Volar es suficiente para el ave.
Vivir no basta para mí. Presiento
que no es como lo veo el firmamento
y que soy parte de una inmensa clave.
Sin cesar busco la dorada llave
que abra de par en par mi entendimiento,
pero sólo renuevo el sufrimiento
de preguntarme lo que nadie sabe.
¿Quién calibró esta cruel inteligencia,
que indaga hasta que prueba su impotencia
y luego recomienza el vano juego?
Don estéril y amargo que contrista
como si a un ciego diéranle la vista
para ver solamente que está ciego.
Ilustración: Arturo Rivera

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