viernes, 9 de octubre de 2026

Hasta el último tren (Julio Camilloni - Julio Ahumada)






Amo los andenes de la espera,

la poesía de los rieles

que la luna replatea...


Amo los andenes suburbanos

de estaciones patinadas

por el tiempo y los olvidos.

Amo la garita y las barreras,

amo el tren que se despide

y amo el tren en que tú llegas..

Y mi vida se ilumina,

volvedora golondrina,

cuando estás para llegar.


Tu amor de golondrina que llega así, en mi ocaso,

me hace querer las cosas que no supe querer.

Y quiero los lugares donde esperé tu paso

con una rosa blanca luciendo en cada sien.


Distintas emociones: llegada y despedida,

alargada mi sombra en desolado andén,

cuando agito mi mano después de tu partida

o cuando espero en vano hasta el último tren.


Amo los andenes de la espera,

las señales en la noche

y tus alas de viajera...

Celo cuando pienso que otro anhelo

te desvíe de mi rumbo

y te lleve hacia otro cielo.

Lloro de pensar que otro verano

un andén abandonado

me verá esperando en vano

y el dolor se hará presente

cuando inexorablemente

ya no tenga qué esperar.




Ilustración: Andrey Shatilov



jueves, 8 de octubre de 2026

Tengo un amigo (Julio Camilloni - Arturo Gallucci)





Tengo un amigo aún... lástima grande

que esté crucificado y mal herido,

que no puede evitar que se desangre

ni aliviar sus dolores infinitos.

Tengo un amigo aún... no estoy tan solo

y a salvo estoy de todos los olvidos;

él sabe que yo fui por mucho menos

traicionado como él y mal vendido.


Si la inútil infamia de la gente

me arma con una piedra en cada mano,

él me reprocha con sus ojos tristes,

él me desarma con sus ojos mansos

y si digo tan sólo una palabra

que pueda herir a un corazón hermano,

le sangra más que a mí la herida abierta

y llora más que yo porque hice daño.


Tengo un amigo aún... que me perdonen

aquellos que en la vida me han querido,

si a veces me convierto en solitario

y me voy por las calles del olvido.

Tengo un amigo aún... y lo repito

en medio de la calle que he elegido,

la de mi soledad, donde me espera.




Ilustración: Julian Ashton


miércoles, 7 de octubre de 2026

María Milonga (Enrique Cadícamo - Anselmo Aieta)






Fue por los Corrales Viejos

y en un revuelo 'e poyeras

que nació una flor reseca

más pulida que un espejo...

A esta flor de meta y ponga

la bautizó la acordeona

y por guapa y comadrona

la llamó María Milonga.


Fue el piropo del resero

colorao como las tejas

y hasta el cornetín

del Mayoral

la acarició por las orejas.

Con percal y Agua Florida

y un malvón en la cadera

no había payador

que a improvisar

se detuviera

su gran amor.

Pero a nadie entregó, la

rosa milagrosa de su corazón.


Por valiente y por bizarra

los más pesaos de Corrales

en payadas desiguales

"Hastiyaron" sus guitarras.

Había que ver la chinonga

entre la luz de los chaires

fué de todos y de nadie

pa' el amor, María Milonga.




Ilustración: Rosario de Velasco



martes, 6 de octubre de 2026

Berretín (Enrique Cadícamo - Pedro Láurenz)





Del barrio mishio donde el sabalaje

tiró la bronca por cualquier zoncera,

viene tu pinta que lucís diquera

por esas calles del camandulaje.

Yo, que conozco tu anterior pasaje,

al campanearte convertida en seda,

me agacho el "gris" para que vos no puedas

pasar calor delante de mí.


¡Quién iba a creer que vos,

la más papusa de la esquina,

hubieras hecho un lío con tus ensueños!

Tus berretines, tus mágicos beleños,

te hicieron ver la vida con mucha fantasía.


¿Qué vas a hacer al ver

mañana un poco de neblina

en el ajenjo de humo de tus locuras?

¿No ves qué has hecho con esa chifladura?

has dado un tropezón a aquel berretín.


Igual que aquella milonguita fina

que se fugó pa´l Centro, de Chiclana,

te fuiste sin pensar que eran macanas

las cosas raras que alguien te vendía.

Yo que soñaba con esa alegría

de hacer un rumbo junto a tu cariño,

me encuentro que hoy le andás haciendo un guiño

al lujo que fue tu berretín.




Ilustración: Félix Beristain



lunes, 5 de octubre de 2026

El olivo (Carlos Cabral - Antonio Scatasso - Domingo Julio Vivas)





Allá, junto a la Ribera,

un tano alegre vivía,

laburando noche y día

junto con su compañera.

Y del Riachuelo al rumor

eran felices los grullos

arrullados por sus murmullos

engrupidos en su amor.


Y dicen las comadres

paseando junto al río:

"Los cosos se fugaron

sul piccolo navio..."

Mas como no volvieron

y el tiempo transcurrió,

las gentes se dijeron:

"El piccolo se hundió".


Bodegón risueño

que en lejano día

lleno de alegría

era una canción

Hasta que la suerte

trocó su destino

y entre sangre y vino

lloró un corazón.


Porque un compadre cabrero

a la tana se afilaba,

de bueno la trabajaba

con el cuento del "te quiero";

y como el hombre era bueno

y ella joven y coqueta,

una noche la trompeta

al tano se le espiantó.


Y dicen las comadres

paseando junto al río:

"Los cosos se fugaron

sul piccolo navio..."

Mas como no volvieron

y el tiempo transcurrió,

las gentes se dijeron:

"El piccolo se hundió".




Ilustración: David Álvarez


domingo, 4 de octubre de 2026

Un boliche (Tito Cabano)





Un boliche como tantos,

una mesa como hay muchas,

un borracho que serrucha

su sueño de copetín.


Hay un tira que se asoma,

una copa sin monedas,

un punga que se las toma

y una caña sin servir.


Una partida de tute

entre cuatro veteranos,

q'entre naipes y toscanos,

despilfarran su pensión.


Y acodado sobre el mármol

agarrado como un broche,

un curda que noche a noche

se manda su confesión.


El trompa tira la bronca

porque un pebete se cuela

y un cantor con su vigüela

pide permiso y entona.


Y así,

entre naipes, curda y canto

de esta escena cotidiana,

se oye la voz de una nena:

"¡Papá, vamos que mamá te llama!..."


Una esquina como hay tantas,

una barra como hay muchas,

un farol que nos escucha

en su nocturno cantar.


El chistar de la vecina,

la que no cuaja en el barrio

y un galán de tranco largo

que se raja de un zaguán.


La presencia del agente

desparramando el concierto,

ya la calle es un desierto

y el rey de bastos copó.


El envite de una copa,

que de apuro va a baraja,

mientras que frente a la caja

se afana el que te afanó.


El trompa tira la bronca,

porque un pebete se cola,

y un cantor caza la viola,

pide permiso y entona.


Y así,

entre naipes, curda y canto,

de esta escena cotidiana,

se oye la voz de una nena:

"¡Papá, vamos que mamá te llama!..."



Ilustración: George Bellows


sábado, 3 de octubre de 2026

A pesar de todo (Fernando Gutiérrez)

 




Querido Luis, amigo mío, hermano.

No era, no podía

ser como todos deseábamos.

Es lo de siempre: se desea una cosa,

se lucha por una cosa- a veces

toda la vida y con todas las fuerzas-

y en ella, o por ella,

va uno dejando carne, sangre, invisibles

fragmentos de uno mismo. Casi siempre

con amor y fatiga, esperanza y desánimo.

Pero es así. Es lo de siempre, digo.

Y así uno se hace hombre, y viejo.

Algunos días de mal humor, de sombras

-también por dentro existen las tinieblas,

y van del corazón al pensamiento-...,

digo que algunos días

de mal humor, de sombras, uno siente

el abandono de la propia alma.

La despueblan y ocupan de punta a punta,

de raíz a rama, el vigilante

desasosiego, la desgana durmiente y solapada, 

la desazón a secas, el desaliento, el chasco.

Todo junto, a la vez, como una misma muerte.

otros días, todo, todo es más grave:

cuesta volver a donde estaba uno,

olvidándolo todo, rehaciendo algo perdido,

no muy claro quizá, pero sí hondo.


Esos días se muere uno un momento, 

que a veces se reitera, se prolonga o se para,

porque a saltos, a golpes,

a puñados o a quedo,

a gritos o a la sorda,

a contrapelo o a desmueras,

a la mano de Dios o del diablo, 

cada uno construye su vida, y esa parte

que es de todos y suya,

la hace de veras, la sostiene

con las cosas eternas, altas, limpias,

las que nos ennoblecen a diario

humanísimamente.

Todos sabemos cuáles son. ¿Para qué repetirlas?


Como un calor, un frío, unos temblores,

nacen nuevas, insospechadas, súbitas, un día,

lejano ya, en el cual, de pronto

empezamos a ver lo que de niños

distinguíamos sólo,

o eran no más palabras

dichas respetuosamente por los mayores,

que sonaban extrañas

a nuestros juegos infantiles, 

a la sonrisa abierta

con que cada mañana mirábamos el día,

las cosas y la gente.


Lo importante no era darles alcance,

sino buscarlas y pensar en ellas,

embriagarse con todas, 

sin más ni menos para cada una,

totales, íntegras, por dentro y fuera

de nosotros. Conservarles la vida,

defenderlas de lo pequeño y de lo grande

constantemente. Sí, era lo importante.

No hacer la vida con las justas palabras,

sino hacerla con la palabras justas.


Pero se tardan años, Luis.

Se tardan muchos años en saberlo.

Años igual que lágrimas,

lágrimas como años.

Porque son solamente palabras muy hermosas

y nada más. Pero no importa.

Al principio se siente, de rechazo,

algo parecido a la sed y la muerte;

después, una honda desolación. Tarda

en pasar todo esto,

pero pasa, y hace daño- ¿por qué negarlo?-

lo que tarda en pasar.

Que poco a poco se llevó consigo

nuestras antiguas generosidades,

las más puras,

distintas de estas tan cansadas. 

                                 Luego

acostumbrados ya, pero sin tiempo,

sonreímos un poco,

tímidamente acaso,

sintiendo una extraña verguenza:

la de pensar que llegaremos tarde, 

o que no llegaremos jamás, nunca.

Pero aún buscamos, aún pensamos en ellas,

aún creemos que son verdad y de verdad, que basta

con alargar la mano

para que al fin se cumplan.

Pues sólo porque ya es muy tarde

han de pasar por nuestro lado

seguras esta vez, supervivientes, fáciles,

de prisa, sí, porque son cosas

que llevan algo nuestro, último.

Porque era suficiente para eso

que pensáramos hoy, ayer, en ellas

y que nos desviviéramos

buscándolas para hoy, para mañana,

como ahora

nos desmorimos en la espera y los años,

aunque sepamos que se fueron

delante de nosotros

y nadie nos dejó, o no pudimos, 

alargarle las manos.


Y como siempre, como antes,

hasta morir, nos empeñamos

dando calor, sentido, imagen

a esta tarea inútil

pero maravillosa 

de perseguir el viento.




Ilustración: Alberto Lugo



Hasta el último tren (Julio Camilloni - Julio Ahumada)

Amo los andenes de la espera, la poesía de los rieles que la luna replatea... Amo los andenes suburbanos de estaciones patinadas por el tiem...