezclan con las de los autores criticados, haciendo una especie de ping-pong discursivo que hace crecer al libro criticado y acrecienta la destreza del crítico. El primer párrafo que trata sobre el libro de Ayarragaray y su estudio sobre la anarquía y el caudillismo, deja asentado su postura: "Cuando la crítica es simple glosa, rumiación pausada o comentario ágil del trabajo cerebral de los demás, sin que la propias vertientes contribuyan a la ampliación del cauce, sólo ocupa un bajo peldaño en la escala de la intelectualidad". Un punto alto y arriesgado es su comentario crítico sobre el nuevo proyecto de ley de trabajo presentado por Joaquín V. González. Aquí su deber es doblemente arriesgado, no solamente adopta una postura frente a un proyecto contemporáneo, sino que se anima a hacer un estudio detallado de cada uno de sus artículos. La quinta parte del libro está dedicada al estudio de la formación de una raza argentina, llámese esta a la nueva población que se ha producido como resultado de la diversas inmigraciones europeas. Hace un estudio estadístico de la población del país desde sus comienzos hasta su época, el 1900. Llega a la conclusión de que era necesario un nuevo alimento físico e intelectual para salir de la mediocridad en la que la población se hacía sumido. Los inmigrantes europeos crearon una nueva población blanca que lentamente fue creciendo y expandiéndose desde el puerto de Buenos Aires. Para Ingenieros, como para Sarmiento y muchos otros, era necesario alimentar la sangre de la población del país con nuevos signos de progreso intelectual. La mezcla obtenida con los mestizos, mulatos e indígenas había creado una extraña amalgama donde los caudillos y los aprovechadores encontraban un campo apropiado para la anarquía y la desorganización política. Sin duda, la historia les dio la razón, pero también nos ha demostrado que la historia se repite por períodos, y como lo dijo el mismo Ingenieros en otro fragmento de este mismo libro: "En la concepción científica de la Historia, cada fenómeno social es un producto determinado por múltiples condiciones ambientes". Los períodos de revolución y paz social, de gobiernos democráticos y de facto, de pobreza y avance económico, se han ido sucediendo de una manera que no hace más que confirmar la original teoría que antes mencionamos: un país de América del Norte donde nunca ha sucumbido la democracia, contra múltiples países de América de Sur donde aún en pleno siglo XXI seguimos jugando a los caudillos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;José Ingenieros: &lt;i&gt;La simulación en la lucha por la vida&lt;/i&gt; (1900)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Ya hemos comentado la lúcida, la múltiple inteligencia de Ingenieros en ocasión de &lt;i&gt;El hombre mediocre. &lt;/i&gt;Si allí nos encontrábamos con un escritor maduro, cuyo lenguaje sabía expresar de manera muy particular sus peculiares y críticos pensamientos sobre la moral aplicada científicamente, en el ensayo que hoy comentamos  nos vemos frente a un médico recién recibido, muy joven, pero no por ello menos lúcido e inteligente. Su lenguaje es, quizá, menos maduro, pero de altísima calidad, su mirada es evidentemente menos experta pero sin duda atrevida y audaz al plantear su posición, su manera de pensar. Ésta, que no cambió demasiado a lo largo de los años, tiene una postura afianzada en la observación del mundo con una mirada científica y crítica, siempre suspicaz, hasta cruel, podría decirse, para quienes no están acostumbrados o son sensibles a escuchar verdades cuya comprobación es de una simpleza apabullante. Aquí, Ingenieros nos habla de la simulación como elemento psíquico que el hombre utiliza para sobrevivir. Hace una distinción clara y metódica de las diferentes formas de simulación, desde la natural y espontánea, casi inconsciente, hasta la voluntaria y patológica. Nos dice que todo hombre simula, todo hombre miente, sea para no diferenciarse de la mayoría y no ser relegado, sea para obtener un fin o un objetivo determinado. Su estudio es analítico y metódico, es claro y profundo al mismo tiempo. Hay que adaptarse a la postura de Ingenieros para comprenderlo del todo, para que sus conclusiones y sentido crítico no provoquen estallidos de rebeldía en las almas prejuiciosas o las mentes estrechas. Porque eso es lo que somos como lectores, arrastramos prejuicios y tabúes del mismo modo que llevamos en germen de la simulación en nuestros genes. Somos animales, y por eso nuestra forma de sobrevivir ha avanzado desde la pura violencia física hacia una forma de supervivencia más sutil, más elaborada, incluso más cruel: la mentira y la simulación. Ingenieros es un darwinista, él aplica lo que se llama la biología social, por ello sus comentarios pueden resultar racistas o, cuando menos, despreciativos, para la reducida y poco leída mente de la generación del siglo XXI, hija de otra generación no menos estrecha de miras, la de lo "políticamente correcto". Lo encomiable de Ingenieros, a mi parecer, es la audacia sin retruécanos de su posición y su discurso, de su mirada, equivocada o no, pero sincera con su intuición médica. Eso es lo que hace cuando analiza la conducta social, la del hombre privado y la de su  relación con sus semejantes, observa como un científico que sabe que no puede apartarse del objeto que estudia, y por ello no se preocupa por la distancia ni por la no contaminación del objeto analizado, sino como uno más, es severo y comprensivo a la vez. Más que con el individuo, es severo con la sociedad, que tiende a anular la individualidad del &lt;i&gt;ser&lt;/i&gt; para lograr la uniformidad común. Como cuando nos dice que el fraude, última y más elaborada forma de la simulación, tiene la sanción del uso en las costumbres sociales. Casi todo en las relaciones humanas es simulación, y sobre todo en la política, donde bajo la etiqueta de ideales o justicia poética se esconden intereses creados. Es así que considera ciertos aspectos del antisemitismo o las guerras por honor como formas de disimular intereses económicos. Incluso, tanto en el aspecto individual como social, el interés por los enfermos o la solidaridad estaría basada en la idea de que lo hecho por lo demás nos será devuelto más adelante. Es muy interesante y necesaria la diferenciación que hace entre simulación y disimulación, ambas aparentemente contrarias pero cuyo resultado es el mismo. Se simula lo que se desea ser, de disimula lo que no se desea ser: el resultado es mostrar algo que no se &lt;i&gt;es&lt;/i&gt;. Ingenieros no deja de lado la función del arte, que a pesar de ser reconocido como la acción suprema del fingimiento, en realidad posee una autoconciencia de ese fingir, y por lo tanto ya no es tal. Por eso, nos dice que las mas geniales manifestaciones del arte son estudios empíricos del carácter humano. En cuanto al individuo, hace una clasificación darwinista del mismo, algo que desarrollaría más tarde en &lt;i&gt;El hombre mediocre&lt;/i&gt;: hay hombres débiles, predispuestos naturalmente a la simulación para sobrevivir, y los hombres de carácter, firmes en su postura, por más que no se avenga con el pensamiento o sentir de la mayoría. Esto representa una dicotomía, una contradicción. Los que tienen carácter deben ser demasiado fuertes para enfrentar el rechazo de los demás, y por lo general sucumbe; los de poco carácter, en cambio, desarrollan instintos de simulación, los que los hace aptos para su supervivencia. Es por ello que la sociedad, en su afán de uniformidad, genera su propia decadencia: estimula el fraude como metodología de vida. Otro tema polémico, aunque no desarrollado en este largo ensayo, es el de la eugenesia. Aquí también, la postura de Ingenieros podría clasificarse de cruenta y racista, impiadosa incluso, contradictoria para un humanista como lo era él. Sin embargo, esta teoría tiene concordancia con la teoría darwinista, y si calificamos a ésta de cruel, debemos postular entonces que la misma naturaleza es cruel, y que los hombres, como parte de ella, también lo somos. Y si nos colocásemos en la postura contraria, es decir, la cristiana por excelencia, donde el hombre fue hecho a semejanza de Dios y alejados de toda influencia animal, implica otro tipo de crueldad racista, hacia los seres inferiores, los criminales y los enfermos, a quienes se los deja vivir pero se los aparta o encierra. La teoría evolucionista tiene, a cambio de su aparente crueldad, convertida en virtud por su contenido de verdad evidenciada científicamente, la idea implícita de que hombres y animales han tenido ancestros comunes, y los seres llamados inferiores, inteligentes o idiotas, malvados o bondadosos, son nuestros hermanos en la especie, y por lo tanto somos responsables de ellos como de nosotros mismos. El final del ensayo llega a conclusiones en perspectiva del futuro bastante alejadas a la realidad del siglo XX. Ingenieros dice que en las sociedades humanas la lucha por la vida se atenuará progresivamente a medida que aumente la asociación de la lucha contra la naturaleza. Como hemos visto nosotros, protagonistas activos de la segunda mitad del siglo XX, la lucha por la vida se ha intensificado crudamente entre pueblos, naciones e individuos, tanto por factores económicos y políticos; las formas de simulación han alcanzado grados de complejidad que el autor quizá nunca habría imaginado; la crueldad física no ha desaparecido; y la lucha contra la naturaleza, con el simple objeto de la supervivencia humana, nos ha llevado a un grado de extrema peligrosidad para la misma supervivencia de la vida que pretendimos defender y proteger. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Carlos Dariel: &lt;i&gt;Donde la sed&lt;/i&gt; (2010)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Estos nuevos poemas de Dariel nos muestran un cambio de dirección en su poética, un cambio moderado, pero con la misma calidad a que nos tiene acostumbrados con sus dos primeros libros. Este cambio es difícil de definir, es sutil y evidente al mismo tiempo, como debe serlo en todo buen poeta. Primero, los cambios son internos, luego, se expresan en la poesía, madurados, meditados, ubicados en el modo y la forma adecuadas. Desde su primer libro, la poética de Dariel se caracterizó por la concisión y la madurez desarrollada en cada poema, dando como resultado una visión aguda y acertada, madura y serena, triste pero no desesperanzada. Hay, en general, una idea de fatalidad en su poética, sus textos son contundentes en su síntesis afirmativa. Dariel no duda al escribir, no duda de lo que dice, ni siquiera de las contradicciones o las ambigüedades que sus poemas plantean como temática. Es así, que en esta nueva colección nos hallamos con un aire de misticismo  en muchos de los poemas, pero este misticismo no se refiere a divinidades o creencias religiosas, sino al significado último de las cosas del mundo, incluso a los sentimientos y hechos que nos rodean. El valor de las pequeñas cosas es mucho mayor al que imaginamos, y esta valoración es lo que llamamos misticismo, no para adorar o sobrevalorar, sino para dar en su justo punto cada detalle de cada instante del transcurrir del hombre en el mundo, como cuando llama &lt;i&gt;sagrado oficio &lt;/i&gt;a la escritura. Y esto nos lleva a otro punto de su temática: la poesía y la palabra. La comunicación y la comunión. Es destacable la repetición de ciertas palabras, ciertos ítems, como &lt;i&gt;mirada, manos, tocar, &lt;/i&gt;y su relación con estas otras: &lt;i&gt;abrazo, piedra, manchas. &lt;/i&gt;Ver, por ejemplo, el claro y estupendo poema &lt;i&gt;Dialéctica de mis manos&lt;/i&gt;, o &lt;i&gt;Vacilaciones&lt;/i&gt;, donde tenemos este hallazgo poético y filosófico: &lt;i&gt;el cuerpo es nuestra ignorancia/ y hacia él vamos/ en cada intento&lt;/i&gt;. La palabra y su eterna contradicción: la incomunicación implícita en ella  misma&lt;i&gt;. &lt;/i&gt;En un momento nos dice&lt;i&gt;: sospecha de que no son las palabras/ el poema/ acaso su borde; &lt;/i&gt;o &lt;i&gt;escritura/ tejido/de una manta corta. &lt;/i&gt;Una de las preocupaciones constantes de Dariel ha sido siempre la función de la palabra y la poesía, su lugar en el mundo, el aparente conflicto con la cotidianeidad práctica del hombre común. La búsqueda de relaciones entre palabra, poesía y hombre lleva al autor por caminos desiertos, llenos de piedras, donde se tropieza a casa instante, pero hay momentos donde el autor halla consonancia con su pasado, con el primer hombre, como en el poema &lt;i&gt;Sinopsis de la evolución&lt;/i&gt;, o con el tiempo y las cosas u objetos remotos, como en &lt;i&gt;Telar&lt;/i&gt;, o con la naturaleza, como en &lt;i&gt;El instante.&lt;/i&gt; Es este libro son abundantes los poemas dedicados a autores con los que siente afinidad, poemas homenajes que son una búsqueda y una explicación, una razón de ser que no necesita explicarse en realidad, sobre la poesía. Desde el epígrafe, notamos que el cambio de dirección ya mencionado se dirige hacia una poesía de tinte conceptual, pero los poemas no son al estilo Girri, sino más concisos, menos complicados intelectualmente y más enraizados en las preguntas que en las respuestas. Girri explora y ensaya respuestas, es un científico de la poesía. Dariel piensa y se pregunta, medita luego de hacer observaciones. Plantea dudas y sabe que ella son suficientes para expresarse. La inteligencia, muchas veces, se corrobora en la calidad de las preguntas y no en la vanidad de las respuestas. Lo conceptual en Dariel está en la mirada lúcida y analítica, que conserva el sabor intensamente humano, y sobre todo una actitud comprometida tanto con su instrumento, la palabra y la poesía, como con su objeto de estudio, ese misterio llamado hombre. Por todo esto, celebramos la llegada de este tercer libro de poemas de Dariel, que confirma de esta manera su talento y su compromiso con la calidad, y a nosotros nos alivia, nos reconforta de tanta mediocre poesía que anda rondando por ahí.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Fabián Vique: &lt;i&gt;Variaciones sobre el sueño de Chuang Tzu&lt;/i&gt; (2009)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Vique nos tiene acostumbrados a sus breves textos, donde se conjugan en sabio equilibrio las dosis adecuadas de ironía, absurdo, humor y profundidad intelectual. Las microficciones son tan o más difíciles de leer que un texto extenso, no por su tiempo de lectura o densidad estructural o complejidad de lenguaje, sino por lo que involucran en lo que no dicen. Este no decir es la clave principal, en mi opinión,  en toda literatura de ficción, y sobre todo en textos breves, como sucede también, y en especial, en la poesía. Si a la narrativa corta nos atenemos, la microficción no debe confundirse con una anécdota superficial, o algo más parecido a un chiste de sobremesa (hagamos la aclaración, con todo el respeto que los buenos chistes nos merecen, que sin duda hay grandes diferencias de calidad en este género). Por un lado, el autor no debe confundir la brevedad con facilidad, por ello su trabajo debe ser más pensado, más meditado, para lograr la extrema síntesis necesaria a la eficacia de su texto. Por el otro, el lector tampoco debe confundir la aparente simplicidad del relato con algo pasajero o fácil de leer. Si la microficción logra su cometido, su objetivo básico de entretener y conmover, de transmitir y plasmar una sensación, un sentimiento, un pensamiento, en suma, cumplir con lo que se supone hace a la literatura de ficción, las palabras que acaban de ser leídas rondarán por su cabeza durante un tiempo luego de haber pasado la página, antes de ir a la siguiente, y aún lo inducirán, luego de terminar el libro, a volver a abrirlo y recorrer lo leído para corroborar, confirmar o disfrutar una vez más el placer o la conmoción de su lectura. Los cuentos de Vique a que ahora hacemos referencia, cumplen con esta función plenamente. En mi opinión, esta colección confirma el talento del autor para mirar con ojo crítico, con medios concisos, ajustados, irónicos, indirectos, tanto lo cruel como lo trágico, lo absurdo y lo simple que constituyen las cosas del mundo. Digo cosas como digo hombres y mujeres, porque en los textos de este libro se habla, haciendo referencia al título y en especial en la última parte dedicada a las variaciones sobre el sueño de Chang Tzu, sobre la identidad y sus límites. Acá nos encontramos con series de palabras y temas que en lugar de pelearse entre sí, por sus en apariencia contrarias connotaciones, juegan, se intercambian roles. Hablamos, por ejemplo, de las aparentes contradicciones entre realidad y ficción, entre absurdo y lógica. En una palabra, ellas no se toman en serio entre sí ni a sí mismas, y por eso el lector entra en este juego con intención de divertirse, y sale conmovido, hasta confundido, en el buen y positivo sentido del término, por supuesto. La confusión como ruptura de prejuicios o convencionalismos. El humor como quiebre de solemnidades. La ironía como medio de desgarrar mantos o coberturas hipócritas. Claro que no todos los textos son siempre tan densos, hay páginas que tienen la función de aliviar, de relajar el esfuerzo del lector por leer la significación entre líneas, y esto es también una de las características implícitas en una colección de microficciones. Este libro de Vique mantiene la calidad de los anteriores, incluso me atrevo a decir que los supera en ciertas características: más concisión con mayor densidad de significado como resultado de la misma, menos humor pero bien dosificado en los momentos necesarios, más ironía, casi trágica ironía, y un encomiable humor negro del más fino estilo. Encuentro, sobre todo y más importante, mayor profundidad de ideas filosóficas, como si el autor se hubiese puesto a meditar concienzudamente y hubiese obtenido una serie no de aforismos, sino de meditaciones a modo de cuentos orientales, caracterizados por su brevedad y densidad de significado. No es más, pienso, que la primordial función de la literatura en sus modos más originales, cronológicamente hablando: la leyenda, la fábula, y aún más anterior a ellas, la brevedad como espacio suficiente por donde mirar la amplia extensión del mundo escondido tras la engañadora superficie de ese mundo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Juan Carlos Nigro: &lt;i&gt;Liturgia del mediodía&lt;/i&gt; (1987)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Los relatos de Nigro, sin duda, evidencian las características poéticas del estilo del autor. Son relatos escritos por un poeta, esto es algo que cualquier lector más o menos avezado puede notar cuando lee estos cuentos marcados por un lenguaje trabajado, donde la metáfora y la predilección por lo absurdo prevalecen. Lo absurdo no por falta de lógica, sino por la lógica invertida, indirecta, propia del lenguaje poético. Lo que se dice involucra, entonces, algo más y algo menos, es decir, que el lector debe descubrir, desentrañar, al principio, acostumbrarse a una prosa poética que parece distraerlo de la historia contada. Luego, pocas páginas después, el lenguaje ha creado un clima, un ambiente. El autor nos ha preparado, entonces, un escenario, nos ha transportado a su época y su espacio propios. Porque más que identificación, lo que estos cuentos provocan en el lector es una sensación de nostalgia por lo extraño. Son historias comunes de gente común, pero comenzando por lo trágico de cada una de ellas, siguiendo por lo curioso de los personajes, y terminando, a modo de fluido que entremezcla estos ingredientes para crear otra cosa muy distinta a los materiales vírgenes originales, el relato de una historia o una anécdota, la descripción de un personaje común y corriente, pero transformados, vistos desde otro punto de vista o con filtros de diferentes colores. Como resultado, los cuentos de Nigro son prosas poéticas que comparten las virtudes de la poesía sin perder la importancia y el hilo de un argumento. Es así, como desde el primer relato, "La puerta violeta", nos encontramos con personajes extraños, apenas esbozados, como entrevistos en pasillos, de paso rápido, o silenciosos, sentados a la mesa de un bar, y donde el clima es creado íntegramente por mérito del lenguaje. No hay intención de realismo, aunque en estos cuentos no hay más que realidad cotidiana, sino una pintura proyectada por un lente que la ha transformado, la ha hecho interesante de contar, por decirlo de algún modo. Los protagonistas y sus intenciones, generalmente, permanecen en el misterio, en la ambigüedad. Es curioso, pero de manera indirecta, el primer relato me ha hecho recordar al cuento de Malllea titulado "La noche sobre Hécuba", tal vez sea la extrañeza y la capacidad de extraviarse y esconderse de ambas protagonistas, de cerrarse en un misterio que les es propio, y que parece justificar sus vidas.  Sea como sea, me parece un mérito encomiable esta lejana asociación, porque también los emparenta el clima, la lejana sensación de una época perdida en la ciudad, del misterio encerrado tras paredes y puertas clausuradas. Que Nigro haya sabido crear en todos estos cuentos un ambiente semejante, un clima tan propicio al misterio y la nostalgia, a la tragedia y el recuerdo, es mérito de su destreza para contar una historia con los recursos de un poema.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Alexandr Solzhenitsin: &lt;i&gt;Agosto 1914&lt;/i&gt; (1970)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: rgb(51, 102, 102);"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;La de Solzhenitsin es una literatura épica. Sus novelas involucran toda una escenografía que no es sólo eso, sino una gran pintura cinematográfica donde aparecen múltiples personajes, donde la voz de cada uno delos es traducida por la pluma certera del autor. Cada capítulo de esta novela toma prácticamente a un personaje diferente, sea militar o civil, de clase alta o baja, comerciante, campesino o estudiante, y acierta con la voz de cada uno de ellos a través de un estilo indirecto, en tercera persona, pero que nos traslada hacia el ambiente y la época, y sobre todo y más importante, hacia la persona a la que se está refiriendo. En un estilo de lenguaje accesible pero no simple, trabajado pero no complejo, logra introducirnos o traernos, más bien, al personaje junto a su época. Es así que en esta novela vemos sucederse personajes apenas presentados, que desaparecen por muchos capítulos, para reaparecer otra vez en medio del conflicto de otros de ellos, y la trama argumental es el escenario de fondo donde los distintos personajes se entrecruzan y muestran sus relaciones más o menos directas o lejanas, pero que conforman un conjunto, un conglomerado, un sistema que parece permanentemente expuesto a la destrucción de y por sus propios miembros. El sistema es el país, el sentido de patria, el sentido de pertenencia, los valores morales y las características del sinsentido que adquiere la política. Entonces, la pluma del autor recorre alternativamente espacios generales, épicos, como espacios personales, intimistas. Lo emocional se tutea con lo histórico, y lo histórico, extremadamente documentado, no avasalla por su pesadez o rigidez porque está entremezclado sabiamente con lo personal y emocional, es decir, con lo individuos que protagonizaron esos hechos. Porque al fin y al cabo la guerra es una cuestión de cifras en un libro de historia, pero sus muertos y sobrevivientes reclaman más que un número en las estadísticas. Sus emociones se expresan a través de autores como Solzhenitsin, preocupados por el drama contemporáneo, tanto por los sentimientos y como por las causas. De este modo, lo real e histórico, contado de un modo novelesco, se torna ficción, pero no para disminuir su importancia, sino para resaltar otros planos de la realidad, planos más profundos que nos hacen sentir y pensar más allá de los simples efectos y resultados de una guerra. El lenguaje también se sirve de la ironía cuando habla de estrategias políticas y militares, de la crítica cuando habla de resultados y situaciones, es cruento cuando debe serlo al contarnos los pormenores de la guerra, es tierno cuando nos cuenta de mujeres y niños, de jóvenes estudiantes esperanzados e idealistas, es heroico cuando cuenta las acciones de regimientos diezmados por el enemigo. El estilo es un sabio equilibrio entre todos estos factores, y es así que encontramos fragmentos donde en medio de una pintura general, el autor se da espacio para darnos un detalle que pinta a un personaje y su sentimiento en un momento dado: "&lt;i&gt;Oria se colocó junto al tronco del castaño, sin tocarlo; no parecía mostrar deseos de relajarse, de dar descanso ni a la pierna derecha ni a la izquierda. Miraba más bien con un gesto burlón y bondadoso&lt;/i&gt;", o el siguiente que lo pinta de cuerpo entero: "&lt;i&gt;Aquel ucraniano que parecía salido de un cuadro, de facciones duras, espesas cejas, nariz grande y ancha, con un traje de ciudad que parecía un disfraz de carnaval, por su humor y su dignidad patriarcal, y más que nada por el viento de la estepa que entraba con él y que hacía revolverse los papeles en la mesa...". &lt;/i&gt;Esto es suficiente para demostrar el frágil y eficaz equilibrio entre lo ya nombrado, y también para conjugar las características personales con los elementos escenográficos que rodean al personaje. Como si los hombres y las cosas que lo rodean, aún transitoriamente, se aunaran para conformar una personalidad determinada. Gran parte de la novela es ocupada por los personajes y tramas militares, y los personajes principales, como el general Samsonov o el coronel Vorotintsev son los protagonistas a través de los cuales el autor se sirve para expresar sus opiniones críticas, pero que nunca son mensajes de moral sino simples hechos novelescos que llegan al corazón del lector pasando primero por el filtro crítico de su pensamiento.  Critica la hipocresía y los intereses subyacentes en la guerra, la corrupción tanto de oficiales como de soldados, la forma en que los regimientos son utilizados como conejillos de indias, abandonados a su suerte luego de un juego que se da por perdido. Otro ejemplo del equilibrio entre lo histórico y lo emocional lo da este párrafo que describe a un enfermera inmediatamente después de un breve monólogo donde se habla de los saqueos realizados por los soldados: &lt;i&gt;"Si no fuese por esta sucia guerra, no habría aparecido aquella muchacha vestida de un blanco tan impecable con la cofia ceñida a la frente, hasta las mismas cejas, tan severa y limpia". &lt;/i&gt;Por último, citamos el siguiente ejemplo, la meditación de un general en medio del enorme bosque de Grunfliess, poblado de enemigos, que sintetiza toda una intención ya realizada en el resto de la novela, un momento breve, épico e íntimo, como la naturaleza del hombre: "&lt;i&gt;La quietud era absoluta. Un silencio universal completo, ningún choque de ejércitos, únicamente el soplo de una fresca brisa en la noche. Rumoreaban las copas de los árboles. No era un bosque hostil: no era ni alemán ni ruso, sino de Dios, y acogía en su seno a todos los seres". &lt;/i&gt;Si algunos personajes quedan en el tintero, especialmente los civiles, es porque esta novela forma parte de un tríptico inconcluso, dedicada la primera parte a sólo 11 días de la guerra. Como en las novelas de Dos Passos, Solzhenitsin dedica capítulos a documentos de época, a fragmentos cinematográficos, pero en mucha menor medida que el autor norteamericano. El interés de Solzhenitsin es documental e histórico, pero su historia está escrita en papel impregnado de olor humano, tocado por cientos de manos, manchado y releído, con marcas y señales, huellas dejadas por el íntimo rumor de un aliento, un exabrupto o una lágrima. Huellas del corazón humano. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5304770424717387911-3416284920341054415?l=lasmanosdeuriasheep.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasmanosdeuriasheep.blogspot.com/feeds/3416284920341054415/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5304770424717387911&amp;postID=3416284920341054415' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5304770424717387911/posts/default/3416284920341054415'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5304770424717387911/posts/default/3416284920341054415'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasmanosdeuriasheep.blogspot.com/2011/01/lecturas.html' title='Lecturas'/><author><name>Ricardo G. Curci</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14228665846540133965</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5304770424717387911.post-7956293373805677642</id><published>2010-11-28T10:22:00.000-08:00</published><updated>2010-12-31T06:24:39.763-08:00</updated><title type='text'>EL ROSTRO DE LOS MONOS</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_zUFl9fkZ98k/TR3njJ5cCjI/AAAAAAAAAEI/5moYByybR6I/s1600/lastscan.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 138px; height: 200px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_zUFl9fkZ98k/TR3njJ5cCjI/AAAAAAAAAEI/5moYByybR6I/s200/lastscan.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5556852106383329842" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span style="color:#cc0000;"&gt;&lt;i&gt;Tercer libro de relatos, publicado en 2010, que contiene textos escritos desde 1996 hasta 2005, continúa una tendencia que comenzó con Los Casas. Ya no existe una conexión solamente entre los cuentos de este libro, como puede encontrarse, por ejemplo, en "Los chicos de la plaza", "La patria del sábado" y "Cecilia"; o entre los cuentos "El viejo David" y "El estuche de la tuba", donde hay personajes que reaparecen y ambientes que se repiten. A diferencia de Los Casas, la interdependencia entre los cuentos es menor, más cerca de lo que sucede en la colección Los seres intermedios, pero se acentúa otro aspecto que ya se anunciaba en éste último libro de relatos mencionado: la relación entre libros por encima de la relación entre los cuentos de una misma colección. Por lo tanto, en el relato "El mar" nos encontramos con un personaje que es hijo del protagonista de "El enterrador", relato de Los seres intermedios. "El balneario" retoma la misma playa que ya vimos en relatos del mismo libro, y la playa donde ocurren los sucesos de "Max" de Los Casas. En "El rostro de los monos" se desarrolla un caso policial mencionado en "Los oscuros". "El asilo" retoma, en tiempo pasado, el lugar de "Los dirigibles". Pueden hacerse otras muchas relaciones entre estos y otros cuentos no mencionados. Como se ve, el objetivo es crear no mundos independientes, sino un mundo que contenga múltiples y dispares conexiones, lazos determinados a la vez por la lógica como por el azar. Como ya lo he explicado en oportunidad de comentar los otros libros, esta tendencia no fue intencional, sino que se dio paulatinamente a medida que los personajes surgían en el proceso creativo y ellos mismos iban exigiend&lt;/i&gt;&lt;i&gt;o nuevos espacios, llamando a nuevos personajes, reclamando contar sus historias inconclusas. En esta tercer colección aparece un nuevo personaje protagonista, el doctor Mateo Ibáñez, cuya importancia radica en que reaparecerá más tarde en nuevas historias. En cuanto a contenido y tono, estos cuentos se acercan más al desarrollo psicológico de los personajes, a través de historias concretas y trágicas. Nos alejamos de lo fantástico, que predominaba en la segunda colección de cuentos, para centrarnos en relatos contemporáneos y realistas, aunque en un par de ellos pueden advertirse ciertos elementos levemente fantásticos, pero que fácilmente son factibles de adjudicarse a la psicología alterada de los protagonistas. Estos cuentos nos traen personajes perturbados por sus propias limitaciones y perturbaciones, obsesiones y odios, celos y amores incestuosos, deseos de venganza, inseguridades, traiciones, etc. Todos estos elementos eminentemente humanos nunca se dan por si solos ni explican por completo la conducta de los personajes, sólo son clasificaciones que utilizamos para comprender hasta cierto punto algunas conductas. Pero los cuentos no son historias clínicas, sino meras historias que cualquiera podría contar en la vereda de su casa, comentando un hecho policial del barrio, o en la sobremesa de un domingo en la reunión familiar. La razón del título del libro, además de ser el de uno de los cuentos, es que todos los personajes de este libro se encuentran en situaciones donde la parte primitiva, instintiva y casi siempre violenta se manifiesta de manera espontáneo y a veces planeada. Esta mezcla de animalidad y razón lleva a los personajes a actuar contra otros o contra sí mismos, no siendo sus conductas sólo una manifestación patológica de su psiquis, sino una muestra de la naturaleza humana en general.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span style="color:#cc0000;"&gt;&lt;i&gt;Debo mencionar el privilegio de contar con el prólogo de Fabián Vique, quien halló la intenciones inconscientes del autor al describir con certera y lúcida eficacia dos puntos trascendentes: uno, cuando nos habla de la independencia que cada cuenta reclama para sí, aún cuando forme parte de un todo; segundo, cuando nos dice que la interconexión de historias y personajes permite que nada sea definitivo entre los cuentos de los tres libros, "ni siquiera el pasado". Esto me parece de una extrema belleza poética. &lt;/i&gt;&lt;i&gt;La editorial Macedonia, que se encargó de la publicación, pertenece a Fabián Vique.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#cc0000;"&gt;Unas palabras sobre el epígrafe. Originalmente, esta colección tenía como epígrafe una frase de Juan Carlos Onetti, que se refería a un olor evidente que los personajes fingían no sentir. Era un símbolo del contenido de los textos y del cuento "La memoria" en particular, que entonces encabezaba la obra, porque, como ya hemos hecho referencia, los personajes están en medio de situaciones trágicas, y la idea general del libro era una pregunta: si no hay memoria, ¿hay culpa? Pero poco tiempo antes de la publicación hallé una frase de Abelardo Castillo en el que es, si no me equivoco, el último cuento de El espejo que tiembla, y como ya había decidido que el libro llevaría su título actual, me pareció una frase contundente y terriblemente exacta para poner como épigrafe, porque de esta manera título y epígrafe coincidirían de manera prácticamente directa. Esto no es dejar de lado al gran Onetti, al cual considero más trascendente que Castillo, sin desvalorar los enormes méritos de éste último, sino simplemente adecuar lo más cercanamente posible entre sí los diversos y múyltiples elementos que constituyen la publicación de una obra literaria.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#cc0000;"&gt;Para terminar, quiero mencionar que esta colección en su integridad fue finalista en el Premio Casa de las Américas de Cuba en el año 2008, siendo pubicado el cuento del título en la Revista Casa. El mismo cuento recibió una mención en el Concurso Leopoldo Marechal de Morón en el año 2005, y "Cecilia" fue finalista en el Concurso de la Fundación Tres Pinos en el año 2009.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color:#cc0000;"&gt;El libro contiene los siguientes cuentos:&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color:#cc0000;"&gt;1- El mar&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color:#cc0000;"&gt;2- La memoria&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color:#cc0000;"&gt;3-El balneario&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color:#cc0000;"&gt;4- Cecilia&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color:#cc0000;"&gt;5- El asilo&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color:#cc0000;"&gt;6- El libro&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color:#cc0000;"&gt;7- El dibujo&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color:#cc0000;"&gt;8- La patria del sábado&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color:#cc0000;"&gt;9- El rostro de los monos&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color:#cc0000;"&gt;10- El flaco&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color:#cc0000;"&gt;11- La biblioteca&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color:#cc0000;"&gt;12- El estuche de la tuba&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color:#cc0000;"&gt;13- El viejo David&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color:#cc0000;"&gt;14- Los chicos de la plaza&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color:#cc0000;"&gt;15- Comentarios para Andrés&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color:#cc0000;"&gt;16- Gloria&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color:#cc0000;"&gt;17- La fiesta de cumpleaños&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color:#cc0000;"&gt;18- El colchonero&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5304770424717387911-7956293373805677642?l=lasmanosdeuriasheep.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasmanosdeuriasheep.blogspot.com/feeds/7956293373805677642/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5304770424717387911&amp;postID=7956293373805677642' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5304770424717387911/posts/default/7956293373805677642'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5304770424717387911/posts/default/7956293373805677642'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasmanosdeuriasheep.blogspot.com/2010/11/el-rostro-de-los-monos.html' title='EL ROSTRO DE LOS MONOS'/><author><name>Ricardo G. Curci</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14228665846540133965</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_zUFl9fkZ98k/TR3njJ5cCjI/AAAAAAAAAEI/5moYByybR6I/s72-c/lastscan.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5304770424717387911.post-5091061319872700771</id><published>2010-09-28T09:50:00.000-07:00</published><updated>2010-12-31T07:40:55.564-08:00</updated><title type='text'>Lecturas</title><content type='html'>&lt;span style="color:#336666;"&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="color:#336666;"&gt;Ethan Canin: &lt;i&gt;El emperador del aire&lt;/i&gt; (1988) &lt;i&gt;Blue River&lt;/i&gt; (1992)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="color:#336666;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="color:#336666;"&gt;A los 28 años, Canin publicó su primer libro, una colección de cuentos que lo coloca en un lugar preferencial dentro de la nueva narrativa norteamericana y mundial. Lo que sorprende en él no es únicamente la calidad de su lenguaje, muy alta y de gran consistencia y extremo buen gusto, sino la solidez de las historias contadas, y por sobre todo una profundidad emocional que además tiene el enorme mérito de la contención necesaria y el equilibrio exacto, sin desbordarse en ningún momento ni pasar los límites, no ya del buen gusto, el cual no abandona nunca, sino de lo que es imprescindible "contar". Esta es una de las claves de la eficacia de sus textos. Todos los cuentos están narrados por personajes testigos o protagonistas, y a pesar de estar implícitamente involucrados en lo que cuentan, el tono de la narración es de una parsimonia y un desapego que parecen rozar la frialdad, pero que nunca es así, porque hay una cierta sensación de angustia rondando el ambiente. El narrador transmite con su tono esa angustia existencial sin describirla directamente, ni tampoco haciendo filosofía con ella, sino contando historias de familias. Todos los cuentos hablan de las familias, son el núcleo narrativo, el núcleo existencial donde cada ser humano aprende a comportarse y adquiere valores de los que, irremisiblemente, nunca podrá desprenderse. Estos relatos hablan del comportamiento de las personas en general y dentro de sus familias en particular, porque a través de sus conductas con el resto de los miembros de un mismo grupo familiar vemos qué son y cómo son. Hay personajes que podrían clasificarse de estereotipados: padres rígidos y severos, vecinos prepotentes, hermanos violentos; pero en cada uno de ellos hay algo que el protagonista-narrador descubre, apenas insinuado hacia el final de los textos, algo que nos induce a pensar que no son del todo como se muestran, que ellos actúan con la misma incertidumbre y la misma inquietud que uno, o el protagonista narrador (otro juego de espejos). Y es así, entonces, donde los personajes secundarios son un espejo del personaje narrador: un reflejo en el que el protagonista, con la excusa de escudarse de toda acusación por ser el que cuenta, el cronista alejado de toda posible culpa, casi un juez, debe enfrentarse. Lo que los demás son, lo somos también nosotros, parece descubrir y decirnos. Esto nos lleva a hablar de &lt;i&gt;Blue River&lt;/i&gt;, segundo libro y primera novela, publicada a los 32 años. La novela retoma personajes de uno de los relatos, &lt;i&gt;American beauty&lt;/i&gt;. donde se nos cuenta una historia de violencia contenida en dos hermanos y una hermana. La novela retorna a estos personajes y desarrolla la historia de la familia desde la infancia. La infancia, digámoslo de una vez, es eje principal del punto de vista de Canin. Es el sitio donde todo comienza, es el tono, incluso, que ha elegido para contarnos estas historias. No un tono alegre o despreocupado, sino nostálgico, incierto de muchas maneras, como esos recuerdos tristes que se filtran sin querer en las buenas memorias. La novela es un lento descubrimiento de lo que somos como seres humanos: una serie de caracteres que se van alternando el predominio de nuestras conductas. La voz narradora parece ser la juzgadora, la que se impone por ser la de conducta aceptada y equilibrada, pero esta imagen que de si mismo tiene el protagonista, se irá transformando ante los ojos del lector. El narrador nos dará indicios de que es así, pero su tono será como de quien cuenta una crónica ajena, se autoanalizará poco pero relatará con una envidiable parcialidad, exactamente como un juez de sí mismo. Una disección sin prejuzgamientos, sólo narración de hechos y verdades sin exageraciones. No es causal que el protagonista como el autor sean médicos. El punto de vista del que hablamos es acorde con la mirada de un profesional que se dedica al evaluar la salud del cuerpo y la mente. Esto es muy claro en uno de los relatos, tal vez el más conmovedor de toda la colección, &lt;i&gt;Viajeros nocturnos&lt;/i&gt;, donde esta vez tenemos a dos protagonistas ancianos, uno de los cuales es el narrador. Éste nos dice, hacia el final, cuando toma de la mano a la mujer que lo ha acompañado toda su vida, y por la cual ya no siente amor sino una especie de piedad y compasión: "Ahora estamos perdidos en mares y desiertos. Mi mano encuentra sus dedos y los agarra, huesos y tendones, frágiles objetos". De qué otra manera más directa y terrible, más simple, para decir la fragilidad del hombre. En la novela, el narrador dice algo parecido: "Todavía no sabemos nada. Por eso no concibo que la fe se acerque más a la verdad que la ciencia". &lt;i&gt;Blue river, &lt;/i&gt;entonces, se convierte un un espejo de conductas. El hermano violento, alterado psicológicamente, quizá, sirve de punto de quiebre para el narrador protagonista, que se cree indemne y más allá de las desgracias del mundo. Si en su infancia justificó la conducta de su hermano mayor por ser una fuente de admiración y valor, de determinación y coraje, de rebeldía, ahora lo considera peligroso para su forma de vida establecida: la casa con pileta, el trabajo bien remunerado, su mujer y su hijo. La vuelta del hermano representa un peligro y hay que devolverlo al lugar de donde vino: un lugar tan lejano como los recuerdos de la infancia. Pero sabrá, pronto, que esos recuerdos regresan porque están ahí nomas, muy cerca, que no se puede huir de ellos ni se puede rechazar su mirada. Las ideas formadas o preconcebidas se derrumban frente al desarrollo de la memoria, que se va explayando, mostrando hechos con toda su crueldad, hasta demostrar que lo que pensamos no es tan así, que todo tiene su vuelta de tuerca y su doble fondo. Que lo que pensamos que somos no es tan cierto como podríamos asegurar.  El final muestra una señal de esperanza, una especie de reconciliación entre hermanos, que no es más que una especie de tregua, o de perdón, o de justificación, hacia nosotros mismos. Quién podría decir de qué se trata en realidad. El narrador lo sabe cuando al final nos dice, ya en busca de su hermano, que siente "una euforia repentina, etérea, que tal vez sea fe, o Dios, o luz cegadora". La literatura de Canin es reveladora, es contundente y demoledora en su búsqueda de verdades escondidas. No hay fuegos artificiales literarios, el tono es poético y simple, de tonos agrisados pero que deslumbran en sus finales de blanco y negro contrastantes, excesivos más por lo que implican que por lo que dicen. La eficacia del lenguaje y la estructura se basan en procedimientos formales y tradicionales, incluso se atreve a utilizar el recurso de la segunda persona en gran parte de la novela. Todos estos modos, que no se apartan de lo aparentemente convencional, nos demuestra que la buena literatura no está muerta, que hay formas de renovar los géneros sin cambiarlos, simplemente es necesario ahondar en las buenas historias y afilar la mirada, como hace Canin con su pluma, que más parece un escalpelo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="color:#336666;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="color:#336666;"&gt;Gustavo Adolfo Bécquer: &lt;i&gt;Rimas&lt;/i&gt; (1868), &lt;i&gt;Leyendas &lt;/i&gt;(1858-1871), &lt;i&gt;Desde mi celda &lt;/i&gt;(1864)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="color:#336666;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="color:#336666;"&gt;En primer término, debo dejar constancia de que mi primer contacto con la poesía de Bécquer ocurrió muy temprano en mis primeros años de adolescente. Lo que me cautivó, sobre todo, fue la musicalidad de sus versos, ese ritmo otorgado por los hipérbaton y diversos recursos poéticos de moda en el siglo XIX, que a diferencia de otros tantos autores españoles, Bécquer utilizaba de un modo deliberado pero natural en su resultado, porque no agobiaba con largos párrafos retóricos. Su contenido es simple, es eminentemente romántico, propio para cautivar almas que se están formando y tienen las puertas de la sensibilidad muy abiertas. El amor no correspondido, la belleza de la mujer, el misterio y la atracción de la muerte. Estos son los temas de Bécquer, pero su manera de expresarlos en poesía es muy simple y breve, sus versos son cortos y sus ideas muy concretas, extremadamente ambiguas y a la vez muy escasas. Sus poemas rondan siempre alrededor de los mismos temas: la muerte, la mujer, el amor no correspondido. Lo que sobresale es la capacidad indudable para musicalizar estos temas de un modo que penetren en la sensibilidad del lector preparado no como un simple poema de amor, superficial y retórico, sino con todas sus grietas y posibilidades. La tristeza y la angustia escondidos en poemas de desengaño, la desesperación ante la futilidad de la vida y el dominio de la muerte, la humillación ante la traición de una mujer hermosa. Antes de continuar, recurramos al estudio preliminar de la edición Aguilar de las &lt;i&gt;Obras completas, &lt;/i&gt;escrito por Carlos Barbáchano, texto encomiable dentro del género. Destaquemos algunos puntos que nos guiarán en los comentarios sobre los textos analizados. En un momento, se citan ciertas palabras del mismo Bécquer sobre su tarea de adaptador y autor de obras musicales, zarzuelas, trabajo que le ofreció sustento económico, descartando calidad en favor de beneficios pecuniarios. El autor, entonces, nos dice que ésta no es la senda que conduce a la inmortalidad, y al poner un pie en esta senda, tuvo rubor y se tapó la cara. Pasemos entonces al Bécquer crítico, al literato que sabía discernir entre la buena y la mala literatura. Barbáchano nos dice que la cualidad lírica de la poesía de Bécquer no le resta posición objetiva, crítica, ante la obra literaria en genera, y nos cita un fragmento de un artículo titulado precisamente &lt;i&gt;La crítica&lt;/i&gt;, donde vemos la lucidez y la dignidad de Bécquer como autor y crítica a la vez, cuando nos cuenta que el crítico debe ser, también, poeta. Otro pasaje del estudio nos relata otro asunto muy importante de estilo del autor. Su lirismo está íntimamente relacionado con sus sentir. Es imposible dividir las aguas entre el sentir del autor y el resultado emocional de los versos. Incluso lo cruel y lo macabro es dulcificado por su estilo, y las raspaduras de la vida son modificadas con un suave fluir cadencioso y triste en sus versos. Y como muy bien nos dice Barbáchano, sus Rimas son el arco perfecto de su ciencia del vivir. En sus estilo no importa la excesiva brillantes, porque no la hay,, sino la elegancia de su eficacia, la musicalidad del verso, el ritmo de la estrofa. Yo creo que ya está todo dicho. Si pasamos a su obra narrativa, nos encontramos en las &lt;i&gt;Leyendas &lt;/i&gt;con un conjunto de cuentos que desafían la fama que ha ganado su poesía. Bécquer demuestra que es tanto o mejor narrador que poeta. Su narrativa comparte la fluidez y la sencillez de los poemas en cuanto a construcción y estructura, en cuanto a la brevedad en la exposición de as ideas y las acciones. La descripción de los personajes es exacto y sólo necesita unas pocas líneas para marcarlos con precisión. Barbáchano resalta que estos poemas en prosa, que en mi opinión son más que esto, son cuentos y obras narrativas breves de extrema belleza, giran alrededor de pocos temas: España, la mujer, la muerte, lo fantástico y lo religioso. Es verdad que en Bécquer encontramos una pasión por la necrofilia, pero esta tendencia es eminentemente estética. Si yacía en el fondo de su psiquis, no lo vemos en su obra como una  patológica o enfermiza, sino puramente estética. Sus descripciones, rasgo que comparten con los poemas, tienen una musicalidad que nos traslada al siglo XVI, enormemente contenidas y de una gran potencia plástica. Estas son palabras de Barbáchano, lúcido y exacto en su estudio.  &lt;i&gt;Desde mi celda&lt;/i&gt; está conformada por cartas  enviadas desde el sitio de descanso de Bécquer en Veruela para el diario en el que colaboraba. Es un conjunto de nueve cartas donde se deja constancia de la preocupación del autor por el pasado, por no perder, primero, y recuperar, después, las reliquias de España. Valores no siempre materiales, sino tradicionales, los valores humanos de las costumbres y la historia. Así, nos lleva de la mano por las leyendas fantásticas de la zona, remontándonos a una época que se torna, sin embargo, atemporal y contemporánea simultáneamente. Los mitos de la brujas sirven de pretexto para explayar toda la destreza narrativa y descriptiva del autor, regalándonos con párrafos de intensa crueldad y terror, peo con un estilo poético que el mismo Poe envidiaría. Finalmente, las Cartas literarias a una mujer, por más que contengan todo un testamento ideológico sobre su obra, no cierran del todo en su intención, se tornan retóricos y no soportan el paso del tiempo ante la atención del lector contemporáneo. No hay en ellas acción ni poesía que se decidan a sobresalir o predominar, y por lo tanto el resultado es de una medianía que conforma únicamente al estudioso o al fanático de la obra becqueriana. Dejando de lado, entonces, y por las razones al principio expuestas, las zarzuelas y una breve obra dramática, la obra literaria de Bécquer se concentra en estos tres breves libros, suficientes para demostrar su genialidad en el género poético, su lucidez sin embargo obsesionado por ciertos temas, a los que llevó de la mano a lo largo de su breve vida como bastiones, como caballitos de batalla, como hitos ante los que necesitaba revelarse y a su vez arrodillarse. Los respetaba tanto que necesitaba estudiarlos una y otra vez en poemas y cuentos, en ensayos incluso. Atraparlas: la muerte, la mujer. Objetos y temas inatrapables, inabarcables. Laberintos que Bécquer intentó diseccionar con el escalpelo de su pluma.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="color:#336666;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="color:#336666;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="color:#336666;"&gt;Jean Paul Sartre: &lt;i&gt;La náusea&lt;/i&gt; (1938)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="color:#336666;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="color:#336666;"&gt;Qué es "la náusea", se pregunta el lector a lo largo del libro. Diferentes interpretaciones se van sucediendo a través de las páginas, a veces no halla ninguna plausible. Toda la novela podría incluso no llamarse novela. Bajo la forma de un diario, llevado arbitrariamente y sin regularidad, y sólo por unos días, el autor narrador nos describe la vida diaria de un personaje que no es y es al mismo tiempo el autor verdadero de la obra, un &lt;i&gt;alter ego&lt;/i&gt; que busca la razón de la existencia. Y esta búsqueda constituye no sólo el objetivo de la obra y de la vida, sino la razón misma de la existencia. El narrador sólo halla, entonces, motivos arbitrario, fútiles, fugaces para el vivir. Razones sin peso, motivos injustificados. Toda la vida es un vértigo, una gran &lt;i&gt;náusea. &lt;/i&gt;En algún momento nos dice, muy al principio, que al escribir este diario tiene la impresión de estar haciendo un trabajo de imaginación, y que los personajes de una novela le parecen más verdaderos. Aquí llega el factor de la identidad, ¿somos personajes de nuestra propia novela? Sartre nos dice que "los que viven en sociedad han aprendido a mirarse en los espejos, tal como los ven sus amigos. Yo no tengo amigos, ¿por eso es mi carne tan desnuda?". Y esta identidad del hombre se confunde con la identidad de las cosas y su transitoriedad, por ejemplo, cuando el placer de escuchar una canción se ve perturbada por la fragilidad ente el tiempo: "nada puede interrumpirla y todo puede quebrantarla". Llega, entonces, a darse el tonto consuelo de pensar que  todas las cosas del mundo son masas blandas que se mueven espontáneamente y se pierden, mientras que "las piedras son algo duro, y que no se mueve", como el bulevar Noir, "que es inhumano como un mineral, como un triángulo. Es una suerte que haya un bulevar así...". Sartre sabe que el tiempo es "único e irreemplazable, y sin embargo no movería un dedo para impedir su aniquilación". Porque cada paso realizado por otro corresponde a algo que alguien más hace en el otro lado del mundo. El protagonista está escribiendo una biografía sobre el marqués de Rollebon, personaje secundario cuyo atractivo está en su intrascendencia y en lo extravagante de su vida. Crea, así, encontrar un motivo para su vida, pero finalmente se da cuenta que esté intentando justificar su presente con un hecho del pasado, y del pasado no hay más que &lt;i&gt;nada&lt;/i&gt;. Sin embargo, a veces el pasado es tan pesado, "que un hombre solo, con su cuerpo, no puede detener los recuerdos". A veces quisiera detener el flujo del tiempo, la náusea, detener las cosas en su eterna metamorfosis, incluso a "esos seres inestables, los de los libros de historia, que quizá dentro de una hora se desplomarían". El protagonista llega a admirar al género humano únicamente por su creación de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, todo lo demás es transitorio y fútil. La existencia, la náusea, es nada. Más tarde, se da cuenta que no tiene un lugar, que su misma esencia o justificación es estar de más, y que el mundo existe y él mismo existe, pero incluso esto le da lo mismo, nada le importa ya. Una interesante alegoría es la que hace sobre el mar: nos dice que todos ven la superficie brillante y plateada, espejeante del mar, pero no ve lo que hay debajo: "el mar es frío y negro, llena de animales; se arrastra bajo esta delgada superficie para engañar a las gentes". Otra magnífica imagen es la que dice: "los brillantes pellejitos aterciopelados, los pellejitos del buen Dios estallan por todas partes...". Las cosas lo rodean, "las innominables, solo sin palabras, sin defensa". "Un árbol rasca la tierra bajo mis pies con una uña negra". Estas imágenes son un hallazgo y la sustancia misma de toda una filosofía: el existencialismo. Es filosofía expresada sin erudición innecesaria, escuetamente, más cercana a la expresividad del silencio que al enciclopedismo. Es poesía pura. Luego nos dice: "de existir, había que existir hasta el verdín, el abotagamiento, la obscenidad". Conclusiones:la existencia es un lleno que el hombre no puede abandonar; todo lo que existe nace sin razón, se prolonga por debilidad y muere por casualidad; es una aburrimiento profundo el corazón de la existencia. En la novela se suceden personajes, descripciones y anécdotas. El clima es nostálgico y evocativo, bellamente expresado. Lo conceptual no abruma porque está alternado sabiamente con lo descriptivo y lo narrativo. Hay un episodio final que tiene como protagonista a uno de los personajes secundarios, que transcurre en una biblioteca, episodio triste de un hombre solitario a quien la sociedad confunde y castiga por su diferencia a la soledad y al aislamiento. "La existencia es lo que temo". El final es levemente esperanzador, el protagonista halla placer en la bella canción que pretende resistir los embates del tiempo y sus nonadas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="color:#336666;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;Ernest Hemingway: &lt;em&gt;Adiós a las armas&lt;/em&gt; (1929)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Publicada a los 30 años de edad del autor, escrita durante casi diez años, desde el fin del conflicto bélico que la inspira, esta novela es un ícono de las novelas de guerra, y un hito en la literatura del siglo XX. En esta novela Hemingway demostró, luego de haberlo hecho antes con sus libros de cuentos, que la literatura no se había agotado en sus propios vicios y manierismos. También afirmó que el cambio que su estilo impuso en la literatura norteamericana, y luego, por su influencia, en la americana y la mundial, era posible no sólo en la narrativa corta, sino también en textos de largo aliento. Su estilo, no está de más recordarlo, es absolutamente característico. Descripciones exactas, escuetas, mínimamente imprescindibles. Diálogos cortos, breves, inteligentes, contenidos, pero sumamente elocuentes. Acciones continuas, trascendentes, que siempre aportan algo al lector para la enriquecer las características del personaje y la situación. Un equilibrio exacto entre la situación y el personaje, donde éste es la situación porque la acción apenas existe si el personaje no e visualmente claro, y a su vez el protagonista se diluye si la circunstancia no es diáfana. Esto desde el punto de vista gramatical y estilístico. Desde el contenido, las historias son siempre contundentes, a veces anecdóticas como inspiración pero nunca como fin, es decir, cuentas algo siempre intenso, por más que esta intensidad esté precisamente en lo que no se dice. El lector de Hemingway debe acostumbrarse a leer entre líneas. Las acciones son muchas veces continuas y envolventes, como cuando nos describe las acciones de guerra, las peripecias de los soldados, las batallas o la vida en el hospital. Los diálogos pueden resultar simples a simple vista, porque son cortos y escuetos, a veces repetitivos. Sin embargo, son siempre naturales, y tienden a resaltar , con esa repetición que nunca llega a ser retórica, una característica del personaje, algo que lo define por encima de todas las demás. Con una simple acotación, el personaje nace, y está allí, como si lo viéramos en la pantalla grande del cine, pero aquí incluso lo podemos oler, a su persona y a su ambiente, lo podemos tocar, así como el chofer de ambulancia, protagonista de la novela, toca y besa a su mujer enfermera. El contenido, entonces, tiene no sólo una historia grande, importante, sino que está transmitido de una forma peculiar, con los rasgos estilísticos arriba mencionados, lo que facilita, paradójicamente, la transmisión emocional. No se necesitan muchas palabras ni largas frases para hacerlo, un adjetivo es suficiente para desencadenar algo en el lector, un recuerdo, una emoción. Por eso, el lector de Hemingway debe ser un lector entrenado para apreciarlo debidamente, y no quedarse en la superficie de la página. Hay fragmentos que no solamente insinúan los recovecos emocionales de los personajes, sino que tienden a meter el dedo en las grietas de la naturaleza humana, como cuando se nos dice: “La lluvia me causa miedo porque algunas veces vio muertos cuando llueve”, o “Voy a esperar para ver al anglosajón limpiándose los pecados con un cepillo de dientes”, o “Nacemos con todo lo que tenemos y no aprendemos nada”. La novela está dividida en cinco partes dedicadas cada una a un episodio en la vida del protagonista, el ataque en el que es herido, su convalecencia en el hospital, su persecución por la policía militar, su huida y vida con su mujer. El final es sorpresivo. Han pasado casi cien años, han pasado cientos de novelas de guerra, pacifistas hablamos, y los argumentos tienden a repetirse, y los finales sufre, sin duda. Pero aquí, luego de tantos argumentos de novelas y películas, nos encontramos con un ida y vuelta argumental que demuestra la genialidad narrativa de Hemingway. El viaje entre la vida y la muerte de su mujer y su hijo no mantiene en vilo hasta el final. Presumimos la muerte de alguno de los dos, por momentos el estilo casi despreocupado del narrador nos induce una cierta esperanza de final feliz. Peo el final es contundente, es natural, es simbólico y a su vez realista. El protagonista termina solo, como al principio, pero no del todo, ahora tiene la presencia de una ausencia, un dolor que el tiempo tal vez disuelva y atenúe. Ante el cuerpo de su mujer muerta, que le sugiere la imagen de una estatua, él se va bajo la lluvia, símbolo desde siempre de la eterna tristeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ernest Hemingway: &lt;em&gt;Hombres sin mujeres&lt;/em&gt; (1927)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Catorce relatos contenidos bajo el título de &lt;em&gt;Hombres sin mujeres&lt;/em&gt;, que encierra toda una filosofía y una forma de vida, que los protagonistas sufren como elección insoslayable, y a su vez impuesta por la propia vida. La guerra, el boxeo, el toreo, son actividades donde el hombre desarrolla una forma de vida que elige por pasión pero que lo expone a una situación diferente al resto, lo aísla de los demás y lo hace vulnerable más de lo que espera. Una forma de vida que le enseña a luchar constantemente, pero que lo lleva a ir despojándose, a renunciar, a ciertas cotidianeidades. La amistad y el amor parecen ser factores renunciables, susceptibles a las circunstancias que alguna otra pasión decide cuándo y cómo necesita. Así, el protagonista de &lt;em&gt;El invicto&lt;/em&gt;, juega su última corrida sabiendo que tiene la posibilidad de ganar esa batalla contra el toro, pero no la guerra contra la muerte. En &lt;em&gt;Los asesinos&lt;/em&gt;, el personaje presenta una resignación total frente a lo mismo, el destino y la muerte representados por los que vienen a matarlo, decidiendo abandonarse a esperar acostado en su habitación. Cuentos como &lt;em&gt;En otro país, Ahora me acuesto, Che ti dice la patria,&lt;/em&gt; son relatos de posguerra que muestran consecuencias de la contienda, la forma en que los protagonistas sufren o se han adaptado a ciertas circunstancias. En &lt;em&gt;Cincuenta mil dólares&lt;/em&gt; encontramos a un boxeador en decadencia que apuesta a favor de su contrincante, otra forma más de luchar contra la muerta sabiendo que perderá de antemano. Los cuentos de Hemingway son relatos, muchas veces más impresionistas que narrativos, muchas veces casi anecdóticos y descriptivos, pero en todos ellos hay una trama que el lector tiene la obligación de descifrar a través de la intuición, porque la narrativa de Hemingway sugiere más de lo que dice, y para ello utiliza un exacto equilibrio entre lo expresado y lo que esconde. &lt;em&gt;Los asesinos&lt;/em&gt; es un ejemplo clásico, el diálogo entre los protagonistas secundarios es lo que impone y explica la situación. El protagonista queda en un segundo plano en cantidad de líneas, pero surge como gran peso al final del cuento, siendo él la situación, el personaje y el símbolo al mismo tiempo. En &lt;em&gt;Colinas como elefantes blancos&lt;/em&gt; nos encontramos con una pareja que discute por una situación no expresada, pero que el lector intuye y presiente casi sin equivocación, y sea cuál sea, sabemos que pesa y afecta la vida de los protagonistas. En &lt;em&gt;Un idilio alpino&lt;/em&gt; vemos que la muerte, tan insoslayable como para todos los protagonistas de los cuentos, en este caso es tomada como una costumbre irremediable, y los cuerpos como simples objetos inanimados hacia los cuales se deben cumplir ciertos deberes que la ley o la costumbre impone. En &lt;em&gt;Diez indios&lt;/em&gt;, Hemingway demuestra sus sensibilidad exquisita con las apalabras exactas del final, haciendo lamentar a su protagonista masculino, en el duro y cruento ambiente del oeste americano del siglo XIX, por un corazón roto por el desamor entre un colono y una india. Pero todas estas situaciones no tienen desarrollo psicológico, sólo se expresan a través de diálogos cotidianos que dicen más de lo que parece, y el símbolo, a veces más claro, otras más escondido, es el representante poético, el clímax, la razón del cuento o relato. Publicado a los 28 años de edad, esta colección de cuentos es una intensa, breve y cumplidamente prometedora dosis de lo que más tarde nos depararía su obra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ernest Hemingway: &lt;em&gt;Relatos &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta compilación de la editorial Luis de Caralt, de Barcelona, es un clásico para los amantes de la obra de Hemingway en habla hispana, lo mismo que un texto de cabecera para los talleres literarios. Esta colección contiene 33 cuentos de Hemingway, si no todos una gran mayoría, ninguno de los cuales puede clasificarse de malos o mediocres, aunque si de menores en importancia capital dentro de su obra. Además de algunos cuentos contenidos originalmente en su segundo libro de cuentos, &lt;em&gt;Hombres sin mujeres&lt;/em&gt;, y ya comentado antes por nosotros, nos encontramos con algunos de los siguientes relatos. &lt;em&gt;Después de la tormenta&lt;/em&gt; es un texto diferente en el estilo habitual del autor, más por el lenguaje que por el punto de vista, ya que no se aparta del habitual narrador protagonista niño o adolescente. Aquí el punto de vista destaca poéticamente el paisaje y el hallazgo de un barco hundido, y su posterior saqueo por manos más expertas que las suyas. Como siempre en Hemingway, es una alegoría clara sobre la muerte y la sobrevivencia del más fuerte. &lt;em&gt;Un lugar limpio y bien iluminado&lt;/em&gt; vuelve al estilo escueto, repleto de diálogos, de apariencia intrascendente, pero que suda una emotividad que se va impregnando en la ropa del lector, resultando de ello uno de los mejores y más excelsos relatos cortos de Hemingway. &lt;em&gt;Algo que tú nunca serás&lt;/em&gt; es una descripción de un personaje que ha sufrido las secuelas de la guerra, no sólo física sino mentalmente, y lo que leemos nos conmueve por el exquisita buen gusto del autor para decir y expresar lo más crudo de la manera más directa y a la vez tan sutilmente. &lt;em&gt;La madre de un as&lt;/em&gt; tiene como protagonista a un antihéroe, y por más que el narrador tome partido, la descripción nunca es amanerada ni juzgadora. &lt;em&gt;Un día de espera&lt;/em&gt; es un relato con una mirada muy infantil, muy inocente, sobre la llegada de la muerte, hace acordar a la ingenuidad de &lt;em&gt;Tini,&lt;/em&gt; de Eduardo Wilde. &lt;em&gt;Una historia natural de los muertos&lt;/em&gt;, otra vez se aparta del discurso habitual, con un lenguaje más faulkneriano en su moderado exceso y contenido cuasi filosófico sobre la muerte y los muertos. En &lt;em&gt;El vino de Wyoming&lt;/em&gt; el autor regresa al oeste americano, transmitiendo con su estilo el clima crudo, polvoriento, los personajes contenidos, crueles y tontos, excesivamente humanos. &lt;em&gt;El jugador, la monja y la radio&lt;/em&gt; es otra historia de posguerra situada en un hospital de convalecientes, y encontramos al Hemingway de siempre con sus personajes y su método de contar: la guerra, la descripción de los personajes a través de diálogos, las sensaciones de éstos a través de sus acciones, el canto, el juego, la conversación, su no hacer nada, en fin, su desesperanza. &lt;em&gt;El anciano del puente&lt;/em&gt; es una pequeña y corta joya donde el simbolismo claro y edificante no ensombrece la narrativa experta, concisa, clara. &lt;em&gt;Las nieves del Kilimanjaro&lt;/em&gt; es un cuento largo que constituye una de las obras maestras de Hemingway. Su lenguaje, dividido en fragmentos en tercera persona y episodios oníricos, construye una pintura donde el ambiente africano va ganando terreno por encima del la historia personal de la pareja protagonista. El drama personal, el fracaso individual, la desesperanza que constituyen el transfondo del hombre, parecen ser el punto central de donde surgen y confluyen simultáneamente los extraños signos que dominan el paisaje africano: el inminente peligro, la extrañeza, el misterio que lentamente se va transformando en un terror tan cotidiano como el frío de la noche. &lt;em&gt;La vida feliz de Francis Macomber&lt;/em&gt; es otro cuento largo y en uno de los cuales encontramos lo típico de Hemingway en su mayor expresión: el drama intenso y el estilo depurado y exacto. Un safari organizado por un millonario y su esposa se convierte en una tragedia donde están envueltos la cobardía, la valentía y la traición. Lo que aparenta nunca es lo que es realmente, y detrás de toda acción humana hay múltiples sentidos. La crudeza del final sólo es comparable y acorde a las actitudes hipócritas y crueles de los personajes durante todo el relato. En &lt;em&gt;Campamento indio&lt;/em&gt; aparece el personaje de Nick y su padre médico en el oeste americano, protagonistas de una serie de cuentos donde el punto de vista de un niño y luego joven se contrapone frente a su descubrimiento del paisaje y los personajes con los cuales le toca crecer y vivir. Su visión es virgen y melancólica al mismo tiempo, es imparcial pero piadosa. Tal vez el ejemplo más conmovedor lo de el cuento &lt;em&gt;El luchador&lt;/em&gt;, donde Nick se encuentra con un ex luchador marcado física y mentalmente por las secuelas de su actividad y medio de vida (otro medio de confrontación símil a la guerra, el boxeo o el toreo, como ya hemos visto, incluyendo la pesca, como en &lt;em&gt;El viejo y el mar&lt;/em&gt;). Aquí, la descripción del personaje es puramente hemingwayniana: “… su rostro estaba desfigurado. Tenía la nariz hundida, los labios eran una masa deforme y los ojos simples hendeduras. Nick no lo vio todo de golpe. Sólo advirtió que el hombre tenía la cara mutilad”. &lt;em&gt;El regreso del soldado&lt;/em&gt; retoma las secuelas de la guerra y sus habituales consecuencias de pérdida y confusión para quienes regresan. El padre es otro relato narrador por un hijo, que recuerda la figura de su padre, jockey de personalidad peculiar, que lo ha marcado definitivamente, y su relato sobre su muerte, Otra vez, lo anecdótico se realza por el lenguaje nostálgico y poético, pero ajustado y escueto al mismo tiempo. &lt;em&gt;El río de los dos corazones &lt;/em&gt;es un cuento más descriptivo que narrativo, donde el paisaje que va descubriendo el personaje en su camino en busca de un lugar adecuado para pescar se convierte en una alegoría de gran poesía sobre el hombre y su contacto estrecho y conflictivo con la naturaleza, &lt;em&gt;su &lt;/em&gt;naturaleza.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#336666;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#336666;"&gt;Dylan Thomas: &lt;em&gt;Retrato del artista cachorro&lt;/em&gt; (1940) &lt;em&gt;Una visión del mar&lt;/em&gt; (1953) &lt;em&gt;Con otra piel&lt;/em&gt; (1955)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los cuentos de Dylan Thomas forman, junto con su poética, una homogeneidad de sólida congruencia estructural y filosófica. Pero su filosofía no es de ideas sino de sensaciones, y estas sensaciones tienen en común un origen, que es la experiencia de la infancia. La visión que tiene Thomas sobre el mundo y sus cosas: naturaleza, hombres y mujeres, hechos y situaciones, es una visión obtenida en la niñez, pero que ha sido madurada y filtrada por una mente lúcida y lógica, sin ser, sin embargo, simplificada o excesivamente analizada por ningún tipo de psicologismo. Su visión mantiene, junto con la profundidad y la soltura, la incuestionable nostalgia y el necesario humor a la vez. Su mirada no es dolorosa, ni tampoco cae en lo melancólico, simplemente es una nostalgia contemplativa. Y en esta contemplación surge lo narrativo. Veamos ejemplos. En la colección reunida bajo el título de Una visión del mar, Dylan reunió, poco antes de su muerte, estos relatos de su primera época, entre los 20 y los 25 años de edad. Los cuentos, que deberíamos llamar relatos o impresiones, pero que nunca dejan de lado algún personaje o alguna situación determinada, siempre poseen un final, abierto o no, pero que cierra adecuadamente el texto. Estos relatos están construidos con un estilo todavía inmaduro, pero ya característico, porque su simbiosis de modernismo y surrealismo, siempre adaptado a una forma propia y a una visión y temática localista y muy particular, lo emparenta directamente con sus poemas. Y así como su poesía fue madurando hacia un estilo menos hermético, más escueto, la visión no dejó de ser poética. Es así como en Retrato del artista cachorro encontramos relatos que trabajan un estilo y una estructura, una ideación menos relacionada con lo onírico o el pensamiento y más influenciada por la acción y la descripción clara y directa de los personajes o las situaciones. Su experiencia como escritor radiofónico colaboró con este cambio, y logró de esta manera un conjunto de relatos donde hallamos un equilibrio perfecto entre la mirada del autor y la del lector. El narrador tiende a ser un testigo, pero que no necesariamente tiene que participar en la acción, a veces es protagonista o secundario, otras aparece como narrador involucrado en la situación, pero que permanece apartado de ella. Incluso cuando narra en tercera persona, la voz narrativa posee un tono que recuerda la narración en primera, y de ese modo arrastra la complicidad del lector sin que éste apenas se de cuenta. En los textos de Con otra piel, escritos por la misma época del anterior, nos encontramos con una novela inconclusa, cuyos tres primeros capítulos comparten las características de Retrato del artista cachorro, pero la visión del niño es aquí ocupada por la visión del adolescente que sale de su pueblo para vivir las primeras experiencias en la ciudad. Lo común en los relatos de Dylan, además de lo mencionado: estilo y punto de vista, visión y filosofía del mundo, lenguaje poético, es también la peculiaridad de sus personajes. Estos suelen ser personas comunes y corrientes, habitualmente seres empobrecidos y fracasados, hombres viejos aferrados a costumbres ancestrales, amas de casa, parejas desencontradas por el amor, niños aislados y extraños, (como Tosecita, que hace recordar a un personaje de Abelardo Castillo de Las otras puertas), hombres que extrañan a sus seres queridos muertos. Esta galería de personajes es una galería que cualquiera puede encontrar saliendo a la calle para escuchar las conversaciones del mundo. Y esto es lo que parece haber hecho Dylan durante toda su vida, y especialmente durante su niñez y adolescencia: escuchar a la gente, ver a la gente, pensar sobre ellas, y luego de sentirlas curiosamente propias, incluso para su sorpresa, se puso a expresarlas con admirable talento, y de la forma en que él las veía: como poemas desarmados, disecados, explorados hasta encontrar sus alma. Y el personaje es, en este caso, invariablemente tanto el ser como la circunstancia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#336666;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#336666;"&gt;José Ingenieros: &lt;em&gt;El hombre mediocre&lt;/em&gt; (1913)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este ensayo de Ingenieros sorprende por la lucidez y la agudeza de visión, la audacia en sostener ciertas ideas, y por el lenguaje adoptado para un ensayo de este tipo. No es un estudio investigativo, sino un conjunto de ideas e impresiones organizadas por capítulos, en los cuales desarrolla determinados aspectos sobre la humanidad en general y sobre el hombre en particular, especialmente sobre el hombre contemporáneo. Pero el análisis que hace se aplica al hombre en general, de todo tiempo y lugar, ya que nos habla de las características morales y sociales de la humanidad. Por un lado, el contenido del ensayo demuestra una mirada lúcida, observadora, analítica tanto de la palabra como de su significado más apropiado, eso nos lleva al medio que utiliza para expresar sus ideas. El lenguaje, entonces, se torna poético, con un estilo culto y ambicioso, casi barroco en ocasiones, con ciertos giros modernistas, que luego tenderán a desaparecer no mucho tiempo después. Este estilo, más depurado, podemos encontrarlo también en Eduardo Mallea, lo cual no es casual, ya que se trata de otro argentino sumamente preocupado tanto por la cultura como por los destinos de su país. Y aquí debemos hablar de patria y no de nación, diferencia que Ingenieros se encarga de resaltar en uno de los capítulos de este libro. Porque con la excusa de hablarnos del hombre mediocre, nos lleva a analizar los factores y elementos que forman, determinan y son objeto y juguete de este tipo de hombre. Como dijimos, la preocupación por las palabras y sus significados lo lleva ha hacer constantes distinciones entre conceptos y definiciones, desarrollando descriptivamente las características de lo que intenta plasmar. Por ejemplo, no hace una distinción entre el hombre mediocre y el hombre honesto, asemejándolos en cuanto a moralidad e hipocresía. Como antítesis, nos habla del hombre honrado, dándonos como similitud la palabra virtud. Con este solo ejemplo vemos la audacia en ir contra los convencionalismos que tienden a vulgarizar las ideas en general y quitar o deformar el significado correcto de las palabras. Como este, hay muchos ejemplos donde su mente aguda relaciona la decadencia de las naciones con el descenso de la moralidad y la indiferencia por los artistas y los hombres de verdadero talento. Su idea sobre la selección natural aplicada al hombre contemporáneo, puede malinterpretarse con una lectura superficial, ya que nos habla de la supervivencia de los mejores, incluso dice que la pobreza o la idiotez son necesarias para resaltar el contraste de los altos valores. Pero Ingenieros nos habla de valores morales y no económicos, de la honradez como ejemplo de virtud, del santo, del héroe y del genio como únicos ejemplos a seguir. También advierte que si bien son ejemplos demasiado altos, son los que debemos imponernos para imitar, ya que a los mediocres cualquiera puede imitar. Otra de las ideas cruciales, que desentonan con lo que actualmente se considera políticamente correcto, es decir, con lo convencional y conservador, es cuando nos habla de la vejez como un tiempo de mediocridad y descenso tanto físico como intelectual y moral. La debilidad física y neurológica pervierte también los valores intelectuales, y por lo tanto los morales. Su punto de vista, como ya dijimos, es puramente abstracto, pero no deja de tener una tremenda lógica basada en que tanto los valores morales como los intelectuales van acompañados de los calores físicos. Nos dice, por ejemplo: “La madurez ablanda al perverso, lo torna inútil para el mal”. Mente sana en cuerpo sano, diría él, me atrevería a asegurar. La visión de Ingenieros es la de un médico, por lo tanto lo fisiológico está en relación directa tanto con la lógica moral como con la física. Finalmente, nos pone como ejemplo a Sarmiento y a Ameghino, dos hombres que impusieron sus ideas en diferentes planos del conocimiento y la realidad. Ambos lucharon contra la mediocridad de sus contemporáneos. Fueron artistas de sus ciencias y destrezas políticas e intelectuales, impusieron, en fin, una moral basada en sus principios y creencias. Fueron más allá de sus individualidades pero defendiéndolas al mismo tiempo como quien usa un arma. En otro momento nos dice: “El genio nunca ha sido una institución oficial”. Este ensayo, entonces, es un ícono en la literatura argentina, un estudio que es a la vez un fuerte golpe intelectual a la medianía y a la mediocracia imperantes, a los conformistas y a los decididamente hipócritas, un llamado a despertar a los indiferentes y un reconocimiento a los dignos. “Cuando se vive hartando de groseros apetitos y nadie piensa que en canto de un poeta o la reflexión de un filósofo puede estar una partícula de la gloria común, la nación se abisma.” Este es, entonces, un ensayo rebosante de conceptos e ideas brillantes y altamente humanas, trasmitidas con&lt;/span&gt; un &lt;span style="color:#336666;"&gt;lenguaje acorde al nivel de lo que trata: el lenguaje poético para hablar del hombre.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#336666;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#336666;"&gt;Honoré de Balzac: &lt;em&gt;Otros comentarios sobre la obra balzaciana&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habiendo leído la totalidad de La comedia humana, podemos llegar a la conclusión, por cierto arbitraria y sujeta a una opinión basada en gustos particulares, sin por ello dejar de ser un intento imparcial aunque fracasado de crítica que se pone como objetivo, y utiliza como instrumento, un análisis pormenorizado y una visión que pretende ser lúcida, que gran parte de las obras que constituyen esta gran saga de la sociedad son repeticiones de unas cuantas novelas y cuentos que resaltan como obras maestras. Lo mejor de la obra de Balzac son aquellos textos donde disecciona la sociedad de su época, o la inmediatamente anterior. Como todo obra que se propone abarcar un mundo completo, está de por sí llamada al fracaso. Lo único completo es el mundo que se intenta plasmar, e incluso éste va cambiando. La pretensión del autor se traduce en un intento sistematizado de describir la sociedad en base a un cierto esquematismo que pretende clasificarla en géneros, en segmentos, en personajes paradigmáticos. Todo este plan es imprescindible, por supuesto, pero está llamado a ser incompleto. Por ello, nos encontramos con dos tipos de fracasos. Uno, el del agotamiento de las historias. Muchas de las novelas y cuentos repiten un esquematismo argumental que está anclado en la retórica misma de la realidad. Sea el que sea el ambiente o la clase social que el autor ha elegido para tal o cual novela, las conductas de los hombres y mujeres se limitan a un par o poco más de actitudes y acciones. Eso nos lleva a que la profundidad psicológica del texto se vea seriamente amenazada, así como también la mera descripción externa de los personajes. Ello conlleva, por lo tanto, a que el lenguaje, el otro punto de fracaso, se vea limitado, o se auto-limite por su propio agotamiento, tanto de historias para fuente de alimento como por el oficio que conduce a escribir casi automáticamente. Así, la poesía del lenguaje, que enriquece la obra y tiene el deber de compensar falencias, como la de la historia misma, está ausente, y se convierte en una mera enumeración de descripciones, de comentarios y retórica. La filosofía de Balzac, cuando no es profundo o está adecuadamente inserta en la trama, se torna abstracta y superficial. Por eso mismo, y en un rubro aparte, sus artículos periodísticos caen en la misma falencia: están saturados de realidad. Por más que sus opiniones tiendan a ser imparciales o adviertan su condición de mera opiniones personales, el lenguaje está demasiado anclado a un simplismo cuasi periodístico que mantiene el análisis en un superficialidad. Es verdad que no hay golpes bajos y el buen gusto en predominante, que la observación en lúcida y aguda, analítica, pero carece de la profundidad emocional. La mirada de Balzac se destaca por su penetración en las grietas de la sociedad, en el filo con que corta los velos de las costumbres. La ironía y la poesía son dos armas que Balzac ha utilizado de manera magistral en sus mejores textos. Obras como Eugenia Grandet, Beatriz, La piel de onagro, La indagación de lo absoluto, La prima Bette, Cesar Birotteau, son puntos clave que representan tendencias y géneros, debajo de las cuales hay toda una serie de obras, que no hacen más que repetir con ciertas variaciones la idea original. Algunas con más o menos éxito, pero sin duda limitando el número de de la obras realmente buenas a un cincuenta por ciento menos, siendo contemplativos y generosos. La magnitud de las obras máximas está tanto en la excelencia del lenguaje como en la historia contada, rangos entre los que podemos ubicar diversos instrumentos que todo autor debe tener, una visión lúcida, una capacidad de crítica, buen gusto para saber otorgar sutileza a su mirada, la habilidad de la ironía, que a su vez necesita de cierta angustia existencial y una madurez con la que ya se nace, todo esto entremezclado con la habilidad literaria. Digamos, que lo mejor de Balzac está en su inteligente percepción y transmisión del mundo que decidió plasmar en forma escrita, y no únicamente, ni necesariamente, en su capacidad fotográfica o pictórica. Dos ejemplos magistrales de lo que acabamos de decir son estos dos breves textos: El contrato de matrimonio y La incapacitación. El logro no está es otorgar una novela a cada género de comercio, como en César Birotteau o La casa del gato que pelotea, región francesa o extranjera, como en Los chuanes o Los campesinos, género artístico, como en La obra de arte desconocida o El elixir de la larga vida, sino en otorgar vida a cada novela, sea el que sea el tema o ambiente. Para ello, el lenguaje es primordial, y por ello Beatriz se lleva las palmas en cuanto a poesía del lenguaje. Las disquisiciones filosóficas no están allí puestas como largos monólogos o interrupciones en la acción, sino como momentos naturales de distensión en la trama, de pensamientos de alta filosofía psico-social que surgen y se insertan espontáneamente de y en la mente y espíritu de los personajes. Estas disquisiciones son las que dan profundidad a los protagonistas, ya que a falta de un análisis psico-clinico adecuado, la filosofía social se mezcla con los sentimientos particulares y la propia visión de cada personaje. Los personajes más logrados de Balzac son sobre todo mujeres: ver por ejemplo La prima Bette, Otro estudio de mujer, La incapacitación, Beatriz, Memorias de dos recién casadas, La mujer de treinta años, pero también hay personajes masculinos sublimemente plasmados: Gobseck, Cesar Birotteau, El primo Pons. Volviendo a las obras que hoy nos toca ver, El cura de aldea es un ejemplo de las falencias que antes mencionamos. Balzac transmite lo histórico de una manera que no siempre ha tolerado el paso del tiempo. Su lenguaje en este tipo de dramas históricos esta excesivamente pegado a la realidad y la inmediatez del tiempo que intenta plasmar, por lo tanto, la realidad tiende a saturar y hundir la obra en sí misma, que es literaria y no un manual de historia. En El cura de aldea sucede algo parecido, hay una diversidad de argumentos que parece crear un misterio que mantiene pendiente al lector por largas páginas, pero este misterio se torna predecible y para nada original. La realidad, otra vez, satura ahora por su falta de originalidad, y el lenguaje, discreto pero mediocre, tiende a cumplir con su papel de mero cronista, sin ambición literaria. Lo fantástico en Balzac tiene sus altibajos, pero en lo mejor de sus obras constituye una especie de renovación del estilo y del lenguaje. La peculiaridad de las tramas de Balzac radica en su mezcla curiosa de argumentos múltiples hábilmente enlazados, en la ambivalencia de los personajes, y esta misma inteligente destreza literaria está aplicada en los argumentos de sus textos fantásticos. Lo sobrenatural no está en la realidad, sino en la múltiple interpretación de los acontecimientos simples y cotidianos, en la fatalidad, en el destino del que los personajes no pueden huir. En Melmoth reconciliado tenemos un texto menor dentro de la totalidad de su obra, pero que otorga una visión diferente, un complemento, casi una visión de una cuarta dimensión dentro de la Bolsa de comercio y la casa Nucingen, dos arquetipos realistas y duros, estrechamente apegados a los elementos reales y naturalistas de la obra.balzaciana. Una pasión en el desierto es una pequeña joya que hay que incluir en sus textos cortos, donde muchas obras maestras podemos hallar, un relato fantástico, realista y poético de la relación entre un hombre y una pantera, que sirve de motivo para una visón poética y filosófica de la naturaleza humana en general.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#336666;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#336666;"&gt;Dan Simmons: &lt;em&gt;Los fuegos del Edén&lt;/em&gt; (1994)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta novela de Dan Simmons tiene en la mayor parte de sus páginas las virtudes que caracterizan si no al mejor, sí a la destreza narrativa y al talento del autor. En su narrativa, Simmons tiene la peculiar virtud de mezclar la buena literatura bajo la fachada de un género determinado, sea éste el terror, la fantasía, la ciencia ficción o la ficción pura, y no es raro que haya una mezcla de géneros en una misma novela. Sus argumentos no son del todo originales, ya que recurre a otras fuentes literarias como alimento, sin ocultar esas fuentes, al contrario, las utiliza como material narrativa y como eje argumental en muchos casos. En Los fuegos del Edén la fuente la constituyen las leyendas de Hawaii, la historia mágica de las tribus aborígenes. Todo parece ir bien durante las casi cuatrocientas páginas de la novela. Tenemos un lenguaje apropiado, fluido pero que no cae en lugares comunes ni de mal gusto, un argumento y un conflicto no originales pero bien llevados, con un misterio y una intriga que va en aumento y se va develando de a poco. Nos encontramos en un hotel donde han ocurrido desapariciones inexplicables, cuyo dueño intenta venderlo mientras se enfrenta con hechos sobrenaturales. A su vez, tenemos a una profesora universitaria que visita el complejo con el diario de un antepasado que residió en la isla, y cuya presencia no se explica bien. Como tercer eje, el diario mismo. El problema, postergado a lo largo de muchas páginas, y abusando de la confianza del lector, es cuando llegamos al final. La resolución es absolutamente trivial y hasta ridícula. El enfrentamiento de las ancestrales fuerzas del mal, liberadas por los contemporáneos habitantes de la isla, es burdo y literariamente sin sentido, demasiado rápido, como un postre preparado si ganas. Y aquí, gracias a este gran defecto, es donde se ponen de manifiesto las demás falencias de la novela, acumulados a lo largo de ella, pero que se venían ocultando por las ansias de un lector intrigado y del oficio del autor. La habitual división de tramas a la que Simmons nos tiene acostumbrados, y que tienen a entremezclarse al final, aquí se hace simplista y retórica. Los motivos de los conflictos también son forzados e injustificados. Las conjeturar, habitualmente limitadas, tendientes a dirigir la atención y la lógica del lector más que a explicar un misterio, adquieren un sentido no valedero, no justificado. Las motivaciones económicas que desencadenan el conflicto y la venganza de las fuerzas ancestrales son trilladas y burdas como motivación literaria. Los personajes carecen de contrastes, a pesar de aparentar estar bien definidos, pero su construcción se revela como superficial al final de la novela, esquemáticos y sin profundidad ni emocional ni psicológica. Es verdad que el motivo central de esta clase de historias es el sentido primordial de la aventura y el misterio, el entretenimiento como eje narrativo. Sin embargo, es gran causa de desilusión para un lector interesado en la exploración de nuevos mundos, interesado en buscar en un libro algo que, por más que represente su vida cotidiana, lo involucre emocionalmente y lo asombre de alguna manera. Para ello el autor necesita un lenguaje apropiado, y sobre todo que apunte a alturas elevadas. Simmons ha demostrado en otros textos saber conmover de una peculiar forma, constituida ésta por una extraña mezcla de géneros y un lenguaje de aparente simpleza pero que esconde recursos gramaticales curiosos, retor
