Siento pena de mí mismo, de los demás, de toda la gente, de las fieras y los pájaros... De todo lo que vive.
Siento pena por los niños y los ancianos, por los desdichados y los felices... Por los felices más que por los desdichados.
Me dan pena los jefes victoriosos y triunfantes, los grandes artistas, los pensadores, los poetas...
Me da pena de los asesinos y sus víctimas, de la desolación y la belleza, de los oprimidos y los opresores.
¿Cómo puedo liberarme de esta pena? No me deja vivir... Además es un fastidio.
¡Oh tristura, tristeza, toda disuelta por la pena! No se puede caer más bajo.
Sería mejor sentir envidia... ¡Es un derecho!
Sí, siento envidia de las piedras.
Ilustración: Amalia Avia Peña

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