Durante medio siglo la poesía fue
el paraíso del tonto solemne.
Hasta que vine yo
y me instalé con mi montaña rusa.
Suban, si les parece.
Claro que yo no respondo si bajan
echando sangre por boca y narices.
Ilustración: Ferdinando Hodler
Alegría pueril de tener una barraca para mí solo. Deseo de soledad en la soledad. Soy muy distinto al hombre, según Pascal, y toda mi desgra...
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