A menudo se ha considerado a Ibsen como poeta y dramaturgo simbolista, y muchas veces lo es, ciertamente, aun cuando otras muchas veces no lo es, sin que por eso deje de atribuírsele también ese simbolismo que se figuran ver en toda su creación, algunos, por estimarlo más cómodo o por ignoramos qué secreta causa. Ibsen es simbolista, en efecto, por más que no lo sea siempre. Y a fin de definir el simbolismo en general y el suyo en particular, apelaremos a los testimonios de que nos hemos valido hace poco para comentar su dramaturgia.
Dice Ehrhardt: "El simbolismo es la forma del arte que da a la par satisfacción a nuestro deseo de ver representar la realidad y a nuestra sociedad de trasponerla. Reúne lo concreto y lo abstracto. La realidad tiene doble fondo, y un sentido oculto los hechos, que son la representación material de las ideas... El verdadero simbolismo es la idealización de la materia, la transfiguración de lo real, la sugestión de lo infinito por lo finito."
Dice el conde Prozor: "Si Ibsen, para contarnos su alma y todo lo que en ella se aglomera - sus esperanzas, sus pesares, sus aversiones, sus tristezas-, nos habla en lenguaje simbólico, es porque este lenguaje, según él, constituye el único capaz de comunicarnos en forma de drama la impresión total que le produce la vida, su modo de comprenderla, la visión que tiene del tiempo en que vivimos."
Dice Albert: "Su singular conocimiento del corazón humano, su extraordinario poder de observación... permítenle profundos y minuciosos análisis que su clarividente fantasía consideraba en síntesis supremas, hasta llegar a las alturas del símbolo, entendiendo por tal la representación bella y sencilla de todo un orden de realidades que pueden ser claramente reconocidas en la realidad creada por el artista."
Dicen Cheneviere y Johansen: "...a pesar de su preocupación sincera por pintar la vida tal cual es, pone en escena, al lado de personajes muy vivientes y de una realidad sorprendente, seres que parecen pertenecer a otro mundo y hablan un lenguaje místico, simbólico, lleno de ilusiones. De esta forma de exponer, de este encuentro de personalidades reales y personalidades simbólicas resulta, por lo pronto, una especie de oscuridad. Creeríase que se alza un velo de bruma entre los espectadores y el drama representado... Pero poco a poco se hace la luz, y se descubre unidad y armonía donde se había creído distinguir contradicciones y disonancias. "
Dice Doumin: "De una pieza a otra Ibsen desarrolla, refuerza o corrige sus ideas. Su pensamiento se modifica y se amplía. Para traducirlo conservándole toda su extensión, recurre al símbolo... Porque el simbolismo es una ten tativa para dar de la realidad una explicación que traspasa los hechos: consiste en expresar en su plenitud la idea de lo cual no son los hechos más que la representación material y la aplicación restringida. Es legítimo el empleo del símbolo hasta en el teatro, a condición, empero, de que se sepa que es un medio poético más bien que dramático, y con tal que se le considera...como el supremo esfuerzo de un espíritu vigoroso que procura encerrar en una forma de arte, a riesgo de quebrarla, tanto pensamiento como pueda contener." Y más adelante añade: "Se habla hoy mucho del símbolo, se habla a tontas y a locas; se utiliza con indiscreción y se llegará a desacreditarlo por algún tiempo. El símbolo es una traducción de la verdad más amplia y más comprensiva que lo sería su expresión despojada, seca y desnuda. Lo que conserva de inexplicado y de indeterminado, de vago y de flotante es justamente lo que comporta su valor y le da su alcance. Porque la verdad pasa siempre de lo que no está permitido percibir de ella con claridad. La disminuímos y la estrechamos para hacerla entrar en nuestras fórmulas precisas, y encuentra su amplitud en el símbolo. El simbolismo es la imaginación sumándose a la razón, y la imaginación también es una facultad descubridora... El simbolismo pone en obra ciertas analogías que enlazan el mundo interior con el mundo exterior. No nos considera como seres aislados. Restablece así la armonía que reúne todos los elementos de la múltiple Naturaleza y todas las partes del gran conjunto..."
Y dice, por último, el propio Ibsen: "Todos somos símbolos vivos. Cuanto pasa en la vida ocurre con arreglo a determinadas leyes que se hacen sensibles al representarla fielmente. En este sentido soy simbolista. No de otro modo. "
El catalán Pompeyo Gener, en su libro Literaturas malsanas, conceptuaba el símbolo una manifestación rudimentaria y y recurso pueril de los pueblos y de los hombres incultos. Esto, hasta cierto punto nada más, puede ser exacto; pero puede serlo asimismo que implica a veces una manifestación depurada y un recurso superior de pueblos y hombres ultracivilizados, del genio inclusive... Así, pues, en esto como en todo, no conviene generalizar. Y por lo que a Ibsen atañe, está claro, en resumen, que se denotaba simbolista a menudo, en uso de su perfectísimo derecho... cuando se lo denotaba, no siempre ni siquiera tanto como se ha pretendido.
Ilustración: Wladyslaw Podkowinski

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