Extracto de la conferencia pronunciada por su
Autor, doctor Roberto Lehmann-Nitsche, en ho-
menaje del malogrado sabio, en la Facultad de
Filosofía y Letras de Buenos Aires, el día 16 de
Agosto de 1912.
La muerte se ha llevado al gran sabio argentino, al sabio universal,
doctor Florentino Ameghino; y cediendo gustoso al deseo manifestado
por un grupo de alumnos, dedico la conferencia de hoy a esta tarea,
grata e ingrata a un mismo tiempo. Ingrata, porque ella no será completa
ya que no me es posible seguir a este infatigable investigador en sus
trabajos de paleontólogo; grata, porque yo mismo he dedicado los me-
jores años de mi vida a un problema halagador: el hombre fósil argen-
tino, problema con que el doctor Ameghino empezó y terminó su vida
de estudioso y sabio eminente. Más de veinticinco años fueron llenados
con sus trabajos paleontológicos y las relaciones de esta rama de las
ciencias con la paleoantropología argentina habían de culminar aque-
lla fecunda existencia.
Cuando Ameghino comenzó sus investigaciones no estaba aún com-
probada la contemporaneidad del hombre con los grandes mamíferos
*extinguidos de la formación pampeana; y la misma resistencia que en
Europa encontró la idea del Homo diluvii testis debió ser grave obstáculo
para el joven que empezaba a ocuparse de este problema en la Ar-
gentina.
En 1865, Burmeister al terminar unas consideraciones sobre las ex-
ploraciones que había realizado Lund en las cavernas del Brasil, obser-
vó que hasta aquella fecha no existía el más mínimo indicio del hombre
fósil en el suelo argentino.
Más tarde, huesos humanos descubiertos por Séguin en la orilla del
río Carcarañá, llamaron la atención del mundo científico. Burmeister
no los pudo ver y reservó su opinión. Esos huesos pasaron enseguida al
Museo de Historia Natural de París, y Gervais trató de describirlos atún
cuando no arribó a conclusión alguna debido al mal estado de conser-
vación en que ellos se encontraban.
En 1871, finalmente, cerca de Lujän fué descubierta en presencia del
señor Ramorino, la coraza de un Glyptodonte y con ella una Pis de
flecha de silex, pieza ésta que más tarde se extravió..
Desde 1869, Ameghino empieza sus investigaciones en busca de fó-
siles, en las cuales llegó a la comprobación de la existencia del hombre
en la formación pampeana. Un año después encontró él personalmente
los restos de un esqueleto humano en la orilla del arroyo Frías. Le ayu-
daba en esas tareas su hermano Juan, quien en 1874 halló cerca de Lujan
los primeros restos de una masa que fué considerada como tierra calci- —
nada. Lleno de esperanzas con los resultados obtenidos, Ameghino visitó
a Burmeister, creyendo interesarlo con el descubrimiento; pero éste fué —
indiferente a las revelaciones de ese joven y genial sabio. 4
Entonces, en compañía de Eguia y Larroque, continuó sus explora-
ciones juntando objetos que le probaron la existencia del hombre de los —
tiempos primitivos en este suelo. En presencia de Ramorino, quien acom-
pañaba a Ameghino, fueron extraídos de un paraje cercano a Mercedes 4
fragmentos de tierra cocida, carbón, restos de huesos humanos y otros ©
objetos. |
Francisco P. Moreno, que acababa de publicar una Memoria sobre las
antigiiedades indígenas de la época anterior a la conquista, se mostró
escéptico respecto a la existencia del hombre fósil en este país, al pare
cer comprobado por Séguin. Sin embargo, en 1875 los hermanos Bretón —
hallaban en Luján, al lado de un cráneo de un Toxodonte, un silex ta
llado. El mismo año y en la Sociedad Científica Argentina, Ameghino.
organizó una exposición de todas sus colecciones que tendían a compro-
bar la existencia del hombre pampeano, a saber: huesos humanos, silex.
y huesos trabajados, huesos rayados y partidos logitudinalmente, huesos.
con incisiones, fragmentos de tierra calcinada, etc., encontrado todo en
el mismo sitio del hallazgo con restos de animales ya extinguidos. El
éxito de esa exposición le alentó para proseguir sus investigaciones, y
en dos obras de carácter geológico y paleontológico que publicó luego,
hizo alusión a la contemporaneidad del hombre y de los animales paris
peanos que ya no existen. 74
Ante estas demostraciones, el escepticismo de Moreno declinó un tan-
to; pero Burmeister conservaba siempre su Aupa de resistencia a las
nuevas teorías.
Mientras Ameghino continuaba sus vas bajo los auspicios de 1
Sociedad Científica Argentina, se dirigió a Gervais en París, informán-
dole detalladamente de sus descubrimientos.
En Junio de 1876 una comisión especial fué a Luján con la misión de à
examinar un nuevo hallazgo de los hermanos Bretôn, quienes afirmaba n
haber encontrado una flecha de calcedonia, bien trabajada e incrustada
en la mandíbula del tigre fósil Machaerodus; desgraciadamente la co-
misión no pudo comprobar nada de lo denunciado.
Posiblemente fué esta la causa determinante por la cual la Sociedad
Cientifica retiré su apoyo moral al doctor Ameghino, lo que no obsté
para que el sabio siguiera sin desfallecimientos sus trabajos hasta que
en 1878 resolvió trasladarse a Europa para hacer conocer sus coleccio-
nes en la Exposición Universal de París. En el pabellón argentino orga-
nizó su material y lo describió en el catálogo. Más tarde, ante el Con-
greso Antropológico Internacional, presentó el perfil geológico de Frías
y ante el Congreso de los Americanistas de Bruselas trató de la edad
geológica de sus hallazgos, que consideró de la época terciaria.
Su estadía en París le dió tiempo para escribir y publicar en 1881
su primera gran obra: La antigüedad del hombre en el Plata, obra que
marca el más avanzado jalón para la paleoantropología argentina. Su
primer tomo trata de los indígenas americanos, su edad y origen y de las
épocas neolíticas y mesolíticas de Buenos Aires, Entre Ríos, Uruguay,
Patagonia y del noroeste argentino. El segundo tomo se ocupa de la for-
mación pampeana bajo el punto de vista geológico y del hombre que le
pertenecía. Esta última parte tiene un interés especial para nosotros. En
gran número de láminas aparecen dibujados, pieza por pieza, los com-
probantes de la existencia del hombre fósil, tales como huesos tallados
y raspados, huesos con golpes, huesos partidos y calcinados, pedazos
de carbón vegetal, fragmentos de tierra cocida, huesos con incisiones,
utensilios de huesos y piedra, restos de pages humanos y otros objetos
aislados.
Después de esa su obra monumental, Ameghino se dedicó con prefe-
rencia a estudios paleontológicos. Entre las de carácter antropológico
hay que mencionar sus nuevas investigaciones en terrenos próximos a
Luján y a Córdoba y los descubrimientos de «tierra cocida» que él con-
sideró restos de antiguos fogones.
De una edad geológicamente más lejana son sus exploraciones en Mon-
te Hermoso, donde encontró piedras toscamente talladas, huesos calci-
nados, tierras cocidas y en parte escorificadas. Esto último no pertenece
según él al hombre, sino a un precursor humano.
La labor antropológica de Ameghino quedó suspendida y desde en-
tonces dedicó todo su tiempo a estudios paleontológicos, hasta que la pu-
blicacién de una serie de trabajos hechos por varios especialistas, a
nuestra iniciativa y por nosotros mismos, volvió a poner la paleoantro-
pología argentina en el tapete de las discusiones científicas.
Las Nouvelles recherches sur la formation pampéenne et l’homme
fossile de la République Argentine publicadas en la «Revista del. Museo
de La Plata» en 1906, dió motivo para que, entre otros, Ameghino vol-
viera a ocuparse de sus antiguos estudios. Tres puntos desarrolló con in-
terés en una larga serie de publicaciones.
1° El problema de la tierra cocida. Según él se trata de restos de an-
tiguos fogones, y su presencia comprueba la existencia del hombre o de
su precursor en los tiempos terciarios de Monte Hermoso. Aunque el -
examen microscópico de esas tierras, hecho por el profesor Bücking en
Strasburgo, comprobó que una parte de ellas se componía de transfor-
maciones naturales del limo pampeano, se debe a Ameghino y a la tenaz |
defensa de su primitiva idea la solución de este problema. à
2° El problema de los precursores humanos fué encarado de acuerdo
con sus predilecciones paleontológicas llevándolo a considerar las dife.
rencias entre los restos humanos provenientes de la formación pampea-
na, como de un valor especial; aunque los antropólogos no le acompaña-
ron en la determinación de su Diprothomo, ni en la del Homo caputin-
clinatus, ni del Homo sinemento, ni del Homo cubensis, etc., etc., todos
reconocen unánimes el enorme concurso que ha prestado a la ciencia
con la publicación de estos tipos humanos tan interesantes y variados.
3° El problema de los éolitos, tratado en Europa con tanto empeño,
se reflejó también en la mente de Ameghino. Son admirables sus ha-
llazgos de una antigua industria lítica a orillas de Necochea y Miramar
y quienes hemos tenido la suerte de examinar personalmente aquel cam-
po de exploración, hemos quedado admirados de la perspicacia con
que ha sabido arrancar a la piedra tallada sus secretos.
Si Ameghino ha muerto, su obra de sabio vivirá permanentemente
como un monumento argentino donde ha de tener inspiración la ciencia
universal. Esta ha sufrido una pérdida irreparable, pues teníamos dere-
cho a esperar todavía mucho nuevo de aquel cerebro infatigable puesto
al servicio de una voluntad que nunca desmayó, ni ante los grandes obs-
táculos que pusieron en su camino.
Ilustración: Adolf Fassbender

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