lunes, 2 de febrero de 2026

Modos de ver (John Berger)






La vista llega antes que las palabras. El niño mira y ve antes de hablar.

Pero esto es cierto también en otro sentido. La vista es la que establece nuestro

lugar en el mundo circundante; explicamos es mundo con palabras, pero las palabras

nunca pueden anular el hecho de que estamos rodeados por él. Nunca Se ha establecido

la relación entre lo que vemos y lo que Sabemos. Todas las tardes vemos ponerse el Sol.

Sabemos que la tierra gira alrededor de él. Sin embargo, el conocimiento, la explicación,

nunca se adecua completamente a la visión. El pintor surrealista Magritte comentaba

esta brecha siempre presente entre las palabras y la visión en un cuadro titulado La

Clave de los Sueños.

Lo que sabemos o lo que creemos afecta al modo en que vemos las cosas. En la

Edad Media, cuando los hombres creían en la existencia física del infierno, la vista del

fuego significaba seguramente algo muy distinto de lo que significa hoy. No obstante, su

idea del infierno debía mucho a la visión del fuego que consume y las cenizas que

permanecen, así como a su experiencia de las dolorosas quemaduras.

Cuando se ama, la vista del ser amado tiene un carácter de absoluto que ninguna

palabra, ningún abrazo puede igualar: un carácter de absoluto que sólo el acto de hacer

el amor puede alcanzar temporalmente. Pero el hecho de que la vista llegue antes que el

habla, y que las palabras nunca cubran por completo la función de la vista, no implica

que ésta sea una pura reacción mecánica a ciertos estímulos. (Sólo cabe pensar de esta

manera si aislamos una pequeña parte del proceso, la que afecta a la retina.) Solamente

vemos aquello que miramos. Y mirar es un acto voluntario, como resultado del cual, lo

que vemos queda a nuestro alcance, aunque no necesariamente al alcance de nuestro

brazo. Tocar algo es situarse en relación con ello. Cierren los ojos, muévanse por la

habitación y observen cómo la facultad del tacto es una forma estática y limitada de

visión.) Nunca miramos sólo una cosa; siempre miramos la relación entre las cosas y

nosotros mismos. Nuestra visión está en continua actividad, en continuo movimiento,

aprendiendo continuamente las cosas que se encuentran en un círculo cuyo centro es ella

misma, constituyendo lo que está presente para nosotros tal cual somos.

Poco después de poder ver somos conscientes de que también nosotros podemos

ser vistos.

El ojo del otro se combina con nuestro ojo para dar plena credibilidad al hecho de

que formamos parte del mundo visible.

Si aceptamos que podemos ver aquella colina, en realidad postulamos al mismo

tiempo que podemos ser vistos desde ella. La naturaleza recíproca de la visión es más

fundamental que la del diálogo hablado. Y muchas veces el diálogo es un intento de

verbalizar esto, un intento de explicar cómo, sea metafórica o literalmente, ‛‛ves las

cosas'‛, y un intento de descubrir cómo "ve el las cosas".


Una imagen es una visión que ha sido recreada o reproducida. Es una apariencia,

o conjunto de apariencias, que ha sido separada del lugar y el instante en que apareció

por primera vez y preservada por unos momentos o unos siglos. Toda imagen encarna

un modo de ver y Incluso una fotografía, pues las fotografías no son como Se Supone a

menudo, un registro mecánico. Cada vez que miramos una fotografía somos conscientes,

aunque sólo sea débilmente, de que el fotógrafo escogió esa vista de entre una infinidad

de otras posibles. Esto es cierto incluso para la más des- preocupada instantánea

familiar. El modo de ver del fotógrafo se refleja en su elección del tema. El modo de ver

del pintor se reconstituye a partir de las marcas que hace sobre el lienzo o el papel. Sin

embargo, aunque toda imagen encarna un modo de ver, nuestra percepción o

apreciación de una imagen depende también de nuestro propio modo de ver.

Las imágenes Se hicieron al principio para evocar la apariencia de algo ausente.

Gradualmente se fue comprendiendo que una imagen podía sobrevivir al Objeto

representado; por tanto, podría mostrar el aspecto que había tenido algo O alguien, y

por implicación como lo habían visto otras personas. Posterior- mente se reconoció que la

visión específica del hacedor de imágenes formaba parte también de lo registrado. Y así,

una imagen se convirtió en un registro del modo en que X había visto a Y. Esto fue el

resultado de una creciente conciencia de la individualidad, acompañada de una creciente

conciencia de la historia. Sería aventurado pretender fechar con precisión este último

proceso. Pero sí podemos afirmar con certeza que tal conciencia ha existido en Europa

desde comienzos del Renacimiento.

Ningún otro tipo de reliquia o texto del pasado puede ofrecer un testimonio tan

directo del mundo que rodeó a otras personas en otras épocas. En este sentido, las

imágenes son más precisas y más ricas que la literatura. Con esto no queremos negar las

cualidades expresivas o imaginativas del arte, ni tratarlo como una Simple prueba

documental; cuanto más imaginativa es una Obra, Con más profundidad nos permite

Compartir la experiencia que tuvo el artista de lo visible.

 




Ilustración: Nicolas Poussin

domingo, 1 de febrero de 2026

Oceánida (Leopoldo Lugones)

 





El mar, lleno de urgencias masculinas,

bramaba en derredor de tu cintura,

y como un brazo colosal, la oscura

ribera te amparaba. En tus retinas,


y en tus cabellos, y en tu astral blancura

rieló con decadencias opalinas

esa luz de las tardes mortecinas

que en el agua pacífica perdura.


Palpitando a los ritmos de tu seno

hinchose en una ola el mar sereno;

para hundirte en sus vértigos felinos


su voz te dijo una caricia vaga,

y al penetrar entre tus muslos finos

la onda se aguzó como una daga.




Ilustración: Elizabeth Gadd

Modos de ver (John Berger)

La vista llega antes que las palabras. El niño mira y ve antes de hablar. Pero esto es cierto también en otro sentido. La vista es la que es...