Sobre el himno del combate
y el clamor de los guerreros,
pasa un lento batir de alas;
se oye un lúgubre graznido,
y penetran los dos Cuervos,
los divinos, tenebrosos mensajeros,
y se posan en los hombros del Dios
y hablan a su oído.
Te canto con mi voz de siete incendios pidiéndote que ruegues por mis versos, por mí que soy un reo de dos puntas que duerme en el canasto d...
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