El lamentado fallecimiento del doctor Florentino Ameghino dejó
vacante desde el mes de Agosto de 1911 la Dirección del Museo Nacio-
nal de Historia Natural, que tanto honrara el extinto con sus importantisimos trabajos científicos.
Mi primera preocupación al recibir en Europa el ofrecimiento, en
nombre del excelentísimo señor Presidente de la Nación, de este elevado
puesto, ilustrado por Burmeister, Berg y Ameghino, fué honrar la me-
moria de mi ilustre antecesor inmediato en las páginas de estos «Ana-
les», donde queda consignada la mayor parte de su labor científica de
los últimos años.
Admirador sincero, desde hace a Ee tiempo, de la personalidad
de Ameghino, no me encontraba sin embargo en condiciones de emitir
un Juicio autorizado sobre su obra (a pesar de haberla seguido siempre
con grande y patriótico interés) por no haber cultivado especialmente
las ramas científicas en que Ameghino ha desplegado su maravillosa y
fecunda actividad.
Por otra parte, mi alejamiento de la patria me hacía más difícil con-
Y sultar las fuentes necesarias para compilar siquiera una biografía y
bibliografía más o menos completas que no es posible redactar de me-
moria, por más atentamente que se haya seguido la obra de un investi-
gador.
Felizmente el doctor Juan B. Ambrosetti, Profesor de la Universidad
de Buenos Aires, quiso encargarse a mi pedido, de preparar el artículo
necrológico y la completa bibliografía del doctor Ameghino, que enca-
bezan el presente tomo de los «Anales».
Nadie se encuentra en mejores condiciones que el doctor Ambrosetti
para exponer en una vista sintética la obra colosal de Ameghino, de
quien fué durante largos años amigo y confidente y con quien ha cola-
borado en muchas cuestiones comunes a los campos de actividad de
ambos sabios argentinos.
El artículo que va a leerse resume con toda parcialidad y exacti-
tud la obra de mi ilustre predecesor, sencilla y brevemente presentada
con la ciencia y conciencia que caracterizan a las producciones todas del
doctor Ambrosetti.
Podemos, así, apreciar una vez más la evolución intelectual de Ame-
ghino, de este prodigioso trabajador, aislado en nuestro raro ambiente
científico, en medio del cual se destaca como un ombú en esa pampa
argentina, a cuyo estudio dedicó gran parte de su vida laboriosa para
descifrar sus misterios geológicos y paleontológicos.
No sin emoción se siguen los progresos de este sabio solitario, for-
mado casi sin maestros por el estudio directo de la naturaleza, desde
que comenzó sus colecciones infantiles de fósiles en las barrancas de los
ríos pampeanos hasta alcanzar las más altas situaciones científicas en
nuestro país, conquistando al mismo nene la reputación universal que
ha adquirido hoy su nombre.
Al artículo necrológico y bibliográfico se agrega el Mensaje y Pro-
yecto de Ley del Poder Ejecutivo Nacional, autorizando la erección
de un monumento que deberá colocarse en el futuro Museo de Historia
Natural para perpetuar la memoria de su gran director Florentino Ame-
ghino y el proyecto presentado por el diputado nacional, doctor Fran-
cisco P. Moreno a la Cámara de la cual es miembro, autorizando la
adquisición con destino al Museo de las colecciones, biblioteca y manus-
critos del sabio.
No puede dudarse que ambos proyectos merecerán una favorable
acogida del Honorable Congreso y que serán dentro de poco con-
vertidos en leyes de la Nación.
El complemento necesario de estas leyes será la construcción de
un edificio adecuado para la nueva instalación del Museo Nacional,
requerido desde hace largos años por el creciente desarrollo de la
institución, que hace peligrar hoy día su existencia por la acumu-
lación de riquezas en su antiguo y estrecho local, donde ya no es
posible estudiarlas ni siquiera almacenarlas en forma conveniente.
En el futuro edificio, cuya construcción espero podrá comen-
zarse en breve segün el plan iniciado por el Excmo. señor Ministro
de Justicia e Instrucción Pública, doctor Juan M. Garro, podrán ex-
hibirse dignamente los tesoros de nuestro Museo, que harán de él
en época no muy lejana, uno de los más interesantes del mundo, y
habrá sitio para alojar las colecciones particulares de Ameghino a
la sombra de la estatua que perpetúe materialmente su memoria.
La instalación del Museo en un local adecuado ha sido la constan-
te preocupación de los directores Berg y Ameghino. Por mi parte,
aun descuidando toda obra científica personal, he de concentrar
especialmente mi esfuerzo en obtener la traslación del Museo a un
edificio digno de su importancia, de manera que sea posible con-
tinuar la investigación metódica de nuestras riquezas naturales y
realizar por fin los propósitos sociales de instrucción general que
corresponden a un Museo moderno, el cual constituirá en su con-
junto el mejor monumento que el país pueda elevar a las ciencias
naturales y a quienes en su cultivo se han inmortalizado.
Buenos Aires , Abril de 1912
Ilustración: Leon Hamonet

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