lunes, 10 de agosto de 2026

Sobre la muerte de Ameghino VIII (Agustín Péndola)







En representación de mi señor padre y demás empleados del Mu- 

seo Nacional de Buenos Aires, y conmovido por mis propios senti- 

mientos, deshojo las aromáticas, aunque humildes flores de nuestro 

dolor, ante los restos mortales del doctor Florentino Ameghino. 


Todos veíamos en nuestro ilustre Director un ser extraordinario, 


ya comprendiendo y admirando al sabio grande y genial, ya haciendo 

objeto del más respetuoso cariño al hombre sencillo, magnánimo y 

justo.

Testigos fuimos, llenos de asombro y pasmo, de su gloriosa labor 

científica, durante casi una década, luchador sin tregua, ajeno a toda 

fatiga, eterno perseguidor de un ideal noblemente desinteresado, en 

perpetuo olvido de sí mismo. Y en ese constante batallar, origen de 

su grandeza y su victoria, se originó también el mal traidor que fué 

causa de su desaparición prematura, motivo de tristeza y luto para 

cuantos le quisimos y admiramos, y para la Patria, y para la Ciencia. 


Nosotros, sus modestos colaboradores del Museo, encontramos, en su 

labor constante y magnífica, una enseñanza inolvidable y un ejemplo 

imperecedero; ejemplo y enseñanza que nos alentarán en el futuro 

La sombra venerada del que fué nuestro ilustre Director se alzará siem- 

pre en las salas del Museo, recordándonos que no hay satisfacción 

que iguale a la que produce el sentimiento de una labor realizada, den- 

tro de la propia esfera, con invencible constancia y noble altura. Y así 

en esta hora solemne, deudores llenos de gratitud ante esa alma gran: 

de que iluminó las nuestras con sus virtudes, al par del homenaje sen- 

sible de estas sencillas palabras, depositamos en la última morada del 

doctor Ameghino, dándole envuelto en lágrimas el adiós eterno, todas 

las flores de nuestras almas conmovidas. 




Ilustración: Georges Rochegrosse



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