sábado, 16 de junio de 2012

ALIMENTAR A LAS MOSCAS







Estos poemas fueron escritos entre 2002 y 2006. Una parte de los cuales fueron publicados en la Antología del Premio Literario por la Conmemoración por los 150 años de la Ciudad de Esperanza, Santa Fé, donde merecieron el Primer Premio. Todos los poemas que llevo escritos hasta la fecha están contenidos en este libro. Muchos de ellos surgieron en la presente década como correcciones prácticamente completas de viejos poemas de la década del noventa, mientras hacía taller literario y me dejé influir por la tendencia a la poesía que había allí por ese entonces. Aquellos poemas desaparecieron, pero como me sucede también en narrativa, hay ideas que sobreviven a las formas primarias en que fueron concebidas en un principio. Estos poemas son casi contemporáneos a una novela larga, y creo que representaron una forma de contrarrestar o contrabalancear el esfuerzo de trabajo y atención que me llevó aquel trabajo. El largo aliento de las frases de la novela, su clima denso y saturante, se veía aliviado por la escritura concisa y corta de los poemas. Aún no estoy seguro de la validez poética de este conjunto, y cada vez que los releo en ocasiones me satisfacen y en otras encuentro falencias que ya no tengo idea cómo subsanar sin modificar completamente los textos. Sé que son poemas conceptuales, donde la emoción tiende a fluir muy lentamente, casi con una frialdad quemante filtrada por el intelecto. El epígrafe con que decidí encabezarlo es de uno de mis poetas favoritos, quizá con el que más me he identificado, Alberto Girri. Esta elección estética no es casual, hay una intención clara de seguir la misma línea de poesía, aunque no así el estilo, por supuesto, determinado tanto por mis propios límites expresivos como por los ilimitados niveles a los que llegó Girri.
No sé si volveré a escribir poemas, es de esperar que sí lo haga porque ese es mi deseo. En el monento que escribo este comentario estoy dedicado a la narrativa, y es allí donde estoy volcando esos "conceptos" que antes ponía en poemas. Los párrafos son más largos en que mis dos libros de cuentos, la acción se va retardando por interposición de reflexiones que tienden a tener una musicalidad interna, intentando asemejarse a ese ritmo fluido y casi barroco de la prosa faulkneriana. Tal vez sea eso lo adecuado a mi estilo, no puedo decirlo con certeza. Faulkner decía que el género mayor es el de la poesía, pero los narradores como él indudablemente lograban un vuelo poético en su prosa mucho más eficazmente que muhcos poetas que escriben con el formato correspondiente a lo que se considera un poema.
La poesía es tan intensa tanto de leer como de escribir, y el trabajo de corrección es quizá más largo, agobiante insatisfactorio que el de narrativa. Es difícil congeniar ambos géneros, y pocos autores, salvo los más geniales, Borges a como mejor ejemplo, Octavio Paz, otro, fueron maestros en ambos planos. Los narradores tienden, a veces, a crear poemas más que nada visuales, narrativos y de escas música. Da la peculiaridad que Borges era maestro en el cuento y no escribió novelas. Paz era más que nada ensayista además de poeta. A su vez, los grandes poetas, cuando se atreven a la narrativa, suelen crear narraciones cortas de tintes alegóricos y netamente como prosas poéticas. No intento hacer generalidades, solo mencionar ejemplos que me vienen a la memoria, sin duda selectiva y arbitraria. Es que la estructura de la poesía, a mi entender y según mi escasa experiencia, requiere un planteamiento mental muy particular, que si bien no excluye, sí desarma transitoriamente los esquemas contundentes y bien afirmados de la narrativa. Para sentarse a escribir un poema hay que olvidarse de los recursos que son sólo válidos para el cuento o la novela, me refiero a esos armazones, planos y maquetas que los arquitectos utilizan para diseñar sus estructuras. Es algo también cercano a una superstición, o quizá al miedo a la enfermedad contagiosa. Mientras se escribe poesía, uno tiene miedo a leer narrativa, porque lo difícilmente logrado podría derrumbarse por acción de esos virus llamados "explicación" y "argumento" que tienden a tratar de dar claridad y razón a cuanto se escribe. Cuando se hace narrativa, el leer poesía no es invalidante ni hay temor alguno, pero si simultáneamente se pretende escribir poesía y narrativa, el esfuerzo mental para cambiar de ámbitos y climas es demasiado complicado, es más agotador que un esfuerzo físico, sólo comparable tal vez con los sinsabores de una enfermedad. El narrador tiene miedo a perder su poder de fluidez, su fuerza de un continuo y perpetuo fluir de la conciencia narrativa, si se pone a escribir poesía. Repito, estas son particularidades surgidas de mi criterio personal, que no excluyen contemplar tantas otras posibilidades y experiencias, así como las diversas formas narrativas y poéticas que no necesariamente se contraponen sino que se suman.
Todo depende, supongo, de los límites del talento personal, y a qué llamamos con este nombre. Cuáles son estos límites, tampoco estoy seguro. No hay más remedio que vivir, aún encerrados en una habitación, como dicen que lo hizo la gran Emily Dickinson, y ponerse a escribir lo que una ventana nos concede del mundo y permitir que surja todo lo que nuestra imaginación es capaz de fabricar con esa concesión.
Los poemas están agrupados en ejes temáticos por fragmentos que llevan los siguientes títulos:


1) Ciencia
2) Guerra
3) Cielo/Tierra
4) Hombre/Mujer
5) Lenguaje
6) Cartas de Hamlet
7) Minotauro
8) Impresiones sobre la pena de muerte
9) Copperfield
10) Kant o el laboratorio del pensamiento