La vista llega antes que las palabras. El niño mira y ve antes de hablar.
Pero esto es cierto también en otro sentido. La vista es la que establece nuestro
lugar en el mundo circundante; explicamos es mundo con palabras, pero las palabras
nunca pueden anular el hecho de que estamos rodeados por él. Nunca Se ha establecido
la relación entre lo que vemos y lo que Sabemos. Todas las tardes vemos ponerse el Sol.
Sabemos que la tierra gira alrededor de él. Sin embargo, el conocimiento, la explicación,
nunca se adecua completamente a la visión. El pintor surrealista Magritte comentaba
esta brecha siempre presente entre las palabras y la visión en un cuadro titulado La
Clave de los Sueños.
Lo que sabemos o lo que creemos afecta al modo en que vemos las cosas. En la
Edad Media, cuando los hombres creían en la existencia física del infierno, la vista del
fuego significaba seguramente algo muy distinto de lo que significa hoy. No obstante, su
idea del infierno debía mucho a la visión del fuego que consume y las cenizas que
permanecen, así como a su experiencia de las dolorosas quemaduras.
Cuando se ama, la vista del ser amado tiene un carácter de absoluto que ninguna
palabra, ningún abrazo puede igualar: un carácter de absoluto que sólo el acto de hacer
el amor puede alcanzar temporalmente. Pero el hecho de que la vista llegue antes que el
habla, y que las palabras nunca cubran por completo la función de la vista, no implica
que ésta sea una pura reacción mecánica a ciertos estímulos. (Sólo cabe pensar de esta
manera si aislamos una pequeña parte del proceso, la que afecta a la retina.) Solamente
vemos aquello que miramos. Y mirar es un acto voluntario, como resultado del cual, lo
que vemos queda a nuestro alcance, aunque no necesariamente al alcance de nuestro
brazo. Tocar algo es situarse en relación con ello. Cierren los ojos, muévanse por la
habitación y observen cómo la facultad del tacto es una forma estática y limitada de
visión.) Nunca miramos sólo una cosa; siempre miramos la relación entre las cosas y
nosotros mismos. Nuestra visión está en continua actividad, en continuo movimiento,
aprendiendo continuamente las cosas que se encuentran en un círculo cuyo centro es ella
misma, constituyendo lo que está presente para nosotros tal cual somos.
Poco después de poder ver somos conscientes de que también nosotros podemos
ser vistos.
El ojo del otro se combina con nuestro ojo para dar plena credibilidad al hecho de
que formamos parte del mundo visible.
Si aceptamos que podemos ver aquella colina, en realidad postulamos al mismo
tiempo que podemos ser vistos desde ella. La naturaleza recíproca de la visión es más
fundamental que la del diálogo hablado. Y muchas veces el diálogo es un intento de
verbalizar esto, un intento de explicar cómo, sea metafórica o literalmente, ‛‛ves las
cosas'‛, y un intento de descubrir cómo "ve el las cosas".
Una imagen es una visión que ha sido recreada o reproducida. Es una apariencia,
o conjunto de apariencias, que ha sido separada del lugar y el instante en que apareció
por primera vez y preservada por unos momentos o unos siglos. Toda imagen encarna
un modo de ver y Incluso una fotografía, pues las fotografías no son como Se Supone a
menudo, un registro mecánico. Cada vez que miramos una fotografía somos conscientes,
aunque sólo sea débilmente, de que el fotógrafo escogió esa vista de entre una infinidad
de otras posibles. Esto es cierto incluso para la más des- preocupada instantánea
familiar. El modo de ver del fotógrafo se refleja en su elección del tema. El modo de ver
del pintor se reconstituye a partir de las marcas que hace sobre el lienzo o el papel. Sin
embargo, aunque toda imagen encarna un modo de ver, nuestra percepción o
apreciación de una imagen depende también de nuestro propio modo de ver.
Las imágenes Se hicieron al principio para evocar la apariencia de algo ausente.
Gradualmente se fue comprendiendo que una imagen podía sobrevivir al Objeto
representado; por tanto, podría mostrar el aspecto que había tenido algo O alguien, y
por implicación como lo habían visto otras personas. Posterior- mente se reconoció que la
visión específica del hacedor de imágenes formaba parte también de lo registrado. Y así,
una imagen se convirtió en un registro del modo en que X había visto a Y. Esto fue el
resultado de una creciente conciencia de la individualidad, acompañada de una creciente
conciencia de la historia. Sería aventurado pretender fechar con precisión este último
proceso. Pero sí podemos afirmar con certeza que tal conciencia ha existido en Europa
desde comienzos del Renacimiento.
Ningún otro tipo de reliquia o texto del pasado puede ofrecer un testimonio tan
directo del mundo que rodeó a otras personas en otras épocas. En este sentido, las
imágenes son más precisas y más ricas que la literatura. Con esto no queremos negar las
cualidades expresivas o imaginativas del arte, ni tratarlo como una Simple prueba
documental; cuanto más imaginativa es una Obra, Con más profundidad nos permite
Compartir la experiencia que tuvo el artista de lo visible.
Ilustración: Nicolas Poussin

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