Porque el primero en partir
funda la casa
de la infancia
y uno a uno
la vuelven a habitar:
las tías, los abuelos,
el oro de la madre,
el rojo sangre del padre,
los hermanos.
Y cuando parte el hombre
amado,
llega a su propia
casa de la infancia,
y se abraza a los suyos
a ese espacio donde
soñó/besó/vibró
pudo llorar.
Por eso, con paciencia,
ella espera que la mano del amor
tome la suya cuando
suene la hora de partir.
Para esa cita se prepara
se prueba flores
estrellas
en el pelo
ensaya el esplendor
de la hermosura.
Ilustración: Jacob Collins

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