lunes, 3 de agosto de 2026

Ameghino como antropólogo (Roberto Lehman Nitsche)

 







Extracto de la conferencia pronunciada por su 

Autor, doctor Roberto Lehmann-Nitsche, en ho- 

menaje del malogrado sabio, en la Facultad de 

Filosofía y Letras de Buenos Aires, el día 16 de 

Agosto de 1912. 


La muerte se ha llevado al gran sabio argentino, al sabio universal, 

doctor Florentino Ameghino; y cediendo gustoso al deseo manifestado 

por un grupo de alumnos, dedico la conferencia de hoy a esta tarea, 

grata e ingrata a un mismo tiempo. Ingrata, porque ella no será completa 

ya que no me es posible seguir a este infatigable investigador en sus 



trabajos de paleontólogo; grata, porque yo mismo he dedicado los me- 

jores años de mi vida a un problema halagador: el hombre fósil argen- 

tino, problema con que el doctor Ameghino empezó y terminó su vida 

de estudioso y sabio eminente. Más de veinticinco años fueron llenados 

con sus trabajos paleontológicos y las relaciones de esta rama de las 

ciencias con la paleoantropología argentina habían de culminar aque- 

lla fecunda existencia. 


Cuando Ameghino comenzó sus investigaciones no estaba aún com- 

probada la contemporaneidad del hombre con los grandes mamíferos 



*extinguidos de la formación pampeana; y la misma resistencia que en 



Europa encontró la idea del Homo diluvii testis debió ser grave obstáculo 

para el joven que empezaba a ocuparse de este problema en la Ar- 

gentina. 


En 1865, Burmeister al terminar unas consideraciones sobre las ex- 

ploraciones que había realizado Lund en las cavernas del Brasil, obser- 



vó que hasta aquella fecha no existía el más mínimo indicio del hombre 



fósil en el suelo argentino. 

Más tarde, huesos humanos descubiertos por Séguin en la orilla del 

río Carcarañá, llamaron la atención del mundo científico. Burmeister 

no los pudo ver y reservó su opinión. Esos huesos pasaron enseguida al 

Museo de Historia Natural de París, y Gervais trató de describirlos atún 

cuando no arribó a conclusión alguna debido al mal estado de conser- 

vación en que ellos se encontraban. 



En 1871, finalmente, cerca de Lujän fué descubierta en presencia del 

señor Ramorino, la coraza de un Glyptodonte y con ella una Pis de 

flecha de silex, pieza ésta que más tarde se extravió.. 


Desde 1869, Ameghino empieza sus investigaciones en busca de fó- 

siles, en las cuales llegó a la comprobación de la existencia del hombre  

en la formación pampeana. Un año después encontró él personalmente 

los restos de un esqueleto humano en la orilla del arroyo Frías. Le ayu- 

daba en esas tareas su hermano Juan, quien en 1874 halló cerca de Lujan  

los primeros restos de una masa que fué considerada como tierra calci- — 

nada. Lleno de esperanzas con los resultados obtenidos, Ameghino visitó 

a Burmeister, creyendo interesarlo con el descubrimiento; pero éste fué — 

indiferente a las revelaciones de ese joven y genial sabio. 4 


Entonces, en compañía de Eguia y Larroque, continuó sus explora- 

ciones juntando objetos que le probaron la existencia del hombre de los — 

tiempos primitivos en este suelo. En presencia de Ramorino, quien acom- 

pañaba a Ameghino, fueron extraídos de un paraje cercano a Mercedes 4 

fragmentos de tierra cocida, carbón, restos de huesos humanos y otros © 

objetos. | 


Francisco P. Moreno, que acababa de publicar una Memoria sobre las 

antigiiedades indígenas de la época anterior a la conquista, se mostró 

escéptico respecto a la existencia del hombre fósil en este país, al pare 

cer comprobado por Séguin. Sin embargo, en 1875 los hermanos Bretón — 

hallaban en Luján, al lado de un cráneo de un Toxodonte, un silex ta 

llado. El mismo año y en la Sociedad Científica Argentina, Ameghino. 

organizó una exposición de todas sus colecciones que tendían a compro- 

bar la existencia del hombre pampeano, a saber: huesos humanos, silex. 

y huesos trabajados, huesos rayados y partidos logitudinalmente, huesos.  

con incisiones, fragmentos de tierra calcinada, etc., encontrado todo en 

el mismo sitio del hallazgo con restos de animales ya extinguidos. El 

éxito de esa exposición le alentó para proseguir sus investigaciones, y 

en dos obras de carácter geológico y paleontológico que publicó luego, 

hizo alusión a la contemporaneidad del hombre y de los animales paris 

peanos que ya no existen. 74 


Ante estas demostraciones, el escepticismo de Moreno declinó un tan- 

to; pero Burmeister conservaba siempre su Aupa de resistencia a las 

nuevas teorías. 


Mientras Ameghino continuaba sus vas bajo los auspicios de 1 

Sociedad Científica Argentina, se dirigió a Gervais en París, informán- 

dole detalladamente de sus descubrimientos. 


En Junio de 1876 una comisión especial fué a Luján con la misión de à 

examinar un nuevo hallazgo de los hermanos Bretôn, quienes afirmaba n 

haber encontrado una flecha de calcedonia, bien trabajada e incrustada 

en la mandíbula del tigre fósil Machaerodus; desgraciadamente la co- 

misión no pudo comprobar nada de lo denunciado. 

Posiblemente fué esta la causa determinante por la cual la Sociedad 

Cientifica retiré su apoyo moral al doctor Ameghino, lo que no obsté 

para que el sabio siguiera sin desfallecimientos sus trabajos hasta que 

en 1878 resolvió trasladarse a Europa para hacer conocer sus coleccio- 

nes en la Exposición Universal de París. En el pabellón argentino orga- 

nizó su material y lo describió en el catálogo. Más tarde, ante el Con- 

greso Antropológico Internacional, presentó el perfil geológico de Frías 

y ante el Congreso de los Americanistas de Bruselas trató de la edad 

geológica de sus hallazgos, que consideró de la época terciaria. 


Su estadía en París le dió tiempo para escribir y publicar en 1881 

su primera gran obra: La antigüedad del hombre en el Plata, obra que 

marca el más avanzado jalón para la paleoantropología argentina. Su 

primer tomo trata de los indígenas americanos, su edad y origen y de las 

épocas neolíticas y mesolíticas de Buenos Aires, Entre Ríos, Uruguay, 

Patagonia y del noroeste argentino. El segundo tomo se ocupa de la for- 



mación pampeana bajo el punto de vista geológico y del hombre que le 

pertenecía. Esta última parte tiene un interés especial para nosotros. En 

gran número de láminas aparecen dibujados, pieza por pieza, los com- 



probantes de la existencia del hombre fósil, tales como huesos tallados 

y raspados, huesos con golpes, huesos partidos y calcinados, pedazos 



de carbón vegetal, fragmentos de tierra cocida, huesos con incisiones, 



utensilios de huesos y piedra, restos de pages humanos y otros objetos 



aislados. 

Después de esa su obra monumental, Ameghino se dedicó con prefe- 



rencia a estudios paleontológicos. Entre las de carácter antropológico 



hay que mencionar sus nuevas investigaciones en terrenos próximos a 

Luján y a Córdoba y los descubrimientos de «tierra cocida» que él con- 

sideró restos de antiguos fogones. 


De una edad geológicamente más lejana son sus exploraciones en Mon- 

te Hermoso, donde encontró piedras toscamente talladas, huesos calci- 

nados, tierras cocidas y en parte escorificadas. Esto último no pertenece 

según él al hombre, sino a un precursor humano. 


La labor antropológica de Ameghino quedó suspendida y desde en- 



tonces dedicó todo su tiempo a estudios paleontológicos, hasta que la pu- 



blicacién de una serie de trabajos hechos por varios especialistas, a 



nuestra iniciativa y por nosotros mismos, volvió a poner la paleoantro- 



pología argentina en el tapete de las discusiones científicas. 



Las Nouvelles recherches sur la formation pampéenne et l’homme 



fossile de la République Argentine publicadas en la «Revista del. Museo 



de La Plata» en 1906, dió motivo para que, entre otros, Ameghino vol- 


viera a ocuparse de sus antiguos estudios. Tres puntos desarrolló con in- 



terés en una larga serie de publicaciones. 

1° El problema de la tierra cocida. Según él se trata de restos de an- 

tiguos fogones, y su presencia comprueba la existencia del hombre o de 

su precursor en los tiempos terciarios de Monte Hermoso. Aunque el - 

examen microscópico de esas tierras, hecho por el profesor Bücking en 

Strasburgo, comprobó que una parte de ellas se componía de transfor- 

maciones naturales del limo pampeano, se debe a Ameghino y a la tenaz | 

defensa de su primitiva idea la solución de este problema. à 


2° El problema de los precursores humanos fué encarado de acuerdo 

con sus predilecciones paleontológicas llevándolo a considerar las dife.  

rencias entre los restos humanos provenientes de la formación pampea- 

na, como de un valor especial; aunque los antropólogos no le acompaña-  

ron en la determinación de su Diprothomo, ni en la del Homo caputin- 

clinatus, ni del Homo sinemento, ni del Homo cubensis, etc., etc., todos 

reconocen unánimes el enorme concurso que ha prestado a la ciencia 

con la publicación de estos tipos humanos tan interesantes y variados. 


3° El problema de los éolitos, tratado en Europa con tanto empeño, 

se reflejó también en la mente de Ameghino. Son admirables sus ha-  

llazgos de una antigua industria lítica a orillas de Necochea y Miramar 

y quienes hemos tenido la suerte de examinar personalmente aquel cam- 

po de exploración, hemos quedado admirados de la perspicacia con 

que ha sabido arrancar a la piedra tallada sus secretos. 


Si Ameghino ha muerto, su obra de sabio vivirá permanentemente 

como un monumento argentino donde ha de tener inspiración la ciencia 

universal. Esta ha sufrido una pérdida irreparable, pues teníamos dere- 

cho a esperar todavía mucho nuevo de aquel cerebro infatigable puesto 

al servicio de una voluntad que nunca desmayó, ni ante los grandes obs-  

táculos que pusieron en su camino.




Ilustración: Adolf Fassbender




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