miércoles, 3 de septiembre de 2025

Jornadas de lectura









 Carlos Dariel

Donde la sed


Biblioteca Nacional Marioano Moreno de Buenos Aires

21 de marzo de 2012

Segundo Encuentro de Escritores de Lationamérica popr el Derecho a la Memoria

Sala Augusto Raúl Cortázar


Estos nuevos poemas de Carlos Dariel nos muestran un cambio de dirección en su poética, un cambio moderado, pero con la misma calidad a que nos tiene acostumbrados con sus dos primeros libros. Este cambio es difñícil de definir, es sutil y evidente al mismo tiempo, como debe serlo en todo buen poeta. Primero, los cambios son internos, luego, se exporesan en la poesía, madurados, meditados, ubicados en el modo y la forma adecuada. Desde su primer libro, la poética de Dariel se caracterizó por la concisión y la madurez desarrollada en cada poema, dando como resultado una visión aguda y acertada, madura y serena, triste pero no desesperanzada. Hay, en general, una idea de fatalidad en su poética, sus textos soin contundentes en su síntesis afirmativa. Dariel no dura al escribir, no duda de lo que dice, ni siquiera de las contradicciones o las ambiguedades que sus poemas plantean como temática. Es así, que en esta nueva colección nos hallamos con un aire de miticismo en muchos de los poemas, pero este misticismo no se refiere a divinidades o creencias religiosas, sino al significado último de las cosas del mundo, incluso a los sentimientos y hechos que nos rodean. El valor de las pequeñas cosas es mucho mayor al que imaginamos, y esta valoración es lo que llamamos misticismo, no para adorar o sobrevalorar, sino para dar en su justo punto cada detalle de cada instante del trascurrir del hombre en el mundo, como cuando llama sagrado oficio a la escritura. Y esto nios lleva a otro punto de su temática: la poesía y la palabra. La comunicación y la comunión. Es destacable la repetición de ciertas palabras, ciertos ítems, como mirada, manos, tocar, y su relación con estas otras: abrazo, piedra, manchas. Ver, por ejemplo, el claro y estupendo poema Dialéctica de mis manos, o Vacilaciones, donde tenemos este hallazgo poético y filosófico: el cuerpo es nuestra ignorancia/ y hacia él vamos/ en cada intento. La palabra y su eterna contradicción: la incomunicación implícita en ella misma. En un momento nso dice: sospecha de que no son las palabras/ el poema/ acaso su borde; o escritura/ tejido/ de manta corta. Una de las preocupaciones constantes de Dariel ha sido siempre la función de la palabra y la poesía, su lugar en el mundo, el aparente conflicto con la cortidianeidad práctica del hombre común. La búsqueda de relaciones entre palabra, poesía y hombre lleva al autor poe caminos desiertos, llenos de piedras, donde se tropieza a cada instante, pero hay momentos donde el autor halla consonancia son su pasado, con el primer hombre, como en el poema Sinopsis de la evolución, o con el tiempo y las cosas u objetos remotos, como en Telar, o con la naturaleza, como en El instante. En este libro son abundantes los poemas dedicados a autores con los que siente afinidad, poemas homenajes que son una búsqueda y una explicación, una razón de ser que no necesita explicarse en realidad, sobre la poesía. Desde el epígrafe, notamos que el cambio de dirección ya mencionado se dirige hacia uan poesía de tinte conceptual, pero los poemas no son al estilo Girri, sino más concisos, menos complicados intelectualmente y más enraizados en las preguntas que en las respuestas. Girri explora y ensaya respuestas, es un científico de la poesía. Dariel piensa y se pregunta, meditra luego de hacer observaciones. Plantea dudas y sabe que ellas son suficientes para expresarse. La inteligencia, muchas veces, se corrobora en la calidad de las preguntasy no en la vanidad de las respuestas.  Lo conceptual en Dariel está en la  mirada lúcida y analítica, que conserva el sabor intensamente humano, y sobre todo una actitud comprometida tanto con su intrumento, la palabra y la poesía, como con su objeto de estudio, ese misterio llamado hombre. Por todo esto, celebramos la llegada de este tercerf libro de poemas de Dariel, que confirma de esta manera su talento y su compromiso con la calidad, y a nosotros nos alivia, nos reconforta de tanta mediocre poesía que anda rondando por ahí.


                                 Ricardo Curci


 
100 ESCRITORES EN LA BIBLIOTECA NACIONAL
 
2do. Encuentro de Escritores Latinoamericanos y del Caribe Por el Derecho a la Memoria, Buenos Aires 2012
 
Sala Augusto Raúl Cortazar
 
Lunes 19 de marzo
 
ACTIVIDADES
 
 
HORARIO DE MAÑANA
10:00 hs. A 13:30 hs.
 
  REGISTRO Y ENTREGA DE PROGAMAS
10:00 hs. a 12:00 hs.
 
Presentación del encuentro en imágenes  c/música
Moderadora general Leticia Martín
MÚSICA
12:00 hs. a 12:30 hs.
 
Músicos participantes:
Martín Targa (voz)
Patricia Graetzer(voz)
Hilda Morgan(teclado )
 
ACTO DE INAUGURACIÓN
12:30 hs. a 13:00hs
 
-Palabras de apertura
Horacio González (director de la Biblioteca Nacional)
Alicia Digón  ( escritora y  directora de revista GUKA Argentina)
Guillermo Furlong  (escritor y consultor del Colectivo de Artistas
latinoamericanos en Acción Solidaria)
13:00 hs. a 13:15
Palabras de Miguel Gaya
 
RECESO
13:15 hs. a 14:30 hs
 
HORARIO DE TARDE
14:30 hs. A 18:00 hs.
 
DEL AUTOR AL LECTOR
14:30 hs.  a 14:45 hs.
 
El Salvador
Marco Herrera  nos presenta su libro
 
PONENCIAS
14:45 hs a 15:20 hs
Argentina:   Luis Bravo
El Salvador:   Marco Herrera
México:    Eloy Trejo Trejo
Cuba:    Juanita Pochet Cala
 
TARDE DE LETRAS
15:20 hs. a 16:15 hs
Con Mario Capasso
Peña Pinamarense
 
Modera: Marcela Gibellato
 16:15 hs.  a 17:00 hs.
Invitados: Café literario de la Asociación Americana de Poesía
Modera: Ester de Izaguirre
Poetas:
Luisa Berutti, Zulema De Artola, Sofía De La Iglesia, Nuri Escorza, Mabel Fontau,María Paula Mones Ruíz, Beatríz Vallazza.
 
Narradoras:
Gladys Abilar, Graciela Bucci, Elba D´Onofrio, Luz ElchemendiGaray, y Martina Gusberti.
 
HOMENAJE A ESCRITORES
17:00 hs. a 17:35 hs
 
Recuerdan a: - Roberto Santoro y Paco Urondo – ponente: escritor Fernando Russo
 - Haroldo Conti – ponente: escritor  Walter Iannelli
 
DEL AUTOR AL LECTOR
17:35 hs.  a 17:50 hs.
 
Argentina (Cipolletti)
El escritor Fernando Russo presenta su libro"Entre Jotes y medianoche"
Grupo Las Ovejas Descarriadas:
Carmen Ethel Remolins -Junto a Domingo Racedo.
 
 
 
ACTO DE ENTREGA DE DISTINCIÓN
DECLARACIÓN DE INTERÉS CULTURAL
POR LA LEGISLATURA PORTEÑA
17:50 hs. a 18:10 hs.
 
Canto
Martín Targa
 
Entrega de distinción a la antología poética Sin Fronteras
por el artista plástico Aníbal Cedrón 
 
Lecturas poéticas Sin Fronteras
Micrófono abierto a la lectura de  poemas de los 51 autores latinoamericanos que integran la antología. Argentina, Chile, Cuba y Colombia y México.
 
                     
CIERRE
Canto Colectivo
 
Martes 20 de marzo
Día Mundial del Teatro Infantil y Juvenil
 
ACTIVIDADES
 
HORARIO DE MAÑANA
10:00 hs. A 12:30 hs.
 
DEL AUTOR AL LECTOR
10:00 hs. a 10:20 hs
 
Argentina
Luján Luale presenta su libro.
Comentarios: Rodrigo Moral
Judkovsky nos ofrece un avance de su nueva novela.
 
 
PONENCIAS
10:20 hs. a 11:00 hs.
Colombia: Canela Sarasvati
         
Argentina -  Juan Terranova
           -  Pablo Judkovsky
 
GUPOS DE TRABAJO
Ponencia virtual
11:00 hs.  a 12:00 hs
México:
Venancio Neria Candelaria
Jorge Antonio García
José Luis Zárate
Cuba:
Nancy Morejón
 
HOMENAJE A ESCRITORES
12:00 hs.  a 12:15 hs.
Recuerda  a
Rodolfo Walsh,  el escritor Alberto Ramponelli
 
   Receso
12:30 hs. a 14:30 hs
-----------
TARDE  DE 14:30 hs.  A 20:00 hs.
 
PONENCIAS
Los Niños y sus Derechos
14:30 a 15:00hs
México
María Luisa Hernández Hidalgo.
 
LITERATURA INFANTIL, CINE Y MEMORIA
15:00 hs. a 15:25hs
Argentina
Susana Velleggia
 
NIÑOS UNIVERSITARIOS
15:25 hs. a 15:40hs
México
Manuel Alejandro Chávez Alvarado
David Elihu Chávez Alvarado
 
CHARLA CON DEBATE
15:40 hs. a 16:00 hs.
 
 El Ámbito de la memoria histórica en la ficción literaria
Argentina:- Gloria Arcuschin-
 
PONENCIAS
16:00 hs. a 16:20hs
Argentina: -Teresa Palazzo Conti
 
Escrituras Al Margen
16:20 hs. a 16:40hs
Uruguay: Thiago Rocca
 
 Ponencia
16:40 hs. a 17:00hs                      
Martín Palacios Gamboa.
 
TARDE DE LETRAS ARGENTINAS
17:00 hs. a 18:00 hs.
                                                               
Invitado: Café con Letras
Modera: Ángel Kandel
 
Lucila Févola-Lina Caffarello-Julio Aranda
 
HOMENAJE A ESCRITORES
18:00 hs. a 20:00 hs.
 
Recuerdan a :    Miguel Briante,
Gabriel Levinas( editor-periodista ),Claudio Zeiger (escritor - periodista),   Graciela Almada (investigadora- locutora) Alejandro Iena (editor-periodista),   Juan"Tata"Cedrón (músico)
 
Modera: Cristina Briante
 
CIERRE
Canto Colectivo
 
 
Miércoles 21 de marzo
 
DIA MUNDIAL DE LA POESÍA.DÍA INTERNACIONAL DE LA ELIMINACIÓN
DE LA DISCRIMINACIÓN RACIAL
NATALICIO DEL BENEMÉRITO DE LAS AMÉRICAS, DON BENITO JUÁREZ
 
ACTIVIDADES
 
HORARIO MAÑANA
10:30 hs. a 12: 15 hs.
 
 
PONENCIAS
10:30 hs.  a 10:45 hs.
El Salvador: Oscar Morales Aguilar

DEL AUTOR AL LECTOR
10:45 hs. a 11 hs.
 
El Salvador:  Oscar Morales Aguilar presentará su libro
 
GRUPO DE TRABAJO
PONENCIAS
11:00 hs. a 12:00 hs
México
Abraham Chinchillas
Jorge Contreras
 

Diálogo Virtual
12:00 hs a 12:15 hs.
Con el Mtro. René Avilés Fabila
 
RECESO
12:15 hs. A 14:00 hs.
 
HORARIO TARDE
14:00 hs. a 18: 00 hs.
 
LITERATURA Y CINE
PONENCIA, CORTOS Y DEBATE
14:00 hs. a 15:30 hs.
 
Raúl Perrone, Héctor Freire,
Rubén Pergament, Esteban Ramponelli
Maximiliano Subiela
 
TARDE DE LETRAS ARGENTINAS
15:30 hs. a 16:30hs
 Invitado:Extranjera a la intemperie(1 hora)
María del Pilar Alvarez-Susana Pombo-Alicia Ginbank-
Liliana Varela-Beatriz Arias
 
Modera: María Amelia Díaz
 
EDITORIALES
16:30 hs. a 17:00 hs
Chile: Javier peralta-Marcello Dinali
                                 
Argentina: José María Marcos
  Ricardo Rubio
Analía Gómez
Joaquín Luna
 
DEL AUTOR AL LECTOR
17:00 hs. a 17:15hs
 
Carlos Dariel presenta su libro: Donde las Sed,
Primer Premio Fondo Nac de las Artes 2009
Comentarios:Ricardo Curci.
 
17:15 hs. a 17:30hs
Poemas de Antología
con Liliana Leiva, escritora y directora
de la Escuela de Estética de La Matanza
 
MARATÓN POÉTICO
17:30 hs
Uruguay: Thiago Rocca
Colombia:Canela Sarasvati
Chile: Marcello Dinali-Javier Peralta
El Salvador: Marco Herrera-Oscar Morales Aguilar
Cuba:Juanita Pochet
México: María Luisa Hernández Hidalgo-Guillermo Furlong
Argentina:Ester de Izaguirre- Carlos Carbone-Ricardo Rubio-Ángel Kandel-Gloria Arcuschin-Mabel Fontau-Fernando Russo-Ma. Amelia Díaz-Cristina Briante-Norberto Barleand-Nora Nardo- Mabel Ángela Murolo - Luis Calvo, Marión Berguenfeld- Alicia Vittorio
 
CIERRE
Canto Colectivo.
 
 
Jueves 22 de marzo
ACTIVIDADES EN GENERAL RODRÍGUEZ
MAÑANA
Traslado en micro desde Biblioteca Nacional
Escritores locales, reciben a los artistas extranjeros.
Inauguración de la muestra plástica
del artista mexicano Eloy TrexoTrexo
 
RECESO
Recorrido turístico por la ciudad.
Almuerzo de agasajo.
 
TARDE
Radio abierta: actividades con alumnos
Lecturas  en la Plaza Pública, actividad abierta
Grupo las ovejas descarriadas: Carmen Remolins y Domingo Racedo
TRASLADO EN MICRO HASTA LA BIBLIOTECA NACIONAL
 

                                              
Viernes 23 de marzo
ACTIVIDADES
 
MAÑANA LIBRE
 
Recorrido turístico por el centro de la ciudad de Buenos Aires,
lugares  históricos, exclusivo para escritores extranjeros.
 
HORARIOS TARDE
15:30 hs. a 20:00 hs.
 
MÚSICA
15:45 hs. a 16:00 hs.
Cantautora argentina
Myriam Belfer
 
 
TARDE DE LETRAS ARGENTINAS
16:00 a 18:00 hs.
 
Invitado: Integrarte(1 hora)
Moderador: Héctor Vigna
 
Invitados: Café literario Antonio Aliberti(1 hora)
 
Marion Berguenfeld-Nora Nardo
Amadeo Gravino – Julio Bepré
 
Moderador: Luis Calvo
 
PONENCIAS
18:00 hs. a 19:00 hs.
 
Argentina
Hernán Brienza
Susana Murguía
Norberto Barleand
 
 
ENTREGA DE DIPLOMAS A LOS PARTICIPANTES.
19:00 hs. a 20 hs.
 
CIERRE
CANTO COLECTIVO








Ilustración: Rizos Lakovos

martes, 2 de septiembre de 2025

Tristeza en mar (Théophile Gautier)






Vuelan como jugando las gaviotas;

y los blancos corceles de la mar,

encabritados sobre el oleaje,

sus despeinadas crines dan al aire.


Cae la tarde y una fina lluvia

apaga las hogueras de la noche;

a su paso el vapor escupe hollín

y abate su penacho largo y negro.


Más pálido que el cielo sin color,

me dirijo a la tierra del carbón,

donde reinan la niebla y el suicidio;

-Hace un tiempo ideal para matarse.


Siento ahogarse mis ávidos deseos

en el abismo amargo que blanquea;

se arremolina el agua, danza el barco,

el viento cada vez se hace más fresco.


¡Está tan dolorida el alma mía!

El océano se hincha, suspirando,

y su desesperado pecho me parece

como un amigo fiel que me comprende.


¡Penas de amor perdidas, adelante,

esperanzas truncadas, ilusiones

apeadas de alturas ideales,

podéis saltar hasta los surcos húmedos!


¡Id al mar, sufrimientos del pasado

que volvéis nuevamente para hurgar

en vuestras cicatrices mal cerradas

intentando otra vez que lloren sangre!


Id al mar los fantasmas de mis sueños,

congojas de mortales palideces

en este corazón con siete espadas

como lleva la Madre dolorosa.


Cada fantasma se sumerge y lucha

durante unos momentos con el agua

que lo cubre al final de su voluta

y lo engulle lanzando un gran sollozo.


¡Oh, pesado equipaje, lastre de alma,

tesoros miserables y queridos

hundíos y después de este naufragio

yo mismo os seguiré al fondo del mar!





Ilustración: Winslow Homer

lunes, 1 de septiembre de 2025

El aya (José María Eca de Queiroz)






Érase una vez un rey, joven y valiente, señor de un reino abundante en ciudades y cosechas, que partía a batallar por tierras distantes, dejando solitaria y triste a su reina y a un hijo chiquitín, que todavía vivía en su cuna, envuelto en sus fajas. La luna llena que lo viera marchar, llevado en su sueño de conquista y de fama, empezaba a menguar, cuando uno de sus caballeros apareció, con las armas rotas, negro de la sangre seca y del polvo de los caminos, trayendo la amarga nueva de una batalla perdida y de la muerte del rey, traspasado por siete lanzas entre la flor de su nobleza, a la orilla de un gran río. La reina lloró magníficamente al rey. Lloró, además, desoladamente al esposo, que era hermoso y alegre. Pero, sobre todo, lloró ansiosamente al padre que así deja al hijito desamparado, en medio de tantos enemigos de su frágil vida y del reino que sería suyo, sin un brazo que lo defendiese, fuerte por la fuerza y fuerte por el amor.


De esos enemigos, el más temeroso era su tío, hermano bastardo del rey, hombre depravado y bravío, consumido por groseras codicias, deseando la realeza tan solo por sus tesoros, y que hacía años que vivía en un castillo en los montes, con una horda de rebeldes, como lobo que, desde su atalaya, en su foso, espera la presa. ¡Ay, la presa ahora era aquella criaturita, rey que aún mamaba,  señor de tantas provincias, y que dormía en  su cuna con un sonajero de oro en la mano cerrada!


A su lado, otro niño dormía en otra cuna. Pero este era un esclavito, hijo de la bella y robusta esclava que amamantaba al príncipe. Ambos habían nacido en la misma noche de verano. El mismo pecho los criaba. Cuando la reina, antes de adormecerse, se acercaba a besar al principito, que tenía el cabello rubio y fino, besaba  también  por amor suyo al esclavito, que tenía  el cabello negro y crespo. Los ojos de ambos relucían como piedras preciosas. Solo que la cuna de uno era magnifica y de marfil entre  brocados, y la cuna del otro, pobre y de mimbre. La leal esclava, sin embargo, a ambos dedicaba igual cariño, porque si uno era su hijo, el otro seria su rey.


Nacida en aquella casa real, tenía por pasión, por religión, a sus señores. Ningún llanto correría más sentidamente que el suyo por el rey muerto a la orilla del gran río. Pertenecía, por lo demás, a una raza que cree que la vida de la Tierra se continúa en el Cielo. El rey, su amo, seguramente ya estaría ahora reinando en otro reino, más allá de las nubes, abundante también en cosechas y ciudades. Su caballo de batalla, sus armas, sus pajes, habían subido con él a las alturas. Sus vasallos, según fuesen muriendo, prontamente irían en ese reino celeste a retomar en torno a él su vasallaje. Y ella, un día, a su vez, remontaría en un rayo de luz para habitar el palacio de su señor, e hilar de nuevo el lino de sus túnicas, y encender de nuevo la cazoleta de sus perfumes; sería en el Cielo como había sido en la Tierra, y feliz en su servidumbre.


¡Pero, además, también ella temblaba por su principito! ¡Cuántas veces, con él colgado al pecho, pensaba en su fragilidad, en su larga infancia, en los años lentos que correrían antes de que él fuese al menos del tamaño de una espada, y en aquel tío, cruel, de rostro más oscuro que la noche y corazón más oscuro que el rostro, hambriento del trono y acechando desde la cima de su roquedo entre los alfanjes de su horda! ¡Pobre principito de su alma! Con una ternura mayor lo apretaba entonces en los brazos. Pero si su hijo parloteaba al lado, sus brazos corrían hacia él con un ardor más feliz. Ese, en su indigencia, nada tenía que temer de la vida. Desgracias, asaltos de la suerte mala, nunca lo podrían dejar más desnudo de las glorias y bienes del mundo de lo que ya estaba allí, en su cuna, bajo el pedazo de lino blanco que resguardaba su desnudez. La existencia, en verdad, era para él más preciosa y digna de ser conservada que la de su príncipe, porque ninguno de los duros cuidados que ennegrecen el alma de los señores rozaría siquiera su alma libre y sencilla de esclavo. Y, como si lo amase más por aquella humildad dichosa, cubría su cuerpecito gordo de besos pesados y devoradores: de los besos que se hacían leves sobre las manos de su príncipe.


Sin embargo, un gran temor llenaba el palacio, en donde ahora reinaba una mujer entre mujeres. El bastardo, el hombre de rapiña que erraba en la cima de las sierras, había bajado a la llanura con su horda, y ya a través de caseríos y aldeas felices iba dejando un surco de matanza y de ruinas. Las puertas de la ciudad se habían asegurado con cadenas más fuertes. En las atalayas, ardían fuegos más altos. Pero a la defensa le faltaba la disciplina viril. Una roca no gobierna como una espada. Toda la nobleza fiel había perecido en la gran batalla. Y la desventurada reina tan solo sabía correr a cada instante a la cuna de su pequeño y llorar sobre él su flaqueza de viuda. Solamente el ama leal parecía segura: como si los brazos en que estrechaba a su príncipe fuesen murallas de una ciudadela que ninguna  audacia puede  transponer.


Pero una noche, noche de silencio y oscuridad, cuando se iba a dormir, habiéndose desvestido, ya en su catre, entre sus dos niños, adivinó, más que sintió, un corto rumor de hierro y de pendencia, lejos, a la entrada de los jardines reales. Envuelta a toda prisa en un manto, echándose los cabellos hacia atrás, escuchó ansiosamente. En la tierra enarenada, entre los jazmines, corrían pasos pesados y rudos. Hubo después un gemido, un cuerpo cayendo indolente, sobre losas, como un fardo. Corrió con violencia la cortina. Y allá, al fondo de la galería, avistó hombres, un resplandor de linternas, brillos de armas… En un momento lo comprendió todo: ¡el palacio sorprendido, el bastardo cruel que venía a robar, a matar a su príncipe! Entonces, rápidamente, sin una vacilación, sin una duda, arrebató al príncipe de su cuna de marfil, lo lanzó a la pobre cuna de mimbre, y sacando a su hijo de la cuna servil, entre besos desesperados, lo acostó en la cuna real, que cubrió con un brocado.


Bruscamente, un hombre enorme, de rostro llameante, con un manto negro sobre la cota de malla, surgió en la puerta de la cámara, entre otros, que levantaban linternas. Miró, corrió a la cuna de marfil en la que lucían los brocados, arrancó al niño, y, ahogando sus gritos en el manto, partió apresurada y furiosamente.


El príncipe dormía en su nueva cuna. El ama se había quedado inmóvil en el silencio y la tiniebla.


Pero bramidos de alarma, de repente, atronaron el palacio. Por las cristaleras se percibió el luengo llamear de las antorchas. Los patios resonaban con el golpe de las armas. Y desgreñada, casi desnuda, la reina invadió la cámara, entre las ayas, clamando por su hijo. Al ver la cuna de marfil, con las ropas en desorden, vacía, cayó sobre las losas, en un llanto, destrozada. Entonces, callada, muy lenta, muy pálida, el ama descubrió la pobre cuna de mimbre… Allí estaba el príncipe, quieto, adormecido, en un sueño que le hacía sonreír y le iluminaba todo el rostro entre sus cabellos de oro. La madre cayó sobre la cuna, con un suspiro, como cae un cuerpo muerto.


En ese instante, un nuevo clamor estremeció la galería de mármol. Era el capitán de la guardia y su  gente fiel. En sus clamores había, sin embargo, más tristeza que triunfo. ¡El bastardo había muerto! Capturado entre el palacio y la ciudadela al escapar, aplastado por la fuerte legión de arqueros, había sucumbido y con él veinte de su horda. Su cuerpo allí  había quedado, con flechas en el costado, en un charco de sangre. ¡Pero, ay, dolor sin nombre! ¡El cuerpecito tierno del príncipe allí había quedado también, envuelto en un manto, ya frío, lívido aún de las manos feroces que lo habían estrangulado! Así, tumultuosamente, lanzaban la nueva cruel los hombres de armas, cuando la reina, deslumbrada, con lágrimas entre risas, levantó en sus brazos, para enseñárselo, al príncipe, que había des­pertado.


Fue un asombro, una aclamación. ¿Quién lo había salvado? ¿Quién? ¡Allí estaba junto a la cuna de marfil vacía, muda y yerta, la que lo había salvado! ¡Sierva sublimemente leal! Fue ella la que, para conservar la vida a su príncipe, mandó a la muerte a su hijo… Entonces, solo entonces, la madre dichosa, emergiendo de su alegría extática, abrazó apasionadamente a la madre dolorosa, y la besó, y la llamó hermana de su corazón… Y de entre aquella multitud que se apretaba en la galería vino una nueva, ardiente aclamación, con súplicas de que fuese recompensada, magníficamente, la sierva admirable que había salvado al rey y al reino.


¿Pero cómo? ¿Qué bolsas de oro podrían pagar un hijo? Entonces un viejo de casta noble sugirió que la llevasen al tesoro real, y que escogiese de entre esas riquezas, que eran  las mayores de la India, todas  cuantas su deseo apeteciese…


La reina tomó la mano de la sierva. Y sin que su rostro de mármol perdiese la rigidez, con andares de muerta, como en un sueño, así fue conducida a la cámara de los tesoros. Señores, ayas, hombres de armas, seguían con un respeto tan conmovido que apenas se oía el rozar de las sandalias en las losas. Las macizas puertas del tesoro rodaron lentamente. Y cuando un siervo desatrancó las ventanas, la luz de la madrugada, ya clara y rosácea, entrando por las rejas de hierro, prendió un maravilloso y chispeante incendio de oro y pedrerías. Del suelo de roca hasta las sombrías bóvedas, por toda la cámara, relucían, centelleaban, refulgían los escudos de oro, las armas taraceadas, los montones de diamantes, las pilas de monedas, los largos hilos de perlas, todas las riquezas de aquel reino, acumuladas por cien reyes durante veinte siglos. Un largo «¡Ah!», lento y maravillado, pasó sobre la turba y enmudeció. Después se hizo un silencio ansioso. Y en medio de la cámara, envuelta en un precioso fulgor, el ama no se movía… Apenas sus ojos, brillantes y secos, se habían levantado hacia aquel cielo que, más allá de las rejas, se teñía de rosa y de oro. Era allí, en ese cielo fresco y de madrugada, donde estaba ahora su niño. ¡Estaba allí, y ya el sol se levantaba, y era tarde, y su niño seguramente lloraba, y buscaba su pecho!… Entonces, el ama sonrió y alargó la mano. Todos seguían, sin respirar, aquel lento mover de su mano abierta. ¿Qué joya  maravillosa, qué hilo de diamantes, que puñado de rubíes iba a escoger?


El ama extendió la mano, y sobre un escabel cercano, de un manojo de armas, asió un puñal. Era el puñal de un viejo rey, todo tachonado de esmeraldas, y que valía una provincia.


Había agarrado el puñal y con él apretado fuertemente en la mano, apuntando hacia el cielo, donde subían los primeros rayos de sol, miró a la reina y a la multitud, y gritó:


-¡He salvado a mi príncipe, y ahora voy a dar de mamar a mi hijo!


Y se clavó el puñal en el corazón.





Ilustración: Charles West Hope


Angelita (León Benarós - Mario Valdéz)

Como quien va amaneciendo, como quien viene aclarando, en una nube rosada Angelita va llegando, en una nube rosada Angelita va llegando. Ang...