viernes, 16 de octubre de 2026

El conventillo de la Paloma (Alberto Vaccarezza)






Cuadro Primero

PINTORESCO PATIO DE UN CONVENTILLO EN VILLA CRESPO. 

DOS PUERTAS PRACTICABLES EN CADA LATERAL Y TRES EN EL 

FORO. LA DEL CENTRO DA A LA CALLE. ENTRE LOS LATERALES Y 

EL FORO, ESPACIOS LIBRES QUE DAN ACCESO A LOS OTROS 

PATIOS. ES DE DÍA. DERECHA E IZQUIERDA, LAS DEL PúBLICO.

APARECEN: SERIOLA, TOCANDO LA GUITARRA JUNTO A LA 

PRIMERA IZQUIERDA; DOCE PESOS, AVIVANDO EL FUEGO DE UN 

BRASERO CERCA DE LA MISMA PUERTA; DON JOSE, PEINANDOSE 

FRENTE A UN PEQUEÑO ESPEJO QUE CUELGA DEL CONTRAMARCO 

DE LA SEGUNDA; DON MIGUEL SE PASEA FUMANDO POR LA 

ESCENA DERECHA, SIN DEJAR DE MIRAR A LA PUERTA DEL FORO 

IZQUIERDA; LA TURCA SOFÍA LAVA Y TIENDE SUS ROPAS EN UNA 

SOGA QUE CRUZA FRENTE A SU PUERTA. PUEDEN PASAR 

ALGUNAS VECINAS, DESDE LA CALLE A LOS PATIOS INTERIORES:

 Seriola: (Canta al son de la guitarra y con plañidero acento:)

“¡Yo soy como aquella piedra 

que está botada en la calle: 

todos se quejan de mí, 

yo no me quejo de naide!”


Miguel: (Remedándolo con intención) ¿Yo no me aquejo de 

naide?... ¿Y de quién se potería aquejare osté, malandrino 

de ocho celindro, si a esta vita no hai hecho otra cosa que 

viviré de ojo?

 seriola: ¿Yo? ¡Víviriola!

Don José: (Bien gallego) Mas si toviera que trajarse veintitantos 

viagues de colectivo desde Plaza Constitución a Chaquirita 

y viciversa, sejuro os que no le quedarían janas de echare 

coplas al aire, sino de tirarse al suelo.

 Seriola: ¡Tirariola! ¿Pero, propiamente, estos puntos han resuelto 

chapársela conmigo? Pero conmigo... ¡la chapariolan!

Miguel: Ma qué tanto seriola, chapariola e mondiola. Mira un 

poco qué modo de hablare han inventado ahora.

José: No haja usté caso. Son productos de la encultura.

Miguel: ¡E qué agricultura quiere que tenga esta póvera gente!

 seriola: ¿Y ustedes qué tienen que ver con mi davi y con la grela? 

Oyó soy oyo y si quiero jotrabar, jotrabo y si no quiero, 

no jotrabo.

Miguel: Sí... ¡jotrabariola! (Mutis de Sofía y Doce Pesos).

 Seriola: Lo que aquí pasa, y esto se lo voy a batir chorede pa que 

me entiendan, es que usté y usté y el cotur de la catorce 

y todos, están en contra del que parla, desde que han 

mordido el sebo que la grela está, congomi.

Miguel: ¿Con quiéne?

 Seriola: ¡Conmigo!

Miguel: ¡No me haga reiré que sufro de zorromaco!

 Seriola: ¿De qué?

Miguel: Del corazone. Osté te hai hecho de esta ilusione peque 

seguramente hai olvidade que per sonare esto disco hace 

falta seré muy púa.

José: Esu... esu mismo que lo que dice este puntu.

Miguel: (Mirándole con superioridad) ¿Cómo? ¿Y eso punto qué 

chance piensa teñiré a esta jugada?

José: Pues modestamente, las mismas que tienen otras que las 

dan de muy curridus y carpeteros.

Miguel: ¿Mira lo gallegue afanadore de nafta, come se me viene 

apilando con gana de echarme al medio? Ma yo te voy a 

prevenire? que come me siga trabajando a esta, arquilina, 

te voy a daré uno cazzotto que vas a iré a parare al planeta 

Miércoles.

José: Al planeta Marte, dirá usté.

Miguel: Yo digo Miércoles y se me anojo te digo los quince días 

de la semana.

José: Lus siete.

Miguel: ¡Siete. .. lo anímale piú bruto que hai visto al mondo!

José: ¿Me desafía usté?...

Miguel: No sólo te desafío, seno que te como las orejas.

José: ¿A mí?

Miguel: ¡A té! (Movimiento)

Villa CresPo: (Saliendo de primera derecha) Eh, qué es eso, caballeros, 

¿qué pasa?

Miguel: ¡Todavía no pagó nada, pero algo va a pasare si no me 

atájano!

V. CresPo: ¡Tamos, sosiéguese, pues amigo! Parece mentira que 

hombres grandes y comprometidos como ustedes se estén 

gastando de vicio en tirarse con esas flores y todo por un 

aparato de esos que no vale la pitada de este pucho.

José: Vea, goven: Usté poderá pensare como se le dé la jana, 

pero me ha de primitire que eu le dija...

V. CresPo: ¿Y qué me podría usté decir que no lo haya relojiao de 

entrada? Si desde que ese loro se mudó a esta casa, andan 

todos alborotaos detrás de ella, como si se tratara de algo 

del otro mundo. ¡Pero háganme el favor, hombres!... Qué 

le han visto de interesante a ese fenómeno que ni forma 

de mujer tiene, con ese cuerpo desgarbao, esa cara y esas 

manos...

Miguel: Sin embargo, che Villa Crespo, perdóname la openione, 

pero si osté hubiera visto aquillo que hai visto yo...

José: ¡Qué ignorancia!, ¡qué ignorancia! No sé qué poderán 

habere visto algunos unos, que no hai jamos pudido veré 

aljunos otros.

Miguel: ¡Ma dése cuenta lo gallegue engropido de sobradore! ¿E 

osté se quiere comparare conmigo? ¡Adonde tene la 

cancha!

José: ¿Y adonde está tu carpeta?

Miguel: ¡Chicato! ¿No ve lo fleco que me están llegando al suelo? 

Lo que aquí pasa es que osté, osté e todos están en contra 

mío porque hano mordido la vela que la grela está 

congomi.

 Seriola: ¿Con usté?

José: ¡Ja, ja, ja! ¡Me hacéis carcajear!

Miguel: ¡Qué gallego carcajeadore!

V. Crespo: Pero hágame el favor, amigo don Miguel. Cómo es 

posible que crea que haya en el mundo quien le pueda 

envidiar a ese mamarracho. Y yo, sobre lodo, que apenas 

la conozco.

Paloma: (Sale de su pieza vestida de blanco y con tiempo de oír la 

última frase) ¿Cómo? (Sorpresa de los tres rivales) ¿Y si 

apenas me conoce el joven, por qué se permite hacer esas 

apreciaciones de mí?

V. Crespo: Hombre, yo... si fuera un caballero le pediría disculpa por 

haberla lastimao, pero como no soy es y tengo además el 

defecto de ser demasiado claro, no me queda otro 

remedio que afirmarme en lo que he dicho.

PaloMa: ¡Caramba! Sin embargo le diré que a otros no les parezco 

tan mal.

Miguel: ¡Claro que no!

 ¡Sejuramente!

José: 

PaloMa: Y que es usté el primer hombre que me dice tal galantería.

V. CresPo: Seré el primero que le ha dicho la verdá.

Miguel: Mentirá, la veritá se la hai dicho yo: osté es lo mejore que 

hizo Dios después del pan con grasa.

José: ¡Y la muguer más hermosa que han pupileado mis ogos!

 Seriola: Y la más uva que han embrocao los míos.

PaloMa: ¿No ve usted?

V. CresPo: Admita entonces lo que dicen los “caballeros” y por mi 

parte, haga de cuenta que me he ido al mazo sin orejiar. 

Hasta luego. (Mutis)

PaloMa: ¡Antipático! ¿Quieren decirme ustedes quién es y de 

dónde ha salido este insolente?

Miguel: ¡No le lleve lo baúle!

PaloMa: ¡Vean que tratarme a mí de esa manera!

Miguel: Lo dice perqué no ha visto la hermosura mojocana de so 

cara.

José: Ni la jracia arrebatadora de su coerpo.

 SSeriola: Ni esa pinta abacanada que al patinar va diciendo: 

¡ábranle cancha a la invicta que viene picando piedras!

José: ¿Qué me habrás hecho rapaza pra tenerme tan mitido?

Miguel: ¡Quien te puso la Paloma no te supo ponire nombre, más 

vale te hubiera puesto la perdicione del encargado!...

PaloMa: Bueno, por favor, que esto es demasiado y adviertan que 

no quiero acabar de indisponerme con sus mujeres.

Miguel: Con las mujeres de illos, dirá.

José: ¿Y acaso no es casado usté también?

Miguel: ¡Qué tipo arruinadore! ¡Pero yo hai mandado mi mojiere 

a Nápole, y aquí tengo piedra libre!

José: Eu también puedu libertarme de la mía.

Miguel: ¿De to gallega?... ¡Te libertariola!

 seriola: Y por cuanto a la del que parla, bien sabe que pa mí no 

es más que un elemento de distracción, transitorio y 

negativo... Transitorio y negativo he dicho y no sé si me 

han interpretao los de la izquierda.

Miguel: Los de la izquierda te la van a daré co la derecha.

 seriola: ¿A quién?

Miguel: ¡A osté!...

 Seriola: A mí no me servís vos ni pa alzarme al capotraste.

José: ¡Y a mí los dos ni pa limpiarme los juardabarrus! Y qué 

tanto discotir al devino cohete. Si quieren probarlo, aquí 

namás ábrase el mundo y que nos traje la tierra. (Echa 

manos y saca la navaja con gran ruido de muelles).

Miguel: ¡La madona, col serrucho! (Mutis a su pieza).

José: ¡Venja pra acá, so cobarde!

MariQuiÑa: (De su pieza, segunda izquierda) ¡Ea! ¿Qué es esto, 

Juseciñu?

 

DoCe Pesos: (De la primera izquierda) ¡Serióla! ¿Qué vas a hacer?

MariQuiÑa: ¡Váljame Deus y mi madre! ¡Riñendo otra vez por esta 

mujerzuela de tres al cuarto!...

PaloMa:  ¡Permítame señora y no se violente que yo no tengo nada 

que ver en estas cuestiones!

MariQuiÑa: ¡Cómo que no tienes que ver, sinverjuenzona!

José: ¡Por Deus, Mariquiña!

MariQuiÑa: ¿Y pra casu te fijaras que non tenjo olios pra veré y orellas 

pra tí sentiré?

José: ¿Pero, qué dices, muller?...

MariQuiÑa: Lo que quiero que me oijas tú y que me oija de una vez 

esta jrandísima pirdida...

PaloMa: Le advierto, señora, que usté me ofende.

MariQuiÑa: Y oféndase usté; si esu es lo que quieru, que se ofenda usté 

pra veré si de ese modo, lo deja de provocare con sus 

coqueterías a ese infiliz de mi maridu.

PaloMa: ¿Y quién le ha dicho a usté que yo tenga algo que ver con 

su marido?...

 

DoCe Pesos: No, si ya sé que la cosa es con el mío.

PaloMa: ¿Con el suyo?

 

DoCe Pesos: ¡Sí, con el mío!

 seriola: Doce Pesos, por favor. No te olvides que la señorita es 

una persona decente y el que parla un asiduo colaborador 

de El Alma que Canta.

 

DoCe Pesos: ¿Y hasta cuándo te crees vos que me vas a tener engrupida 

con versitos?

MariQuiÑa: Y esu de que es una persona decente, tindiriamos que 

averijuarlo mucho, porque cuando el río suena ajua trae... 

Y eu tenju mis sospechas...

PaloMa: ¿Y quién me podría impedir que también las tuviera yo 

respecto de ustedes?

MariQuiÑa: ¿De nosotras? ¡Cállese osté; so enredona! ¡Eu soy María 

Mundiño de las Canjas de Tineo, casada como Deus 

manda, pra que osté lo sepa! Y bien, puedo enseñarle a 

osté ventedós certefecardos de las casas donde he sirvido 

y que acreditan mi honradez y competencia. ¡Ajá!

 

DoCe Pesos: ¡Y yo no tendré papeles, pero pregunte en la de tejidos, 

donde la han tomao a trabajar de lástima, por Marieta 

Scsrtachini, por mal nombre Doce Pesos, y allí le dirán 

quién soy! ¡Ajá!

 SoFía: (Sale de derecha) Sí, sañura, vicinas tenin razún.

PaloMa:  ¡Otra más! ¡Válgame Dios! 

 SoFía: Maridu mío también desdi que sañura muda la 

gombendillo, bierdi gabeza; ¡que queris vos, qué ti 

biensas! ¡Jarabaitú mirajá jainé!

PaloMa: No sé lo que me ha dicho, pero si es un insulto, agréguelo 

a los de las señoras y me daré por bien servida. ¡Caramba! 

No creía que mi pobre personita fuera capaz de provocar 

tanto revuelo. ¡Pero qué le hemos de hacer! Esto me 

prueba que todavía debo ser mejor de lo que yo pensaba. 

Y aquí las dejo en libertad para que puedan desahogarse 

a sus antojos. (Mutis a su pieza).

 

DoCe Pesos: ¿Y por qué te plantas ahora?

 seriola: ¡Doce pesos, por favor!

 

DoCe Pesos: ¡Y vos qué tenes que meterte a defenderla! ¡Rajá pal 

cuarto, que este afáire, como que soy Marieta Scartachini, 

lo vamos a tener que arreglar más tarde y mano a mano!

 seriola: ¡Lo arreglariolamos! (Mutis)

MariQuiÑa: ¡Y tú también raga pral coarto, que este afére lo 

tendremusque arrejlar entre nosotros!

José: ¿Nosotros? ¡Lo arrejlariolaríamos!.. (Mutis).

MariQuiÑa: ¡Malos demonios te lleven! ¡Mas tú non te afligas, Doce 

Pesos! Ni se afliga osté, doña Turca, que este es el 

momeutu pra ponere en práctica lo que hablábamos ayer. 

¿Están conformes?

 

DoCe Pesos: ¡Conformes!

 soFia: ¡Sí, sañura!

MariQuiÑa: Entonces no hay más que hablare, y vamos al jrano. (Se 

acerca a segunda derecha) Oija usté, señor Don Miguel.

Miguel: Hola, ¿qué hay, sompática galleguita?

MariQuiÑa: Hombre... Paréceme que eu lo he llamadu por su nombre 

y bien sabrá por los recibos, que eu soy María Mundiño 

de las Canjas de Tineo.

Miguel: ¡Muy biene! ¿Antonce me dirá en qué la puedo serviré, 

doña María Mundiño de las Nalgas del Ternero?

MariQuiÑa: (Corrige) ¡De las Canjas de Tineo! Eu venju en 

representación de estas señoras y de todas las que aquí 

convivimus, a pedirle a osté que, en bien de nuestra 

tranquilidá matrimonial, nos haja el favor de darle el 

desalogo a la “señurita” ésa de la sala.

Miguel: ¿Come? ¿A illa?

MariQuiÑa: ¡Sí, señor, a ella! ¡Y para ellu le damos a osté cúrenta y 

ocho horas de plazo, o de lo contrariu no le quedará a 

osté ni una sola pieza ocopada, purque nos mudaremos 

todas! ¿Es así lo convinidu?

 

DoCe Pesos: Así es ni más ni menos. Desde que está aquí ese cartón no 

hay más que broncas en el convento.

 soFía: ¡Sí, sañur, sembré disgusdo!

Miguel: ¡La madona! Ma pir qué voy a sire tan oxogente si ella ha 

cumplido con toda puntualitá. Y aunque hace muy poco 

tiempo que vive...

DoCe Pesos: Pero ese poco tiempo le ha servido pa emberretinarlo a 

mi marido.

 SoFía: Y al mío bierde gabeza, sí, sañur. Poco ande más, guería; 

ahora no gueri más. Veni dembrano a boni vestido 

nuevo.

MariQuiÑa: Y qué me dice osté del mío que hasta una camisa de seda 

se me ha comprado y un frasco de ajua de “fleúr de 

ameúr”.

Miguel: Del suyo... Bueno, del suyo é mejore que no hablemo...

MariQuiÑa: ¿Qué dice osté del mío?

Miguel: Que yo hago male de hablare, pero la culpa la tiene ele, 

porque ele es aquillo que la provoca e non la deja viviré 

en paz.

MariQuiÑa: Pero eso lo dice usté porque...

Miguel: Lo digo porque lo hai sentido con mis ojos y lo hai visto, 

con mis orejas...

MariQuiÑa: ¡Deus de la mesericordias! Ya me lo daba a mí el corazón. 

Pero agora menos que nunca esa muller podrá sejir 

viviendo en esta casa, y usté hará que se cambie de aquí o 

tenderán que correre todus los guardias ceviles que hay en 

esta bindita tierra.

 

DoCe Pesos: ¡Claro que sí! Se tiene que mudar.

 SoFía: Lo mismo la dice yo.

Miguel: ¡Bueno! ¡Está biene! Yo voy a hacire lo que me pide el 

pueblo, pero el pueblo tambiene sabrá cortare en carne 

propia.

MariQuiÑa: Cumpla osté con su deber de encarjado que nosotras 

saberemos cumplire el nuestro. Y agora cada mochuelo a 

su nido a esperare la respuesta.

DoCe Pesos: Que como no sea la que debe ser, ya veremos quién es 

Marieta Scartachlni. (Mutis).

 SoFía: ¡Y Sofía Kairuz Abel! (Mutis).

MariQuiÑa: Y María Mundiño de... (Mutis).

Miguel: De las Nalgas del Ternero. Ya lo sabímo... Aquí no gay 

má remedio que probare la carpeta. (Se aproxima a la 

izquierda foro y golpea las manos) ¿Señorita...? Señorita... 

Diga. Quiere venire un momento.

PaloMa: ¿Señor?

Miguel: Tengo que hablarle de un asunto que...

PaloMa: ¿Ah, sí? Me alegro, porque, casualmente, yo también 

tengo que hablar con usted.

Miguel: ¿Conmigo? ¡Caramba! ¿E osté qué tiene que hablarme a 

me? Diga nomás con confianza; yo soy un tipo canchero.

PaloMa: Pues que como he visto que mi presencia en esta casa ha 

llegado a molestar a algunas “señoras”, he resuelto dejarle 

la pieza.

Miguel: ¿Ma come? ¿Osté se quiere mudar?... ¿E pe qué?

PaloMa: Porque esa será la única manera de evitarle disgustos a las 

vecinas y evitármelos yo misma. Vine aquí buscando la 

tranquilidad que nunca había podido hallar en otras 

partes, pero ya ve usted lo que me pasa: todo el mundo 

en contra de mí.

Miguel: Todo el mundo no, chiquita: dejate de macanas, peque 

yo songo lo encargado y estongo de so parte.

PaloMa: Por usted lo siento mucho porque es muy bueno y muy 

complaciente.

Miguel: No, regolare, nomás... Ahora me hai descuidado un 

poco, pero usté me va a veré el dominico a la noche.

PaloMa: ¿El domingo?

el conventillo de la paloma

Miguel: Mire... quería reservarle la sorprisa pero se la voy a decire. 

Como el domingo se cúmpleno los diez años que me hai 

hecho cargo del conventillo, hai resolvido dare un baile 

festejando el centenario.

PaloMa: ¿Ah, sí?

Miguel: ¿Y osté va a vire qué orquesta tísica? Ya le hai mandado a 

decire al Conijo que venga. ¿Osté lo conoce al Conijo?

PaloMa: No sé quién es.

Miguel: Aquillo que te habla con todos los apellidos. ¿Nunca lo 

hai visto dijerire la orquesta?

PaloMa: Nunca, y es una lástima porque para el domingo 

difícilmente estaré ya en esta casa.

Miguel: ¿Ma come? ¿Quiere decire que osté se piensa modare en 

serlo? 

PaloMa: En cuanto encuentre otra pieza.

Miguel: ¡Ma no, per la madona! ¡Esto non puede ser! Osté está 

ofendida con esta gente, ma nou debe hacerle caso. Las 

mojieres le téngono envidia peque es más linda que ellas, 

y los hombres peque sábeno que osté me lleva el baúle a 

mé. Sí... todos se dieron cuenta de que yo soy tu ciruja. 

PaloMa: ¿Usted? Pero avise hombre si es que realmente se ha 

tomado en serio nuestras bromas...

Miguel: ¿Bromas? ¿Entonce quiere decire que yo soy otro 

engropido como el gallega?

PaloMa: ¡Pero, hombre de Dios! ¿Cómo llega a imaginar que una 

mujer como yo pueda tomarse en serio?... ¡Hágame el 

favor... ja, ja! Hasta luego, don Miguel. Ahora mismo me 

voy a arreglar para salir a buscar pieza... ¡Qué rico tipo... 

ja, ja! (Mutis).

Miguel: ¡Esta mojiere está enseñada per lo gallego! Pero yo no le 

voy a perderé pisada, e tanto voy a ensestire hasta que la 

rinda como un pollito a mié pies.

MariQuiÑa: ¿Y, qué pasa, señor encarjadu? ¿Le ha pidido osté ya la 

pieza?...

Miguel: Sí... es decire, no... ¡No se la hai pedide ni tampoco 

pienso pedírsela mase!

MariQuiÑa: Cómo, cómo... ¿Y por qué este cambio de frente?

Miguel: Peque hai reflexionado sobre el punto y hai llegado a la 

conclusione de que yo non quiero maximalismo a la casa 

mía. Y antes que ella se mude, profiero que se váyano 

todo y me déjeno aquí sólito con illa...

MariQuiÑa: ¿Ajá? ¿Con que esas también tiníamos?

 

DoCe Pesos: ¿Qué les decía yo?

 SoFía: ¡Daliano también berdído!

Miguel: Sera carpincho, locura, amore, non so; ma giuro, pe 

l’ánema de San Genaro, que antes de aflojare, le prendo 

fuego a lo conventillo. ¡Y ya non le digo más!... (Mutis a 

su pieza).

MariQuiÑa: Pues apresúrese a hacerlo, so follón... porque si no lo hace 

usté, lo haremos nosotras mismas...

 

DoCe Pesos: ¡Y altro que si hemos de hacerlo!

 soFía: Nadoralmente que sí...

V.CresPo: (Foro) ¿Pero qué es esto? ¿Ya se abrió ia pajarera?

MariQuiÑa: ¡Ay, cállese osté por Deus, don Villa Crespo, que lo que 

está ocurriendo aquí no tiene nombre! 

V.CresPo: ¿Pero qué pasa?

MariQuiÑa: Pues que acabamos de exiguirle al encarjadu que le pida 

el desalogo a esa cundenada, pero, ¿qué resulta? que ese 

zopenco también está ímbirritinado con ella.

DoCe Pesos: ¡Y minga de desalojo!

el conventillo de la paloma

 

 SoFía: ¿Qué la dice, sañur? ¿Qué la dice?

V.CresPo: Y qué les voy a decir yo si no que son ustedes las que han 

errao el procedimiento.

MariQuiÑa: ¿Y qué otra cosa poderíamos hacere nosotras?

V. CresPo: Pues, sencillamente, pagarles a sus maridos con la misma 

plata, y si ellos se dedican todos a una misma mujer, 

dediqúense ustedes o aparenten, al menos, dedicarse a 

otro hombre, aunque no sea el mismo.

MariQuiÑa: ¿A otro hombre?

 

DoCe Pesos: ¿Nosotras?

MariQuiÑa: ¡Líbreme Deus! Eu nunca le he faltado a mí marido y me 

soicidaría antes de hacerlo.

V.CresPo: Yo me limito a dar cartas y ponerles los triunfos en la 

mano. ¡Pero, para eso, va a ser preciso que vayan ustedes 

empilonándose y revocándose a la par de ella!

MariQuiÑa: ¿Cómo? Pintarrajearnos nosotras la cara y ponernos esos 

vistidos escandalosos. ¡Pero pra qué andaré con esas 

mintiras si esto es natural, y aquí no hay jrupos, amiju! 

(Se golpea las caderas).

V. CresPo: No los habrá; ya lo sé. Pero en esta vida y estos tiempos 

todo es cuestión de carrocería. ¿A quién quiere seducir 

usté con ese matambre arrollao en la toldera y vos con esa 

pinta rasposa y usté con esa cortina de Iribarne encima? 

Renuévense un poco, plántense del museo histórico y 

entren por la diagonal de la vida nueva. Ese será el único 

modo de conseguir que ellos encuentren en ustedes lo 

que ven en las demás.

MariQuiÑa: Demontres... demontres. ..Ya osté le parece que entrando 

por la diajonal, consejiremos nosotras...

V. CresPo: ¡Todo lo que quieran conseguir!... Nunca interesa más 

una parada que cuando se ve perdida. Y si quieren que yo 

las aconseje, pasemos a mi bulín y allí les daré unas 

leccioncitas pa no fallar.

MariQuiÑa: No... a su pieza, no puede ser. Si me viera mi marido...

V. CresPo: Y qué más quiere. Sí la vé tanto mejor.

MariQuiÑa: Es que eu nunca le he faltado, sabe usté... No, no, no. ¡Eu 

no ájarro viague!...

V. CresPo: Si va a empezar con esos retintines, haga de cuenta que 

con usted no va nada. Vengan ustedes dos. (Mutis a su 

pieza).

 

DoCe Pesos: ¿Y por qué las dos?... Vamos las tres, ¡qué embromar! 

Total, ¿qué puede pasarnos? (Mutis detrás de Villa Crespo). 

Vení, gallega.

 soFía: De malo no teni nada... Veni, sañura. (Mutis).

MariQuiÑa: ¡No, Doce Pesos, Turca, no vayan! ¡Qué escándalo! ¡Dos 

mugueres en la pieza de un hombre solo! ¡No tienen 

verjuenza! ¡Venjan pra acá! (Se mete en la pieza. Don 

Miguel vuelve del otro patio).

ConeJo: (Por foro, con Paseo de Julio) ¡Vení, pasá, hombre! Adiós, 

Tanolai, ¿cómo te Vázquez?

Miguel: ¡Hola, mí simpático Conijo, por fine te veo lo diente!... 

¿Qué decise de bueno ?

ConeJo: Aquí me tenés completamente a tus Ordóñez. Un 

Amiguelli, che: don Miguel, el encargao y el famoso 

Paseo de Julio; ¡punto muy Altamirano! (Paseo de Julio no 

le da mayor importancia).

Miguel: Ah, ¿osté es Paseo de Julio? Me parece haberlo visto.

P. De Julio: ¿Adónde? (Muy serio).

Miguel: Allá, cerca del puerto.

el conventillo de la paloma

P. De Julio: ¡Avise, si de entrada liornas me va a sobrar!

Miguel: No; ¡qué esperanza, don Paseo Colón, digo, de Julio! 

Osté tambiene es músico, ¿verdá?

P. De Julio:  ¡Qué músico! Yo no soy músico ni toco más instrumentos 

que el de escupir tizones. Y si aquí he venido no fue más 

que pa acompañarlo al amigo. ¡Con que arreglen lo que 

tengan que arreglar, que yo no estoy pa conversaciones! 

(Mira con el ceño fruncido hacia otra parte como si 

anduviese buscando algo).

Miguel: ¡Qué amigo me trajiste! ¿Ma de dónde me lo hai sacado? 

¿de la Ponontenciaria?

ConeJo: Despacelli, hombre, y no lo toriés. Está así... medio 

Chivanosky desde que se le fue la Mujica,

Miguel: ¿Qué Mojica?

ConeJo: La mujer, hombre.

Miguel: Ah, descolpáme. No me acordaba que Mojica es otro 

arpollido. ¡Qué Otarielli que soy yo!... ¿Y qué se ha hecho 

la Mojica?

ConeJo: ¡Qué sé Llorca!... Hace como tres Mezzadri que la anda 

Buscandioti y no la puede Trovezky.

Miguel: Antonce es Segura que se Ascondosky.

ConeJo:  ¡Vaya a Saavedra!

Miguel: ¿Que vaya a Saavedra yo? ¿Qué voy a hacer a Saavedra?

ConeJo: Digo que andá vos a Saavedra dónde estará. Pero el 

Bancalari es bastante Roncoroni y donde quiera que la 

Chiápori se la va a dar de Ferreyra pa que corra 

Sanguinetti.

Miguel: Sanguineto, Ferreyra, Chiápori... Pero éste es un hombre 

o es la guía del talífano. Antonce vamos a pasare a mi 

Cuartucci per arreglare esto asunto de la Orquestoni... 

¡Qué Conijo éste! Cada vez que te veo me dan ganas de 

tirarte con un repollo.

ConeJo: Con Bermejo.

Miguel: ¡Pasalacqua!... (Mutis del Conejo) E osté, don Paseo de 

Julio, haga el favore de no acordarse más de la Mojica; 

cada Mojica que se pierde se encuéntrano cinco Mojica 

más... ¡Qué Paseo de Julio éste!... (Lo palmea).

P. De Julio: Está bien; pero a mí no me manotee, no me manotee... 

(Mutis).

Miguel: ¡La madona! ¡Con este Paseo de Julio me parece que no 

llego ni a la dársena! (Mutis).

 ABrahaM: (Por foro, con su cajoncito de mercancías) ¡Alá Dius! ¡Por 

fin la llega a la gasa! (Deja el cajón junto a la derecha, foro. 

Mira al interior de su pieza y se vuelve hacia el foro 

izquierda). ¡Qué la estará haciendo mujer lindo... breciosa! 

¿Queri bañuelo de seda?

 Seriola: (Sale de su pieza y repara en él con disgusto). ¿Y eso? ¿Qué 

es lo que está, campaniando el cotur por esa puerta?

 ABrahaM: Yo gambanéa puerta que gueri... qué amborda la 

gumbadrito.

 Seriola: ¿Otoño? ¿T no te han pasao el dato que la grela está 

congomi?

 ABrahaM: Habla claro la sañur que turco no la gombrendi.

 Seriola: Quiero decirte que esa mujer no le lleva el apunte más 

que a uno, y ese uno es el que suscribe.

Don José: ¡Quí ilusiones se hace el chanchu creyendo que es 

jolondrina!

 Seriola: ¿Vos? ¿Otra vez querés coparla?

José: Eu copo, recopo y llevo y pajo la contra, que pra eso me 

juegan las coyunturas... Y vamos a ver, chiquito: ¿Tiene 

to cochillo punta?

 Seriola: Y acostumbrada a buscarle los chiflidos al mondongo. 

(Otra vez van a embestirse pero se detienen ante el vocerío 

de las mujeres que salen de primera derecha).

MariQuiÑa: ¡Pero cómo no, hombre! ¡Pirfectamenie intindida la 

primera!

 

DoCe Pesos: ¡Macanudamente bien!

 SoFía: ¡Sí, sañur la Villa Crespa!

 Seriola: ¿Y eso?

José: ¡Caracoles!

 ABrahaM: ¡Alajatú!

 Seriola: ¡Doce Pesos! ¿Qué es lo que estabas haciendo metida en 

ese bulín?

 

DoCe Pesos: ¿Yo? Y a vos qué tengo que darte cuenta de mis afaires 

privados. Si ya no te doy tecor ni te llevo en sidecarte... 

¡Qué queros con la celosía!... ¡Revolveme ese risoto!... 

(Mutis a su pieza caminando con mucho desenfado y 

movimiento de caderas).

 Seriola: Pero ésta se ha vuelto cola... Che, Doce Pesos... (Mutis 

detrás de ella).

 ABrahaM: ¿Y qué la hace la mujer con la malevo? ¡Gamina bieza!

 SoFía: ¡Está bien, sañur! Yo la gamina si gueri y si no gueri no la 

gamina. ¿Qué la biensa la marido? ¡Jarabaitá jainé! 

(Mutis).

 ABrahaM: ¡Urujá, majúdalá! (La sigue).

José: ¿Y tú? ¿Quieres dicirme tú qué hacías en ese cotarro y qué 

demontres es lo que estás haciendo agora?

MariQuiÑa: ¡Hombre! Pues namás que espiantarme del moseo 

histórico y entrare por la diajonal de la vida noeva... ¿Qué 

quieres tú con las persianas, si ya no te doy recorte ni te 

llevo en calesita? ¡Sácale el hilo a esta chaucha! (Mutis a su 

pieza imitando el andar de Doce Pesos).

José: ¡Váljame Deus! Pero ya sabremus qué birritín es el que le 

ha entradu a la lora... Oye tú... (Se va tras ella sin salir de 

su extrañeza).

Miguel: (Desde adentro) ¡Bueno, bueno, che Conijo! ¡Pero non te 

vayas a olvidare que el domingo te aspero tempranito! 

(Sale con El Conejo. Detrás, Paseo de Julio).

PaloMa: (Casi simultáneamente sale de su pieza para dirigirse a la 

calle. Ve de golpe a Paseo de Julio, y con gesto de honda y 

desagradable sorpresa) ¡Eh!

P. De Julio: (La reconoce) ¿Vos?

Miguel: ¿Ma qué pasa?

ConeJo: (Imponiéndole silencio) ¡Chist!

Miguel: ¿La Mojica? ¿No me Dugan?... ¡Olivero!... (Se lo lleva al 

interior y quedan los dos, Paseo de Julio y Paloma, frente a 

frente).

P. De Julio: Ya palpitaba que algún día te iba a encontrar, ¿y ves como 

sin querer he venido a dar con tu guarida? ¿Por qué te 

fuiste?

PaloMa: Hombre... yo...

P. De Julio: No... no te asustes y contesta a lo que te pregunto: ¿por 

qué te fuiste?

PaloMa: (Cobrando firmeza poco a poco) Pues nada más que por 

eso... por eso y por todo lo que no, hace falta que te diga. 

Yo no había nacído pa aquella vida. Y era más fuerte que 

yo la repugnancia que llegué a sentir por todo aquel barro 

en que por vos y por tu culpa ya me estaba hundiendo. 

Por eso he venido huyéndole al Bajo y a sus miserias; ¡pa 

oponer a la falsa alegría de sus turbios bodegones la 

limpia claridad de estos barrios de trabajo!

P. De Julio: ¿Y no has tenido siquiera la humanidá de acordarte de 

que en el Bajo quedaba yo retorciéndome de rabia al 

golpe de tu traición?

PaloMa: ¿Y de qué traición pretendes culparme ahora? ¿Acaso te 

has olvidado de lo que fuiste?

P. De Julio: No me he olvidao y la prueba es que tampoco me olvido 

de lo que fuiste vos.

PaloMa: Y qué otra cosa pude ser yo que una víctima infeliz de tus 

instintos rastreros, que asqueada una noche de su propia 

vida, esperó la mañana y huyó pa venir a confundirse 

entre los que saben vivir honradamente.

P. De Julio: ¡Lindas palabras! ¡Pero es lástima que tan tarde te hayas 

acordao de arrepentirte!

PaloMa: ¡No tan tarde, desde que todavía sigue saliendo el sol del 

mismo lao y la vida se tiende por delante!

P. De Julio: ¡Eso también está pa milonguearlo! Mas no te olvidés 

Paloma, que vos has sido mía y mía volverás a ser porque 

estás hecha de mi barro. ¡Lo demás son fantasías! Del 

Bajo viniste y al Bajo tendrás que volver, y lo peor es que 

te vas a volver conmigo.

PaloMa: No, Paseo... Ni vuelvo al Bajo ni me voy con vos. 

P. De Julio: ¿Qué decís?

PaloMa: ¡Qué vivo muy bien así! Y aunque fuera mayor mi 

sacrificio, no volvería a retroceder un solo paso en mi 

camino.

P. De Julio: ¿Entonces habrá algún motivo que te encadena a esta 

vida?

PaloMa: A mí no me encadena más que el deseo de ser buena. 

P. De Julio: ¡Mentís, perra, igual que has mentido siempre! ¡Pero yo 

no he de rogarte más! Y ahora mismo levantarás tus 

pilchas y saldrás de aquí conmigo.

PaloMa: ¡No, Paseo, yo no salgo de aquí con vos!

P. De Julio: Paloma, no te olvides de quién soy y de todo lo que soy 

capaz.

PaloMa: No me olvido de nada. 

P. De Julio: Quiere decir que a las buenas... 

PaloMa: ¡Ni a las buenas ni a las malas!

P. De Julio: ¡Eso lo vamos a ver ahora! ¡Levantá tus pilchas! 

PaloMa: ¡No! 

P. De Julio: ¿Que no? 

PaloMa: ¡No!

P. De Julio: ¡Yo te víá dar! (La amenaza resueltamente). 

PaloMa: ¡No... Dios mío! ¡Socorro! (Procura huirle. Salen de sus 

respectivas puertas todos los personajes).

Don José: ¡Eh, qué es estu, demontres! 

 ABrahaM: ¿Qué basa, sañur?

 Aeriola: ¿Qué sucede? (Todos evidencian intenciones de defenderla, 

pero no se animan).

V.CresPo: (Desde su puerta) ¿Y áhura? ¿Qué hacen estos “caballeros” 

que no salen en defensa de su dama?

P. De Julio: ¿Y por qué no venís a defenderla vos que tenes pinta de 

bravo?

V. CresPo: (Sereno) ¿Yo?... porque, pa serle franco, no me interesa la 

posta. Y créame que lo siento de alma, porque hubiera 

sido muy linda oportunidá pa patinarme unos cobres.

P. De Julio: ¿Y de áhi? Hacé de cuenta que te la dieron en robo. ¡Vení 

vos a coparla!

V. CresPo: De fuerte que ronca el hombre... parece que va a cantar. 

P. De Julio: Será de óido acostumbrao a confundir los sonidos. 

V. CresPo: ¿Y de áhi? ¿Qué culpa tendrá la oreja, de haber nacido 

ahujeriada? ¿Pero quiere decirme, compadre, quién es...? 

P. De Julio: 

¡No se apure por golpiar! Paseo de Julio 

me llaman y vengo de aquellos barrios donde los puntos 

de su alto se venden sin garantía. 

V. CresPo: Y aquí... los guapos se dan de yapa en cualquier boliche. 

Miguel: ¡Paseo de Julio, te barrieron la vereda!

V. CresPo: Y pa no enredarnos en palabras, también me dirá el 

amigo de qué palo y con qué flor se ha largao desde tan 

lejos.

P. De Julio: Pues nada más que a buscar a esta mujer que fue mía. 

(Expectación. Todos se miran).

V. CresPo: ¿Ajá? ¿Y qué es lo que dice esa mujer?

PaloMa: Yo...

V. CresPo: ¡Conteste, señorita! ¡No tenga miedo! ¿Usté está conforme 

en salir de aquí con este hombre?

PaloMa: ¡Este hombre ya sabe lo que yo le he contestado! 

P. De Julio: ¿Y qué es lo que vos has contestao? 

PaloMa: (Resuelta) ¡Que no!

P. De Julio: ¿Que no? ¡Yo te víá dar! (La amenaza. Fuertes gritos de las 

mujeres).

V. CresPo: (Yéndosele al encuentro) ¿Qué es eso, amigo? ¡Párese! 

P. De Julio: ¿Y sos vos quien la va a amparar?

V. CresPo: ¡Yo soy el que no va a consentir que delante de mí ningún 

hombre le levante la mano a una mujer!

P. De Julio: Pero eso no ha de ser sin que antes... (Desnuda un 

revólver).

V. CresPo: (Rápidamente desnuda su cuchillo y lo desarma de un golpe 

en la muñeca). P’ánde va, loco, no ve la puerta. ¡Fuera de 

aquí! ¡Fuera de aquí, cobarde!

P. De Julio: Me has madrugao, pero no le hace. Te juro que he de 

volver antes de lo que todos esperan. Perdé cuidao. 

(Mutis).

V. CresPo: Cuando más rabia le dé. ¡El Conventillo de la Paloma 

está abierto noche y día!

PaloMa: ¡Oh, gracias, muchas gracias, Villa Crespo, por haberme 

defendido!

V. CresPo: ¿Yo? Yo no la he defendido a usté, señorita, se equivoca. 

Lo que hice no fue más que defenderme yo de la 

vergüenza de ver a un hombre castigando a una mujer,

MariQuiÑa: Muy bien, pero que muy requetebién, mi quirido Villa 

Crespo. Te has portado como un hombre y premíteme 

que te dé un abrazo. 

 

DoCe Pesos: Y yo también, Villa Crespo. 

 SoFía: E yo la misma, sañur. (Todas lo rodean y abrazan). 

MariQuiÑa: ¡Y que te bese las manos, y que te bese la cara!

José: ¡Eh, Mariquiña!

Seriola: ¡Doce Pesos! 

 ABrahaM: ¡Safía!

José: ¿Qué recorchis quiere decir eso?

MariQuiÑa: ¡Estu quiere decire que donde hay un par de pantalones 

bien punidos, están demás las polleras!

TELÓN


CuaDro segunDo


Telón corto. Frente del conventillo. Puerta al centro y dos 

ventanas practicables. Es media noche.

ABrahaM    

(Aparece junto a  la ventana de   

la derecha y suplicando al  interior  

como en  un rezo).  

¡Jabri, sañura, bar Dios!  

Jabri, sañura, ventana,  

que durgo la gueri ver...   

¿No la gueri?...   ¡Amborda nada!   

¡Durgo deni que saber 

bor garta todu que basa!...  

¡Jarabul majinabá  

ajurá Jinarajadasa!...  

(Mutis derecha marcando signos   

cabalísticos).  

seriola      

(Por la puerta del conventillo,    

dando la sensación de su desvelo).  

Es media noche... ¡Y tuavía   

no he conseguido cerrar  

los ojos pa apoliyar!  

¿Qué tengo en la toldería? 

Con la zabeca vacía  

del rechifle que he sentido

ni bien se quedó dormido     

mi aparato en la catrera,

tiró y me plantó pa afuera 

la fuerza de estar metido.

Mas no golpiés, corazón, 

que la calle está sólita

y pa batirle tu cuita

es papiola la ocasión.

(Se acerca a ventana derecha).

Páica del rojo botón

que en tu boca ha florecido

y al junarme has encendido

las leñitas de mi pecho,     

decime, páica, ¿qué has hecho

pa que me  tengas  metido?

Yo era un pobre milonguero  

floriador de meta y ponga

que afirmao a la milonga

le daba envidia al jilguero,

mas mi canto arrabalero

la entonación ha perdido

desde el día que has venido

a perturbar esta casa,

¡y decir que todo pasa

por culpa de estar metido!

PaloMa   

PaloMa

Única flor de ilusión

que ha entreabierto la mañana...

PaloMa

(Desde adentro).

¿Quién golpea mi ventana

y se queja?

(Abre).

SeriÓla  

¡Un corazón!

PaloMa

(Con disgusto).

¿Usted?

SeriÓla

Y déme su perdón  

si acaso la he molestao.

PaloMa

Como ya me había acostao...

¿Pero usté sabrá decir

en qué lo puedo servir?

Seriola

Y tuavia no ha junao... 

¿Qué?     

Seriola

¡Que yo la quiero!    

PaloMa

¿Y supone  el caballero     

que para eso solamente

A una señora prudente

se le molesta a esta hora?

SeriÓla

Yo le suplico, señora,

que me oiga.

PaloMa

¡Perfectamente!

Lo oiré con toda atención,

mas desde ya le prevengo

Que en estos lances, no tengo

más que una contestación,

SeriÓla

Considere el metejón

que ha despertao en mi pecho.

PaloMa

Si algún mal pude haberte hecho 

yo no le pido disculpa, 

pues nadie tiene  la culpa 

de que la puedan  querer; 

y bien ha de comprender 

que, aunque no llegue, a estimarle, 

haría muy mal en sacarle 

el marido  a otra  mujer. 

SeriÓla  

¿Y no le he dicho que esa 

tan sólo la tengo yo... 

PaloMa  

El que usted la quiera o no 

a mí poco me interesa.

con que cada uno a su pieza 

que bastante lomos hablao 

y descansar necesito...  

Pasé por un caminito 

y este cuento ha terminao.  

(Cierra  la ventana). 

SeriÓla  

¡Serióla, te han reventao! 

Pero ya me has de pagar  

con tu orgullo mal fundao

el papelón desgraciao

que he tenido que pasar.

Porque yo no he de aflojar

y seguiré tironlando

hasta vencer o  morir,

que en la güella hay que seguir

aunque vengan degollando.

(Mutis   rápido   izquierda).

Don José

(Por  la  puerta  del  centro).

Váljame Deus y la Virguen

y todos los anguelitos... 

¡Por más que intenté dormire,

imposible consejirlo!..

Cuando se apajó la luz

y mi jalleja hincó el pico,

tápele bien la cabeza

y me  vestí despacito,

pues hay que vere a las cosas 

que oblija el estar mitido.

¿Qué estará haciendo la injrata?

¡Pero, éa, curazunciño.

que si jolpéas tan fuerte

despertaán los vicinos!

(Se acerca a la ventana).

Rapaza, mía rapaciña,

la de los tenues sonrogos,

si las curvas de tus ogos

se acabaron de cerrar,

PaloMa

no escuches el triste acento

de esta canción dolorida...

¡Claro que si estás dormida

que diantres me vas a escuchar

pero si estas por ventura

todavía dispiertiña

escucha, mía rapaciña,

las quegas de mi cantar,

Soy un pobre jalleguiñu

que tene u curazunciño

Grande y hondo como el mar

y  si  tú quieres  quererme

cual te quiere el alma mía,

formaré con mi alejría

una escalera de amor

pra levantarte a la jloria...

¡y así acabará la historia

de este jaucho rumbiador! 

PaloMa

¿Pero quién es, por favor,

el que repite la broma? 

Don José

No se enfada la paloma 

que soy eu, su adorador. 

Pues hay que tener valor

pa incomodar a una dama...

Don Jose

Cuando el amor nos inflama

no mira y es cosa cierta

si la dama esta despierta

o esta Ia dama en la cama

PaloMa

Y qué me quiere decir,

¡es que se puede saber?

Don José

Que el dolor de este querer

ya  no lo puedo sufrir

y si me atreví a venir

a jolpear en su ventana

comprendo que es falta urbana,

pero usté me hará el favor

en  homenague al  amor,

de atenuar esta macana...

En pajo le ofrezco a usté

todo aquello que usté quiera. 

PaloMa

Y de ninguna manera

Yo su oferta aceptaré.

con que ya conoce qué

camino debe seguir.

Don Jose

¿Pero eso quiere decir

que aljún otro en la porfía?...

PaloMa

Eso va por cuenta mía.

¡Buenas noches, y a dormir! 

(Cierra).

Don Jose  

¡Maldita sea la suerte

de mi suejra de su ajuela

y toda la parentela! 

¡Que esto pase por quererte! 

¡Pero, éa, que hay que ser fuerte!

Aquí hay jato encerrado

y no hay más que el encarjado

ese jato debe seré...

Pero ya vamos a vere

ni este palpito me falla

y si hay que tener ajallas

qué ajallas hay que tenere!...

(Mutis izquierda).

Miguel  

(Por   la   puerta   del   conventillo

Desvelado)   

¡Pucha que habiano sido

larga la noche de invierno!

Casi anochecido, al catre

me rincontraba durmiendo

cuando hay sentido un ruidaje

de pezuña: ¡era el gallego,

el gallego espamentoso

descoidista y pendenciero

que me está haciendo un trabajo 

de sonámbulo despierto!

¡Pero a mí me va a sobrare

si es brujo pe hilarme el fleco!

ABrahaM  

(Por donde salió)

Buena noche. 

Miguel                           

¡La madona!   

¿Lo turco? ¿E osté qué anda haciendo

alevantado a esta hora?

ABrahaM 

No la sé... no teñí sueño,

bur eso sale gamina.

Miguel 

¿E per qué no se va adentro? 

¿No siente el viento que gay?

¡Vaya a dormiré!

ABrahaM

¡No buedo!

Ambusible;  mujer lindo

drabaja la bensamiendo

o bobre durgo no sabe

adonde engontra remedio.

Miguel

¿De modo que osté tambiene

Te la háie pillado en serio?

ABrahaM

Pero yo estar bior que todu,

borgue durgo tení adentro

jarazún y teñí rabia

borgue la muerte la celo,

Mujer no gueri la durgo…

mujer gueri la gallego. 

Miguel

¿Lo gallego? ¿Pero osté

como sabe? 

ABrahaM

Poco tiempo,

antes más que voy gamina

habla mujer, mas no buedo

borgue ella no abrí ventana...

Miguel

¿Y te nal dicho que al gallego? 

ABrahaM

¡Gallego no dija nada!

Bero yo diría la juego

de garta y sembri te sale

mozo de rubia la pelo.

Miguel

¿E per qué sale la carta?

¡Vátime a dormiré presto,

turco lleno de agüería!

ABrahaM

¡sí, sañur, la voy adentro

pero la durgo te jura,

Beri Dios, que la gallego

dení  que bagar muy garo!

(Mutis por la puerta del conven

tillo refunfuñando en su idioma).

Miguel

¡Pájaro de mal aujero!

¡Agora vamos a vire

la Mojica qué está haciendo!

(Espía por la ventana).

La madona.  ¡Se ha dormido

y la colcha está en el suelo!

¡Aquí hay que  tirare el  lance

y aquí…

(Saca una libreta de apuntes).

traigo el verso

que estaba al Cara e Careta,

per cuando llegue el momento!

(Se rasca en distintas partes del 

cuerpo).

¡Mojica, dolce Mojica,

estrella del porvenire, 

la más pobre e la más rica,

la más grande e la más chica...

¡Ma qué diábolo me pica

que no me deja viviré!

Yo soy un lindo mochacho

Tornadizo e vivaracho

que en toda mirada de fuego...

(Se oye ruido por la izquierda).

¡si me atrapa lo gallego 

soy un candedato al tacho!

¡Por esto vengo forviente

a golpiare a to ventana!

PaloMa

¿Otra vez?  ¡Pero qué gana

de incomodar a la gente!

¿qué quiere el impertinente?

Miguel 

¡Madona! 

PaloMa

(Abre y repara  en él).

Ay, perdóneme,

no supuse que era usté. 

Mas como ya me han llamao

dos veces, me han desvelao

y mi fastidio se explica.

Miguel

Pero ahora ha visto, Mojica,

que songo yo lo encargado.

PaloMa

¿Y bien, me dirá el señor 

la causa de su llamada?

Miguel 

Perdona la atropellada,

te lo pido por favor.

Osté sabe que mi amor

va llegando va llegando... 

(Saca la libreta  y lee).

“va llegando al paroxismo

y del fondo de mí mismo

surge la noble altivez

que mi espíritu alimenta.”

(Da vuelta  la  hoja).

Miguel

“¡Planchadora dos ochenta

carbonero cuatro diez!...”

No, perdón, asi no es,

se me ha saltado la hoja,

pero se osté non se anoja

voy a decirlo otra vez. 

PaloMa

¡No, por Dios! Con qué interés

escuchando seguirla

lo que me pueda decir,

si ya es hora de dormir.

¡Mañana será otro día

y hasta mañana, encargado!

(Cierra).

Miguel

¡Ma non me largue parado

pe l’ánima de so tía!

¡Abra, tengo otra poesía

que hai sacado de mi mente

y sé que le va a gustar!...

Don Jose

Así te quería encontrar 

cara a cara y frente a frente.

¡Dío un mande un achidente.

qué susto me hai hecho dar!

Don Jose

No… No intentes disparar

y ya quiso que la suerte

que aquí  los  dos nos hallemos,

agora mismo sabremos

quién de los dos es más fuerte.

Miguel

¿me desafía?

Don Jose 

Y a muerte

el duelo tendrá que ser,

que el amor de esa muller

sólo ha de midirse asi.

Miguel

¿Y si ella me quiere a mí

qué culpa puedo tener;

Don Jose

¡Eso lo vamus a ver

aquí! La calle está sola,

con que vé pelando el fierro.

Miguel

Si hubieras nacido perro

te pelaría... la cola.

Don Jose

(Impaciente)

¿Pero pelas o no pelas?

Miguel

¡Un momento, per so agüela,

si ya lo voy a pelar

per poderte demostrar 

que no tengo spaghetti

aunque sia Juan Moreyra

te la daré de Ferreira

per que corra Sanguinetti!


(Rápidamente se quita el saco

y el sombrero).

Don Jose

¿Es que se va a desnudar?

Miguel

(Ofreciéndoselo;

¡Tené el saco y el sombrero!

Don Jose

(Inconscientemente  recoge   Ias

prendas, lo cual le ocupa las dos

manos. Miguel  aprovecha  la cir

cunstancia para aplicarle  un 

bofetón y huir por la derecha).

¡Ah, italianu ventaguero,

ya me las vas a pajar!...

(Lo corre).

TELÓN


CUADRO TERCERO


LA MISMA DECORACIóN DEL PRIMERO. DOMINGO A LA NOCHE. 

SE FESTEJA EL ANIVERSARIO DEL CONVENTILLO, QUE, CON 

TAL MOTIVO, APARECE ENGALANADO E ILUMINADO 

PROFUSAMENTE.

(Al levantarse el telón, está el baile en su apogeo. Mariquihña, 

La Turca Sofía y Doce Pesos aparecerán vestidas y 

acicaladas conforme a las indicaciones de su instructor. ‘La 

transformación es evidente. Bailan: Mariquiña con Villa 

Crespo; La Turca con El Cansao y Doce Pesos con Risita, 

tipo que ríe insistentemente al final de cada frase que 

pronuncia. Don José, Serióla y Abraham, en primer término, 

izquierda, siguen con creciente sorpresa los movimientos 

de sus respectivas mujeres que se esfuerzan en simular no 

darles la más mínima importancia. El Conejo dirige la 

orquesta. El mayor número posible de parejas, baila 

coreando un tango popular. La puerta de La Paloma está 

cerrada. Termina el tango con asentimiento general.

Miguel: (Por su pieza) Señoras e caballeros: los invitados puédeno 

pasare per allá, al bofeto y los colados puédeno irse per 

allá, a so casa. (Pasan los que no hablan. Miguel inspecciona 

el elemento y sigue hacía la calle a un tipo que durante el 

baile se metió algunos efectos debajo del saco).

MariQuiÑa: ¿Y... qué le parece a osté, don Villa Crespo; habernos o 

no habernos aprindido bien sus liccionciñas?

V. CresPo: Cómo no, mi estimada galaica. Y tan bien que ya no me 

queda nada que enseñarles.

 

DoCe Pesos: Pero lo que yo le digo a ésta es que no hay que dexagerar 

pa que no puedan relojiarnos la maniobra. 

 SoFía: ¡La misma la dice yo, sañur!

V. CresPo: ¿Y por qué? Déjenla que la proceda a sus antojos, si 

cuanto más lejos va el chivo más fuerte es la topada.

MariQuiÑa: ¡Natoralmente, pues! ¡Y ya que estamos en el baile vamus 

a bailare y a divirtirnos como Deus manda! Ay, no sabes 

tú meu queridíño qué janas tenju de jritar y de facerme la 

loca. ¡Viva la jarufa!

Don José: ¡Por Deus, Mariquiña!... Prevéngote que repares en tu 

cumportamiento.

MariQuiÑa: ¿Y de qué comportamiento me falas tú? Anda, Deus. ¿Pra 

acaso no tenemus as mulleres e los homes as mismas 

obligaciones y choredes en la davi? (Aparte a Villa Crespo) 

¿No es así como dicía? 

V. CresPo: ¡Así es, ni más ni menos! 

Don José: Pero eu te ripito, Mariquiña...

MariQuiÑa: ¿Y qué es lo que pretendes? ¿Apilarte tú a otra pircanta 

pra que non pueda eu facer lo mismu? ¡No, meu 

maridiñu! Aquel tempo ya pasó. ¡Hoy soy un mueble 

muderno! Con que dejarse de pamplinas y vamos a la 

jarufería a echare otros cupitines.

V. CresPo: Aceptao por unanimidad y el que pueda... que nos siga... 

(Mutis al bufet del brazo de Mariquiña).

Don José: ¡Deus de Deus, que estu ya está pasando de castañu 

oscuru! (Los sigue con preocupación).

 

DoCe Pesos: ¡Ya se la pilló el goyega! 

 Risita: ¡Pero qué uva, je, je, je! 

 

DoCe Pesos: ¿No querés que la escabiemos?

 Risita: De mil amores, monada. Bien sabes que por vos soy 

capaz de apuntarle a cualquier pito... Je, je, je... (Medio 

mutis). 

 Seriola: ¡Pero che, Doce Pesos! 

 

DoCe Pesos: ¿Qué hay? ¿Qué le sucede al señor?

 Seriola: ¿Querés decirme si vos también has pensao trabajarla de 

engrupida?

 Risita: ¿Cómo? ¿Y quién es el joven para interpelar a la joven?

 Seriola: ¡¡Yo soy el dorima!!

 Risita: ¿El dorima? ¡Pero qué durazno, je, je, je!

 Seriola: ¿Y usté quién es?

 Risita: ¡Si le interesa saberlo, pregúntele a Villa Crespo, je, je, je!

 Seriola: ¿El fue quien lo ha invitao?

 Risita: ¡Y aunque no me hubiera invitao, lo mismo estaría 

presente, je, je, je!

 

DoCe Pesos: Vamos, Risita, no le des manija, no le des. (Lo toma del 

brazo).

 Risita: (Al mutis) ¡Pero qué níspero, je, je, je!

 Seriola: ¿Níspero y durazno? ¿Pero dónde lo habrán pelao a este 

secante? No... yo tengo que averiguarlo. (Los sigue lo 

mismo que Don José).

 SoFía: (Al Cansao) ¡Bero no la diga la sañur la que la dice no vé 

que la gombromete!

Cansao: ¿Y eso qué tiene que ver? (Medio mutis).

 ABrahaM: ¡Sofía!

 SoFía: (Mirándole con fingida superioridad) ¿Qué queri conmigo?

 ABrahaM: No... nada; ¡no queri nada!

 SoFía: ¡Andunce la deja bruma! Vamos, sañur, que yo también 

la teni gana de tomar la jabetín, jaral jiribá. ¿La gumbrendi?

Cansao: Sí... (Al mutis) ¿Cómo no voy a saber lo que es un chiripá? 

¡Camina!

 ABrahaM: (La sigue con la vista y se va hacia la puerta de Paloma). 

Alhaja. ¿Qué estará haciendo mujer breciosa que no veni 

baile? ¿Bor gué no veni bara baile?

 SoFía: (Adentro) ¡Ja, ja, ja! ¡Bero qué cosa me la diga la sañur, ja, 

ja, ja!

 ABrahaM: ¿Qué basa? ¿Sofía risa con hombre? ¡Krajaún maluf aséf! 

(Mutis al bufet).


Miguel: (Vuelve de la calle con un pantalón y una botella en mano). 

Con razone había sentido olore a chorizo. (Deja lo que 

trae sobre una mesa y se aproxima a la puerta de la Paloma 

con expresión compungida).

ConeJo: (Saliendo del bufet) ¿Y... qué me contás, Tanolai? ¿Qué te 

ha parecido la Orquestoni? ¿Yo creo que no te podrás 

Quijano?

Miguel: ¡Ma qué esperanza, Conijo! ¡Yo no me Quijano de la 

Orquestoni! Yo me Quijano de otra cosa.

ConeJo: ¿De Ketí?

Miguel: De la Mojica.

ConeJo: ¿Y Di Arce? ¿Qué te Parodi?

Miguel: Lo que me Parodi es que, más que todo, este Ballerini lo 

hai dado por ella, pero illa no ha querido achetare la 

Invitanosky y allí se hai quedado encerrada en so 

Pietranera.

ConeJo: ¿Pero qué me Constantini? ¿Y vos no tenés Medina de 

que vuelva al Cambaceres y se te dé juego de Murillo?

Miguel: Ma qué Murillo, Cambaceres ni Medina. Lo que yo 

tengo es un Monteagudo adentro, que me vuelve Locatelli.

ConeJo: ¿Y Antuña? ¿Por qué no te tiras otro Lauceroni? ¿Quién 

te dice que a lo mejor Aguirre Viale?

Miguel: Sí; esto es lo único que puedo Arzeno.

ConeJo: Entonce te dejo Solari. Y cualquier cosa que Passano, 

pegame el Grignolino.

Miguel: ¿Vos me vas a defendere?

ConeJo: ¡Y no sólo te voy a Defendioti, sino que donde vos dejes 

la Peletier dejo yo la Bidegain!

Miguel: ¡Gracias, Conijo! ¡Qué tipo Valentín Gómez! ¡Che, 

Conijo!

ConeJo: ¿Qué Queirolo?

Miguel: Ya que te Vázquez, fíjate a la gente que no abuse del 

Villanueva.

ConeJo: ¿De Kenny?

Miguel: Del vino, hombre. ¡Me Estrada que sia tau poco Carvajale 

que no Mangianti lo que yo Gutiérrez.

ConeJo: Con Bermejo. (Mutis).

Miguel: Pasalacqua. La madona, con tanto barullo de arpollido ya 

ni me acuerdo del mío. (Golpea la puerta de la Paloma). 

Diga, señora Mojica, ¿no quiere ascocharme dos 

Palamidesai, digo, dos palabras?

PaloMa: ¿Cómo no? Con mucho gusto.

Miguel: ¡Caramba! ¿Osté está, enojada con Mingroni?

PaloMa: ¿Con quién?

Miguel: Conmigo.

PaloMa: No, señor. Yo no estoy enojada con usted ni con nadie; 

al contrario.

Miguel: ¿Entonce per qué non quiere participare del Ballerini, 

digo, del baile? ¡A este Conijo me lo voy a comíre en 

guiso!

PaloMa: Por lo mismo que le he dicho antes. No me siento nada 

bien. Además, no estoy de humor y mañana tendré que 

madrugar para ir a la fábrica.

Miguel: ¡Ma déjase de frábrica! Caramba. ¿Osté me hace un 

desprecio que yo no me lo amerizco? Si todo lo vecino me 

lo hanno dicho y hasta el mínimo Villa Crespo me hai 

preguntado...

PaloMa: (Interesándose). ¿Cómo? ¿Villa Crespo también le 

preguntó?

Miguel: ¿E come no?

el conventillo de la paloma

PaloMa: ¿De veras, don Miguel? ¿Le preguntó por mí? ¿No me 

miente?

Miguel: ¡Qué te voy a mentir! ¡Que se muera lo gallego si no es 

cierto!

PaloMa: ¿Villa Crespo?... ¿Pero él qué interés podrá tener en mí si 

está tan preocupado con las otras?

Miguel: Eso sí. ¿Ma qué se Vasena? ¡No hay más Romero que 

tener Passini! Y cada uno se tira so Lanceroni. A ele le 

poede gostare la gallega, come le poede gestare la turca; 

pero lo que yo Bidoglio es que Bosio te créese que Villa 

Crespo es el Paternóster. ¡Ma yo per osté soy capaz de 

peleare con uno, cinco, Sere Seto, Ochoa y hasta Onzari 

que me tráiguno! Lo que pasa es que yo Stábile un tipo 

muy Nóbile y osté non se da cuentít del Carricaberry que 

te tengo.

PaloMa: Por Dios, don Miguel. Si va a insistir sobre lo mismo yo 

me voy. (Medio mutis).

Miguel: ¡Ma no, Mujica! ¡No me deje Solavi! (Sale la concurrencia).

MariQuiÑa: (Del brazo de Villa Crespo) Pero ven pra acá, hombre, y 

no le lleves el paquetitu, pues bien sabes que mi querer es 

todo pra tí.

V. CresPo: (Con intención) ¡Como pa vos... el mío!

PaloMa: (Instintivamente) ¡Villa Crespo!...

V. CresPo: ¿Qué hay, señorita? ¿Qué le pasa?

PaloMa: No, nada... discúlpeme.

MariQuiÑa: ¿Nada? ¿Y entonces a qué demontres se primite osté 

interrumpiré nuestro edilio? ¿Pra acasu tenderá celus de 

que me quieran a mí los hombres juapos? Pero quédese 

osté ñamas con ese jallejito siu pirfomancia, que desde 

hoy éste es mi javión, pra que osté lo sepa...

Don José: ¡Deus de Deus, y Deus cinco veces más, que estu ya está 

pasandu los límetes de la decencia! ¡Pero agora mismo vas 

a explicarme tú, muller adúltera, qué demonios de burla 

es ésta! (Va hacia ella amenazante). Y me lo tendrás que 

explicar, porque te guro...

V.CresPo: Aguántese, compadre, y no se me venga al humo 

creyendo que es cerrazón... ¡Lo que ha dicho esta mujer 

no es más que la verdá, y todas las explicaciones que le 

hagan falta, se las daré yo mismo!

Don José: ¿Osté?

V. CresPo: ¡Yo!

Miguel: ¡Gallego... chopate esa mandarina!

MariQuiÑa: (Aparte) No le vaya osté a pegar, eh.

V. CresPo: ¡No tenga miedo!

 Risita: ¡Pero qué papa, je, je, je!

 Seriola: ¿Y vos qué te estás riendo tanto, cara’e guanaco afeitao?

 risita: Vea, che: Yo me río, en primer lugar, porque es mi 

costumbre y en segundo lugar, porque se me da la gana, 

je, je, je.

Cansao: Naturalmente que sí.

 ABrahaM: ¿Y la sañur qué tiene que meter, si no la amborta?

 SoFía: ¡La sañur defiende a mi!

 ABrahaM: ¿E bur gué la defendí?

Cansao: También porque se me da la gana y porque soy más 

hombre que usté.

 ABrahaM: ¡Esta la vamos a ver ahora! ¡Jarabachí jutén! encima. 

Alarma general.

V. CresPo: (Imponiéndose) ¡Basta! ¡Basta, he dicho! Cada chingolo a 

su rama y que siga la milonga. Che. Conejo: métele a los 

de soplar.

ConeJo: (Preparando la orquesta) ¡Nicaragua, Campanelli que allá 

Bóito!

PaloMa: (Celosa) Venga, don Miguel. ¡Yo también quiero 

divertirme!

Miguel: ¡Así me gusta, Mojica! Ya sabía que al fine la iba a 

dominare. 

Rompe el tango y bailan todos a excepción de los maridos, 

quienes se agrupan en primer término, izquierda, traduciendo 

en gestos su indignación.

MariQuiÑa: (Mientras baila) ¡Viva la jarufa!

Miguel: (Al pasar bailando frente al grupo) Che, gallego, ¿por qué 

no pelás la Ferreira?

Don José: (Que no soporta las bromas) Y es claro que he de pelarla y 

será pra tí. (Lo embiste y se interrumpe el baile. Miguel se 

ampara en su compañera).

V. CresPo: ¡¿Qué es eso?! Envaine esa pavada, amigo, y que siga el 

tango hasta rajar las piedras. 

Sigue el tango y termina con la aprobación de los bailarines.

Miguel: ¡Muy biene! ¡Muy biene! Ahora vamo a vire si hay alguno 

que te cante la melonga.

 InVitaDo: ¡Eso es, que cante Seriola!

 Seriola: ¿Yo?... ¡Cantáriola!

MariQuiÑa: Entonces canta tú Doce Pesos, uno de esos tanguitos tan 

lindos que hablan de malandrines enjropidos y pircantas 

imbirritinadas. 

Canta Doce Pesos.


ATORRANTE (Tango)

Atorrante bien vestido 

malandrín de meta y ponga 

que hoy brillas en la milonga 

y la vas de gran señor. 

Te engrupieron las bacanas 

y a la mina santa y pura 

que aguantó tu mishiadura 

y en la mala te cuartió, 

la largaste por baranda, 

y de pena, ¡pobrecita! 

hoy está enferma y sólita 

consumiéndose por vos.

¡Atorrante!... ¿Decí si no te da vergüenza

que al verte pasar,

piense de vos la gente lo que piensa

y no haga más que hablar?

Propiamente, hay que ser más que careta

pa hacerse el gran bacán,

mientras está enferma sin receta

y con dos pibes que le piden pan.

¡Mas no importa! 

Cuando el mazo

se te gaste en el barajo

y te amare el bacanaje

por un punto más allá,

ya verás pobre atorrante

pelandrún arrepentido,

si el dolor que ella ha sufrido

vos también no sufrirás.

¡Y en el trance peliagudo

de las últimas boquiadas,

pedirás un vaso de agua,

y ni Dios te lo dará!... 


Aplauden los de arriba.

el conventillo de la paloma

 uno: ¡Que cante Villa Crespo!

V. CresPo: No, señores. Yo no voy a cantar, pero si no les parece mal, 

voy a decirle unos versos a mi barrio. 

Aprobación general. Recita con la mayor naturalidad posible.

¡Villa Crespo!... Barrio reo, 

el de las calles estrechas 

y las casitas mal hechas 

que eras lindo por lo feo, 

¿dónde están que no los veo, 

aquellos viejos matones, 

caferatas y gaviones 

que en sus posturas gotáicas, 

iban quebrando a las páicas 

al taquiar de los pisones?

¿La merza de Picardía,

Roncoroni y el Yesero,

La Vigja y el Escobero,

qué se han hecho, mama mía?

¿Dónde piantó la alegría

del fondín del Genovés,

la cancha del Marsellés,

la tropa de Covadonga,

y la famosa milonga

del taño Cuarenta y Tres?

Ya no sos lo que antes eras 

Villa Crespo de mis sueños, 

otras leyes y otros dueños 

te enancharon las vederas 

y con manos chapuceras 

el grébano constructor 

clavó en los güecos en flor 

del andamiaje las redes, 

y levantando paredes 

te fue matando el color.

¿Qué querés con la postura 

de tus tiendas y tus llecas, 

tus cinemas y tus fecas, 

si se te aguó la pintura? 

Te engrupió la arquitectura 

del plano municipal; 

yo que vos, pa Carnaval 

apuraba el expediente 

de batirle al Intendente 

que te abra una diagonal.

Ah, Villa Crespo querida

de mi recuerdo inocente,

¡cómo se cambia la gente!

¡cómo se planta la vida!

¡Vos también, en la embestida

del edilicio poder.

viniste, al fin, a caer,

y tu lontano retrato,

se fuga por Triunvirato

para nunca más volver!... 

Todos aprueban.

PaloMa: (Decidida) Villa Crespo. ¿No quiere bailar conmigo esta 

pieza?

V. CresPo: ¿Yo? Perdóneme, señorita. Con mucho gusto lo haría; 

pero me es imposible complacerla.

PaloMa: ¿Ah, sí? ¿Con que le es imposible?

V. CresPo: Así es.

PaloMa: Pero, ¿por qué no quiere bailar conmigo? ¿Por qué se 

niega?

MariQuiÑa: ¡Qué muguer pidijueña! ¡Pues sincillamente porque está 

compromitido cunmijo! ¡Y no sé qué más ten diría que 

decirle a oslé pra convencerla de que este hombre es mío 

y pra mi sólita!

Don José:  ¡Mariquiña que no aguanto más!

el conventillo de la paloma

MariQuiÑa: ¿Y tú qué tienes que oiré lo que eu diju?

Don José: ¡Mariquiña que me pierdes!

MariQuiÑa: ¡Pues piérdete de una vez y haz lo que te salja de adentru!

 seriola: (A don José) Pero, ¿por qué no le rompe el alma? No tiene 

vergüenza un hombre tan grande.

Don José: ¡Hombre! ¿Y por qué no se la rompe osté a la suya? No 

tiene vergüenza un hombre tan grande.

 Seriola: ¿A la mía? ¡Ahura verá! ¡Doce Pesos!... ¡Esto se acabó!

 

DoCe Pesos: ¿Qué decís?

 Seriola: ¡Que esto se acabó!

 

DoCe Pesos: ¡Se acabariola!

 ABrahaM: ¡Y yo también la dice a la sañur que esta se agabó!

V. CresPo: Y yo le digo a la sañur, al ñorse y al caballero, que esto no 

ha empezado todavía.

 Seriola: ¿Ah, no ha empezado? Entonces hay tiempo. 

Se sientan los tres.

MariQuiÑa: ¡Que sija la Jarufa! (Rompe otra pieza).

Miguel: ¡Venga, Mojica!

PaloMa: ¡No, ya no quiero bailar con nadie! (Se va hacia su puerta 

con marcada indignación).

P. De Julio: (Aparece en el foro acompañado de los amigos 1 y 2). 

¡Buenas noches! (Para de golpe la orquesta y se interrumpe 

el baile. Villa Crespo queda en primer término, derecha).

Miguel: ¡La madona! ¡El Paseo de Julio, el Puerto y la Costanera!

P. De Julio: Seguramente no me esperarían tan pronto; pero ya ve la 

buena gente por dónde viene a ser cierto aquello de que 

el hombre propone y Dios dispone.

V. CresPo: (Sereno) ¡Al contrario, compañero; si ya hace bastante 

rato que lo estábamos esperando y lo que en verdá me 

extraña es que no sea más que una yunta la que ha tráido 

pa castigar!

P. De Julio: ¿Qué quiere decir con eso?

V. CresPo: Recordarle que este patio tiene medidas muy anchas y pa 

mi gusto, que hubieran podido divertirse unos cuantos 

personeros más.

P. De Julio: Con la plata que le sobra ya hubiera puesto boliche.

V. CresPo: Y yo con esas agallas ya hubiera cortao la red.

P. De Julio: Cuando te dé gusto y gana. (Desnuda el revólver y los 

amigos se preparan. Alarma general. Villa Crespo no se 

mueve de su sitio).

PaloMa: (Interponiéndose enérgicamente). ¡No, Paseo! ¿Qué vas a 

hacer? ¡Yo no quiero que vos te pierdas ni que nadie se 

pierda por mi culpa!

P. De Julio: ¿Vos?

PaloMa: ¡Vine a esta cana creyendo que entre la gente honrada 

encontraría la serenidad y el bien que me faltaban; pero 

como no he encontrado hasta hoy más que avaros de sí 

mismos y enemigos de mi tranquilidad, he resuelto 

volverme otra vez al Bajo!

V. CresPo: ¡Eh! (Con gesto de honda extrañeza y disgusto).

P. De Julio: ¡Paloma!

PaloMa: Sí, perdóname todo lo que pude haberte hecho padecer; 

pero ahora mismo saldré de aquí con vos.

V.CresPo: Pero ¿qué dice?

PaloMa: Don Miguel. Aquí tiene usted la llave de la puerta. . . 

Mañana a primera hora mandaré buscar todo lo que aquí 

me queda. 

Miguel: ¿Ma come? ¿E la plata que te sobra de lo día?

PaloMa: Eso... ¡Ya no me hace falta! Regálesela al más pobre. 

¡Adiós! Y si a alguien he podido ofender con mi presencia, 

les ruego que me perdonen. 

Marca mutis con Paseo de Julio.

V. CresPo: (Cuando la ve irse tiene un arranque violento). ¡No! 

¡Paloma!

PaloMa: (Deteniéndose de golpe) ¿Qué?

V. CresPo: ¡Yo no quiero que usté se vaya!...

P. De Julio: ¿Qué es lo que dice ese hombre?

V. CresPo: ¡Que yo no quiero que se vaya de esta casa, y menos en 

mi presencia!

PaloMa: ¿Cómo? ¿Y con qué derecho va a impedir usté que yo 

haga mi voluntad?

V. CresPo: ¡Con el derecho que tiene todo hombre honrao de evitar 

que se envalentonen los canallas!

PaloMa: ¿Y qué es lo que pretende? ¿Defender otra vez solamente 

su amor propio?

V. CresPo: ¡Y defenderla a usté también, si es necesario!

PaloMa: ¿A mí?

V. CresPo: ¡A usté! ¡Y basta de disimulos! Usté no se va. (La toma de 

una mano y la aparta hacia el primer término). Y si estos 

son los fuertes que han venido a rescatarla, antes han de 

tener que pasar sobre mi cuerpo. Y vamos a ver, 

compadre. (Se quita el saco). La calle está oscura y sola. ¡Y 

si hay toros en la cancha, en la cancha se han de ver! 

¡Vayan puertiando!

P. De Julio: ¡A mi juego me han llamao! (Salen Paseo de Julio y los 

amigos y él los sigue desnudando el arma. Alarma general).

PaloMa:  ¡No! ¡Villa Crespo! ¡No! 

Entre varios la contienen.

 Risita: Pero qué bochinche, je, je, je.

 Seriola: ¡Y vos qué te estás riendo, desgraciadito! 

Le aplica una bofetada. El Turco la emprende con el Cansao 

y don José con don Miguel. En la calle suenan dos tiros; 

gritos y desbande de todos los personajes, menos los que 

hablan al final.

Miguel: (Creyéndose herido) ¿Adónde, adónde tengo el aujero? 

Vuelve Villa Crespo envainando el cuchillo.

PaloMa: ¡Dios mío! ¿Qué ha pasado?

V. CresPo: Y qué ha de pasar con esos gavilanes, si en cuanto erraron 

los primeros tiros y sintieron cosquillear el fierro, ya no se 

les vio ni el bulto.

Miguel: ¿Disparárono todo? ¡Qué lástima! ¡Si hubiera sabido que 

disparaban, los hubiera corrido yo, per la madona!

PaloMa: Pero, ¿por qué ha hecho usté eso, Villa Crespo?

V. CresPo: ¿Por qué? Porque no eran estos pobres encandilaos que la 

adulaban quienes la querían, sino yo, yo que disfrazando 

de desprecio mi cariño he llegao a ganarle el corazón.

PaloMa: ¿Usté?... ¿Usté me quiere?... ¡Villa Crespo!

V. CresPo: ¡Paloma!

Miguel: ¿Ma come? ¿Lo quiere a ele? (En la desesperación se da de 

cabeza contra la pared).

MariQuiÑa: ¡Qué lástima! Y eu qué había empezadu a turnarle 

sempatía.

 

DoCe Pesos: ¡Villa Crespo! ¿Y nosotras qué hacemos ahora?

V. CresPo: Ocupar cada una el puesto que les corresponde al lao de 

sus maridos, que bien escarmentaos estarán ya con la 

comedia que les hemos hecho.

Don José: ¿Anda, Deus? ¿De modu que todu ha sido una comedia? 

Ven pra acá, mía rapacifia... 

Mariquiña se arroja en sus brazos.

 ABrahaM: ¡Y veni vos la Sofía,! 

Sofia se arroja en sus brazos.

 Seriola: Y vos también, Doce Pesos. ¿Con que todo fue comedia?

Miguel: Comedia habrá sido para ostedes; para mí ha sido un 

drama.

 ToDos: ¿Por qué? 

Miguel: ¿Qué hago yo con la llave, si la pieza está vacía?...


TELON




Ilustración: Hamish Blakely


jueves, 15 de octubre de 2026

La malasangre (Griselda Gambaro)

 





ESCENA I

MADRE: Acá esta el vino. (Con una sonrisa fingida) Te lo quise traer yo.

PADRE: Te lo agradezco. (una pausa. Secamente) ¿Por qué dos copas? ¿Quién

bebe conmigo?

MADRE: Pensé...

PADRE: Mejor que no pienses. (La madre deja la bandeja sobre la mesa. El padre

vuelve a mirar por la ventana, el rostro ácido y malhumorado) Ninguno me

gusta. Ninguno me gusta de todos esos. No hay uno que valga nada. Creen

que van a venir acá y que soy ciego y tonto.

MADRE: (se acerca y mira con él): El tercero...

PADRE (friamente): ¿El tercero, que?

MADRE: Parece agradable.

PADRE (oscuro): Si.

MADRE (pierde seguridad): Va a estar en la casa.

PADRE: Si. ¿Y con eso?

MADRE (timidamente): Es mejor que sea agradable, ¿no?

PADRE: Si. Y también parece inteligente, (la remeda), ¿no?

MADRE (insegura): No se.

PADRE: ¿Y que otras condiciones tiene? (Le toca un seno groseramente) Mi

mujercita sagaz.

MADRE (se aparta): Benigno, por favor.

PADRE (la rodea con un brazo, la hace mirar por la ventana. Con dulzura): Miremos

juntos. Dos ven más que uno. ¿Qué más ves?

MADRE: Tiene aspecto... (se interrumpe).

PADRE: Si.

MADRE: Es muy atildado.

PADRE: Querrás decir buen mozo.

MADRE: ¡No!. Que está bien vestido. Con guantes...rojos.

PADRE: ¡Que vista penetrante! ¿Y que más ves?

Estuve atinado en pedirte que miramos juntos.

MADRE (insegura): Y... y no veo más.

PADRE: Si. Ves más. ¡Te gusta la cara! (la empuja brutalmente) ¡Fuera!

MADRE: ¿Pero, por qué?

PADRE: ¡Sólo mi cara tenés que mirar, puta!

MADRE: Te miro, ¡y no me insultes!

PADRE (como si hubiera oído mal, se toca la oreja. Mira a su alrededor, divertido):

¿Qué? Yo dicto la Ley. Y los halagos. Y los insultos. Dije lo que dije, y lo

puedo repetir. (muy bajo ) Puta.

MADRE: Te pedí que no me insultes.

PADRE: ¿Por qué?

MADRE: Por respeto.

PADRE (como siguiendole el juego, alarmado):¡Y pueden Oír!

MADRE: Si.

PADRE: No. Lo dije muy bajo. ¡Y lo puedo gritar alto! ¡Nadie oye lo que yo no quiero.

Oyen, pero no entienden. ¡Fuera, fuera de aquí!

MADRE (se aleja hacia la puerta, se vuelve. suavemente): Te odio.

PADRE (se dirige hacia ella): ¿Qué?


2


MADRE: No quise decirlo.

PADRE: ¿Qué? (Le toma. el brazo, como si quisiera hacerle una caricia. Pero

después de un momento, se lo tuerce) ¿Qué? Yo tampoco entiendo lo que no

me gusta oír. (Le tuerce más el brazo) ¿Qué?

MADRE (aguanta el dolor, luego): Te amo.

PADRE (dulcemente): Después de tanto tiempo. Otra vez...

MADRE (guarda silencio un momento, luego, como el padre acentúa la presión):

Te... amo .

PADRE (la suelta, la besa en la mejilla. Con naturalidad): Gracias, querida. Ahora

dejame. Hace frío en el patio. Deben estar congelados. No quiero que

esperen más. (La madre sale. El padre toca el cordón del timbre. Mira por la

ventana se asoma Fermín. Es alto, robusto, se advierte que entre el padre y

él una especie de complicidad, de acuerdo tácito en sus respectivos roles)

FERMIN: ¿Señor?

PADRE (mira por la ventana): El tercero que se vaya. Hace frío.

FERMIN: Si, señor.

PADRE: Fermín. Si tarda, podés empujarlo.

FERMIN (como siguiendo el juego): ¿Como se que tarda? ¿Debe correr? (El padre

se encoge puerilmente de hombros. Fermín, con una sonrisa). Lo haré,

señor. (Sale)

PADRE (mira por la ventana): Tomaste frío tontamente. Se va a mirar en el espejo y

desconfiará de su cara o de sus unas roñosas bajo los guantes. (Se vuelve

infantil) ¿Qué hice, que hice? ¿Por qué me echan? Yo estaba ahí en la fila,

¡buenito! ¡Y me compre guantes rojos. (Mira) No con tanta brusquedad,

¡Fermín! ¡Que bruto es! (Ríe espasmodicamente, se atora. Ácido) Ninguno me

sirve de todos esos: El primero demasiado orgulloso, el segundo demasiado

alto, el tercero no está, el cuarto... Y ese que sale de la fila, ¿cómo se atreve?

Es que "yo" dije que podían saltar como canguros para entrar en calor? (Mira

algo que lo sorprende, se vuelve) ¡Oh! ¡Oh, oh, Dios mío! (Ríe

espasmodicamente, con alegría. Sacude el cordón del timbre) Dios mío, te

agradezco. Te agradezco la consideración a mis deseos, yo pecador.

(canturrea) La madre me calienta, la hija se me enamora... (Se asoma

Fermín) El que da vueltas... El que menos luce. . .

FERMIN: ¿Lo echo a patadas?

PADRE: ¡No! Tráelo aquí.

FERMIN: ¿Los otros?

PADRE: Que esperen. El frío es sano. Baja los humos. (Fermín sale. El padre se

sirve vino y bebe. Contento) Veremos si con éste ocurre lo mismo. (Ríe

espasmodicamente. Canturrea) La madre se me calienta, la hija se me

enamora... (Fermín abre la puerta a Rafael, quien entra y se inclina. Viste un

traje de tela liviana, esta amoratado de frío. Tiene rostro muy hermoso,

sereno y manso. Su espalda esta deformada por una joroba y camina

levemente inclinado)

PADRE (con una sonrisa cordial): Adelante. (Avanza hacia Rafael. No le da la mano.

Lo rodea y le mira la espalda. Ríe con su risa espasmódica) Si... Es

contrahecho...

RAFAEL: Señor...

PADRE: Estará bien con nosotros. Como ve, tengo buen carácter. (Rafael sorbe)

¿Hacía frío afuera, no? Me Levante tarde, la cama estaba caliente. Por eso

esperaron tanto. Pero acá no. No hace frío. ¿O si?


3


RAFAEL: No... No, señor, no hace frío.

PADRE (Tímido): Quiero pedirle... (se interrumpe)

RAFAEL: ¿Qué?

PADRE: No lo tome a mal. Soy brusco, nadie me quiere, pero no se puede pedir a la

gente que lo quiera a uno. Si no hay un interés... Usted tiene un interés.

RAFAEL: Si, señor.

PADRE: Entonces... no digo amor, pero comprenderá.

RAFAEL (no entiende): Si, señor.

PADRE (en un arranque): Bueno, se lo pido! (Se queda en silencio, inmóvil. Luego

camina nervioso. Se detiene, mira a Rafael como si esperara algo)

RAFAEL: A sus órdenes.

PADRE: ¡Es lo que quería oír! ¡Después no se queje! (Ríe, nervioso y espasmódico..

Una pausa .Luego, tierno y casi lascivo) Desnúdese.

RAFAEL: ¿Qué?

PADRE: ¡Dijo que si, dijo que si!

RAFAEL (retrocede): No...

PADRE: Vamos... entre hombres. Mi mujer quería quedarse, pero la eché.

RAFAEL: ¿Por qué?

PADRE: ¿Por que la eché?

RAFAEL: No. Porque usted. quiere...

PADRE: Nunca vi... (Ríe, se atora)

RAFAEL (humillado): No soy una curiosidad.

PADRE: Yo tampoco. Y me desnudo. ¡Sólo cuando me baño! (Tierno y confidencial.)

A oscuras. Lo otro a oscuras. Con un agujero en el camisón. (Ríe, se tapa la

boca, con vergüenza)

RAFAEL: No puedo (Saluda inclinándose y se aleja hacia la puerta)

PADRE: ¡Señor! (Rafael se vuelve) ¿Vió cuántos esperan en el patio?

RAFAEL: Si.

PADRE: Una Larga fila. Muertos de frío. Saben que mi casa es rica, que mi trato es

bueno. Y yo los miré, hace rato que los miro, y cuando apareció usted dije:

ése. Ese.

RAFAEL: ¿Por que?

PADRE (remeda): ¿Por que, por que? Por su linda cara. (Se acerca y le da vueltas

alrededor) Y es limpio. (Le pasa el pulgar por la mejilla) Afeitado. (Señala la

joroba) ¡Pero esto! ¿Me deja... tocarla? Da suerte. (Ríe) ¡Hombre afortunado!

RAFAEL (pálido de humillación): Soy un buen profesor.

PADRE (suavemente): Lo veremos. (Ansioso) ¿Me permite?

RAFAEL: No..

PADRE (se acerca a la ventana, aparta la cortina ,mira): Llueve. Y no se van. Ni se

guarecen bajo el alero. Disciplinados y en fila. Saben hacer buena letra.

Saben que todo camino empieza con la buena letra. (Se vuelve hacia Rafael)

Pero yo ya elegí . A usted.

RAFAEL: Soy un buen profesor.

PADRE (blandamente): Eso cuenta también. Desnúdese. (Ríe) Hasta la cintura. Más

no. (Le toca la ropa) Limpia, pero raída. Liviana. Afeitado, pero macilento .

Eso se llama hambre. Y no todos en esta ciudad, (ríe) quieren tener a un

contrahecho en casa. Pero yo si. Y no será un criado. Tendrá cuarto aparte.

Se sentará a la mesa con nosotros y comerá. Nos trataremos de igual a igual.

RAFAEL: Gracias.

PADRE: Váyase si quiere...(Un silencio. Se oye la lluvia)


4


RAFAEL: No quiero irme.

PADRE: ¡Trato hecho! Ordenaré que se vayan los otros. Carece de sentido hacerlos

esperar. (Sacude el cordón del timbre) Llueve mucho y el puesto está

tomado.

FERMIN (en la puerta):¿Señor?

PADRE: El puesto está tomado.

FERMIN: Me alegro, señor. (una pausa) ¿Me necesita?

PADRE: ¿Yo?

FERMIN: Usted llamó, señor.

PADRE: ¿Qué yo llamé? No me acuerdo que quería. ¿Qué quería?

FERMIN: Ya entramos las jaulas con los pájaros.

PADRE: ¡Ah! ¡Eso! ¡Llueve tanto!

FERMIN: Usted sabe que a los pájaros los cuido. No debiera preocuparse, señor.

PADRE: Gracias, Fermín. (Fermín se retira. Padre sonríe a Rafael) Debiera

preguntarle que materias enseña.

RAFAEL: Francés y latín, señor. Botánica, matemáticas.

PADRE: ¿Matemáticas también? ¡Soberbio! A mi me enseñará matemáticas, las

niñas sólo necesitan saber que dos más dos son cuatro. (Vagamente lascivo)

¿Y... y lo que le pedí? (Bajo) Desnúdase.

RAFAEL: ¿Para que?

PADRE (bromista): Para saber si no miente.

RAFAEL: No miento. (Con una sonrisa crispada) Tengo joroba desde la infancia. Mi

padre quizá fue jorobado también... Nadie pudo decirme como la conseguí .

Si usted quiere, puede tocarla.

PADRE (seco): No a través de la ropa.

RAFAEL: No... puedo.

PADRE (dulce y ansioso): Quiero verla. Por favor.

RAFAEL (lo mira fijamente. Después, con lentitud, se deshace el nudo de la corbata,

se quita la chaqueta, la camisa).

PADRE (se acerca y observa con curiosidad, como a un animal extraño): Nunca

había visto. ¿Es un hueso?

RAFAEL (con mortificación): Hueso y carne.

PADRE: Es muy lisa.

RAFAEL: Si, muy lisa.

PADRE (tiende la mano con asco, toca apenas): Es la primera vez que veo, que

toco. Me da asco. Fuerte, compacta. ¿No le pesa? Pobrecito, debe pesarle.

Como cargar una bolsa con piedras. Siempre. Cuando duerme, y come, y

camina. Y... hace el amor.

RAFAEL: No.

PADRE (ansioso): ¿No hace el amor?

RAFAEL: No me pesa.

PADRE: Los genes se acoplaron mal. (Se tienta. Ríe espasmodicamente) ¡Que

capricho! (Se despereza enderezando su espalda) ¡Cúbrase! ¡A ver si se le

resfría! (Ríe) Brindemos. Lo acepto. (Sacude el cordón del timbre. Sirve dos

copas. Tiende una a Rafael quien se está vistiendo torpemente. Espera con la

copa tendida. Risueño) Ligero... Al amo no se lo hace esperar. (Rafael toma

la copa, nervioso, intenta beber, se la tira encima. El padre lo observa, ríe)

Casi perfecto. (Canturrea) La madre se me calienta, la hija se me enamora...

(Un poco antes ha entrado Fermín, respondiendo al llamado. Con curiosidad

burlona ha observado los gestos torpes de Rafael)


5


FERMIN: La corbata, señor, ¿se la anudo?

RAFAEL: No, gracias.

PADRE (a Fermín): Que vengan las damas. Está el profesor. (Sale Fermín) Usted

jamás hubiera pensado tener tanta suerte... ni le pido referencias. Suerte,

¿eh? ¿Y por qué?

RAFAEL: No se, señor. Se lo agradezco.

PADRE: ¡Su joroba! ¡Muchacho, le da suerte! (Ríe)

RAFAEL: Sí, señor.

PADRE (se asoma a la ventana): Llueve. Dicen que en estos tiempos nadie es

capaz de obstinarse en nada. (Ríe) ¡Pero esos de ahí abajo! ¡Que buena

madera! La necesidad es la mejor obstinación... Esperan y no se

convencen... ¡de que ya están sonados! (Entran Dolores y la madre. Dolores

es una hermosa muchacha de veinte años, de gestos vivos y apasionados,

una especie fragilidad que vence a fuerza de orgullo, de soberbio desdén)

PADRE: Mi mujer, mi hija Dolores. (A Rafael) ¿Cuál es su nombre?

RAFAEL: Rafael Sánchez.

PADRE: Rafael, digamos. (A Dolores) Te enseñará latín y francés. Botánica.

¿Sabés lo que es botánica?

DOLORES: Sí.

PADRE: Como son las hojitas y los árboles y los pajaritos en los árboles. (Alusivo)

¿Te lo enseñaba el otro? (Dolores le vuelve la espalda) Y dibujo. (A Rafael)

¿Dibujo sabe?

RAFAEL: Si, señor.

PADRE: ¡Una alhaja! Dolores, podés darle la bienvenida. (A Rafael) Estaba muy

encariñada con su viejo profesor. Bueno, no tan viejo, ¿no?

DOLORES (lo mira desafiante): No.

MADRE (timidamente): No estuvo mucho tiempo...

PADRE (la hace callar con la mirada): Ese es el peligro. Si son viejos son ñoños, y si

son jóvenes aprovechados. Pero algunos ya entran con el pie torcido en la

vida o la espalda, (festeja sonriendo con una corta risa que interrumpe

cubriéndose la boca) y no son peligro para nadie. (A la madre). Traéte tu

bordado y sentate allí. (le señala el sofá) Pero te autorizo a ausentarte (Ríe

espasmodicamente y sale) (Dolores mira a Rafael, seria e inamistosamente)

MADRE (con una sonrisa torpe): Bienvenido, estará cómodo con nosotros. Dolores

es...

DOLORES (la interrumpe, secamente): Como soy.

MADRE: Siéntese.

RAFAEL: Gracias. (Pero no lo hace, ya que Dolores y la madre están de pie)

DOLORES (lo mira. Después de un silencio): Es mejor morirse de hambre que

aceptar lo que no merecemos.

RAFAEL: Soy un buen profesor.

DOLORES: O lo que merecemos por taras.

MADRE (confusa): No le haga caso. Siéntese. (Se sienta. Rafael hace lo mismo)

¿Comerá con nosotros? (teme haber hablado de más. Se levanta. Rafael

hace lo mismo) 0... tal vez con los criados. Pero la comida es buena. La

misma. Sin vino.

RAFAEL: Comeré con ustedes, señora. El señor ha tenido esa bondad.

DOLORES: ¡Que extraordinario! Papá es demasiado bondadoso. (Con una sonrisa

torcida) Ya lo verá usted. Una bondad desbordante como un río...(Borra la


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sonrisa) que ahoga. Mamá, te mandaron a buscar tu bordado. Y todavía estás

acá. ¡Vaya, perrito!

MADRE: Dolores...

DOLORES: Y después venga, que no habrá peligro .Lo dijo papá, (mirando a

Rafael) y es cierto

MADRE (torpe, a Rafael): Enseguida vuelvo. Si quieren empezar... (Sale)

DOLORES (furiosa, va hacia el gran aparador, abre un cajón. Saca cuadernos,

libros, una carpeta con dibujos. Arroja todo sobre la mesa): ¡Acérquese!

RAFAEL: No sabia que tenia otro profesor. Entonces seguiremos...

DOLORES: ¡Nada! Tenia otro, con la espalda derecha! (Una pausa) Perdóneme.

Quería decir... que no era servil.

RAFAEL: Yo tampoco. (Una pausa) O si. (Como ella lo mira, burlona) No hay límites

muy claros, señorita.

DOLORES: Para algunos. (Abre la carpeta) Acérquese. Esto es lo que dibujo.

¿Nada torpe, no?

RAFAEL (mira): No. Está muy bien.

DOLORES: Tengo talento.

RAFAEL: Diría que si.

DOLORES (ríe): Me los hacía mi profesor. A mi me tiemblan las manos. Odio el

dibujo.

RAFAEL: Yo haré que a usted le guste.

DOLORES: ¿Si? (Lentamente) Nadie hace que me guste nada. ¡Nadie hace

gustarme nada!

RAFAEL: Quiero decir...

DOLORES: Le haré salir canas verdes.

RAFAEL: ¿Por qué?

DOLORES: Porque lo eligió mi padre.

RAFAEL: También al otro.

DOLORES: Al otro lo elegí yo. Sin mostrar demasiado interés, por supuesto. Duró

quince días. Para mí era un viejo, pero a mi padre le parecía buen mozo,

sospechaba. (Ríe ácida) No sólo de mí, también de mi madre.

RAFAEL (mansamente): No sospechará conmigo.

DOLORES (lo mira): No, Es evidente.

RAFAEL: No me agreda

DOLORES: ¿Yo? No me tomo el trabajo. Usted ya está agredido por naturaleza.

(Como Rafael va a hablar) ¡No me conteste! ¿Quiere vino?

RAFAEL: No.

DOLORES: ¿Como va a tomar vino sin permiso? Yo si. (Se sirve y alza la copa

hacia Rafael. Con una furia helada) Brindo por usted. Bienvenido a esta casa.

(Bebe. Arroja la copa contra la pared. Entra la madre. Mira con sorpresa.

Dolores, con hipócrita dulzura) Se me voló la copa, mamá. Quería servirle al

profesor y se me voló la copa.

ESCENA II


Rafael y Dolores en el salón. Están estudiando

con libros y cuadernos sobre la mesa, sentados

del mismo lado . Silencio. Se asoma la madre.

Dolores la mira friamente.


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MADRE (con una sonrisa incómoda): ¿Todo bien?

RAFAEL: Si, señora. (Va a incorporase)

MADRE: No, no, me voy. Solo quería saber si necesitaban algo.

DOLORES (con una dulzura venenosa): No, mamá. Tanta preocupación me

conmueve. Estamos estudiando, ¿no ves?

MADRE: Si, si. (Torpe) Estudien. Hasta luego... (Sale)

DOLORES (la remeda con una sonrisa torcida): Estudien... Me duele la cabeza.

(Silencio de Rafael, los ojos bajos sobre su libro). Se dice: lo siento o se

pregunta si duele mucho. Hay que ser cortés. Me duele la cabeza.

RAFAEL (Sin levantar los ojos, neutro): ¿Mucho?

DOLORES: Si, como para no poder escribir.

RAFAEL: Esta progresando muy bien.

DOLORES: Soy inteligente. (arroja el lápiz) ¡No estoy en vena! (Se oye afuera el

ruido de un carro y de las herraduras de los caballos sobre las piedras.

Ambos atienden) Todas las mañanas pasa. Pero por deferencia hacia mi

padre, muchas veces no gritan... "melones”

RAFAEL (sin levantar los ojos): Sigamos. Si se esfuerza...

DOLORES: ¡Dije que no estoy en vena!

RAFAEL: Se añade "or" para el comparativo. Por ejemplo, prudenti, prudentior...

DOLORES (se levanta lo enfrenta del otro lado de la mesa. Acentúa): No me

importa. No me in-te-re-sa.

RAFAEL (sin mirarla): Su padre ordenó que la mañana estuviese dedicada al latín.

DOLORES: ¡Mi padre es un imbécil ¡Latín! En una ciudad salvaje. La mejor cabeza

es la cortada el mejor ruido es el silencio. Quiere que aprenda latín. ¡Hay

que ser imbécil.

RAFAEL (la mira): Si se niega a estudiar, tendré que decírselo.

DOLORES: Ahora son todos cuenteros. Uno más no desbordará el río. (Se asoma

el padre. Rapidamente, Dolores toma una hoja, y luego, tanto ella como

Rafael, se quedan quietos, como concentrados. El padre los mira y lanza

su risa espasmódica. Rafael saluda y va a incorporarse. Con un gesto de

la mano, el padre le indica que no, ríe y se marcha)

RAFAEL: Deberé informarle...

DOLORES: ¿Y por que no lo hizo? (Lo remeda) Deberé informarle... ¿Y que hará mi

padre? ¿Me pondrá en penitencia? (Niega, con una sonrisa burlona) Le

rezongará a usted. Para eso le paga.

RAFAEL: Siéntese, por favor. (Dolores lo mira, finalmente se sienta en su lugar) Y el

superlativo se forma agregando "ssimus", prudenti, prudentior,

prudentissimus. (Dolores, con ostensible indiferencia,

tararea) Atiéndame. Me hace el trabajo muy difícil.

DOLORES: Para eso le pagan.

RAFAEL: Me pagan para que le enseñe. No para que se burle de mi.

DOLORES: "Si', para que me burle de usted. Eso tranquiliza a mi padre. (Entra

Fermín. Trae una bolsa grande, que mantiene alejada del cuerpo)

FERMIN: Permiso, señorita.

DOLORES (ve la bolsa, se incorpora con sobresalto): ¿Qué traes ahí, Fermín?

FERMIN (con una sonrisa): ¡Melones! (Mete la mano en la bolsa, la saca

ensangrentada)


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DOLORES (pálida): ¡Lleváte eso! (Se cubre la boca con la mano) ¡Huele mal!

¿Cómo...?

FERMIN (sonríe): ¡Pasaron y compré! Pensé, a la niña le gustará. (hurga en la

bolsa)

DOLORES: ¡No, no!

RAFAEL: ¡Salga de aquí!

FERMIN (sonriente, pero oscuro): No me alce la voz, señor. Cuidado. (A Dolores)

Niña, ¿Qué piensa? Fui a hacer las compras al matadero. Y en el camino,

pasó el carro. Mire. (Saca un melón) Es un melón. Pura miel. Me dije, la niña

se vuelve loca por los melones...

DOLORES: Pero nunca... ¡nunca más comí...! (Se rehace) ¡Que broma estúpida!

¡Se lo diré a mi padre! ¡Bruto, bestia asquerosa!

FERMIN (muy contento): ¡Niña! ¡Si fue su padre! Me dijo andá a divertir a la niña y al

jorobado. ¡Estudian mucho! (Ríe) ¿No lo quiere?

DOLORES: ¡No! (Aparta el rostro) Rafael, sigamos con la lección. ¿Dónde

estabamos?

FERMIN (se huele la mano, se la seca sobre la ropa): Compré carne podrida. Para

darle un susto. ¡Pero fue idea del señor?

RAFAEL: Esta bien, Fermín. Dígale gracias.

FERMIN (pone el melón sobre la mesa, entre los libros): Lo dejo acá. Se lo pueden

comer. (Vengativo) ¡Le voy a decir al señor que no se divirtieron! La señorita

cree que a los salvajes, inmundos, asquerosos, no se les debe cortar la

cabeza. Es demasiado buena.

RAFAEL : No. La señorita cree que es justicia. (Dolores levanta la cabeza, lo mira.

Rafael, a Dolores) Dios perdonará a los débiles.

DOLORES: Yo no me perdonaré.

FERMIN: ¿Se lo comen o no?

RAFAEL: Más tarde.

FERMIN: ¡No esta maduro! (Ríe) ¡Pura miel! ¡En invierno! (Sale)

RAFAEL (toma la fruta y la coloca sobre el aparador): Vamos a terminar la lección.

DOLORES: Gracias. (una pausa) Pero no necesita hablar por mi.

RAFAEL: No volveré a hacerlo. (Hojea el libro) Acá estabamos. Prudenti, prudentior,

prudentissimus.

DOLORES: Dije que me dolía la cabeza. Y ahora me duele más. (Con tierna

dulzura) Rafael prudentissimus.

RAFAEL: Por favor, sigamos. Está mintiendo.

DOLORES: ¡Nunca miento!

RAFAEL: Veritas odium parit.

DOLORES: ¿Qué es eso? ¿Nunca mirás de frente?

RAFAEL (alza la cabeza y la mira): La franqueza engendra odio.

DOLORES (ríe, luego): Te equivocás. Cuando te miro el rostro me parece...

RAFAEL: No hemos avanzado nada.

DOLORES (suavemente): ¿Conociste mujer?

RAFAEL: No hemos...

DOLORES: ¡No hemos cuernos! (lascivamente) ¿Conociste mujer? (Silencio tenso

de Rafael) ¿No? (Rafael cierra los ojos) ¿Quien va a quererte, no? Por eso te

eligió mi padre. Me guarda para alguien como él. Más rico. Prefiero matarme.

Pero no. La muerte no me gusta. ¿A vos te gusta?

RAFAEL: ¿Qué?

DOLORES: ¡La muerte, bobo!


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RAFAEL: No.

DOLORES: Entonces, te gusta lo mismo que a mí. (Le pasa el dedo por el dorso de

la mano) ¿Qué hermosa manito?

RAFAEL (aparta la mano): Déjeme.

DOLORES: Te dejo. (Cambia de lugar. De frente pasás). Miráme. (Rafael alza la

cabeza y la mira. Dolores, sincera) Tenés lindos ojos. Demasiado tiernos.

(Espera un comentario o reacción que no se produce)

Cuando te miro me parece que no tenés...

RAFAEL (termina por ella): ¿Joroba? Pues la tengo, señorita.

DOLORES: Eso tranquiliza a mi padre. Pero hace mal. Basta que me prohiba una

fruta para que me tiente comerla. ¿Me entendés?

RAFAEL: No. Ni quiero.

DOLORES (dulcemente): ¿Te explico?

RAFAEL (tenso): No.

DOLORES: Hay mujeres que... que se pueden enamorar de los defectuosos...

RAFAEL (tenso): Y defectuosos que por suerte no se enamoran de las imbéciles!

DOLORES (ríe): ¡Ah, sos capaz de enamorarte!

RAFAEL: Como cualquier hombre. Sigamos. El verbo varía de terminación, Petrus

amat...

DOLORES: ¿Y de vos se enamoraron?

RAFAEL (cada vez más tenso): Petrus amat, Petrus...

DOLORES (fría y autoritaria): Te hice una pregunta. Contestáme. Acá los criados

contestan cuando se los interroga.

RAFAEL: ¿Ya se le pasó el susto? Contestaré las preguntas referidas a la lección. Y

no soy un criado.

DOLORES: ¿Quien te dijo que me asusté? Hace falta más que una broma Idiota. Y

sí que sos un criado porque te dejan a solas... conmigo. (Exasperado, Rafael

cierra bruscamente el libro. Dolores sonríe dulcemente) ¿Te enojaste?

RAFAEL: No, señorita (Se controla, abre el libro) Sigamos.

DOLORES: Lindos ojos... tiernos y sedientos. Miráme.

RAFAEL: Jamás la miraré.

DOLORES (persuasiva): ¿No?

RAFAEL: Usted se confunde.

DOLORES: ¿Con qué?

RAFAEL: Con el objeto de su... (va a decir algo irreparable, se contiene).

DOLORES (fría): Terminá.

RAFAEL: Quiero enseñarle lo que sé y basta. Es mi trabajo y lo cumpliré a

conciencia. No haga la coqueta conmigo que no va. Soy su profesor y debe

obedecerme... en esto.

DOLORES (ríe, luego dulcemente): Lindos ojos... Sedientos. (Una breve pausa)

¡Pero que problema abrazarte! (Hace un gesto hiriente como si no le

alcanzara el brazo)

RAFAEL (se incorporó bruscamente): ¡Cállese, maldita sea! ¡Malcriada, odiosa!

DOLORES: ¡Servil!

RAFAEL: ¿Servil? ¡Pero tonta! ¡Orgullosa con el estomago lleno!

DOLORES (lo enfrenta muy cerca): ¡Servil! (Rafael le pega una bofetada. Dolores se

lleva la mano a la mejilla, no parece creerlo, vacila un momento entre la

humillación y el llanto, y se crispa de furia) ¡Se lo diré a mi padre! ¡Ponerme la

mano encina! (Sacude frenética el cordón del timbre) ¡A mí! ¡Nadie me pegó

jamás y que un...! ¡Se lo diré! ¡Te pondrá de patitas en la calle! ¡Jorobado!


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RAFAEL: ¡No lo haga!

DOLORES: ¡Te meterá preso!

RAFAEL: ¡Le pido disculpas!

DOLORES: ¡Ni que te arrodilles! (Se asoma Fermín) ¡Que venga mi padre!

FERMIN: ¿Qué pasa, niña?

DOLORES: ¡Que venga mi padre! (Sale Fermín)

RAFAEL: ¡Discúlpeme, por favor! ¡No debió ofenderme!

DOLORES: ¿Yo? ¡Para que yo ofenda, tiene que haber ”alguien" para ofender!

RAFAEL: No diga eso. La criatura más miserable puede ser ofendida.

DOLORES: Está bien que reconozcas tu condición. ¡Yo te enseñaré quién obedece

a quién! ¡Mi padre te lo enseñará más rápido!

RAFAEL (se encoge de hombros, triste): Como quiera. (Entra el padre)

PADRE (risueño): ¿Niños?

DOLORES (se abalanza hacia sus brazos): ¡Me dio una bofetada!

PADRE: ¿Quién? ¿El?

RAFAEL: Señor...

PADRE (abraza a Dolores, A Rafael, tristemente): ¿Por qué?

DOLORES: Hice mal un dibujo. (se aparta, abre la carpeta de dibujo, busca) Vas a

ver, papá. ¡Este dibujo!

PADRE (triste): Es muy hermoso...

DOLORES (vuelve a sus brazos): ¿Verdad, papá? Papito.

PADRE (le mira el rostro): Te marco los cinco dedos... (La acaricia suavemente) ¿Y

qué haremos, Dolores? ¿Qué haremos con él?

DOLORES: ¡Qué se vaya!

PADRE: Te quedarás sin profesor. Serás burrita, burrota. Como tu madre. Que si

viene un franchute no sabe decir buen día. ¿Qué haremos con el?

RAFAEL: Está mintiendo, señor.

PADRE: ¡Cállese! (Dulcemente, a Dolores) ¿Qué querés que le hagamos? Y Fermín

me contó que no le gustó la broma. Quizá piense que a los asquerosos no

hay que cortarles la cabeza. (A Rafael, por encima del hombro de Dolores)

Quizá lo piensa.

RAFAEL: No, señor. No lo pienso.

PADRE: Pero esto no arregla nada. Le pegó a mi niña.(A Dolores) ¿Qué querés que

le hagamos?

DOLORES: Que lo metan preso, que le peguen, que se vaya.... (llora)

PADRE: Oh, no, no. Esos lindos ojitos... Bueno, papá hará algo que le gustará a su

niña. Deje de llorar. (Le seca las lágrimas) Se me rompe el corazón. Te

compraré un vestido. ¡Y haremos una fiesta!

DOLORES (se aprieta contra el, mimosa): Gracias, papa. (Hipa) ¡Pero me pegó!

PADRE: Sí, te pegó, ¡malo! Papá no olvida.

RAFAEL: Me provocó, señor.

PADRE (lo mira y por contestación ríe con su risa espasmódica. Deja de reír): Papá

es bueno, pero se pone feroz cuando su niña llora. (Se sienta y sienta a

Dolores en sus rodillas)

RAFAEL: Me iré, señor.

PADRE (no lo atiende): Acá, como cuando era chiquita. (Sacude la piernas)

¡Caballito! ¿Vamos a jugar a las adivinanzas, querés?

DOLORES (mimosa): Si.

PADRE: A ver si acertás la primera. (Como en un juego infantil) ¿Cuál es el criado

más fuerte?


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DOLORES: Fermín.

PADRE: ¿Quién tiene el cinturón más ancho?

DOLORES: Fermín.

PADRE: ¿Quién el brazo más rudo?

DOLORES (ríe): ¡Fermín!

PADRE: ¿Y la espalda más espesa?

DOLORES (pícara): ¡Rafael! (Rafael retrocede hasta empujar una silla) ¡Se asustó!

(Se levanta) .¡Se asustó, papá! (Va hacia Rafael) ¡Pegame otra vez! jorobado,

lacayo. ¡Servil! ¿No era esta la palabra que te ofendía? ¡Servil! (Aterrorizando,

Rafael aparta a Dolores y va hacia la puerta. Cuando la abre, está Fermín en

el vano. Lo sujeta)

RAFAEL: ¡Déjeme! (Se debate inútilmente. El padre mira y ríe con su risa

espasmódica En ese momento, Dolores comprende que el juego ha dejado

de ser juego, se asusta ella entonces y rompe a llorar angustiosamente).


ESCENA III


Es de mañana. Dolores y la madre en el salón.

Los libros y carpetas sobre la mesa.


MADRE: No debiste hacerlo.

DOLORES: "El” no debió hacerlo.

MADRE: Tu padre es duro

DOLORES (culpable pero orgullosa): Nadie me pondrá la mano encima.

MADRE: Si. Pero hay muchas maneras de golpear.


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DOLORES (burlona): Sabia. Lástima que esa sabiduría nunca la usás con vos. Te

golpean de muchas maneras, pero ninguna te irrita bastante. (La madre la

mira y se aleja hacia la puerta) ¡Mamá (En un ruego) Quedáte.

MADRE: No. Tengo que dar las órdenes para el almuerzo. Espero que hoy comas...

un poco. (Vengativa) No es así como vas a conseguir que te perdone.

DOLORES: ¿A mi? ¿Quién tiene que perdonarme "a mi"?

MADRE: Seguramente nadie. Entonces comé. (Una pausa) Y dormí de noche.

DOLORES: Me espías.

MADRE: Te cuido.

DOLORES: ¡Ah, ahora se llama cuidar!

MADRE: El orgullo no hace buenas migas con el arrepentimiento.

DOLORES: ¡Sí!. Si no, no sirve. (Orgullosa pero al borde de las lágrimas) ¡Nadie me

pondrá la mano encima te dije! ¡No me parezco a vos!

MADRE: Voy a dar las órdenes para el almuerzo.

DOLORES: ¡Mamá! (Se le quiebra la voz) Quedáte.

MADRE: No. (Sale)

DOLORES (hojea una carpeta, alternada. Se oye pasar el carro. Dolores se

queda inmóvil, atiende. Se oye un grito indescifrable de vendedor.

Cuando cesa, Dolores cierra la carpeta con un golpe seco, pega con el puño

sobre ella. Entra Rafael, camina más torcido. Se miran con una larga y

cargada mirada. Luego, bruscamente Dolores aparta una silla): Siéntese.

(Rafael continúa mirándola, Dolores, incómoda) ¿Cómo... está?

RAFAEL: Bien... (agrega) señorita (la mira. fijamente)

DOLORES: ¿Por qué me mira?

RAFAEL (aparta el rostro): Perdón.

DOLORES (lo mira ella ahora, de otra manera, con culpa, tristeza y un sentimiento

más profundo. Después de un silencio): Míreme.

RAFAEL (levanta los ojos hacia ella neutro): Vamos a seguir...

DOLORES: Dijo que nunca iba a mirarme.

RAFAEL. (neutro): Me equivoqué. Vamos a seguir...

DOLORES: No quiero. En tres días me olvidé de todo.

RAFAEL: Repasaremos.

DOLORES: Nada de lo que me enseña me sirve. ¿Escuchó hoy gritar "melones"?

RAFAEL.: No.

DOLORES: Suerte para usted. Pasaron dos veces. En la primera, dejaron una

cabeza en la esquina.

RAFAEL: No vi nada

DOLORES: Se levantó tarde.

RAFAEL: Quizá. No me sentía... bien.

DOLORES (bajo): Lo sé. Quiero decirle...

RAFAEL: Nada. Me pagan para que le enseñe.

DOLORES: Le dije que son cosas inútiles.

RAFAEL: Utiles o inútiles debo enseñárselas. Me pagan. Sueldo, alojamiento y

comida. Con los señores.

DOLORES (lo mira. Bruscamente): ¡Empecemos! (Se sienta. Rafael no la imita)

Siéntese.

RAFAEL (dolorido por el castigo): Estoy mejor de pie. (Entra Fermín, trae una

bandeja con una taza y una jarra de chocolate).

FERMIN: Permiso, señorita. La señora me manda servirle este chocolate. ¿Se

acuerda cuando se lo llevaba a la cama?


13


DOLORES (seca): No me acuerdo.

FERMIN: ¡Oh, usted se reía mucho conmigo! (Sirve)

DOLORES: Ya no.

FERMIN (le tiende la tasa): Y yo le llevaba regalos. ¿Qué me trajiste, Fermín?, me

decía. No lo deje enfriar.

DOLORES (con enojo): ¿Para mi? ¿Para mi sola? ¿No ves que estoy acompañada?

FERMIN (burlón): Sí, señorita

DOLORES: ¿Y entonces?

FERMIN: Hay, compañías que no cuentan .(Mira a Rafael con una superioridad

burlona. Sonríe)

DOLORES (furiosa): ¿Quien te ha dicho que sonrías? ¿Quién te autorizó? ¿Yo te

autoricé? ¿Te hice una broma? ¿Compartimos algo?

FERMIN: No, señorita.

DOLORES: ¡Entonces, tomá tu expresión de lacayo! ¡Y lleváte esto! (Toma la taza y

la deposita sobre la bandeja) ¡Acá, hay dos personas!

FERMlN: Su madre...

DOLORES: ¡Mi madre no manda en esta casa! ¡Te dije que te lo lleves! (Aferra la

bandeja y la arroja violentamente contra la puerta). ·

FERMIN (humildemente, se inclina y recoge la jarra y los pedazos de la taza):

Perdón, señorita. No debe enojarse conmigo. (Sale. Un silencio)

RAFAEL (sonríe vagamente): No es bastante.

DOLORES: ¿Qué no es bastante?

RAFAEL: Lo sabe.

DOLORES: ¡No creas que porque te defiendo...! (Rafael ríe, amargo. Dolores,

furiosa) ¡No te rías!

RAFAEL (borra la sonrisa): No. Si usted no me autoriza, tampoco me reiré.

DOLORES: ¿Qué es lo que no era bastante?

RAFAEL: Lo sabe.

DOLORES: No repitas.

RAFAEL: Tampoco usted.

DOLORES (en un arranque): ¡Yo puedo...! (Se contiene. Con penosa humildad) Por

favor.

RAFAEL.: ¿Qué quiere ahora? Nos tocaba francés y botánica. Pero podemos

cambiar. Si su padre no se entera. (Con otro sentido) ¿Qué quiere?

DOLORES (lo mira. Con penosa humildad): Que me perdones.

RAFAEL: ¿Qué yo?...¿De qué?

DOLORES: Que me perdones. (Se acerca)

RAFAEL (se aparta): Señorita, alguien puede entrar y no estamos trabajando.

DOLORES. Te falta agregar que no te comprometa. No tengas espíritu de... (se

interrumpe)

RAFAEL (blandamente): No me comprometa.

DOLORES (con desprecio): ¡Oh, todos lacayos!

RAFAEL (estalla furioso): ¡Basta! ¿Qué es lo que me pide? ¿Perdón? ¿Quiere

pedirme perdón? ¿A mi? Si la pone contenta, perdonada está. Usted puede

cometer todos los ultrajes y será perdonada.

DOLORES: ¡No así!

RAFAEL: ¡Sí, así! Tan hermosa, señorita de sociedad y padre poderoso. “ ¡Sí, así! "

¿De qué otra manera quiere ser perdonada por los lacayos? ¡Cómo lacayos

la perdonamos! Y ahora empecemos. ¡Siéntese! (La sujeta con violencia por

el hombro para que se siente)


14

DOLORES (se resiste contra él. Levanta la cabeza y lo mira muy cerca. Quedan

inmóviles los dos. Dolores, como si lo descubriera): Te amo.

RAFAEL: ¡Cállese!

DOLORES (aterrada): Te amo. Te amo con tus ojos furiosos

RAFAEL: ¡Cállese!

DOLORES (se aprieta contra él. En un solo impulso): Amo tu nariz, tus piernas, tus

dientes, tu lengua.

RAFAEL: La odio. (La rechaza)

DOLORES (no lo atiende. Ansiosa y dulcemente): ¿No me oíste? ¿No me oíste?

RAFAEL (se queda en silencio, tenso. Muy bajo, como si fuera otra persona quien

hablara): Sí...

DOLORES (apremiante): Sí, ¿qué?

RAFAEL: Si... Dolores...

DOLORES (apremiante): Dolores, ¿qué?

RAFAEL: Dolores...mi alegría.

DOLORES (apremiante): ¿Lo soy?

RAFAEL (por un segundo pareciera que va a decir si. Luego, terminante): No.

DOLORES: ¡Dijiste sí!

RAFAEL (Se aleja): Apártese. (Vengativo) ¿Se divirtió con el otro?

DOLORES: ¿Qué otro?

RAFAEL: ¡Con el profesor que echó su padre!

DOLORES: ¡Ni lo miré!

RAFAEL: ¿No? Pero un poco de coquetería con un lacayo distrae, el tiempo pasa

mejor.

DOLORES: ¿Pero no entendés nada? ¿No sabés nada de arrepentimiento? (Se

acerca a él) ¡Pegáme!

RAFAEL (suavemente): ¿Y no gritará servil? ¿No llamará a su padre? ¡Oh, que

tentación!

DOLORES (le pega en el pecho con los puños): ¿Como me rechazás "a mi"? ¿Qué

debo hacer? ¿Cómo tengo que hablarte?

RAFAEL (inmóvil): Así. Ahora la reconozco.

DOLORES (baja los brazos): Perdonáme.

RAFAEL: No debe excusarse. Yo comprendo sus arrebatos, señorita.

DOLORES: Por favor...

RAFAEL (lentamente): ¡Déjeme en paz! ¡No quiero ser juguete de nadie y menos

suyo! Si yo fuera...

DOLORES: Lo que sos. Más alto, mas hermoso, más derecho, no te querría. (Se

acerca y tiende la mano hacia el rostro de Rafael)

RAFAEL: Se olvidó de mí. (Le baja el brazo) ¿A quién debo querer yo, señorita? ¿A

usted como es?

DOLORES (humilde): A mi... cómo soy.

RAFAEL: Me pide mucho.

DOLORES: No. (Ríe temblorosa) Dijiste... Dolores mi alegría.

RAFAEL: Porque... (busca) sonaba bien. Aunque no fuera cierto. (Recupera su furia)

¡Y este perdón tampoco le va? Me duelen las espaldas, ¡pegó en la joroba

especialmente!

DOLORES: Perdonáme. ¡Te pido perdón!

RAFAEL: ¡La perdoné, dije! Que a uno le concedan todos los perdones, significa

que no merece ninguno. ¡Cómo el olvido, señorita! Si uno olvida todo, sepulta,


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degüella su memoria. ¿Quiere ese tipo de olvido? ¿Necesita sentirse bien con

su conciencia? ¿Pués se lo concedo! ¡Y déjeme en paz!

DOLORES: No. No te dejaré en paz. Quiero que me odies...por lo que te hice...y que

me perdones.

RAFAEL: El odio lo tiene. (Ríe) ¡Y el perdón!

DOLORES: Te Amo.

RAFAEL: ¿Qué sabe usted?

DOLORES: Sé que te amo.

RAFAEL (remeda): Sé que te amo. Se apasionó demasiado pronto, ¿no le parece?

No es más que una estúpida criatura. ¡Sé que te amo! No soy un cualquiera.

Como ustedes. Tengo mi cuarto aparte. ¡Sé que te amo! (Ríe) ¡Ama a un

criado! A un lacayo, como dice usted.

DOLORES: ¡No!

RAFAEL: Sí, un criado a quién se puede castigar impunemente. ¿Sabe de que está

llena mi joroba? ¡De humillación! Humillación de criado, por supuesto.

DOLORES: Nadie te humillo jamás. Yo sí me siento humillada por que te hice...

RAFAEL (con una sonrisa sarcástica): ¿Castigar? No, señorita, no es lo mismo. No

se aflija. Soy un criado. Siempre me sirven último, y no hablo si no me dirigen

la palabra, y debo decir, si, señor, sí, señorita. ¡Y en mi magnífico cuarto

tropiezo la joroba contra las paredes!

DOLORES: ¡Te amo!

RAFAEL: ¿Me ama? ¡Si, señor! (Ríe, rectifica) ¡Si, señorita! ¡Su padre se alegrará!

DOLORES: ¡No me hables de mi padre!

RAFAEL: ¡Bailará en una pata cuando lo sepa! ¡En dos!

DOLORES (lo abraza): ¡No me castigues!

RAFAEL (vengativo): ¡Si no la castigo! Me acostaré con usted y le haré un hijo

jorobado. ¡Podemos hacer hijos los jorobados!. ¿Lo pensó? ¡Será divertido!

DOLORES: ¡No, no!

RAFAEL: ¿No, no? ¡Sí! ¡Nos reiremos juntos, usted y yo!

DOLORES (oculta la cara contra su hombro): ¡No me castigues, Rafael!

RAFAEL: ¡El nietito de su padre! Con el cuello torcido, si tenemos suerte, y una giba

más grande que la mía porque su carne es fresca.

DOLORES: ¡Te amo!

RAFAEL (la rechaza): ¡Cállese! (Se oye pasar el carro) ¿Oye? Pasa y vuelve a

pasar. Ahí estará su cabeza, también. ¡Y la mía! ¡No vale la pena, señorita!

¡Para mi no vale la pena! (Dolores le da la espalda, ahoga su sollozo) Ahora

viene el llanto. Las señoritas lloran cuando no les satisfacen los caprichos.

DOLORES (se seca las lágrimas. Lo enfrenta, orgullosa): ¿Quien llora?

RAFAEL: La prefiero así. (Se miran a la distancia, como dos enemigos. Entra

Fermín, Los observa con una suspicacia burlona. Trae otra vez una bandeja

con la jarra y una sola taza)

FERMIN: Por un error, al profesor le servimos en su cuarto. La servidumbre está

ahora muy ocupada. Y yo tengo un recado urgente que me encomendó el

señor (Sirve el chocolate) Bébalo caliente. Estudia mucho. (Vá hacia la

puerta) Y no se enoje conmigo, señorita. También puedo equivocarme (Ya

en la puerta como por casualidad, pero sugestivamente, pone ambas manos

en el ancho cinturón. A Rafael) ¿No le molesta, no?

RAFAEL: No. Gracias, Fermín. Después tomaré el chocolate en mi cuarto.

FERMIN: No le importa tomarlo frío, ¿verdad?

RAFAEL: No. No me importa. (Fermín sonríe, sale y cierra la puerta)


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DOLORES: ¿Me perdonaste?

RAFAEL (terminante): No. (Se miran intensamente. Un largo silencio) Sí...(Con una

sonrisa iluminada, Dolores corre hacia él)


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ESCENA IV

Dolores y la madre en la habitación de Dolores. Un chal sobre la silla. La

madre sostiene un vestido entre los brazos. Dolores , en enaguas, tararea.

Cuando la madre se acerca con el vestido y lo acomoda para que coloque la

cabeza, Dolores se inclina y sale por el otro lado. Da vueltas tarareando.

MADRE: Dolores, vamos Vestíte. (La mira) Estás contenta

DOLORES: ¿Y cómo no?

MADRE: Me alegro que estés contenta.

DOLORES: La idea de papá es magnífica. (Dulcemente) Hace proyectos con las

personas y las personas dicen sí.

MADRE: Esa persona es su hija.

DOLORES: O su mujer. O sus criados... Nadie puede decir no al señor de la casa.

Mueve un dedo y ya está.

MADRE: Ese señor es tu padre.

DOLORES: ¿Y el otro señor, mamá? ¿El qué corta cabezas?

MADRE: ¡Oh! Quien te oye puede pensar que corta cabezas todo el día. Es

bondadoso. No le gusta hacerlo.

DOLORES (sonríe): No.

MADRE: Se le oponen y no lo dejan elegir.

DOLORES (con sospechosa dulzura): Yo no me opongo, mamá. Yo lo dejo elegir. A

papito. ¿Eligió bien?

MADRE: Sí. (Se acerca con el vestido)

DOLORES (se escapa): ¿Cómo es?

MADRE: Buen mozo.

DOLORES: Rico.

MADRE: Buen mozo y rico. Vamos. Que tu padre se impacienta.

DOLORES: ¿Y qué me importa? Hermoso y rico. Pero con cincuenta años, ¿no?

MADRE: No. Es joven. ¡Si tuviste que verlo alguna vez!

DOLORES: ¡Juro que no! ¿Dónde?

MADRE: En misa. El está tan enamorado...

DOLORES (se burla): ¡Qué emoción! (Da unas vueltas, tararea) ¡Yo también estoy

enamo-ra-da!

MADRE: No te burles. Vamos.

DOLORES: Mejor que espere, mamá. ¡Se pone más...! (Termina con un gesto)

MADRE: ¡Está tu padre! Se enfurece por nada y después descarga contra mí.

DOLORES: Nunca existe “con vos” siempre contra. Te gusta. (Le mira el brazo)

¿Qué te pasó acá? ¡Cómo pellizca cuando se enfurece!

MADRE: Me golpeé contra la puerta.

DOLORES: Sí. Por que sos tonta y ciega.

MADRE: Vestíte.

DOLORES (se viste): ¿Y cómo se llama?

MADRE: Juan Pedro.

DOLORES: Juan Pedro, ¿qué?

MADRE (vacila): De los Campos Dorados.

DOLORES: ¿Qué?

MADRE: Campos Dorados.

DOLORES (sonríe incrédula): No es cierto...

MADRE: ¿Por qué? ¿Qué tiene?


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DOLORES: ¡Oh, mamá! (Se tienta) ¿De verdad se llama así...desde chiquito?

MADRE: Sí. Se llama...¡De los Campos Dorados!

DOLORES: ¡Oh, mamá, no puede ser! (Ríe) ¿Me va a caer encima eso? ¿Yo que

hice? ¡Campos Dorados! (Ríe)

MADRE: ¿Y qué hay? (Sonríe) ¡Es un buen apellido!

DOLORES: ¡Sí! ¡Campos Dorados! ¡Brilla! ¡Campos plateados hubiera sido peor!

(Ríe) ¿Cómo...cómo voy a casarme con él? ¡Ay, no tendrías que...que

habérmelo dicho!...

MADRE (sonríe): ¿Qué tiene? No se llama campos...

DOLORES: ¿Inundados...? (Ríe en un ataque loco de risa, se abraza a la madre,

que se contagia. Ríen las dos, abrazadas. Dejan de reír poco a poco)

MADRE: Vamos...

DOLORES (con la cabeza apoyada en el hombro de la madre): Mamá...

MADRE: ¿Qué?

DOLORES (se aparta un poco y la mira): Que hermosa sos así.

MADRE: ¿Cómo?

DOLORES: Así, riéndote.

MADRE (se pone seria): Vamos, que tu padre espera...(Intenta desasirse)

DOLORES (la retiene): Porque no decir: que tu padre espere...

MADRE: No, basta. (Se suelta) Tiene mal carácter. Mejor que te peines

DOLORES: Yo también.

MADRE (intenta peinarla): Ya debieras atarte el pelo...

DOLORES (la rechaza, sacude la cabeza): No hay necesidad.

MADRE: Entonces, vamos.

DOLORES: ¡Dolores de los Campos Dorados! (Ríe, pero sin ninguna alegría. La

madre no la acompaña. Dolores le hace cosquillas bajo el mentón) Reíte.

MADRE: Ya basta.

DOLORES: Es un buen apellido, tenés razón. Por lo menos te hizo olvidar.

MADRE: ¿De qué?

DOLORES: De que no podías reírte.

(Entra el padre)

PADRE: ¿Y? ¡Estoy harto de aguantarle la lata a ese imbécil! ¿Qué esperan?

MADRE: Ya vamos, Benigno. Estamos listas.

DOLORES: ¡Oh, éste también tiene un nombre! (Ríe)

PADRE (la mira, oscuro): ¿Puede saberse la causa del jolgorio?

DOLORES: Estoy contenta.

PADRE (se ablanda): ¿Es cierto? (Le acaricia la mejilla) ¿Elegí bien esta vez?

DOLORES: No podrías haberme dejado elegir a mi, ¿no, papá?

PADRE: ¡Qué decís, Dolores! Sos una niña, mi niña. (La besa en la frente) Te deseo

lo mejor.

DOLORES (por un segundo se recuesta contra él): No mentís. Y lo terrible es que

me conmueve. (Se aparta. Cambia de tono) ¿Es un imbécil?

PADRE (tierno): No. Jamás te casaría con un imbécil. (Le sonríe, afectuoso. Mira a

la madre y su rostro se oscurece) Querida, hay que tener tacto. No sos una

cualquiera.

MADRE (insegura, se lleva las manos al peinado): ¿Qué pasa? ¿En qué me

equivoqué?

PADRE: ¡Cambiáte de vestido!

MADRE: ¿Por qué? Te gustaba mucho éste.

PADRE: Con mangas largas es mas discreto...para una señora.


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MADRE: Tengo el chal. (Se lo pone)

PADRE: Puede deslizarse. (Se lo desliza. Le mira el brazo) ¿Qué pensaría?

DOLORES: Que las puertas golpean, papá.

PADRE: Sí

DOLORES: Y que es ciega y tonta.

PADRE: Sí. (Una pausa) No me hace el honor haber elegido tan mal. (Sale. La

madre y Dolores se miran)

DOLORES: Ya estoy lista. Vamos.

MADRE: No.

DOLORES: Nos esperan.

MADRE: Me cambio el vestido. (Se miran)


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Escena V

El salón. El padre y Juan Pedro de los Campos Dorados, un hombre joven,

Excesivamente bien vestido, buen mozo. Están sentados, el padre

tamborillea con los dedos sobre la rodilla. Un silencio. Entra Rafael.

RAFAEL: ¿Me mandó llamar, señor?

PADRE (Sin mirarlo): Sí, quédese ahí. (Juan Pedro mira fugazmente. Rafael se

queda parado junto a la puerta. El padre tamborillea sobre su rodilla. Un

silencio prolongado e incómodo. Juan Pedro sonríe. A nadie. Se da cuenta.

Borra la sonrisa. Padre con acento malhumorado, casi entre dientes) A las

señoras siempre hay que esperarlas.

JUAN PEDRO: Sí.

PADRE: Ya estaba lista. Tenía un vestido rojo y quiso ponerse otro...(ríe torcido)

rojo.

JUAN PEDRO: Sí.

PADRE: Siempre quieren estar mejor.

JUAN PEDRO: Dolores es muy joven.

PADRE: ¿Dolores...? (Grosero) La vieja fue. Digo, mi mujer. (Ríe espasmódico).

Perdone la familiaridad. Es mi mujer, ¿no? (Lo mira atentamente esperando

una respuesta) Puedo tomarme ciertas libertades.

JUAN PEDRO (Incómodo): Sí.

PADRE (Se incorpora, dominándose a duras penas. Juan Pedro lo imita. El padre le

sonríe, hipócrita): Me tiene en un puño.

JUAN PEDRO: Hay prisiones dulces, señor.

PADRE (Lo mira , rompe a reír divertidísimo, lo palmea en el hombro. Entran

Dolores y la madre. Se adelanta riendo): ¡Ah, por fin! (Gentilmente, les besa

las manos)

DOLORES (Con fingida dulzura): Mamá tuvo que cambiarse el vestido. ¿No se lo

ordenaste?

PADRE: ¿Yo?. Tu madre es muy coqueta. Nunca se decide. (Presenta) Juan Pedro.

Mi mujer, mi hija Dolores.

(Juan Pedro les besa las manos. Dolores le sonríe y lo mira burlona. La

madre y Dolores se sientan en el sofá)

PADRE: Rafael, sírvanos una bebida.

DOLORES: Está Fermín, papá.

PADRE (no la atiende, a Juan Pedro): ¿Prefiere licor, tenemos licor de ciruelas, té,

o...quizá prefiera mate?

JUAN PEDRO: No, mate no. Me cae ácido. Tomaré...licor.

PADRE: Licor, Rafael. (Rafael va hacia el gran aparador, saca un botellón y copas.

Juan Pedro lo mira curiosamente. El padre descubre la mirada) Es el

profesor de Dolores. Preceptor en casa. Como de la familia. Pero no está

demás tomar algunas precauciones...al elegir.(Ríe con su risa espasmódica)

JUAN PEDRO (tarda un segundo en comprender): ¡Ah! (Ríe discretamente) ¡Muy

atinado, señor! Mi padre me eligió un profesor tonto porque no soportaba a

nadie más inteligente que yo.

DOLORES (Dulcemente): ¡Qué difícil debió ser!

JUAN PEDRO: ¿Por qué? ¿Es que soy tan tonto?

DOLORES (id.) No. Decía. (Se ríe, boba)

PADRE: Dolores estudia francés. Y latín que nadie estudia.


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DOLORES: Y dibujo, papá.

PADRE: Dibujo. Podés mostrarle tus dibujos, Dolores.

MADRE (timidamente): A mi hay uno que me gusta...

DOLORES (la interrumpe sin oírla): ¡Cómo no! ¡Puedo recitar un poema también!

¿Quiere que le recite un poema?

JUAN PEDRO: Con placer.

DOLORES (sin levantarse del sofá, con la mirada perdida):

Rodeada estoy de imbéciles

y simulo que soy tonta

los imbéciles me creen

y me hago la marmota.

(Mira a Juan Pedro) ¿Qué le parece?

JUAN PEDRO (perplejo, intenta reír): ...Lindo...

DOLORES (con una sonrisa almibarada): ¿No?

JUAN PEDRO: Lindo, pero con una intención muy transparente.

DOLORES: ¿Cuál?

PADRE (le pone la mano en el hombro y aprieta): Hija única, Dolores es malcriada.

Necesita una mano fuerte.

DOLORES (secamente): Me hacés mal , papá.

PADRE (hipócrita): Perdón. (Aparta la mano) Mano fuerte en guantes de seda. Es lo

que necesitan las damas (Se oye pasar el carro) Y no sólo las damas.

JUAN PEDRO: Estoy de acuerdo. Tenemos paz. No es un precio excesivo.

DOLORES (con una sonrisa venosa): Si lo pagan los otros.

JUAN PEDRO: Y riqueza.

DOLORES: Si la disfrutan usted... y mi padre.

PADRE (como en un juego, dulce y suavemente, pero con furia contenida, le pega

en la boca con la punta de los dedos): Dolores, en boca cerrada no entran

moscas, ¡cerra la boca! ¿Y Rafael? ¿Esa bebida?

RAFAEL (toma la bandeja que había dejado sobre la mesa y sirve): Enseguida ,

señor.

PADRE (hacia Juan Pedro): ¡Salud! (Bebe)

JUAN PEDRO: A la suya. ¡Y a la salud de las damas! (Bebe).

DOLORES: ¿Porqué no se sirvió, Rafael? ¿No le gusta el licor?

RAFAEL: Gracias señorita. No...bebo

PADRE: ¡Sírvase, Rafael! ¡Usted es de la familia! (A Juan Pedro) Come con

nosotros.

JUAN PEDRO: Y...¿y no les molesta?

DOLORES (secamente): ¿Porqué?

JUAN PEDRO: Yo...yo tengo una particular sensibilidad hacia los defectuosos.

Cualquier defecto físico me crispa.

MADRE(sonríe bondadosa): Pero Rafael es...

PADRE (no la atiende): ¡Ah, le digo que se vaya! Váyase Rafael. Después de todo

no tiene porque aguantarnos.

RAFAEL: Como usted quiera, señor. (Se inclina)

DOLORES: ¡No! (sonríe a Juan Pedro) Le pido una prueba de estima. Que se

quede. No será tan flojo, ¿no?

JUAN PEDRO: Es por sensibilidad. Pero por supuesto, que se quede , si usted así

lo desea (Con una risita infame) ¡Miraré de costado!

RAFAEL (se dispone a marcharse): Buenos días.

JUAN PEDRO: La señorita desea que se quede y yo me someto a sus deseos.


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PADRE (como Rafael vacila): Quédese.

RAFAEL: Sí, señor.

(Entra Fermín sosteniendo una bandeja. Sobre la bandeja, un plato de plata

con una taza)

PADRE: ¿Qué, Fermín?

FERMIN: Como sé que el señor profesor no bebe, le traje un té.

PADRE: ¿Y desde cuándo...?(Se ilumina) ¡Oh, está bien!

FERMIN (a Rafael): ¡Sírvase!

RAFAEL (toma el plato que está ardiendo y le quema los dedos. Pega un grito y

deja caer todo)

DOLORES (se incorpora con el rostro furioso): Papá, ¿Cómo permitís...?

PADRE (Ríe espasmodicamente): ¡Fermín, bestia! ¿Se quemó, Rafael?

RAFAEL (con el rostro contraído): No, señor. (Se inclina para recoger la taza. La

madre, que se ha incorporado alarmada, vuelve a sentarse. Mueve la

cabeza, con mansa reprobación).

FERMIN: Deje, yo soy el criado.

DOLORES: Papá, ¿Cómo tolerás...?

PADRE: Es una broma. Fermín, si haces esto otra vez te hecho a patadas.

FERMIN (contento): Sí, señor. (Sale)

PADRE: Sentáte, Dolores. No pasó nada. Tranquilícela, Rafael.

RAFAEL: No me quemé, señorita.

JUAN PEDRO: Es curioso...(aparta la vista)

PADRE (Confidencial): ¡Yo la ví! (Ríe, se atora)

DOLORES (abruptamente): Mamá toca el piano.

MADRE (tímida) ¡No, Dolores! ¿Qué decís?

DOLORES (a Juan Pedro): ¿Sabe bailar?

JUAN PEDRO (se incorpora): Encantado. Si los señores permiten. Pero la señora

dudaba....

PADRE: La señora no duda. ¡Es una buena oportunidad para que exista! (Ríe, se

atora)

MADRE: Hace tiempo que no...

DOLORES (Suavemente): Papá prefiere el silencio porque le gusta pensar y mamá

andaba siempre con la musiquita. (Extiende los dedos) ¡Se le cayo la tapa

encima! (Ríe ácidamente)

MADRE (apresurada): ¡Un accidente! Por eso...¡debo tocar muy mal! Ya ni me

acuerdo. Hace tanto tiempo que no...

PADRE: Vamos, no seas vanidosa. (Sincero) Tengo mal carácter. Me irritaba la

música. Ya debieras conocerme.

MADRE (Desarmada y casi con ternura): Te conozco, Benigno.

PADRE: Entonces sabés que te lo pido sinceramente.

DOLORES: ¿Bailará, Rafael? ¿Quiere acompañarnos?

RAFAEL: Perdón, señorita. Me excuso.

JUAN PEDRO (ríe): ¡Oh, sería cómico! (Se pone los dedos sobre los ojos) Miraré a

través de los dedos para no impresionarme!

DOLORES (con una mirada mortal): ¿Impresionarse de qué?

JUAN PEDRO: A veces soy torpe.

DOLORES (sonríe, con dulzura venenosa): ¡No! Es el tacto de la época. ¿Bailamos?

¿Y usted, Rafael?

RAFAEL: No, gracias.


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PADRE: Baile, Rafael. No le pregunté si era profesor de danzas. Pero un hombre

con su talento se las sabe todas. (La madre se ha sentado ya en el

taburete y recorre las notas. Padre se acerca) ¿Te acordás?

MADRE (levanta hacia él un rostro iluminado): Sí, Benigno, ¡me acuerdo! (Empieza

muy mal un minué, después se afianza)

JUAN PEDRO (se acerca a Dolores con la mano tendida, mira fugazmente hacia los

padres y como los ve distraídos, le toca brutalmente un seno. Dolores se

aparta y lo mira con estupor.. Juan Pedro, como si el gesto no hubiera

tenido nada que ver con él, atiende un momento la música y en un punto

dado ofrece su mano a Dolores. Después de una breve vacilación, Dolores

la acepta. Bailan)

DOLORES: Por favor Rafael, acompáñenos. (Lo mira intensamente) Usted no va a

tener miedo de bailar.

RAFAEL: Perdón, señorita.

DOLORES (irritada): ¡No me pida perdón! (Se aparta de Juan Pedro, quien termina

una figura de minué donde debiera encontrar a Dolores. Pero ella baila sola

en otro costado) Quiero que usted baile...conmigo. (Sin acercarse, tiende la

mano hacia él)

RAFAEL: Seré ridículo.

DOLORES (desafiante): Sí

RAFAEL: Patético.

DOLORES: Sí.

PADRE (ríe espasmódico, interpreta mal la escena): Dolores...(Tímidamente Rafael

se adelanta. Bailan los tres, pero es obvio que Dolores no considera a Juan

Pedro. Ella y Rafael se miran intensamente. El padre observa divertido, pero

poco a poco deja de sonreír, mira oscuro. Sacude el cordón del timbre.

Luego pega con la mano abierta sobre el piano) ¡Un vals! (La madre deja de

tocar, el baile se interrumpe) ¿Te gusta el vals, Dolores?

DOLORES: Sí, papá

PADRE (a la madre): Un vals, entonces.

MADRE (contenta): ¡Benigno, me pedís mucho!

PADRE: No. Es fácil. (Tararea) Lo tocabas siempre cuando éramos novios. (Le toma

la mano y se la besa) Probá. Por mí.

MADRE (sonríe tímidamente ante esa muestra de afecto e intenta recordar el

vals, empieza, se equivoca, se va afianzando): Creía que no me gustaba

más la música, pero... (Levanta la cabeza, sonríe al padre, que le devuelve

la sonrisa. Como por sorpresa) ¡Me gusta! ¡Si no te aburre! (Toca, entra

Fermín).

FERMIN: ¿Señor?

PADRE: Los jóvenes están bailando.

FERMÍN: Me alegro, señor.

PADRE: Rafael se quedó sin pareja.

FERMIN (pesca al vuelo la intención y todo el diálogo es para llegar a un punto que

los dos conocen): ¿Y qué debo hacer? ¿Busco una criada?

PADRE: ¡No! Es demasiado poco. ¿Y desde cuando las criadas bailan el vals? El

candombe, Fermín.

FERMIN: ¿Y Yo?

PADRE: Sos más que un criado.

FERMIN: Gracias, señor. (Sonríe) ¿Debo bailar con él?

PADRE: Si fueras tan amable...


24


DOLORES (palidece): No es necesario , papá

FERMIN: ¿Me aceptará?

PADRE: Lo acepta, ¿no, Rafael? No es demasiado apuesta, pero...(ríe. La madre se

interrumpe) ¡No te detengas! ¡Mové los deditos!

FERMIN: ¿Cómo debo bailar?

PADRE: Como sepas

FERMIN: ¿Lento?

PADRE: “Muy” lento.

FERMIN (irónico, a Rafael): ¿Me concede esta pieza?

RAFAEL (enfrenta la humillación, orgulloso): ¡Sí! Las que usted quiera... señorita.

FERMIN: ¡No! ¡La señorita es usted! (Lo enlaza por la cintura, bailan)

JUAN PEDRO (mira risueño, luego a Dolores): ¿Bailamos? (Sin contestar. Dolores

corre hacia la puerta. Con un rápido movimiento, el padre la detiene, la

mantiene abrazada contra su pecho)

PADRE (con fingida dulzura): ¿Porqué te vas? ¿Te cansaste de nuestra compañía?

DOLORES: No, papá. No me cansé.

PADRE: Entonces bailá. (Una breve pausa) O mirá a la parejita. ¿No es deliciosa?

DOLORES: Sí...papá. (Juan Pedro lanza una risita) ¿Porqué se ríe?

JUAN PEDRO (risueño): Perdón. Como dice su padre , es deliciosa.

DOLORES: ¡Sí! Soltáme, papá. No me iré. (El padre la suelta. Dolores lo mira) Me

gusta ver hacer el ridículo a la gente.

PADRE (señala a Fermín y a Rafael): A ”ellos” tenés que mirar. (Se acerca al piano)

¡Más rápido! ¡Qué vals dormido! (A la madre) Tenías más sangre antes. Me

querías más. ¡Más rápido! (Golpea con la mano abierta sobre el piano. la

madre acelera el ritmo, no tanto porque el padre se lo pide sino porque tiene

una excusa para su propio placer. Rafael se agota, pero lucha por seguir a

Fermín) ¡Más rápido! (Fermín acelera aún más)

DOLORES (mira, no lo soporta): ¡Basta! (A la madre) ¡Dejá de tocar!

PADRE: ¡Más rápido!

DOLORES: ¡No quiero que bailen! (Intenta separar a Rafael de Fermín, pero los dos

giran tan vertiginosamente que sólo consiguen que la empujen de un lado y

de otro. Demudada) Por favor, por favor...(Un empellón la arroja sobre Juan

Pedro)

JUAN PEDRO: ¡Qué brutos! (La ayuda a incorporarse. Con una rápida ojeada,

percibe que nadie los observa y toca a Dolores como alguien que aprovecha

burdamente la ocasión)

DOLORES (lo rechaza. Lo mira como sin reconocerlo): Por favor, por favor...

PADRE (grita, golpeando con la mano abierta sobre el piano, mientras Fermín y

Rafael bailan en un torbellino que gira y gira y gira): ¡Más rápido! ¡Más

rápido! ¡Más rápido!


ESCENA VI

El salón. Hay libros y cuadernos sobre la mesa. Dolores y Rafael. Dolores

levanta la tapa del piano, recorre algunas teclas.


25

DOLORES: Mi madre siempre tocaba el piano. Le gustaba la música. Pero mi padre

odia todo placer que no provenga de él. Como no puede dar placer, da odio.

Y lo llama amor. Mi madre no toca más el piano, cree que no le gusta la

música. Y lo más curioso es que...también ella llama amor al odio de mi

padre. Y a veces...hasta yo lo llamo de la misma manera.

RAFAEL (suavemente, le aparta las manos del teclado, baja la tapa): Vamos a

estudiar.

DOLORES: ¿No querés que te cuente nada?

RAFAEL: No, señorita...Dolores. No me corresponde saber nada. (Se sienta a la

mesa sin mirarla) ¿Porqué quiso separarnos ayer? Al final ... no pudo verme

hacer el ridículo.

DOLORES: No, no eras vos quien lo hacías. ¿Me crees?

RAFAEL (la mira, no contesta. Suavemente): Siéntese. (Ella lo hace, a su lado.

Rafael abre un libro, lee) “Elle avait pris ce pli dans son age enfantin. De

venir dans ma chambre un peu chaque matin Je l’attendais ainsi qu’on rayon

qu’on espère... (levanta la vista y la mira) Et je lui dissais: je, t ́aime.

DOLORES (lo mira): Y yo decía: te amo.

RAFAEL: En francés, es je t ́aime. (Simula leer) Il lui dissais: je t ́aime.

DOLORES: Te amo.

RAFAEL (una pausa): No debe hacer esto...conmigo. (La mira, ya no dice una frase

prestada) Je t ́aime.

DOLORES (pone su mano sobre la de él): Nos iremos juntos. Campos Dorados se

llama. Y fijó la boda dentro de tres meses.

RAFAEL: Los latinos decían que el nombre es el destino.

DOLORES (con aprensión): Me llamo Dolores. ¿Es mi destino ése? ¿El dolor?

RAFAEL: El nombre verdadero. Belleza. O alegría. Dolores mi alegría.

DOLORES: Nos iremos juntos.

RAFAEL: ¿Dónde?

DOLORES: Afuera. (Se abre la puerta. Dolores aparta rapidamente la mano. Entra

Fermín, con una bandeja, la jarra y una sola taza. Deposita todo sobre la

mesa. Los mira curiosamente y sale) Donde nos sirvamos tazas de

chocolate y podamos beberlas juntos. Donde no griten melones y dejen

cabezas. Donde mi padre no exista. Donde por lo menos el nombre de odio

sea odio.

RAFAEL: Es imposible.

DOLORES: Tenés miedo.

RAFAEL: No tengo miedo. Pero sé que es imposible. No podremos ocultarnos. Mi

joroba hablará.

DOLORES: ¿Es que no vale la pena?

RAFAEL: Vale la pena. (Extiende la mano, aprieta fuertemente la de Dolores. Entra

Fermín y Rafael aparta rapidamente la mano)

DOLORES: ¿Qué querés Fermín? ¿Quién te llamó?

FERMIN: El señor tiene que darle órdenes al jorobado. Dice que vaya.

DOLORES (furiosa): ¡No lo llames así!

RAFAEL: No importa. Lo soy. (Sonríe mansamente. Burlón) Estoy “hecho de tal

manera que un mal pintor no me hubiera dibujado peor en la oscuridad”. Ya

vuelvo. (Fermín permanece en el salón, mueve los pies, indeciso)

DOLORES: ¿Qué querés?

FERMIN (tímido): Le traje algo.

DOLORES: ¿Qué?


26

FERMIN: (pone la mano en el bolsillo, saca un pajarito oscuro, se lo tiende a

Dolores): Está muerto.

DOLORES: Sí.

FERMIN: A mi me gustan las cosas muertas, ¿a usted no?

DOLORES: No, Fermín.

FERMIN: No se mueven. No rezongan.

DOLORES: “Yo” te rezongo. Sos ofensivo con Rafael.

FERMIN: A él no le importa.

DOLORES: A mi sí.

FERMIN: ¿Lo sabe su padre?

DOLORES: ¿Qué?

FERMIN: ¿Qué a usted le importa?

DOLORES: Sólo me importa que no lo llames...

FERMIN (con placer): Joro-ba-do. Está bien. No lo llamo más. (Insiste con el pajarito

muerto) ¿Lo quiere o no?

DOLORES: No.

FERMIN (no entiende, sonríe): ¡Está bromeando! ¡Tome! (Se lo pone en la mano)

Cuando era chica le gustaban los regalos que le traía.

DOLORES (suavemente): Me daban horror.

FERMIN (herido): ¡Todo un verano le traje arañas!

DOLORES: Me daban horror.

FERMIN: ¡Déme! (Le saca el pájaro. Furioso) ¡Tiene la joroba llena de cicatrices! ¡De

mi mano!

DOLORES: ¡Calláte!

FERMIN: ¡De mi mano! ¡Por su culpa! Si usted quiere...

DOLORES: ¿Qué?

FERMIN: Puedo agarrarlo una noche y...

DOLORES (se asusta): No, no es necesario.

FERMIN: Soy bueno con usted. La ví nacer.

DOLORES: Sí. Dame (Tiende la mano hacia el pajarito)

FERMIN (Caprichoso): ¡No! (Lo esconde tras la espalda) Le apreté el cogote, para

usted, y me lo despreció.

DOLORES: Hice mal. Dámelo. (Como un niño caprichoso Fermín niega con la

cabeza) Sí. Lo voy a cuidar. (Fermín le tiende el pajarito. Dolores lo toma, le

alisa las plumas con la punta del dedo) Es lindo.

FERMIN (sonríe): Quieto. No canta.

DOLORES: Gracias Fermín. Lo guardaré. Ahora...andáte.

FERMIN: ¿No me da un premio por mi regalo?

DOLORES: Sí. (Fermín se acerca se arrodilla y le besa el pie. Dolores lo aparta

enseguida.)

FERMIN: Antes me dejaba más. No me gusta que esté tanto tiempo con ese. Se lo

dije al señor.

DOLORES: ¿Qué le dijiste?

FERMIN (malévolo): ¿Le interesa? ¿Qué me dá si se lo cuento?

DOLORES: ¡Nada! ¡Los chismosos me asquean!

FERMIN: ¡Déme el pajarito!

DOLORES (ríe con esfuerzo): ¡No, Fermín! ¿Porqué te enojas? Es un lindo

pájaro...sólo que está muerto. (Lo acaricia) Gracias, Fermín.

FERMIN: Sí le gusta...déjeme. (Dolores tiende el pie. Fermín le besa el zapato,

tiende timidamente la mano hacia el tobillo)


27

DOLORES: ¡Basta! (Suaviza el tono) Basta Fermín. Fermincito. Mi padre te estará

buscando. Sos su mano derecha.

FERMIN (se alza): ¡Sí que soy su mano derecha! (Va hacia la puerta, Se vuelve).

Hace rato que no me llamaba Fermincito. ¡No le voy a decir nada al señor!

¡Y le buscaré más regalos, como antes! (Va a salir) Y usted, ¡no hable tanto

con el jorobado! ¡Se la dejé marcada, la joroba! (Ríe, sale)

DOLORES: Por mi culpa. Jorobado. ¿Porqué no lo digo, por qué me ofende que lo

digan los otros? (Con esfuerzo) Jorobado. Mi Rafael es jorobado. ¡No! No

tiene joroba, no tiene defecto alguno. Lo querría sin piernas. Ciego. (Con

cuidado, sin mirar, deposita el pájaro sobre la mesa. Sin mirar, se limpia las

manos) Jo-ro-ba-do. ¿Porqué me enamoré de un jorobado si hay tantos

derechos, normales, si hay tantos hombres que caminan sin ningún peso en

las espaldas? Con el alma negra, ¡pero ningún peso en las espaldas! (Con

esfuerzo, entre dientes) Rafael jorobado. ¡Joro-ba-do! (Se tapa la boca) ¡No

puedo! (Entra Rafael)

RAFAEL: No sé para que me mandó llamar. ¡Tonteras! Algo que combinó con

Fermín y...(la mira) ¿Qué te pasa?

DOLORES: Nada. (Se incorpora) Te miro,

RAFAEL (tristemente): ¿Y cómo me ves?

DOLORES (corre hacia él, lo abraza, repite y es cierto): ¡Hermoso, hermoso,

hermoso!


28


ESCENA VII

Dolores y la madre en el salón. La madre le acomoda el vestido. La mira.

MADRE: Estás bonita pero pálida.

DOLORES: La emoción mamá.

MADRE: Juan Pedro es maravilloso, tan cortés, ¿lo notaste? Siempre me pide

permiso.

DOLORES (burlona): Y te conquistó.

MADRE: ¿Y a vos no? Tu padre está muy contento.

DOLORES: ¿Ya hicieron negocios juntos?

MADRE: ¡Qué ocurrencia!

DOLORES (simula ingenuidad): ¿Por qué? Papá tenía unos campos para vender,

Juan Pedro unos campos para comprar. Papá está bien relacionado y Juan

Pedro está mejor. Papá aprueba y Juan Pedro aplaude. Y los dos dicen que

los inmundos, salvajes, asquerosos, deben morir. Y esto abarca mucho.

¿Quién no es salvaje? ¿Quién no es asqueroso? ¿Quién no es inmundo?

Sólo el poder otorga una pureza que nada toca.

MADRE: Dolores, cuando hablás así no te conozco. ¿No será Rafael quien...?

DOLORES: ¿Ese? Ese no sale del francés y del latín, mamá. Si piensa, piensa en

un idioma que nadie entiende.

MADRE: Estás pálida. (Le pellizca las mejillas) Así tendrás mejor color.

DOLORES: Más alegría

(Fermín abre la puerta a Juan Pedro)

JUAN PEDRO: Señoras. (Saluda a la madre, luego a Dolores, cuya mano retiene un

momento entre las suyas) Me siento muy feliz.

DOLORES: Yo también

JUAN PEDRO: Acabo de comprar una casa. Estoy ansioso por que usted la vea.

Podríamos ir mañana. Con su permiso, señora.

MADRE (contenta): Lo tiene.

JUAN PEDRO (a Dolores): Quisiera que fuera de su agrado.

DOLORES: Todo es de mi agrado.

JUAN PEDRO: Y que elija los muebles. Ya los tengo vistos, pero desearía su

aprobación.

DOLORES (remedando a la madre) ¡La tiene!

JUAN PEDRO (a la madre): ¿Puedo esperar que nos acompañe, señora?

MADRE: Sí, encantada. ¿Hacia el mediodía? (A Dolores. inquieta) ¿Creés que tu

padre tendrá algún inconveniente? El, para el almuerzo, es...

DOLORES (la interrumpe): Ninguno. ¿Pero para qué? Todo estará perfecto. Aunque

haya dos sillas, una mesa, una cama.

JUAN PEDRO (sonríe): Más que eso habrá.

DOLORES: Lo sé. Compraremos plantas y ese será nuestro lujo. Las plantas y las

flores. Y me gustaría una hiedra.

JUAN PEDRO: El lujo serán las cortinas de rojo granate, y los muebles importados y

las alfombras. Una servidumbre numerosa para que no la roce ninguna

fatiga.

DOLORES: Me gusta cuidar las plantas.

JUAN PEDRO: Por supuesto, las cuidará. Como ocio.

DOLORES: Es usted muy amable. Y tendremos hijos.

JUAN PEDRO (con una sonrisa embarazada hacia la madre) También.


29

MADRE: Siéntense y charlen tranquilos. Traeré mi costura y les haré

compañía.(Sale)

DOLORES: Con el profesor me deja sola.

JUAN PEDRO: Es un jorobado. Y...(Sonríe) y yo tengo más derechos. (Sin otras

palabras se le tira encima. La toca brutalmente y pretende besarla. Dolores

se resiste. La escena se desarrolla en silencio, intensa y violenta. Ante un

ruido en la puerta, Juan Pedro se separa y se recompone rapidamente.

Entra la madre)

MADRE (con una sonrisa): Acá estoy. (Ve agitada a Dolores, pero no se permite

registrar la verdad. Le acaricia la mejilla al pasar) ¡Qué colores! ¡Siéntense!

Yo terminaré esto. (Se sienta aparte, con su costura)

JUAN PEDRO: Le decía a Dolores que me siento muy feliz. (A Dolores) No sabía...

DOLORES: Yo tampoco. Me parecía que todos los hombres eran tontos y serviles.

Ahora comprendo.

JUAN PEDRO: ¿Qué?

DOLORES: Que nada es tan simple como uno cree. Y nada tampoco tan

complicado. Que lo derecho puede ser torcido y lo giboso plano como un

campo dorado (Ríe ácida)

JUAN PEDRO: No entiendo. ¿Por qué no hablar llanamente? No soy hombre de

estudios.

DOLORES: Por eso del profesor tonto que le eligió su padre , debe ser. Quería decir

que basta encontrar a quien nos está destinado.

JUAN PEDRO: ¿Soy yo?

DOLORES: Es quien debe ser.

JUAN PEDRO: Gracias. (Mira hacia la madre para observar si los vigila. La madre

levanta la cabeza en ese momento y le sonríe. Juan Pedro roza entonces,

apenas, delicadamente, la mano de Dolores con la suya) Le pedí a su padre

que despida al jorobado.

DOLORES: ¿Por qué?

JUAN PEDRO: No es agradable de ver. (Lanza una risita) La belleza pide belleza, y

además, falta tan poco para que nos casemos, tres meses apenas... es

superfluo. Ya sabe lo que una mujer debe saber y el resto... se lo enseñaré

yo.

DOLORES: Justo. Pero hasta que nos casemos, que se quede. Después no

aprenderé más nada.

JUAN PEDRO: Salvo a ser mi esposa.

DOLORES: Lo aprenderé bien. ¿Le pedirá a mi padre que lo deje hasta entonces?

JUAN PEDRO: Sí. Sí ese es su deseo.

DOLORES: Es mi “tonto” deseo. Le diré que cuando usted me visite, se esconda. Yo

no lo miro. No necesito mirarlo.

JUAN PEDRO: Es usted hermosa. (Mira hacia la madre, quien tiene la cabeza baja

sobre su costura. Entonces, le toma la mano a Dolores y se la aprieta contra

el sexo. Dolores se aparta con violencia)

DOLORES: Mamá, Juan Pedro se vá.

MADRE: ¿Tan pronto?

JUAN PEDRO: Sí. (Se levanta) Pasaré a buscarlas mañana para ver la casa.

MADRE: Iremos con gusto.

DOLORES: Ya me la imagino. Paredes encaladas...

JUAN PEDRO (sonríe): Rojas...

DOLORES: Y una mesa de pino.


30


JUAN PEDRO: Roble.

DOLORES: Y sillas de paja. (Juan Pedro ríe) Y una cama no muy grande...

MADRE: Dolores...

DOLORES: Perdón, mamá.

JUAN PEDRO: Hasta mañana. A las doce estaré aquí. (Besa la mano a Dolores. La

madre lo acompaña. Salen)

DOLORES: Esa será “nuestra” casa, estúpido, no la tuya. (Se asoma Rafael)

¡Rafael!

RAFAEL: ¡Dolores! ¿Lo viste?

DOLORES: Acaba de marcharse.

RAFAEL: ¿De que hablaron?

DOLORES: No importa.

RAFAEL: Sí, importa.

DOLORES: ¿Estás celoso?

RAFAEL: Sí

DOLORES: ¿Cómo son tus celos?

RAFAEL (finge ferocidad): ¡Brr! ¡Lo mataría! (Cambia de tono) Lo odio...con su

espalda derecha.

DOLORES: ¿Derecha? Es un nudo lascivo

RAFAEL: ¿Qué? ¿Por qué?

DOLORES: ¡Por nada! ¿Ya arreglaste todo?

RAFAEL: Sí. Del otro lado del río no pasan los carros, no hay silencio impuesto.

DOLORES: Dicen que es una ciudad pequeña que todavía tiene un tiempo de paz.

¿Cuándo, Rafael?

RAFAEL: Hoy. Cruzaremos el río a las diez de la noche. (Como la ve asustada,

bromea) ¡Me comiste los ahorros, tragona! Tu padre paga poco, pero con

casa y comida...

DOLORES: ¡Oh, tengo tal susto, Rafael!

RAFAEL: Y yo también. ¡Atreverse con una niña rica! Es grave esto que hago.

DOLORES: Que hacemos.

RAFAEL: No se mide con la misma vara.

DOLORES: ¿Te arriesgo?

RAFAEL: No. Lo que arriesga es la infamia. Fermín o...

DOLORES: Mi padre.

RAFAEL: Sí. Y la ciudad atrás de tu padre. Pero todo saldrá bien.

DOLORES: Tendremos una casa con retamas y santa ritas. Y una cama chica.

RAFAEL: Grande.

DOLORES: ¿Por qué grande?

RAFAEL (le cuesta, pero hace la broma): ¡Para que no te tropieces con mi joroba.

(Ríe con esfuerzo, pero como Dolores ríe libremente, se sientan los dos,

felices) Y no tendremos nada rojo. Nada que huela a sangre.

DOLORES: Todo blanco.

RAFAEL: Todo blanco hasta en la oscuridad.

DOLORES: Mostrame los ojos. (Se los besa) Te quiero con los ojos abiertos y

cerrados. Y tendremos niños

RAFAEL: No de mí

DOLORES (enojada): ¿De quién sino? ¿Qué pensás?

RAFAEL (Sonríe, triste): No saqués las garras, leona.

DOLORES: Las saco con los tontos. Serán hermosos, Seguro. Como vos, tan

derecho adentro, tan bien construido.


31


RAFAEL: ¡Ay, es demasiado!.

DOLORES: Demasiado, ¿qué?

RAFAEL: Este amor....

DOLORES (ríe, canturrea): ¡Rafael se asustó! Es una niña bonita, ¡tiene miedo de

amor!

RAFAEL: ¿Quién tiene miedo? (La abraza cuerpo a cuerpo)

DOLORES (contesta): ¡Rafael!

RAFAEL: ¿Yo tengo miedo? ¿Te parece? (La aprieta)

DOLORES (por un segundo no entiende. De pronto): ¡Oh, Rafael! (Rafael ríe)

¡Soltáme! ¡Estoy de novia!

RAFAEL (la suelta) ¡Con el señor de los Campos Dorados (Remeda a Juan Pedro)

¿Baila conmigo?

DOLORES (remeda, con las manos abiertas sobre los ojos): ¡No lo miraré para no

asustarme!

RAFAEL: Sí me mirarás. (La persigue en torno de la mesa)

DOLORES: ¡No que me impresiono!

RAFAEL (logra sujetarla por una mano): Te salvás de un buen nombre, ¡señora de

los Campos Dorados!

DOLORES: (ríe) ¡Ay, qué nombre! ¡Campos plateados!

RAFAEL: ¡Dorados!

DOLORES: ¡Inundados! (Remeda) Es superfluo que usted estudie. Ya sabe lo que

una mujer debe saber y el resto...se lo enseñaré yo.

RAFAEL (tierno y alusivo): ¡ <Yo> te lo enseñaré! (Ríe) Acercáte.

DOLORES: ¡No! (Ríe, se escapa. Con un gran ruido, se protege con una silla. Se

oye pasar el carro. Atienden los dos. Dejan de reír)

RAFAEL: ¡Sss! Hagamos silencio.

DOLORES: ¡No! ¡No me asusta ningún maldito carro! No sólo te elijo a vos, ¡elijo

cabezas sobre los hombros!

RAFAEL: Sí, pero hagamos silencio. ¡No seas loca!

DOLORES: ¡No soy! Yo, Dolores soy cuerda y dejo la locura a los tristes. Vení.

¿Querés casarte conmigo?

RAFAEL: Sí.

DOLORES: ¿Cuándo?

RAFAEL: Mañana.

DOLORES: A esta hora estaremos lejos. ¿Querés vino?

RAFAEL: No bebo.

DOLORES (lo abraza): Entonces, te bebo a vos.

RAFAEL (tiernamente alusivo): Pero entero, ¿eh? (Dolores ríe. cierra los ojos con la

cabeza apoyada sobre los hombros de Rafael. Se oye pasar el carro)

DOLORES (se pone rígida, se separa): Pasa el carro otra vez.

RAFAEL. Sí. No debemos olvidarlo, Dolores. Aunque seamos felices, no debemos

olvidar que pasa el carro. Yo también no sólo te elijo a vos, elijo cabezas

sobre los hombros....(Se oye pasar el carro. Se miran inmóviles. En un

momento, Dolores extiende la mano hacia el rostro de Rafael. La deja

inmóvil en el aire. Rafael se inclina y apoya su rostro en la mano)

ESCENA VIII


32

El salón en penumbras. Dolores espera en un rincón, un abrigo sobre los

hombros, sosteniendo un pequeño atado entre sus manos. Hay un ruido

afuera, no muy fuerte, como una puerta que bate o que se abre y se cierra.

DOLORES (se sobresalta, susurra): ¿Rafael? (Silencio. Suspira y deja el atado en el

suelo. Canta como una niña que teme a la oscuridad, pero la voz se le

quiebra. Silenciosamente, entra alguien) ¿Rafael? (Se acerca y toca. Con

una exclamación ahogada) ¡Mamá!

MADRE: ¿Qué estás haciendo aquí, Dolores? A esta hora.

DOLORES: No podía dormir. Tenía... hambre.

MADRE (grave y reticente): Sí. No comiste en la cena.

DOLORES: Por eso.

MADRE: Hubieras ido a la cocina. Llamado a un criado.

DOLORES: No se me ocurrió.

MADRE: Podés irte a dormir. (Una pausa) No vendrá.

DOLORES: ¿Quién?

MADRE: Rafael.(Le saca el abrigo de los hombros) Vestida para salir. (Señala el

bulto del suelo) Se iban a ir juntos. Robaste la casa.

DOLORES (ríe temblorosa): ¡Qué idea! Tengo frío. (Esboza un gesto para tomar el

abrigo, pero no lo concluye)

MADRE: Nunca mentías.

DOLORES (un silencio): Es verdad. (El diálogo siguiente se desarrolla en tono casi

confidencial, la voz de Dolores demasiado tranquila)

MADRE: Tu padre se enteró.

DOLORES: ¿Se enteró? ¿Cómo? (Silencio de la madre) ¿Cómo? ¿Lo sabías?

MADRE: Me dí cuenta.

DOLORES: Vos te diste cuenta, ¿y él? ¿Se lo dijo Fermín? (Silencio de la madre)

¿Fermín?

MADRE: No.

DOLORES: Tampoco vos mentís. (Le acaricia la mejilla) Te lo agradezco. ¿Se lo

dijiste? ¿Cuándo?

MADRE: Antes de la cena, esta tarde.

DOLORES: Si comimos juntos después y no...Papá me dijo: chiquita, comé. Y

bromeó. Estaba contento y sabía... ¿Por qué estaba contento?

MADRE: Sabía.

DOLORES: ¿Dónde está Rafael?

MADRE (intenta marcharse): Vamos a dormir.

DOLORES (la retiene): ¿Dónde está?

MADRE: Ya no importa.

DOLORES (muy bajo, pero con gran tensión): ¿ “Ya” ? Antes y después y siempre

importa (Alza la voz) ¿Ya?

MADRE: No grités.

DOLORES: ¿Todo el mundo duerme?

MADRE: No, nadie duerme.

DOLORES: ¿Y Rafael?

MADRE: Duerme.

DOLORES: ¿El...?

MADRE: Duerme

DOLORES (incrédula): Nos...denunciaste. Estuviste espiándonos y nos...

denunciaste.


33


MADRE: No. Yo pensé que...

DOLORES: Si nunca pensaste nada. ¿“Cuándo” empezaste a pensar? ¿Para qué?

MADRE: Pensé que era mejor.

DOLORES: Oh, qué algodón tenés adentro. Qué algodón sucio...

MADRE: Dolores.

DOLORES: Dolores mi alegría.

MADRE: ¿Dónde iban a ir?. Mi chiquita que roba en su casa y...y un jorobado por...

DOLORES (con odio frío y concentrado): Envidiosa. Aceptaste todo desde el

principio, envidiosa de que los otros vivan. No por cariño. Miedo. Tímida de

todo. A mí me hiciste eso. Miedo de vivir hasta a través de mí. Humillada

que ama su humillación.

MADRE: No quiero oírte, no entiendo, no...Siempre fuiste caprichosa. ¡Vamos a

dormir! (Con angustia) Acostáte en tu cama y...

DOLORES: Espero a Rafael.

MADRE: Y tapate...y cerrá los ojos y...la puerta de tu cuarto para que nadie entre...

DOLORES: Espero a Rafael.

MADRE: No vendrá.

DOLORES: ¿Por qué estás tan segura? Duerme, dijiste. ¿Cómo puede dormir?

MADRE: No vendrá.

DOLORES: ¿Por qué? ¿Qué le han hecho? ¿Qué le ha hecho ese hombre que odia

todo lo que no sea su poder?

MADRE: Ya...

DOLORES (salvaje): ¡Dije que no digas “ ya “ ! ¡Voy a buscarlo!

MADRE: ¡No! (La retiene)

DOLORES: ¡Dejame salir! ¿Nadie duerme? ¡Pues que se muestren despiertos! (Se

suelta) ¡Voy a buscarlo!

MADRE: No vayas.

DOLORES (se detiene): ¿Por qué?

MADRE: Lo traerán aquí. ¡Yo no quería!

DOLORES: ¿Qué?

MADRE (vencida): que lo trajeran...

DOLORES: ¿Le han...pegado? ¿El escarmiento? ¿Creen que los seres

escarmientan? ¿Pero que piensan que somos? ¿Qué bestias son que no se

conocen?

MADRE: Calláte. (Rompe a llorar)

DOLORES: Tus lágrimas. (Lentamente) Ahora. Ya entiendo.

MADRE (llora): ¡Dolores!

DOLORES: Qué espanto me dan tus lágrimas. Me pusiste un gran nombre. El

nombre es el destino. (Alza la voz) ¡Yo no lloraré! Seca en mi odio. ¿Por qué

estamos en esta oscuridad? Es de noche. (Sonríe crispada) Iba a

escaparme. Pero no hay razón para la oscuridad. Encenderé las luces.

(Enciende febrilmente las velas, una por una, pero habla con tensa

tranquilidad) Para vernos las caras, mamá. Si no, una puede engañarse,

oigo tu llanto, pero no lo veo bien. ¿Te pegó papá? ¿Por eso llorás? ¿A ver

tu cara? (Brutalmente, le toma el rostro que la madre quiere hurtar) Es la

misma. Más fea. Tocáte. (Le lleva la mano a la cara) Un tumor sobre la boca

y telarañas sobre los ojos. Lagañas también. ¡Tocáte! Vas a sentir tu propia

fealdad. (La deja) Y mi cara, ¿cómo es ahora? (Se toca) No me la conozco.

Pero no es mi cara la que me importa, ¡ni la tuya!


34

MADRE: No grités, Dolores, no me guardes rencor. ¡Se me escapó todo de las

manos! Tu padre me preguntó y...

DOLORES (con exasperación contenida, como si intentara una explicación común):

Es lo que pasa, mamá. Cuando se decide por lo otros, es lo que pasa, se

escapa todo de las manos y el castigo no pertenece a nadie. Entonces, uno

finge que no pasó nada y todo el mundo duerme en buena oscuridad, y el

sol no se cae, al día siguiente uno dice: no pasó nada. E ignora su propia

fealdad. ¡Tocáte! (Con una sonrisa crispada) Y para colmo encendí las

luces. (La madre tiende la mano para apagar una) ¡No te atrevas! ¡Necesito

ver el castigo! Necesito que no me quiten eso, el cuerpo castigado. (Va

hacia la puerta, grita furiosa de dolor) ¡Fermín! ¡Fermín! (Fermín se asoma

enseguida) Nadie duerme hoy en esta casa. ¿Qué te ordenó mi padre?

FERMIN: Que lo trajera.

DOLORES: ¿Y que esperás, lacayo? ¿Qué te llore?

FERMIN: Conocí a la señorita de niña. No me gusta que sufra.

DOLORES (ríe): ¡Buena respuesta! (Se corta. Feroz) ¡Traélo!

FERMIN: Su padre me lo ordenó. (Su brutalidad se impone. Sonríe) Quería que el

jorobado no faltara a la cita.

DOLORES (suavemente): No lo hagás faltar. (Sale Fermín. Dolores enciende otra

vela. Con naturalidad) Quedó apagada ésta. ¿Me ves bien, mamá?

MADRE: Dolores, ¿por qué no te fuiste?

DOLORES (con frío desprecio): ¿A encerrarme en mi cuarto? No hay ninguna

puerta para el dolor, mamá. ¡Tonta! (Se abre la puerta. Fermín carga el

cuerpo sin vida de Rafael. Lo arroja como un fardo sobre el piso. Dolores,

inmóvil, no aparta la vista)

FERMIN (con un gesto de excusa): Yo le hubiera pagado nada más. (Se le escapa

la risa) ¡En la joroba!

MADRE: Está bien Fermín. Andáte. (Sale Fermín)

DOLORES (Siempre con la vista fija en Rafael): Gracias, mamá. (Con movimientos

rígidos, se acerca, se arrodilla junto a él. Serena y en silencio. No lo toca. Lo

mira largamente). No bastaba pegarte, jorobadito. Pero no fue por tu joroba.

Jorobadito. Todos debemos vivir de la misma manera y quien pretende

escapar, muere. (La madre solloza. Dolores se alza) ¡Fuera!

MADRE (intenta acercarse): ¡No me echés! ¡Es que tu padre es tan duro!

DOLORES (salvaje):¡Fuera! ¡Quiero estar sola! ¡Decile gracias! ¡Le agradezco que

me permita mirar a mi muerto! ¡Pero no quiero llantos a mi alrededor ¡Llanto

hipócrita! ¡Fuera! (Entra el padre con Fermín, quien trae una bandeja con

una jarra y tres tazas)

PADRE (muy tranquilo): ¿Quién grita? Dolores, no me gustan los gritos. No me

dejan pensar. Vamos a dormir todos, ¿eh? Ni hablaremos de esto. Nos

bebemos una taza de chocolate y...

DOLORES: A dormir...(Mira a los tres, masculla con un odio contenido y feroz)

¡Canallas! ¡Canallas! ¡Qué el odio los consuma! ¡Que la memoria no los deje

vivir en paz! ¡A vos, con tu poder, y a vos, con tu mano verduga, y a vos,

hipócrita y pusilánime!

PADRE: ¿Qué criamos? ¿Una víbora? ¡Ya te sacaremos el veneno de la boca!

DOLORES: ¡No podrás! ¡Tengo un veneno dulce, un veneno que mastico y trago!

PADRE: Peor para vos. Ahora a dormir, ¡y es una orden!


35

DOLORES (ríe): ¿Qué? ¿Cómo no te das cuenta, papito? Tan sabio, (Furiosa) ¡Ya

nadie ordena nada! (Con una voz áspera y gutural) ¡En mi y conmigo, nadie

ordena nada! ¡Ya no hay ningún más allá para tener miedo! ¡Soy libre!

PADRE (furioso): ¡Silencio! ¡Nadie es libre cuando yo no quiero! ¡En esta casa ,

mando yo todavía! ¡Dije a dormir!

DOLORES: ¡Jamás cerraré los ojos! Si me dejás viva, ¡jamás cerraré los ojos! ¡Voy

a mirarte siempre despierta , con tanta furia, con tanto asco!

PADRE: ¡Silencio!

DOLORES: ¡Te lo regalo el silencio! ¡No se lo que haré, pero ya es bastante no

tener miedo! (Ríe, estertosa y salvaje) ¡No te esperabas ésta, tu niña, tu

tierna criatura...!

MADRE: ¡Dolores!

DOLORES: Dolores, ¿qué? (Desafiante, al padre) ¡Dolores mi alegría, me decía el

jorobado! ¡A tus espaldas!

PADRE: ¡Te moleré a golpes! (Va a pegarle, pero la madre se interpone y recibe el

bofetón)

DOLORES: ¡Gracias, mamá! ¡A buena hora! ¡El algodón sucio sirve! ¡Te dije que no

tengo miedo! ¡Menos de éste!

PADRE: ¡Qué se calle! ¡Fermín, llevátela! ¡Sáquenla de mi vista!

DOLORES (forcejea, mientras Fermín la arrastra, grita furiosa): ¡Te odio! ¡Te odio!

PADRE: ¡Silencio!

DOLORES (con una voz rota e irreconocible): ¡El silencio grita! ¡Yo me callo, pero el

silencio grita! (Fermín, junto con la madre, arrastra hacia afuera y la última

frase se prolonga en un grito feroz. Una larga pausa)

PADRE (mira de soslayo el cuerpo de Rafael. Se yergue inmóvil, con los ojos

perdidos. Suspira): Qué silencio.....


Después de un momento


TELON





Ilustración: Joseph Seed


El conventillo de la Paloma (Alberto Vaccarezza)

Cuadro Primero PINTORESCO PATIO DE UN CONVENTILLO EN VILLA CRESPO.  DOS PUERTAS PRACTICABLES EN CADA LATERAL Y TRES EN EL  FORO. LA DEL CENT...