lunes, 27 de julio de 2026

Ameghino (Eduardo Holmberg)



 



De la obra descriptiva de Ameghino surge una tendencia esencialmente 

filosófica. Discípulo legítimo de Lamarck, Darwin y Haeckel, tomó de 

ellos todo lo mejor y más seguro; construyó un castillo del cual nadie 

podrá desalojarlo, aunque le derrumben algunas torres y almenas en el 

ataque, y su nombre vinculado a los de aquellos ilustres sabios, será re- 

petido en esa cumbre de los iguales, de Víctor Hugo, donde todos se 

miran con mirada horizontal. 


El tiempo hará su síntesis, porque es en extremo compleja, y los ele- 

mentos que la constituyen no son todavía del dominio público. Cuando 

los Piroterios, los Paquírucos y los Megainys sean tan conocidos como 

los Megaterios y Gliptodontes; cuando hábiles restauradores nos den 

las imágenes completas del Tetraprothomo y de los Homunculídeos; 



cuando una crítica sabia y severa elimine algunos de sus errores inevita- 



bles y propios del tanteo en las tinieblas, estableciendo en forma indis- 

cutible la correspondencia de los diversos pisos -de nuestros terrenos 

terciarios, para lo cual deja él mismo un material incalculable, y esos 

conocimientos se vulgaricen — entonces Ameghino quedará definitiva- 

mente consagrado; pero, de distinta suerte que lo que ocurre con los 

grandes capitanes, los poetas, los músicos y los oradores, no será nunca 

popular, porque siempre se dirigió a lo más hondo del cerebro humano. 




Ilustración: Alexei Petrovich Tkachev



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