Analizando, en conjunto, la monumental obra de Ameghino se ve
“claramente que predominó en el sabio una franca tendencia hacia los
estudios paleontológicos y antropológicos. Y es en ese sentido que ha
sido sintetizado por todos los conferencistas que después de su muer-
te han hecho el panegírico del hombre y han comentado su obra. Ha
sido, pues, acto de justicia y reconocimiento encarar la síntesis de la
ciencia de Ameghino en la forma en que se ha hecho. Sin embargo,
hay en la obra del maestro algo más sobre lo cual no se ha insisti-
do lo suficiente, y que, si no es de la importancia trascendental de las
disciplinas paleontológicas y antropológicas, constituye un timbre de
gloria no menos verdadero ni menos merecido. Me refiero a la pro-
ducción de carácter arqueológico del ilustre sabio cuya desaparición
prematura lamentamos, por cuanto ella significa una pérdida nacional
para nuestra ciencia, una desgracia irreparable y un vacío que difícil-
mente podrá llenarse.
Ameghino empezó su vida científica como arqueólogo: es decir, es-
tudiando los restos de la industria humana prehistórica en sus relacio-
nes con la fauna pampeana extinguida. Su primer trabajo, en 1875,
así lo demuestra. Posteriormente, la enorme serie de sus obras, folle-
tos, artículos, notas y comentarios parecen indicar un desvío de la orien-
tación en que se había iniciado. Pero tal desvío no es más que aparen-
te, puesto que, en-total, los trabajos de Ameghino forman un conjunto
homogéneo, uniforme, perfectamente relacionado, tendiente a un úni-
co fin, sospechado genialmente primero y comprobado después en to-
dos sus detalles. Casi puede afirmarse que la geología, la paleontolo-
gía y la antropología no han sido para él más que ciencias auxiliares,
coadyuvantes en la demostración de sus especulaciones de orden ar-
queológico.|
Tanto en la arqueología prehistórica, como en la propiamente dicha,
Ameghino puede ser considerado como un iniciador en esta clase de
estudios entre nosotros. En casi todos sus trabajos, a veces de paso, a
veces extensamente, se encuentran esparcidos los chispazos de su ge-
nialidad entregada por entero al descubrimiento de la verdad que se
oculta en los espesos sedimentos de la tierra y a encontrar las huellas
del ser humano de las pasadas edades geológicas. Y, precisamente, por
ser tan vasta la labor del sabio, tan compleja, tan llena de detalles y
correlaciones, tan genial y tan discutida en ocasiones, resulta tarea
“abrumadora abordar la síntesis de inducciones formalizadas en más de
treinta años de trabajo no siempre coronado con la gratitud que me-
recia.
Ameghino consideraba la ciencias que cultivó como un conjunto in-
pensables para la determinación de la época de las distintas formaciones
y las conexiones geográficas de las tierras y de los mares de las pasa-
das épocas». La antropología, por su parte, no se concibe inseparable
de ambas sobre todo en lo que al hombre y sus precursores se refiere.
Y, por fin, quien piensa en antropología piensa tácitamente en arqueo-
logía pues ésta es un simple desprendimiento de aquélla. Se entiende
que así, en líneas generales, la afinidad de estas ciencias sea estre-
chísima; cada una de ellas, con el acumulamiento de observaciones,
con los resultados indiscutibles como corolario de sus especulaciones,
puede ser considerada como dotada de relativa independencia. Para
Ameghino fueron siempre ciencias inseparables, tan inseparables que
cualquiera de ellas implicaba a las demás. |
Naturalmente que por cualquiera de estas ciencias y por todas a la
vez Ameghino tuvo que caer fatalmente en el problema del hombre
americano, problema que constituye la genial finalidad de sus estudios.
El precursor del hombre más antiguo, hasta ahora conocido, es, según
Ameghino, el Tetraprothomo, cuyos restos óseos y vestigios de- la in-
dustria que poseyó fueron descubiertos en Monte Hermoso, en capas
“geológicas correspondientes al período mioceno. Los restos de indus-
trias de un ser inteligente consisten: en huesos con evidentes señales
de choques o partidos longitudinalmente, bastante parecidos a los que
suelen descubrirse en los paraderos modernos, tan abundantes en toda
la región patagónica y aun en la cuenca del Rio de la Plata; guijarros
y pedernales trabajados con caracteres de talla tosca, pero intencional
y grandes fragmentos de tierra cocida que han hecho suponer que se
trata de restos de verdaderos fogones o incendios. provocados en las:
cortaderas y marañas de aquel lejano horizonte geológico. A veces, eni-
butidos en las mismas escorias y tierras cocidas se han encontrado frag-
mentos de esqueletos de paquirrucos, esos pequeños animalitos tímidos,
astutos, pobladores de cuevas entre los espesos pajonales y persegui-
dos tenazmente por el remoto precursor del hombre. :
Correspondiente a este mismo horizonte y a este mismo yacimiento —
paleolítico, descansando sobre capas de arenas y areniscas que consti-
tuyen el piso pulchense, Ameghino descubrió los restos de una anti-
quísima industria lítica que llamó «industria de la piedra quebrada» y
que, según sus observaciones y estudios, representa la faz más primiti-
va de los trabajos ejecutados en piedra por el hombre o sus precur-
sores.
El geólogo belga Rutot ha sostenido evidentemente que el hombre
antes de comenzar a tallar la piedra se sirvió para sus usos de guijarros
apropiados y seleccionados. Cuando no fueron aptos para los fines a
que fueron destinados eran arrojados, pero conservaron en su superfi-
cie rastros visibles, desgastes o gólpes que denuncian el empleo que
tuvieron. Estas piedras han recibido el nombre de eolitos y han sido
descubiertas en el cuaternario inferior de Europa y últimamente en
Egipto debido a los trabajos de Schweinfurth. Sergi sostiene que
la industria del cuaternario debe comenzar con el estudio de los eolitos
y no de las piedras talladas que representan una época más avanzada
o sea la paleolítica. |
Como los descubrimientos de Ameghino, las «piedras quebradas» de
Monte Hermoso fueran puestas en duda, el sabio no vaciló en dar las
explicaciones necesarias para ventilar este asunto, para lo cual presen-
tó una breve pero interesante Memoria al Congreso Científico Inter-
nacional Americano de 1910 donde defendió con calor su doctrina y su
profunda convicción. Se declaró en dicho trabajo, con valentía, «único
responsable de la interpretación» que data a los restos de la industria
de la «piedra quebrada» descubiertos en Monte Hermoso y sin vincu-
laciones con la industria eolítica. Cuando sea preciso entre nosotros —
trazar el cuadro de la marcha que ha seguido la industria de la piedra
en América, será necesario dar comienzo con este precioso hallazgo, —
sin precedentes en la historia del hombre, inconfundible, único.
Otro descubrimiento destinado a marcar época en los estudios de
nuestra arqueología preshistórica ha sido el de la «piedra hendida»,
ocurrido en 1908 en las inmediaciones de Mar del Plata. La industria
de la «piedra hendida» «procede del pampeano inferior y de la parte
media del ensenadense, de las cavernas eolo-marinas correspondientes
a la transgresión marina interensenadense».
Según Ameghino, ésta ha sido una de las manifestaciones industria-
les del Homo pampeus que en aquella época habitaba sobre las orillas
del mar.
Como ocurre con las industrias primitivas, el hombre no ha hecho más
que utilizar, aprovechar el material más fácilmente a su alcance y en
este caso lo fueron los cantos rodados de las inmediaciones. La caracte-
rística de esta industria es que la piedra aparece hendida, en general,
en uno de sus lados, indicando así. un nuevo procedimiento de técnica
en la confección del instrumento y una etapa más avanzada en la evo-
lución de la industria de la piedra. :
Otros vestigios industriales del hombre o su precursor de la época
del eoceno superior de la Patagonia y del oligoceno superior o mioceno,
el más inferior de la formación entrerriana, han sido’ estudiados en
toda su amplitud, por Ameghino en dos curiosas Memorias leídas en
1910 ante el Congreso Científico Internacional Americano.
‘En el primer caso se trata de un fragmento de mandíbula derecha
de un Proterotherium encontrada por don Carlos Ameghino en la for-
mación santacruceña de Monte Observación, localidad donde se han
hallado restos de Anthropops. Esta mandíbula presenta incisiones trans-
versales cuyo estudio practicado por Ameghino, lo ha llevado a sen-
tar la conclusión que se trata de un vestigio industrial «de un precur-
sor humano sumamente alejado del hombre actual tanto en el tiempo
como en su conformación». Dentro de la misma formación geológica,
debajo de las capas subaéreas, en la ribera norte del Río Gallegos se
han descubierto masas de tierra cocida que presentan idéntico aspecto
al de los fogones fósiles de la formación pampeana. Ameghino cree
que son vestigios industriales de un ser que conocia el fuego, hacía
uso de él y probablemente trabajó la piedra y el hueso en la forma
rudimentaria y tosca que dejamos consignada.
En el segundo caso se trata de una muela de Toxodontherium pro-
cedente de depósitos terciarios del Paraná. De su estudio prolijo, Ame-
ghino constató que las incisiones que presenta la muela son de origen
intencional, hecho que no puede negarse, aunque se ignore con qué
fin fué ejecutado aquel trabajo. |
En el cuadro cronológico de las industrias aras predominaba
hasta hace poco la clasificación de Mortillet; pero las investigaciones
de Hoernes en sus tentativas de hacerla extensiva en la región de Aus-
tria Hungría y los trabajos de Rutot, han aportado tal cúmulo .«de cono-
cimientos nuevos y nuevas generalizaciones, que hoy la clasificación de
este autor es la más aceptada. La industria eolítica aparece en Europa,
en Thenay (Francia) en el oligoceno superior, y se prolonga, con des--
arrollos más o menos locales, hasta el plioceno superior ya próximo a
la primera época glacial del cuaternario donde se insinúa la industria
reuteleana. Los descubrimientos de Ameghino modificarían totalmente
esta clásica clasificación de las industrias, pues desde el terciario en-
contramos en la Patagonia vestigios del trabajo del hombre o de su
precursor, denotando ello una más remota antigüedad del hombre en
América y de su industria, por lo tanto.
Pasando a los tiempos relativamente cercanos a nosotros y ‘dejande
de lado la evolucién de los seres humanos en las distintas edades
geológicas, así como sus migraciones al través.de tierras que emergie-
ron en épocas lejanas, como fué Arquelenis, por las cuales el precur-
sor del hombre pasó de América a los otros continentes, acercándonos
a los tiempos de nuestra protohistoria, tendremos, en su estudio, que
considerar la personalidad de Ameghino, quien en su obra colosal no
dejó de tratar estos problemas cuyas soluciones son hoy la preocupa-
ción de los arqueólogos.
Y no menos fecunda y grande es la labor del sabio en esta serie de
investigaciones, teniendo además en su favor el alto mérito de haber
dado en una obra de carácter general todas las noticias referentes a res-
tos arqueológicos descubiertos en la República Argentina hasta el
ano 18890.
La antigiiedad del hombre en el Plata, es una de las obras funda-
mentales de Ameghino. Están expuestas en ella sus teorías sobre el
poblamiento de América y discutidas en toda su amplitud las distintas
hipótesis emitidas desde los escritores paganos hasta los que siguen
la tradición bíblica. Con el ardor, la convicción y la vehemente argu-
mentación que caracterizaba al sabio, sostiene sus teorías sobre el
hombre autóctono americano y pasa en revista la obra de los viajeros
anteriores a Colón, la de los geógrafos y cosmógrafos anteriores al
descubrimiento de América.
El cuadro de las civilizaciones americanas, el desarrollo de las cui-
turas, la acción robusta del hombre dominando la naturaleza en sus
distintas manifestaciones, los restos desarticulados de ruinas ciclópeas
que delatan el florecimiento de civilizaciones ya extinguidas, llevaron
a Ameghino a sentar conclusiones, buscando las distintas pruebas para
demostrar la autonomía de ciertas civilizaciones americanas, su área
de influencia y sus probables desarrollos. A su criterio nada escapó;
ninguna cuestión pasó por alto; no omitió detalles; y de comparación
en comparación, de inducción en inducción y- llenando con geniales
intuiciones los claros abiertos en sus investigaciones, sentó la teoría
de la marcha de la civilización prehistórica, ay ando desde la Patagonia .
al norte del continente.
Por el tamiz de su crítica, formidable por lo severa, pasaron todas
las cuestiones de nuestra arqueología desde el problema étnico hasta
el linguístico, desde las más remotas manifestaciones industriales del
hombre hasta las recientes migraciones, desde las religiones, ritos y usos
de sus pueblos hasta el estudio del carácter de las razas.
Imposible es seguir la obra del sabio encerrándose en el estrecho
imite de un artículo, pues fatalmente se cae en la escueta rigidez de
un sumario. El estudio de Ameghino en lo que a arqueología se refie-
re, es de por sí vasto y puede sintetizarse afirmando que su importancia
no es menor que como paleontólogo, geólogo y antropólogo.
A los discípulos actuales y a los venideros con más razón tocará
realizar la magna tarea del examen completo de la obra científica, vas-
ta y sin igual entre nosotros del sabio, del maestro y del amigo cuya
desaparición cierra un paréntesis en el mundo de la ciencia.
Ilustración: Cándido Portinari

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