En la sesión que la Cámara de Diputados de la Nación celebró el
día 23 de Agosto de 1911, fué presentado por el doctor Francisco P.
Moreno, el siguiente proyecto de ley:
Das fundamentos de este proyecto fueron expuestos por su autor
en la forma siguiente:
Señor Presidente: La Cámara tiene a despacho un proyecto de ley
enviado por el Poder Ejecutivo, en el que se propone la erección de.
un monumento en el Museo Nacional a la memoria de su último ilus-
tre Director, el sabio doctor Florentino Ameghino.
El doctor Ameghino, con constancia ejemplar, reunió durante cua-
renta años enorme caudal de conocimientos y de objetos sobre el pa-
sado de este extremo de América. Sus observaciones de la evolución
biológica, a través de los tiempos geológicos, de las modificaciones de
los suelos en que tuvo lugar, de la presencia del hombre en éstos y
“de las manifestaciones de su vida precolombina, las expuso en cente-
nares de publicaciones, algunas de gran volumen, sobre las que se han
emitido muchos juicios y opiniones, habiéndose aceptado unas, discu-
tido otras y rechazádose algunas de las ideas sustentadas en ellas
Tanta labor, para ser juzgada con seguridad de criterio, requerirá
el estudio detenido de esos trabajos científicos y será indispensable
el conocimiento de los datos y objetos que le sirvieron para fundarlos,
y para fijar el justo mérito del sabio, cuya muerte se ha producido
cuando iba a dar forma definitiva a tanto como produjo su cerebro
privilegiado. Ese estudio será el que determinará, a la vez que el valor
de su obra colosal, todo su merecimiento de la gratitud nacional, ma-
terializada en el mármol o en el bronce proyectado.
Pero, lo que no debe demorarse un momento, es la adquisición por
el Estado de todo cuanto sirvió a esa noble actividad, para aumentar
los conocimientos humanos en las ramas que cultivara con tanto amor
y talento: sus colecciones privadas, su biblioteca y sus manuscritos.
Contentarnos con su monumento y consentir que se extraigan del pais
esas colecciones, sería causar serios perjuicios a la Nación.
Deseamos los argentinos que esta Capital sea la gran Capital del
hemisferio sur, en todo cuanto abarque la actividad humana; y uno de
los factores necesarios para conseguirlo será el Museo Nacional.
Ningún país al sur del Ecuador está en mejores condiciones para
poseer un centro de estudios americanos que abarque el completo
conocimiento de esta América. Situación geográfica, clima, elementos
étnicos y sociales; facilidades de comunicación y de penetración, todo
le favorece; y estas condiciones son ya tan apreciadas, que los hom-
bres de todo el mundo que estudian la naturaleza con mayor éxito,
algunos de los cuales han visitado esta capital, extrañan que la Re-
pública Argentina no haya dado ya principio a crear una gran institu-
ción científica, que adaptando a sus caracteres físicos, económicos y
políticos de la.región, el plan seguido en los Estados Unidos por su
servicio geológico, su Institución Smithsoniana y su Museo Nacional de
Wáshington, facilite el conocimiento del dominio nacional a propios y
extraños y haga converger en Buenos Aires los elementos que faciit-
ten el de las otras naciones sudamericanas y su intercambio científico,
Y es propicio el momento para iniciar un movimiento activo en este
sentido. Dentro de cinco años celebraremos el centenario de la declaración
de nuestra Independencia Nacional; y si en 1910 nuestras Exposiciones
Internacionales y Nacionales han mostrado cuánto ha aumentado la Na-
ción en un siglo, y cuánto de la industria nacional y extranjera puede apro-
vechar la*Nación para su desarrollo, podríamos presentar en 1916, a
la observación de nativos y extranjeros, lo que casi no se tuvo presente
en 1910: el retrospecto de nuestro suelo y de nuestra historia a tra-
vés de los tiempos, el relieve de la tierra y las condiciones de las
aguas, las riquezas naturales en sus propios ambientes y en sus va-
riadas aplicaciones, todos los elementos de fuerza nacional, todo. cuan-
to revele la seguridad del porvenir argentino, el derecho de esta Na-
ción a ser considerada como una de las privilegiadas del globo, con
los deberes que este privilegio comporta. Los americanos del Norte
dicen que la nación más próspera de hoy es los Estados Unidos; nos-
otros podemos agregar, sin temor, que la nación más próspera del he-
misferio sur es la Argentina: y la demostración de esta verdad en
1916 sería el mejor homenaje a la gran fecha histórica. Para ese
centro de investigaciones, que tanto puede influir en nuestros des-
tinos, son indispensables las colecciones del doctor Ameghino, que
reunen cientos de miles de piezas geológicas, paleontológicas y an-
tropológicas, las que tendrán que ser examinadas por todo estudioso -
del pasado en esta América. |
En estas colecciones están representados casi la totalidad de todos
los mamíferos fósiles argentinos y todas las piezas sobre las que
el doctor Ameghino fundó su vasta nomenclatura paleontológica. Na-
- die que deba estudiar la organización de los seres desaparecidos, des-
de la más remota antigiiedad, del suelo austral americano, podrá hacer-
lo sin consultar esas. colecciones. Su biblioteca, en cuanto se refiere
a obras geográficas, geológicas y paleontológicas relacionadas con
esta parte de América, no tiene igual; y los manuscritos del doctor
Ameghino contienen toda la obra de su espíritu, el embrión y el
desarrollo de sus ideas y teorías, con sus modificaciones últimas,
hasta la víspera de su muerte, y entre ellos, me consta, hay algu-
nos inéditos que son producciones de aliento, cuya publicación agre-
gar más renombre al que ya corresponde a nuestro eminente com-
patriota.
Muchos años, mucha suerte y mucho dinero se necesitaría para re-
hacer. esas colecciones y biblioteca; pero si se consiguiera rehacerlas,
i los estudiosos argentinos lamentarian siempre que las piezas tipos del
doctor Ameghino no se encontraran al lado de las piezas tipos del
doctor Burmeister, en el Museo Nacional de Buenos Aires y se hubiera
cedido al extranjero e incorporado a las colecciones del Museo Nacio-
nal de Wáshington, al Museo de Historia Natural de Nueva York, al
Museo Británico, al Museo de Paris, al Museo Real de Berlín, o a
otros de andloga importancia.
A que tal cosa no suceda, a que las colecciones, libros y manus-
critos, la otra toda del doctor Ameghino quede en esta capital, en
el Museo Nacional, y sirva en éste a todos los estudiosos del mundo,
con lo que la gran Capital del Sur llenaría uno de sus fines y debe-
res, tiende el proyecto de ley que dejo fundado.
(Pasó el proyecto a la Comisión de Instrucción Pública).
Ilustración: Nikolaos Gyzis

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