En nombre de la Junta Directiva de la Sociedad Científica Argentina,
vengo a cumplir el doloroso deber de dar el último adiós a los restos ve-
nerados del sabio doctor Florentino Ameghino, que fué nuestro ilustrado
socio honorario.
El doctor Ameghino, cuyo volumen llenaba ampliamente el escenario
de la ciencia, no sólo del país, sino también del mundo entero, por la im-
portancia de sus investigaciones en el orden de las ciencias naturales,
deja un vacío que no será posible llenar, pues pocos son los hombres de
estudio que a su vasta preparación unan las cualidades de excelso inves-
tigador, que caracterizaban a este ilustre muerto.
La ciencia pierde en él, uno de sus más preclaros elementos de estudio;
nuestro país, lamentará siempre la desaparición de este estudioso de alto
vuelo, que unía a su gran preparación, una finura de investigación, de
tal potencia, que por sus alcances ha llegado a cambiar la noción que se
tenía respecto al origen del hombre.
Este estudio sólo, bastaría para colocar la personalidad del doctor Ame-
ghino al nivel de los contados hombres de ciencia que el mundo venera,
si no fuera que, además, el doctor Ameghino en su constante actividad, no
hubiese llenado volúmenes con su labor proficua de investigador cons-
ciente. |
Difícil, si no imposible es en este momento, enumerar toda la labor
del ilustre muerto; exceden de doscientos sus estudios efectuados desde
1875, época en que publicó su primer trabajo en el «Journal de Zoologie»
de París, trabajo en el que con gran acopio de datos perfectamente pro-
pios, llega a conclusiones altamente interesantes en sus estudios en Mer-
cedes, en base a restos del hombre prehistórico y de su industria. Tan no-
vedoso estudio, llamó la atención de los especialistas y la fama del doctor
Ameghino quedó ya cimentada con motivo del Congreso Internacional
de Ciencias Antropológicas, realizado en París en 1878.
En 1880, publicó su monumental trabajo sobre Los mamiferos fósiles
de la América Meridional, que fué seguido del famoso análisis geológico
La formación pampeana, el cual, al definir una época del mundo, abrió
nueva vía a los estudios geológicos de nuestro territorio.
No seguiré adelante haciendo la descripción cronológica de sus traba-
jos; no me sería posible, pues no domino el orden de estudios en que
culminaba la mentalidad del doctor Ameghino; a otra palabra más auto-
rizada que la mía, corresponde ese honor.
La Sociedad Científica Argentina, a quien el doctor Ameghino dedicó
horas de estudio y de labor, enriqueciéndola con sus trabajos publicados
en los «Anales» de la Sociedad, lo eligió socio honorario, alto timbre de
honor que el doctor Ameghino supo apreciar en su justo valor y que le
fué discernido en mérito a los estudios de este sabio hombre de ciencia,
que al abandonar su envoltura humana, nos deja como resultado de su
paso por la tierra, el monumento científico de toda su labor y de toda su
ciencia, para honra y gloria de la patria.
Al recibir tan honrosa distinción, nos dió la gran prueba de las altu-
ras hasta donde llegaba su mente poderosa, entregando al estudio y me-
ditación de los pensantes, los resultados de su concepción profunda. Su
Credo, dando la noción del universo constituído por el infinito tangible,
la materia, y tres infinitos inmateriales, el espacio, el tiempo y el movi-
miento, es lección de alta filosofía y pedestal científico que recibirá la
ofrenda justiciera del mundo pensante.
¡Manes venerados! Recibid el último adiós de aquéllos que tantas veces
oimos vuestras sabias lecciones en la Sociedad Científica Argentina; des-
cansa en paz, mentalidad poderosa e ilustre; y que los lampos brillantes
de tu saber, sirvan de guía a las generaciones futuras en la labor profí-
cua, de la que la tuya fué astro brillante.
Ilustración: Andrew Wyeth

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